Los sellos del rollo profético

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Los sellos del rollo profético

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El principal tema profético del Apocalipsis se revela por medio de siete grupos de símbolos esbozados en un rollo que está sellado con siete sellos sucesivos. Ante los ojos del apóstol Juan, Jesucristo empieza a abrir los sellos y a descubrir el contenido del libro (Apocalipsis 6:1). Juan describe los símbolos que ve en la visión, cada uno de los cuales tiene un significado profético específico.

Como ya vimos, Cristo es el único que puede revelar el significado de los sellos. De hecho, además de las explicaciones que nos da en el mismo Apocalipsis, poco antes de su muerte y resurrección dio otra profecía que contiene algunas claves que nos ayudan a entender los sellos.

Esta información la podemos encontrar en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21. Los escritores de estos tres evangelios registraron la respuesta que Jesús dio a sus discípulos cuando le preguntaron acerca de su regreso y del fin del mundo. “Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:3).

Jesús les reveló las condiciones y tendencias que prevalecerían en el mundo desde esa época hasta su regreso. Como veremos, hay gran similitud entre las descripciones que se dan en Apocalipsis 6 y las condiciones que Jesús había profetizado anteriormente.

La mayor parte del Apocalipsis —cerca de dos terceras partes de su contenido— está dedicada a lo que sucederá cuando se abra el séptimo sello. La apertura de los seis primeros sellos la encontramos únicamente en el capítulo 6.

El capítulo 7 interrumpe la apertura de los sellos para explicar que 144.000 descendientes físicos de Israel, después de ser convertidos espiritualmente, serán protegidos de las siete plagas anunciadas por el toque de siete trompetas. También explica que durante la gran tribulación una inmensa multitud compuesta por personas de todas las naciones de la tierra se arrepentirá y se volverá a Dios.

Los acontecimientos que corresponden a la apertura del séptimo sello son los que predominan en el resto del libro.

Por qué es necesario el juicio de Dios

La apertura de los cinco primeros sellos corresponde a ciertas adversidades que van a afectar a gran parte de la humanidad, incluso a algunos siervos de Dios, en el período comprendido entre la primera venida y la segunda venida de Cristo. Estas dificultades comenzaron en la época de Juan y se extenderán hasta el tiempo del fin. Refiriéndose a estos acontecimientos, Jesús había advertido anteriormente que “todo esto será principio de dolores” (Mateo 24:8). También dijo: “No os alarméis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente” (Lucas 21:9).

Debemos recordar que el tiempo en que se cumplirá la mayor parte de las profecías del Apocalipsis es el Día del Señor. Será el tiempo del juicio de Dios, cuando derrame su ira sobre las naciones. Los acontecimientos de esa época son revelados al abrirse el séptimo sello.

Al abrirse los cinco primeros sellos, se describen condiciones que preceden al Día del Señor. Estas son las dificultades que harán necesaria y justa la intervención y el juicio de Dios. Se relacionan con la forma en que Satanás llevará a cabo su labor de engaño con la humanidad en el tiempo del fin, su persecución a los santos y el interminable flagelo de la guerra con todas sus horribles consecuencias, que son los frutos de su engaño.

Bajo el sexto sello vemos descrito un asombroso despliegue de señales y prodigios cósmicos. Esto ocurrirá justo antes del Día del Señor para anunciar que la ira y el juicio de Dios están a las puertas.

Veamos cómo Jesús identificó personalmente los desastres asociados con la apertura de los sellos: “Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras . . . se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores. Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre” (Mateo 24:4-9).

Comparemos ahora lo que Jesús les dijo a sus discípulos en Mateo 24 con lo que Juan vio cuando se abrió cada sello.

El primer sello: La religión falsa

Juan dice: “Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos . . . Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer” (Apocalipsis 6:1-2). ¿Cuál es el significado de este misterioso jinete? ¿Qué es lo que desea conquistar?

En Apocalipsis 19:11, que se refiere a un tiempo posterior, Jesucristo aparece representado como alguien que regresa victorioso en un caballo blanco. ¿Acaso el jinete del primer sello simboliza a Cristo quien regresa para conquistar? En su apariencia exterior, se parece mucho a Cristo cuando regresa, pero veamos algunas diferencias muy significativas. Cristo tiene en su cabeza “muchas diademas” (v. 12), mas el jinete tiene una sola corona; y Jesús se representa con una espada (v. 15), mientras que el jinete tiene un arco. ¿Simboliza éste al Cristo verdadero o es un impostor?

Comparemos este jinete simbólico con la primera advertencia que Jesús hizo a sus discípulos en la profecía del monte de los Olivos. Les advirtió: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán” (Mateo 24:4-5). La primera adversidad que sus discípulos tendrían que enfrentar provendría de los engañadores. Unos versículos más adelante les explicó los métodos que los engañadores iban a utilizar para usurpar su nombre: aplicarían el nombre de Cristo a una religión que en realidad es un falso cristianismo. “Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes. Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis” (vv. 23-26).

Para concordar con las profecías de Jesús, el primer jinete debe representar un poder engañoso que se disfraza de Cristo. Externamente parecerá cristiano, pero en realidad será una fuerza de maldad y destrucción al igual que los tres jinetes que lo sigan.

Este engaño comenzó en los días de los apóstoles, pero llegará a su clímax en los últimos tiempos. Por ejemplo, el apóstol Pablo dijo: “Entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida” (2 Tesalonicenses 2:8). Según este pasaje, el inicuo tendrá influencia sobre la humanidad “por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad. . .” (vv. 9-10).

El engaño de la humanidad en el tiempo del fin será tan completo que la mayor parte del mundo estará bajo la influencia de un sistema religioso corrupto, engañoso e idólatra, que ha rechazado las verdaderas enseñanzas de la Biblia.

El segundo sello: El horror de la guerra

“Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: Ven y mira. Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder para quitar de la tierra la paz y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada” (Apocalipsis 6:3-4).

Este jinete, cuyo caballo es del color de la sangre, concuerda con la advertencia de Jesús: “Oiréis de guerras y rumores de guerras . . . Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino. . .” (Mateo 24:6-7).

Cuando Jesús fundó la iglesia, el Imperio Romano estaba disfrutando de un breve período de paz. Pero esto duró tan sólo unas pocas décadas; luego, Roma estuvo nuevamente en guerra. Este ciclo habría de continuar hasta el tiempo del fin cuando llegará a su clímax en “la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 16:14; Apocalipsis 19:11-21).

Pero el Apocalipsis nos indica que aun antes de la batalla final, el mundo entero estará sumido en la guerra. Inmensos ejércitos segarán cientos de millones de vidas.

El tercer sello: Las secuelas de la guerra

“Cuando abrió el tercer sello . . . miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino” (Apocalipsis 6:5-6).

Este jinete simboliza una gran escasez de comida y otros elementos básicos para la vida, y corresponde a la advertencia de Jesús acerca de las “hambres” (Mateo 24:7). La escasez de alimentos y el hambre resultante son secuelas naturales de la guerra. Cuando ocurran los conflictos militares entre las naciones en el tiempo del fin, las propiedades serán destruidas y se alterará la producción agrícola, lo que causará una gran escasez de alimentos y otros elementos fundamentales para la subsistencia.

El cuarto sello: Más consecuencias

“Cuando abrió el cuarto sello . . . Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades [el sepulcro] le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra” (Apocalipsis 6:7-8).

Aquí se describen las consecuencias del hambre a escala mundial, que ocurrirá de una manera especialmente intensa en el tiempo del fin, poco antes del Día del Señor. Entre estas consecuencias tenemos el derrumbe de la sociedad organizada y el incremento en el número de muertos como resultado de la desnutrición, las plagas (enfermedades epidémicas) y la violencia que se presentan después de un período severo de hambre. Esto corresponde a la advertencia de Jesús: “pestes”, o enfermedades epidémicas mortales (Mateo 24:7).

Podemos estar seguros de que en el tiempo del fin, estas cosas van a ocurrir en varios lugares, y el pueblo de Dios estará viviendo en medio de esto. Las condiciones en algunos lugares serán semejantes a los últimos días de la antigua nación de Judá, cuando Dios le dijo al profeta Jeremías que la iba a consumir “con espada, con hambre y con pestilencia” (Jeremías 14:12). Dios no quiere que a sus siervos los sorprendan todas estas tragedias, sino que espera que clamen a él pidiéndole ayuda y liberación.

El quinto sello: Una persecución religiosa

“Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos” (Apocalipsis 6:9-11).

Ante el altar del templo de Dios aparecen representados simbólicamente todos aquellos que han dado sus vidas como mártires por servir a Dios. Están esperando la manifestación del Día del Señor, cuando serán juzgados todos aquellos que lo odian a él, odian sus caminos y odian a sus siervos. Pero tendrán que esperar todavía un poco de tiempo porque primero tiene que ocurrir otro martirio masivo de los siervos de Dios.

Jesús ya les había explicado a sus discípulos lo que iba a pasar: “Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:9-12).

La iglesia primitiva apenas había comenzado cuando empezó la persecución. Algunas de las cartas de los apóstoles se refieren al sufrimiento y al martirio de los cristianos fieles causados por los enemigos de la iglesia. Varios de los apóstoles tuvieron que enfrentar una muerte violenta a una edad temprana. Las epístolas de 2 de Timoteo y 2 de Pedro registran los pensamientos finales de Pablo y Pedro mientras esperaban su ejecución. El hostigamiento y la persecución brutal continuaron en los decenios siguientes, y después por varios siglos. ¡Esto volverá a ocurrir!

Jesús explicó que la peor persecución y martirio ocurrirían en el tiempo del fin: “Habrá entonces una angustia tan grande, como no la ha habido desde que el mundo es mundo ni la habrá nunca más. Si no se acortaran aquellos días, nadie escaparía con vida; pero por amor a los elegidos se acortarán” (Mateo 24:21-22, Nueva Biblia Española).

Como veremos más adelante, todos aquellos que en los últimos días se nieguen a adorar “la imagen de la bestia” tendrán que enfrentarse a la posibilidad de ser ejecutados (Apocalipsis 13:15). Los blancos principales de esta carnicería serán aquellos que guarden los mandamientos de Dios y tengan el testimonio de Jesucristo (Apocalipsis 12:17).

Otras profecías nos explican que este tiempo de gran tribulación y persecución también llegará a los descendientes modernos de las 12 tribus del antiguo Israel (ver el recuadro “Tiempo de angustia para Jacob”, p. 58).

El sexto sello: Señales cósmicas

“Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar” (Apocalipsis 6:12-14).

¿Dijo Jesús cuándo ocurrirían estos estremecedores acontecimientos en los cielos? Claro que sí: “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas” (Mateo 24:29).

Ahora veamos lo que va a suceder después de las señales cósmicas: “Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Apocalipsis 6:15-17; comparar con Sofonías 1:14-17).

Notemos el orden de estos tres acontecimientos: primero viene la tribulación, que está descrita al abrirse el quinto sello. Luego vienen las señales cósmicas que se describen al abrirse el sexto sello. Después de las señales cósmicas viene el Día del Señor, el tiempo de la ira de Dios.

Las señales cósmicas ocurrirán después de que la gran tribulación haya empezado, pero antes de que comience el Día del Señor. El profeta Joel nos confirma esto: “Daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso del Eterno” (Joel 2:30-31).

¿Qué importancia tiene esto?

Satanás se enfurece

La persecución y el martirio de los santos (que abarcarán también a los descendientes del antiguo Israel) comienzan antes de las señales cósmicas y ambos son el fruto y la expresión de la ira de Satanás. Más adelante, Juan describe cómo oyó “una gran voz en el cielo que decía: . . . ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo” (Apocalipsis 12:10, Apocalipsis 12:12).

Al darse cuenta de que se le está acabando el tiempo, ¿qué es lo que hace Satanás? “Cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón” (v. 13).

Esta mujer simboliza al pueblo de Dios. En el tiempo del fin Satanás suscitará muchísimos acontecimientos destructivos. Viendo que su tiempo es corto, tratará por todos los medios de conducir a una humanidad engañada hacia una cruzada de odio y destrucción contra cualquier cosa o persona que represente al verdadero Dios.

Esto es muy importante. Satanás llevará a cabo su campaña de violencia y de terror contra los descendientes de las tribus de Israel y contra los fieles siervos de Cristo, antes de que las señales en los cielos anuncien la llegada del Día del Señor.

Esto significa que el tiempo de la ira de Satanás, la época en la cual una gran tribulación vendrá sobre el pueblo de Dios, empezará antes de que comience el Día del Señor y se desate la ira de Dios. Al parecer, la destructiva guerra que Satanás librará en contra del pueblo de Dios no cesará hasta que éste sea encadenado al regreso de Jesús (Apocalipsis 20:1-2).

Debemos tener en cuenta que la mujer del capítulo 12 será “sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo” (un año, y años y la mitad de un año) fuera de la presencia de la serpiente (v. 14). Aunque Dios sustentará, fortalecerá y protegerá a algunos de su pueblo en esa época tan terrible, otros, como ya hemos visto, tendrán que morir.

En Apocalipsis 11:2 se nos dice que Jerusalén será hollada por los gentiles durante 42 meses. Dios también ha prometido levantar dos profetas para que sean sus testigos por 1.260 días (v. 3)

El hecho de que cada uno de estos períodos equivale a tres años y medio parece ser importante. Según las indicaciones, estos tres años y medio comienzan con el ataque que Satanás le hace al pueblo de Dios y terminan cuando el sistema político y religioso de Satanás es destruido y él es encadenado al regreso de Cristo.

El tiempo de la ira de Dios será corto

La duración del juicio de Dios no se especifica en el Apocalipsis; sólo dice que “el gran día de su ira ha llegado” (Apocalipsis 6:17). En otros pasajes proféticos Dios especifica que un “día” equivale a un “año” de castigo (Números 14:34; Ezequiel 4:4-6). Si este principio se puede aplicar al Apocalipsis, el Día del Señor (“el día de su ira”) será el último año antes del regreso de Cristo.

También es posible que ese año coincida con el último de los tres años y medio de la ira de Satanás. En otras palabras, es posible que el castigo que Dios va a enviar en el Día del Señor, coincida durante un año (el último de esos tres años y medio) con la venganza de Satanás contra el pueblo de Dios (ver también Isaías 34:8).

Al parecer, este período es el que Juan, por inspiración de Jesucristo, identifica con los acontecimientos principales de los tiempos del fin. Y todo encaja perfectamente con las palabras de Jesús, pues él mismo dijo: “Si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:22). Con esto nos da a entender que los acontecimientos específicamente relacionados con el tiempo del fin van a ocurrir dentro de un período relativamente corto.

La descripción de la apertura del sexto sello termina con estas palabras: “El gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Apocalipsis 6:17). Esto anuncia el Día del Señor, que ocurrirá al abrirse el séptimo sello. Sin embargo, la apertura del séptimo sello no se describe hasta el capítulo 8. Juan interrumpe su relato para mostrar cómo son selladas 144.000 personas y cómo una innumerable multitud de todas las naciones es convertida en estos tiempos de dificultad mundial.

Los 144.000 sellados

Primero, un ángel anuncia: “No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles [más adelante, en el capítulo 8, todo esto aparece devastado por las plagas anunciadas por las cuatro primeras trompetas], hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios” (Apocalipsis 7:3).

¿Por qué son sellados estos 144.000? Una clave la encontramos más adelante cuando un ángel manda que no se dañe a “la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no [tengan] el sello de Dios en sus frentes” (Apocalipsis 9:4).

En otras palabras, aquellos que sean sellados serán escogidos por Dios y sobrevivirán a la gran tribulación. Y ahora la increíble devastación que ocurrirá con las últimas plagas anunciadas por las trompetas, que Dios desencadenará durante el Día del Señor, no les hará daño. Tal vez estas personas continúen sufriendo algunos efectos de la venganza de Satanás, aun durante el Día del Señor, pero este sello les garantiza que no los afectará el castigo por la ira de Dios.

¿Quiénes son estos 144.000? ¿Cómo se les identifica? “Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel” (Apocalipsis 7:4). Al parecer, éstos serán descendientes literales, físicos, de las tribus de Israel, que probablemente se habrán arrepentido en la primera parte del período de la gran tribulación. Al igual que la iglesia, los descendientes del antiguo Israel también se mencionan en las Escrituras como “primicias” de Dios (Santiago 1:18; Jeremías 2:3).

Los 144.000 que se mencionan en Apocalipsis 7 son mencionados nuevamente en Apocalipsis 14, donde es evidente que estas “primicias” espirituales de las tribus de Israel se han arrepentido y convertido antes del comienzo del Día del Señor. Se describen como personas que han sido redimidas y que están “sin mancha delante del trono de Dios” (v. 5). Tienen una relación tanto con Dios el Padre como con Jesucristo, el Cordero de Dios.

“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra. Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios” (Apocalipsis 14:1-5).

La incontable multitud

“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (Apocalipsis 7:9-10).

En contraste con los 144.000 israelitas, esta multitud la forma gente de diversas nacionalidades y grupos étnicos, de todas las tribus, clanes y lenguas. Lo que los hace especiales es que “han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (vv. 13-14). Son siervos convertidos de Dios que han tenido que sufrir en la gran tribulación y que, al parecer, se han convertido principalmente en los primeros dos años y medio de la gran tribulación, antes del comienzo del Día del Señor.

Los eruditos de la Biblia no están de acuerdo en lo que el texto del capítulo 7 del Apocalipsis implica acerca del futuro inmediato de esta multitud. Sin embargo, a estas personas se les ha prometido la vida eterna —salvación— junto con los demás santos al momento del regreso de Cristo.

Algunos creen que el hecho de tener ropas emblanquecidas significa que los que forman esta innumerable multitud ya han sido martirizados al comienzo del Día del Señor. Si es así, resucitarán al momento del regreso de Cristo, de la misma forma en que los mártires de Apocalipsis 6:11 que reciben “vestiduras blancas” deben esperar hasta que sean vengadas sus muertes (durante el Día del Señor) y resuciten a la vida eterna cuando Jesucristo regrese.

Otra opinión es que tanto la innumerable multitud como los 144.000 van a sobrevivir a la gran tribulación y seguirán viviendo protegidos por Dios durante el Día del Señor. Esto se deduce de la última frase del versículo 15: “y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos”. Aunque esta aplicación específica es ambigua, las promesas que se hacen en los dos versículos siguientes parecen reafirmar esta deducción: “Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos” (vv. 16-17).

En Apocalipsis 7 es evidentemente claro que en los primeros años del período de gran tribulación habrá una gran cosecha de cristianos fieles y verdaderos. Esta inmensa cosecha espiritual saldrá no solamente de los descendientes físicos de las tribus de Israel, sino también de otras naciones y pueblos de toda la tierra. Sin lugar a dudas, la poderosa predicación de los dos testigos de Dios (capítulo 11) contribuirá enormemente a la conversión de semejante número de personas en esa época tan escalofriante.