Cómo experimentar el Reino de Dios ahora
El reinado venidero de Jesucristo sobre las naciones producirá una transformación radical de este mundo. Pero, mientras esperamos ese tiempo maravilloso, es posible experimentar y manifestar desde ahora mismo algo de ese cambio.
Un día, este mundo desaparecerá. Quizá esto no suene muy alentador que digamos, pero la verdad es que tal afirmación encierra una enorme esperanza para toda la humanidad, incluido usted.
La profecía bíblica revela que al final de esta era el mundo será azotado por “pestes, y hambres, y terremotos” (Mateo 24:7). La humanidad se verá envuelta en una guerra mundial, y todo esto será apenas el “principio de dolores” (v. 8).
Felizmente, este no es el destino final del mundo ni de sus ocho mil millones de habitantes. A ese tiempo turbulento le seguirá una nueva era de paz y prosperidad y una formidable transformación que la humanidad jamás ha experimentado. Este cambio extraordinario que el mundo tanto necesita será el resultado del retorno de Jesucristo. En aquel momento, Cristo reivindicará el dominio sobre el mundo y dará inicio a su gobierno sobre la Tierra (Apocalipsis 11:15).
A los seguidores de Cristo se les enseña a buscar el Reino de Dios y su justicia en su vida cotidiana (Mateo 6:33).
En la Biblia incluso hay un festival de siete días, llamado Fiesta de los Tabernáculos, que representa el Milenio, es decir, el reinado de mil años de Jesucristo sobre la Tierra al final de esta era. Al observar esta fiesta seguimos el ejemplo de Cristo y sus apóstoles y manifestamos nuestro anhelo por una era futura, en la cual la caótica sociedad que conocemos desaparecerá y será reemplazada por el gobierno perfecto de Dios. La observancia de la Fiesta comprende esforzarse por alcanzar la meta del Reino y regocijarnos en el plan que el Eterno tiene para nosotros.
En la Biblia, la palabra “reino” se traduce del término griego basileia, que alude al concepto de poder monárquico, realeza, dominio y gobierno. Dicha palabra, más que designar el territorio de un reino, describe el derecho o la autoridad para gobernarlo. En su primera venida como Mesías, Cristo predicó el Evangelio (las buenas nuevas) del Reino con un mensaje sencillo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). Su mandato de que los seres humanos se arrepientan y obedezcan a Dios es el mensaje fundamental que permea toda la Escritura.
Usted puede vivir hoy una vida enfocada en el Reino si sigue a Jesucristo, quien actualmente gobierna su Iglesia como Cabeza de ella (Efesios 1:22; 5:23). Si Dios lo está llamando, tiene a su disposición una oportunidad anticipada de adoptar su manera de pensar y reverenciarlo como su Señor, Maestro, Sumo Sacerdote y Rey. ¿Por qué esperar para llegar a ser ciudadanos de la familia de Dios? (Vea Efesios 2:19-20). Responda con reverencia y comience a recibir sus bendiciones viviendo a su manera hoy mismo (Lucas 11:28), lo cual culminará en el don de la vida eterna a su regreso (1 Corintios 15:22-23).
Veamos tres maneras en que el reinado de Cristo cambiará el mundo y la forma en que podemos poner en práctica ciertos aspectos a partir de ahora como ciudadanos del Reino de Dios.
Practique y viva la paz
El primer gran cambio que traerá el reinado de Cristo es el de la paz.
En esta era presente, el mundo desconoce el concepto de la paz, a pesar de los mejores esfuerzos de los gobiernos por hallar soluciones que conduzcan a ella.
Pero Cristo traerá una paz verdadera, duradera y personal cuando venga a reinar. El mundo ya no se caracterizará por las “guerras y rumores de guerras” (Mateo 24:6). En lugar de que las naciones se levanten unas contra otras para agredirse, las armas serán convertidas en herramientas para la agricultura (Isaías 2:4). La guerra ni siquiera volverá a concebirse.
Esta paz no será un simple concepto como el que a veces se intenta alcanzar en comunidades pequeñas, sino que estará arraigada en el corazón de la humanidad y constituirá la norma de cómo se debe vivir. Afectará incluso la naturaleza de los animales: los depredadores ya no cazarán presas indefensas, sino que se alimentarán únicamente de plantas. Los lobos morarán con los corderos, y los niños pequeños jugarán cerca de las guaridas de las víboras sin temor a ser mordidos (Isaías 11:6-9). Será una sociedad absolutamente libre de violencia, temor y confusión.
Como cristianos que buscan el Reino en esta vida, podemos —y debemos— practicar la paz hoy.
Cristo bendice a los pacificadores mediante las bienaventuranzas, la lista de actitudes y conductas dignas de bendición que aparece en Mateo 5, y llama “hijos de Dios” a quienes practican la paz (v. 9).
El hecho de que el mundo actualmente no se encuentre en un estado de paz no nos exonera de la responsabilidad de vivir este principio del Reino desde ahora. Una manera de hacerlo consiste en hablar palabras edificantes (Efesios 4:29).
Las redes sociales y los medios de comunicación ofrecen oportunidades ilimitadas para pronunciar palabras de odio y división. Usted puede optar por alimentar la negatividad enredándose en discusiones que polarizan, o bien infundir paz en cada interacción. Nuestra responsabilidad como cristianos es “[estar] en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18).
A veces, ser un pacificador significa evitar la sección de comentarios de una publicación polémica para impedir incluso el pensamiento de una contienda innecesaria.
Otra manera de practicar la paz consiste en estudiarla. Un estudio de dónde y cómo se usa la palabra paz en la Biblia puede enseñarnos mucho sobre cómo otras personas la encarnaron en su vida.
Más allá de eso, para ser pacificadores no solo debemos estudiar la paz, sino también difundirla.
Un gobierno que de verdad sirva
Con el regreso de Cristo, habrá un cambio radical en la forma en que se gobierna el mundo.
En el mundo de hoy vemos muchas concepciones que compiten entre sí sobre cómo debería ser una forma justa de gobierno. Incontables líderes alrededor del mundo han procurado acertar, pero la naturaleza humana siempre se interpone en el camino de un sistema justo para todos sus habitantes.
Miqueas 3:2 habla de los gobernantes malvados como aquellos que “[aborrecen] lo bueno y [aman] lo malo” y oprimen al pueblo al que deberían servir. Es evidente que la humanidad no puede resolver los problemas que enfrenta el mundo. A su regreso, Cristo establecerá una forma de gobierno justa y eficiente como nadie ha experimentado jamás.
En su primera venida, Cristo dio un vuelco completo al concepto de liderazgo. No vino a oprimir ni a ejercer señorío sobre las personas como los reyes de la época, sino a servir (Lucas 22:25-27). No mostró parcialidad ni favoritismo hacia los personajes más ricos o poderosos, como hacían muchos líderes de entonces. Por el contrario, se dedicó a atender a quienes eran considerados los más despreciados: los recaudadores de impuestos, los pobres, los enfermos y los pecadores. Y su gobierno en el Reino de Dios continuará haciendo lo mismo.
Cristo y sus fieles seguidores gobernarán juntos, con la meta común de servir y sanar a las naciones. Ya no será normal que los menos afortunados sufran a manos de gobernantes egoístas. En cambio, el gobierno de Cristo ejecutará la justicia con equidad y generosidad: “Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso, y aplastará al opresor” (Salmos 72:4). Toda la humanidad podrá, por fin, experimentar un gobierno basado en el amor y el servicio hacia sus ciudadanos.
Mientras esperamos el regreso de Cristo y el cumplimiento de esta forma perfecta de gobierno, podemos dar pasos concretos a partir de ahora para practicar ese gobierno. Específicamente, podemos vivir hoy en total sumisión y lealtad a Jesús como nuestro Rey.
Cristo animó a sus discípulos a servir a los demás, y nosotros debemos seguir su ejemplo: “. . . el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:26-28).
Aunque tal vez no ocupemos posiciones de autoridad ahora, igual podemos practicar la humildad del liderazgo servidor mediante nuestro trato hacia los demás. Cristo demostró a sus discípulos el acto supremo de amor: entregar la vida por otros (Juan 15:13).
Lo más probable es que no tengamos la oportunidad de entregar literalmente nuestra vida física por otra persona, pero la enseñanza de Cristo apunta a la clase de amor
desinteresado que antepone las necesidades del prójimo a las propias. Esto puede tomar muchas formas, como por ejemplo, mostrar paciencia y bondad hacia un compañero de trabajo que necesita un poco de ayuda adicional con un proyecto. Aproveche esa ocasión para guiar con gentileza, como lo haría un líder servidor, sin guardar resentimiento ni hacer que la otra persona se sienta culpable.
O tal vez pueda dedicar un poco de su tiempo para ayudar a un amigo que atraviesa una situación difícil, aunque personalmente esté muy ocupado y tenga otros planes.
Viva el Reino ahora mismo, buscando maneras de dejar de lado la ambición egoísta y edificar a los demás, estimándolos como superiores a usted mismo (Filipenses 2:3-4). Si seguimos hoy el ejemplo de liderazgo servidor que nos dio Cristo, estaremos mejor preparados para gobernar junto a él a su regreso.
Un corazón transformado
El regreso de Cristo a la Tierra producirá otra transformación importante: el cambio de los corazones y las mentes de la humanidad.
En Oseas 4:6, Dios lamenta el estado de su pueblo, que se había apartado de sus caminos: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos”.
En el mundo de hoy resulta sumamente claro que muchas personas han perdido de vista a Dios. Esto se debe en gran medida a que Satanás ha cegado a los seres humanos (2 Corintios 4:4). Buscan respuestas y propósito para su vida, pero por ahora no logran encontrarlos.
Felizmente, Dios tiene un plan para todos. El profeta Ezequiel anuncia este tiempo futuro en el cual Cristo regresará y cambiará el corazón del hombre: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26-27).
¡Este es un extraordinario cambio interior!
Los defectos de la naturaleza humana, como la terquedad y la resistencia a cambiar para bien, serán reemplazados por el Espíritu de Dios —su poder y su esencia misma—, lo cual capacitará a todos los seres humanos para andar en sus caminos de una manera significativa y duradera.
Y no solo eso, sino que el conocimiento de Dios cubrirá completamente la Tierra, y todas las naciones subirán entusiastamente al monte de Dios (que simboliza el trono de Cristo) para aprender sus caminos (Isaías 2:2-3; 11:9). Será una sociedad colmada de la Palabra de Dios y de sus bendiciones derramadas sobre la humanidad.
Hay varias maneras de vivir hoy este aspecto del Reino. Aunque Dios promete derramar su Espíritu sobre la humanidad en los últimos días, este don está disponible para quienes son llamados a comprender su verdad en la actualidad.
En el libro de los Hechos se registra la entrega del Espíritu Santo a la Iglesia del Nuevo Testamento, y hoy en día la promesa de recibir el Espíritu sigue siendo la misma (Hechos 2:38-39).
Bautizarse es un paso indispensable para volver el corazón hacia Dios. Recibir su Espíritu Santo nos capacita para crecer en el carácter y la manera de pensar del Eterno, y nos sirve de guía en nuestro caminar con él.
También podemos volvernos a Dios desde ahora y experimentar un cambio verdadero con la ayuda del Espíritu Santo.
Aunque el resto del mundo recibirá el Espíritu más adelante y aprenderá a amar los caminos de Dios, quienes son llamados en esta vida tienen la oportunidad de buscarlo ahora, como leemos en Joel 2:12-13: “. . . convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos al Eterno vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo”.
Dios desea que su pueblo regrese a él, y ayuda a quienes dan esos primeros pasos para encontrarlo. ¡Usted puede empezar hoy!
Dios diseñó su plan para la humanidad mediante sus fiestas anuales, que se describen en Levítico 23. Cada uno de estos días, desde la Pascua hasta el Octavo Día (o Último Gran Día), revela un aspecto distinto de cómo trabaja él con los seres humanos para salvarlos. El Eterno ordena a su pueblo observar sus fiestas, y nos invita a participar de la visión que cada uno de estos días representa.
En cuanto a la Fiesta de los Tabernáculos y la Fiesta del Octavo Día que sigue inmediatamente después (y que suelen caer entre fines de septiembre y principios de octubre), Dios nos manda observarlas y que dediquemos cada uno de esos días a aprender acerca de su Reino venidero y también a venerarlo y alabarlo a él. Es un tiempo para regocijarse delante de Dios y disfrutar de compañerismo con quienes comparten la misma visión. El mandato de habitar en moradas temporales (Levítico 23:40-43; Nehemías 8:13-17) —que en tiempos antiguos eran hechas de ramas frondosas y hoy por lo general se practica alojándose en un hotel u otra vivienda provisoria— nos recuerda, en cierto nivel, la naturaleza pasajera de este mundo y cuánto necesitamos que Cristo regrese.
Observar la Fiesta nos ayuda a aprender a ser reyes y sacerdotes en el Milenio. En aquel tiempo, él congregará a sus seguidores —aquellos que posean el Espíritu Santo y hayan permanecido fieles hasta el fin— y los transformará en seres espirituales, haciéndolos parte de su sacerdocio real (1 Tesalonicenses 4:16-17; 1 Pedro 2:9).
Nuestra vida de hoy es el campo de entrenamiento para preparar un sacerdocio fiel, listo para enseñar a todos los seres humanos los caminos de Dios y conducirlos a la vida eterna.
La sociedad buscará la verdad en los sacerdotes, lo cual hace necesario prepararnos desde ahora para cumplir la función que se nos ha encomendado: “Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es del Eterno de los ejércitos” (Malaquías 2:7).
Observar los festivales sagrados de Dios es a la vez una bendición y un privilegio especial que nos permite acercarnos más a él y llegar a ser las personas que quiere que seamos. Para conocer más sobre la Fiesta de los Tabernáculos y sus demás festivales sagrados, consulte nuestra guía de estudio bíblico gratuita Las fiestas santas de Dios.
La humanidad no tiene la solución para lograr un mundo de paz y justicia, y la sociedad tal como la conocemos se precipita cada vez más hacia el caos y la destrucción.
La verdadera paz, la justicia y el cambio no son posibles mediante ningún tipo de gobierno ni acción humana.
A pesar de la oscuridad del mundo que nos rodea y de la volátil naturaleza de los acontecimientos actuales, es posible hallar gran consuelo en la promesa del regreso de Cristo a la Tierra. Cuando todas las naciones se sometan por fin a su gobierno, abundará la paz. Terminarán la guerra y la violencia, e incluso la naturaleza de los animales se transformará: la relación entre depredadores y víctimas ya no será violenta, sino pacífica. El gobierno de Cristo se caracterizará por un auténtico liderazgo servidor, y sus ciudadanos experimentarán sanidad y lo que es ser dirigidos con amor. Por último, Dios cambiará los corazones y las mentes de la humanidad capacitando a las personas para producir un cambio verdadero mediante el Espíritu Santo y para crecer en celo por su forma de vida.
Mientras aguardamos con anhelo el cumplimiento de estas promesas, debemos buscar primero el Reino practicando sus atributos en nuestra vida diaria.
Esfuércese por ser un pacificador hablando palabras edificantes y estudiando la paz a la luz de la Biblia y el ejemplo de Cristo. Practique el liderazgo servidor tratando bien a los demás, guiándolos con gentileza y estimándolos como superiores a usted mismo. Procure tener un corazón transformado.
Con la ayuda del Espíritu de Dios, usted puede buscar a diario los caminos del Eterno y trabajar por un cambio verdadero y duradero. Mientras esperamos el Reino, ¡esforcémonos por vivirlo hoy! BN