La futura “abominación desoladora”
El falso profeta, que simboliza al espíritu del anticristo, en los últimos días conducirá al mundo a una era de grandes conflictos.
Tanto Daniel como Jesús mencionaron un evento específico que marcará el comienzo de este tiempo de gran tribulación.
En la profecía más detallada que Jesús nos entregó acerca del tiempo del fin, dijo: “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes” (Mateo 24:15-16). ¿De qué estaba hablando?
Él se estaba refiriendo al capítulo 11 de Daniel, donde se predijo lo que ocurriría con los imperios y naciones que lucharían por apoderarse de la "Tierra Santa" en los siglos venideros. Gran parte de la profecía tiene que ver con los reinos de Siria, al norte de Israel, y Egipto, al sur; ambos regidos por gobernantes griegos que asumieron el poder después de Alejandro Magno. Luego la profecía describe a uno de estos gobernantes de Siria, Antíoco IV, también conocido como Antíoco Epífanes. Él se valdría del engaño haciendo un falso tratado de paz con los judíos y luego se enojaría “contra el pacto santo”, y actuaría “según su voluntad” (Daniel 11:23-24, 30).
El libro apócrifo de 1 Macabeos, aunque no forma parte de las Sagradas Escrituras, nos da información histórica de ese tiempo. Describe cómo Antíoco se puso en contra de los judíos, masacró a muchos de ellos y saqueó el templo de Jerusalén (1 Macabeos 1:20-33).
Profanación del templo
Entonces ocurrió lo peor. La profecía de Daniel advirtió acerca de Antíoco: “Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora” (Daniel 11:31).
El libro de Macabeos nos entrega los detalles: “El rey publicó un edicto en todo su reino ordenando que todos formaran un único pueblo y abandonara cada uno sus peculiares costumbres. Los gentiles acataron todos el edicto real y muchos israelitas aceptaron su culto, sacrificaron a los ídolos y profanaron el sábado... Debían suprimir en el santuario holocaustos, sacrificios y libaciones; profanar sábados y fiestas; mancillar el santuario y lo santo; levantar altares, recintos sagrados y templos idolátricos; sacrificar puercos y animales impuros; dejar a sus hijos incircuncisos; volver abominables sus almas con toda clase de impurezas y profanaciones, de modo que olvidasen la Ley y cambiasen todas sus costumbres. El que no obrara conforme a la orden del rey, moriría” (1 Macabeos 1:41-50; todas las citas de los libros de los Macabeos son de la Biblia de Jerusalén).
Luego sucedió: “El día 15 del mes de Kislév del año ciento cuarenta y cinco [que corresponde a 168-167 a. C.] levantó el rey sobre el altar de los holocaustos la abominación de la desolación” (v. 54). Al parecer, se refiere a un altar pagano, probablemente con una imagen que representaba a Zeus, el dios supremo de la mitología griega, pues en 2 Macabeos 6:1-2 podemos ver que Antíoco mandó “contaminar el Templo de Jerusalén, dedicándolo a Zeus Olímpico”. Al fin y al cabo, para la mentalidad helenista, el Dios de los hebreos sencillamente equivalía al dios supremo de los griegos.
Se nos dice además: “A las puertas de las casas y en las plazas quemaban incienso. Rompían y echaban al fuego los libros de la Ley que podían hallar. Al que encontraban con un ejemplar de la Alianza en su poder, o bien descubrían que observaba los preceptos de la Ley, la decisión del rey le condenaba a muerte. Actuaban violentamente contra los israelitas que sorprendían... en las ciudades; el día veinticinco de cada mes ofrecían sacrificios en el ara que se alzaba sobre el altar de los holocaustos” (vv. 55-59). De hecho, se sacrificaban cerdos, animales que según la ley de Dios son inmundos (Deuteronomio 14:8), sobre su propio altar.
En 1 Macabeos 1:60-61 leemos: “A las mujeres que hacían circuncidar a sus hijos las llevaban a la muerte, conforme al edicto, con sus criaturas colgadas al cuello. La misma suerte corrían sus familiares y los que habían efectuado la circuncisión”.
No obstante, aun con toda esta horrible crueldad, muchos se mantuvieron firmes en sus creencias: “Muchos en Israel se mantuvieron firmes y se resistieron a comer cosa impura. Prefirieron morir antes que contaminarse con aquella comida y profanar la alianza santa; y murieron. Inmensa fue la cólera que descargó sobre Israel” (vv. 62-64).
A pesar de todo esto, muchos de los que se opusieron no sólo sobrevivieron, sino que, como se explica en los siguientes capítulos del libro de los Macabeos, guiados primeramente por el sacerdote Matatías y luego, a su muerte, por su hijo Judas Macabeo, lucharon ferozmente contra los invasores paganos. Al final, los esfuerzos de todos estos patriotas causaron, en gran parte, que los sirios fueran expulsados de la región.
Cumplimiento posterior de la profecía
Ahora, con todo esto como antecedente histórico, analicemos la advertencia de Cristo acerca de la abominación desoladora. Cuando la dio, esta parte de la profecía se había cumplido casi 200 años antes. Por tanto, esta profecía debe tener un cumplimiento dual.
Jesús nos reveló el tiempo del cumplimiento final de esta profecía al mencionar en Mateo 24 lo que vendría inmediatamente después: “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora...” (v. 21, énfasis nuestro en todo este artículo).
Esto nos recuerda otra parte de la profecía de Daniel, que dice que el tiempo del fin “será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces” (Daniel 12:1). Así que este período de tribulación vendrá al final de la época actual, poco antes del retorno de Jesucristo.
Lecciones del primer cumplimiento
Podemos aprender mucho acerca de esta profecía del tiempo del fin estudiando la primera abominación desoladora, que profetizó Daniel. Antíoco Epífanes fue un precursor del rey del norte del tiempo del fin, el dictador mundial mencionado como la “bestia” en el libro de Apocalipsis. Seguramente este gobernante futuro utilizará la misma clase de argucias y falta de escrúpulos que caracterizaron al gobierno de Antíoco.
Además, a juzgar por las acciones de Antíoco en el pasado y por otras indicaciones bíblicas, parece que este gobernante de los últimos días hará falsos ofrecimientos de paz a los judíos del actual Estado de Israel, con el fin de lograr sus propósitos.
¿Qué otros paralelos hay? Parte de la “abominación” de Antíoco tenía que ver con la abolición del sacrificio diario en el templo (Daniel 11:31). Y en la profecía de Daniel claramente se dice que los sacrificios diarios volverán a ser suprimidos cuando venga la abominación desoladora (Daniel 12:9-13). Para que esta profecía se cumpla, al parecer deberá construirse un nuevo altar y tendrán que ser restablecidos los sacrificios antes del retorno de Jesús, el Mesías.
Otro paralelo, mencionado anteriormente, puede ser el hecho de que Antíoco profanó el templo cuando erigió allí una estatua de Zeus y sacrificó cerdos. Es posible que la abominación desoladora del tiempo del fin también tenga que ver con un ídolo en un nuevo templo, pero no lo sabemos con certeza. Lo que sí sabemos es que dentro del “templo de Dios” efectivamente se instalará cierto personaje que se hará pasar por Dios en la carne (2 Tesalonicenses 2:1-12). A su retorno, Jesucristo destruirá a este caudillo religioso (vv. 5-8), pero no antes de que muchos sean engañados por su “gran poder y señales y prodigios mentirosos” (vv. 9-12).
Además, así como la primera abominación desoladora señaló el comienzo de un período sin precedentes de horror y sufrimiento, la última también iniciará la era más horripilante que haya habido: la “gran tribulación” que se avecina. Debemos estar muy agradecidos de que Dios haya prometido enviar a su Hijo de regreso a la Tierra, para evitar que la humanidad se destruya a sí misma en ese espantoso tiempo de engaño y destrucción.
A medida que los acontecimientos mundiales vayan acercándose cada vez más al cumplimiento de estas profecías, mantengámonos cerca de Dios confiando en que él siempre estará ayudándonos, aun en los momentos más difíciles, particularmente porque nos ha hecho saber algunas de las cosas que sucederán durante el tiempo del fin.