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Ahora sí.
Quisiera comenzar este mensaje abriendo nuestras Biblias en Génesis 32.
Y quisiera leer con ustedes un fragmento de un evento en la Biblia que algunas veces podemos tener dificultad en comprender por qué pasó lo que pasó.
En Génesis 32, me gustaría que comenzáramos en el versículo 24 al 27, por ahora.
El versículo 24 dice, así se quedó Jacob solo, y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo y se descontuyó, se desconyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo, déjame porque raya el alba. Y Jacob le respondió, no te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo, ¿cuál es tu nombre? Y él respondió, Jacob.
La semana pasada en el sermón se habló de algo que generalmente se habla en la época antes de Pascua, de una preparación, de una introspección. Porque todas las fiestas y no solamente Pascua requieren una reflexión interna del cómo estamos presentándonos para cuando llegue a la fiesta. Y no, que llegue el día y entonces veamos cómo estamos.
Hay un tiempo previo que es requerido y debería ser para todos nosotros un tiempo para examinarnos, para ver cómo vamos a enfrentar las próximas fiestas. Ya se acerca en menos de 10 días, estaremos en la fiesta de trompetas y ya vamos a saltar a expiación. Y ya nos vamos a tabernáculos y ya terminamos con el último grandía. Estos eventos son eventos muy significativos que van a ocurrir en un futuro. Y ojalá Dios mediante muy pronto, que es lo que todos estamos esperanzados.
Y llegar a estos eventos, no solamente a las fiestas, sino que si lo extendemos a que cuando lleguen estos eventos, requieren de todos nosotros un análisis muy profundo de carácter urgente.
Basta consulamente mirar el mundo, decir, parece que estas fiestas ya vienen, ya se van a cumplir.
La fiesta de trompetas, la próxima fiesta que viene el lunes 3 de octubre, es el punto pivote. Es el punto central que está justamente en el centro de los 7 festivales anuales.
Pascua, Panisilevadora, Pentecostés, y luego está Trompetas justo al centro. Luego, AXPENSIÓN, TABERNÁCOLOS y ÚLTIMO GRANDÍA. De las 7 hay uno al centro y Trompetas marca al centro de algo que ha venido ocurriendo y algo que va a ocurrir.
Nosotros siempre decimos que estamos en la época de Pentecostés, de la Iglesia. Y probablemente estamos un poquitito antes de lo que sería Trompetas. De lo que sería ya esta tercera temporada, en el sentido histórico. Porque Cristo no ha llegado, pero el mundo está tan mal que lo único que necesitamos o necesita el mundo es que llegue Jesucristo con su reino.
Y para que llegue este reino, tenemos que estar vestidos, dice la Escritura, con ropas espirituales. Tenemos que estar apropiadamente vestidos para presentarnos a este evento, que va a generar un cambio en la tierra. ¿Por qué? Porque trae un reino. Un reino no humano. Va a ser un cambio de 180 grados, no de 360 grados. Hay gente que dice que hizo un cambio super grande de 360 grados, pero en realidad quedó en el mismo, porque dio la vuelta.
El cambio es de 180 grados hacia el otro lado completo. No vayan ahí en Efecios 4-24, se nos dice que cómo debemos vestirnos sin mentiras. Tenemos que vestirnos como un nuevo hombre en justicia, con una santidad divina. Eso son las ropas espirituales. Y a nivel también colectivo, lo que es la Iglesia, que se está preparando para las bodas del Cordero en ese momento. Las personas que componen la Iglesia, vayamos aquí a Apocalipsis 19, para que veamos la característica que tienen cada uno de los integrantes de la Iglesia, que se va a cazar en las bodas del Cordero.
En Apocalipsis 19, y versículo 7, del 7 al 9, vamos a leer. Apocalipsis 19 y versículo del 7 al 9, dice, gocémonos y alegrémonos y demosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado la Iglesia. Recuerden cuál es la otra mujer que bebe el vino de la sangre de los mártires, que es Babilonia, es la representación de la mujer ramera. Y ahora vemos a la otra mujer, que es la esposa, que es la Iglesia que se ha preparado para las bodas del Cordero.
En Apocalipsis 19, el círculo 8 dice, y a ella se le ha concedido que se vista del lino fino, limpio y resplandeciente, porque el lino fino es las acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo, escribe, ven aventurados los que son llamados a la escena de las bodas del Cordero. Y me dijo, estas son palabras verdaderas de Dios.
Para que llegue este momento, la avenida de Jesucristo, necesitamos estar preparados, transformados en personas caminando a la manera de Dios, para que cuando llegue Jesucristo, exista la transformación de carne y sangre a espíritu. De carne y sangre a seres espirituales glorificados, con acciones justas, que es las que debemos hacer hoy día. Recuerden que Dios está formando reyes y sacerdotes hoy día, no mañana, hoy día para esta boda, para este evento. Y esos reyes y sacerdotes, ese carácter justo de los santos, no es más que nada si podemos resumir el conocimiento del bien y del mal, a la manera de Dios, no a la manera del hombre.
Y entonces, en todo este proceso de preparación para este evento de trompetas, vamos a tener que pasar por pruebas y más pruebas y más pruebas. Se hablaba la semana pasada del oro, se hablaba ahora también de la depresión, que son momentos difíciles y son pruebas que todos, todos, aquí pasamos.
Y las pruebas son más que nada momentos para acercarnos más a Dios, para conocer más su carácter y saber qué quiere de nosotros, y para demostrar qué hay en nuestro corazón. Por eso el objetivo, hablando de lo que vamos a hacer hoy día, vamos a hablar de la historia de Jacob, que es con el cual comenzamos la lucha con el verbo, con el varón, con el ángel que dice la escritura. Vamos a repasar parte de la vía de Jacob, y veremos una gran lección que el día de hoy a todos nos atañe, porque las fiestas se acercan y debemos prepararnos.
El título del mensaje es De Jacob a Israel. Ese es el título del mensaje de Jacob a Israel. Jacob. Muchas veces aquí mismo en la oración de inicio, de clausura, o en una cena, o en una oración muy personal, decimos, Padre nuestro, Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob. Hacemos esa barrida, digamos, o resumen, de lo que ha sido Dios comenzando con Abraham. Y todos sabemos el Padre de la fe, las bendiciones que Él recibió, y que fueron traspasadas a Isaac y luego a Jacob.
Luego de Jacob, estas bendiciones o primogenitura que se divide en las bendiciones físicas con José, los hijos de Efraín y Manacés, y las bendiciones espirituales con la tribu de Judá, Benjamin y Ledí. Con José llegamos a Egipto, viene la esclavización, y luego viene Moisés con el éxodo. Todo esto tiene una gran, gran historia que todos deberíamos estudiar, es digna de estudio para comprender dónde estamos, y por qué muchas veces decimos, Dios de Abraham y Isaac y Jacob.
¿Por qué esas tres personas? Y todo tiene que ver con las meticiones, con la primogenitura. Y por eso vamos a encasillarnos ahora la historia de Jacob. Como se pasó de Jacob a Israel, que fue en esa lucha que comenzamos al principio, leyendo ese fragmento en Génesis 32. La primogenitura, un derecho legítimo que tienen los hermanos mayores. Esta misma primogenitura, recuerden, Isaac tuvo a Jacob y Esaú, tenía el derecho legítimo de recibir la primogenitura. Su madre, Rebeca, había sido informada que en el vientre, cuando los dos hermanos, los dos mellizos, estaban en su vientre, ya estaban peleando, que iban a ser progenitores de dos naciones.
Dice que éstas serían divididas desde sus entrañas, y uno sería más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor. Esa es la parte importante. Eso está en Génesis 25 o 23, si lo quieren leer. El mayor servirá al menor. Desde el vientre ya Dios dijo que esa iba a ser, entonces, la voluntad de Dios. El mayor iba a servir al menor. Desde el vientre Rebeca lo sabía.
Sabía que por la voluntad de Dios, el mayor iba a servir al menor. ¿Y qué pasó en el parto? El mismo parto, Jacob, demostró su carácter de que quería hacer las cosas a su manera un poco. ¿Por qué? El significado etimológico del nombre Jacob es el que toma por el talón, que su planta. Así nació Jacob. Nació agarrado del talón de Saul. Saul nació primero, pero Jacob como que quería agarrarse del talón. Se agarró el talón y así nació y por eso su nombre es Jacob, el que toma por el talón. Los primeros hermanos fueron muy diferentes, el uno del otro.
Es Saul de la casa, de salir a casar, un cazador de afuera del campo, un hombre fuerte, un vigoroso, y era más apegado a su padre, Isaac. Jacob, por otro lado, fue una persona tranquila, dice la escritura que habitaba en tiendas y era más apegado a su madre, Rebeca. Entonces vemos aquí el primer evento que conocemos cuando se vende la primogenitura. Recordemos, por derecho legal, Saul nació primero y luego nació Jacob, pero Dios dijo, el mayor servirá al menor. ¿Cómo? Nadie lo sabía, pero ya Dios, ya se lo había dicho Rebeca. Un día, Jacob preparó un buen platillo, un guisado rojo, dice la escritura, y su hermano justamente regresaba cansado de haber casado y se le antojó la comida.
Entonces, aquí Jacob aprovechó este momento muy particular, y le dijo, véndeme tu primogenitura por este plato que te voy a dar de comida. Esa U menos preció la primogenitura y dijo, ¿total de qué me sirve si me voy a morir igual? Leámoslo aquí en Génesis 25, para que no solamente quede en el relato interpretado por un servidor, sino que leamos la escritura cómo lo describe aquí en Génesis 25, partamos en el 27, y crecieron los niños, y esa U fue diestra en la casa, hombre del campo, pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas.
Llamó Isaac a esa U porque comía de su casa, más Rebeca amaba a Jacob, y guiso Jacob un potaje y volviendo a esa U del campo cansado, dijo a Jacob, te ruego que merezca comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre, Edom, que quiere decir rojo. Y Jacob respondió, véndeme en este día tu primo genitura. Entonces dijo esa U, he aquí, yo me voy a morir.
¿Para qué pues me servirá la primo genitura? Y dijo Jacob, júramelo en este día, y él le juró, y vendió a Jacob su primo genitura. Entonces Jacob dio esa U pan y del guisado de las lentejas, y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció esa U la primo genitura.
Ese es el primer evento de Jacob. Destacado. Bueno o malo, ese es el primer evento importante de Jacob. El segundo evento, todavía más, más grande podríamos decirlo.
Una vez que la venta de la primo genitura fue expreciada por esa U, recuerden, Rebeca sabía la voluntad de Dios desde el vientre. Desde antes que nacieran, ya sabía que el mayor iba a servir al menor. Pero Rebeca no tuvo paciencia para dejar que la voluntad de Dios se hiciera a la manera de Dios.
Entonces, quiso asegurar el traspaso de la primo genitura a Jacob, su hijo amado. No se quiso esperar. Y entonces, el relato es cuando ya Isaac se encontraba bastante viejo, bastante ciego, y le dijo a su hijo, mayor, esa U, ve a casar, tráeme el cabrito y prepáramle platillo para comer, y entonces te voy a dar la bendición. Rebeca estaba escuchando. Y entonces le fue a decir a Jacob. Leámoslo aquí en Génesis 27. Este es un engaño con disfrazes incluso.
En Génesis 27, versículo 18, y bastante mentiras también de Jacob. Génesis 27 y versículo 18. Entonces, este fue a su padre y dijo, padre mío, ya aquí vemos el momento en que llega Jacob disfrazado de esa U con pieles, y habiéndole hecho la comida que supuestamente esa U le iba a hacer. Y luego andaban el campo casando, pero Jacob se adelantó. Rebeca le hizo el potaje, y entonces se presenta Jacob y le dice, padre mío, y Isaac respondió, ¿Eme aquí? ¿Quién eres, hijo mío? Y Jacob dijo a su padre, soy yo esa U, tu primogénito.
¡Mentira! era Jacob. He hecho como me dijiste, levante a esta hora y siéntate, y come de mi casa para que me bendigas. Entonces Isaac dijo a su hijo, ¿Cómo es que le hallaste tan pronto, hijo mío? Aquí viene una duda de su padre, ¿Cómo es que casaste tan rápido?
Casar no se demora ir a comprar a la bodega, o rara ir a comprar un kilo carne. ¿No es tan rápido como eso? ¿Cómo es que le hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió, porque el eterno tu Dios hizo que la encontrase delante de mí. Isaac dijo a Jacob, acércate ahora y te palpare, hijo mío, porque si eres mi hijo de esa U, o no, todavía dudaba Isaac de quién estaba ahí. Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó y dijo, La voz es de la voz de Jacob, pero las manos, las manos de esa U.
¿Por qué? Porque tenía pieles, se pegó pieles aquí, se vistió como esa U, que era muy bello. Y no le conoció porque sus manos eran bellosas como las manos de esa U, y le bendijo. Y dijo, eres tú, mi hijo de esa U, todavía seguía dudando, este pobre hombre, y Jacob respondió, yo soy. Dijo también acércame, la y comeré de la casa de mi hijo, para que yo te bendiga, y Jacob se la acercó, y Isaac comió, le trajo también vino y bebió. Se traspasó oficialmente la bendición, por medio de un engaño. Y hablamos de la bendición de Abraham, de Isaac, y ahora de Jacob.
Ustedes pueden leer el relato completo. Lo importante es que este engaño fue bastante bien hecho. Tuvo muy bien preparado. Y finalmente Jacob recibe ese traspaso. Momento complicado fue cuando llegó esa U, y llegó y preparó el platito, y el padre le dijo, ¿cómo?
Sí, ya, ya di la bendición. Aquí en el 36, el mismo capítulo 27, dice, obviamente esa U se molestó. Veamos ahí el 34, dice, cuando esa U o yo las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación. Y le dijo, bendíceme también a mi padre mío. Le habían quitado la bendición. El 36, y esa U respondió, bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces. No una, dos veces se apoderó de mi primogenitura.
Y aquí ahora ha tomado mi bendición y dijo, ¿no has guardado bendición para mí? La impotencia de esa U, el engaño que sufrió aquí. El detalle importante en este versículo es que reafirma el significado etimológico de lo que es la palabra Jacob, que es el suplantador. Esa parte es importante. En el versículo 41, ¿qué pasó con esa U? Dice aquí, ya aborreció esa U a Jacob por la bendición con que su padre la había bendecido y dijo en su corazón, llegarán los días del luto de mi padre y yo mataré a mi hermano Jacob.
Le entró una amargura terrible a esa U. No la que tenía Caín. Solamente quería matar a su hermano por lo que había hecho. El engaño y la mentira no traen nada bueno consigo. Nada bueno. La amargura de esa U fue muy grande, tanto así que quería darle muerte cuando su padre descansara.
Y ya hemos nuevamente en Rebeca, que sabe que esa U quiere matar a su hermano. Rebeca interviene y le da a saber a su hijo, Amado, que se vaya. Ándate de aquí porque tu hermano te va a matar. ¿Dónde llega Jacob? A su tío Labán. Al tío Labán. Un explotador llamado Labán. Acuérdense, primero lo hace trabajar 7 años, por supuesto Raquel, pero le da a Lea, la mayor.
Luego trabaja otros 7 años y ya finalmente obtiene a Raquel, a quien él realmente amaba. Es todo un evento ahí bien interesante, que no es parte del enfoque de la historia. Jacob estuvo 20 años trabajando con Labán. 7 años con por Lea, 7 años con Raquel. Y luego 6 años, donde hubo un fortalecimiento, donde trabajó muy duro, su familia creció, el ganado se multiplicó.
Jacob contaba con las bendiciones de Dios. Jacob contaba con las bendiciones de Dios. Y Labán se estaba favoreciendo porque tenía Jacob en su tierra y no lo quería dejar ir. Pero la única bendecida fue Jacob, que empezó a tener malos sentimientos de los hijos de su patrón y la empezaron a envidiar por las bendiciones que él tenía y tuvo que huir de esta tierra de Labán. Poco a poco, Jacob se va acercando al punto de inflexión del cambio de 180 grados. Y esto era un punto notable en su vida, que fue el que relatábamos al comienzo.
Hasta aquí, la vida de Jacob había estado enturbiada por engaños, por mentiras, y Jacob siempre había confiado en sus fuerzas, en sus artimañas, a la manera de él, incluso de recibir las bendiciones, como lo vimos hace un momento. Entonces, llegó el momento en que tenía que enfrentar a esa U, a su hermano, a quien había engañado dos veces. Y obviamente, era algo que él no quería hacer, y tenía mucho, mucho miedo. El hermano mayor de esa U era la cara visible del pasado que lo amenazaba. Jacob estaba cosechando lo que había sembrado, y tarde o temprano tenía que enfrentarlo. Cuando suceden cosas malas, hacemos algo malo, tarde o temprano hay que enfrentarlo, y hay que resolverlo.
Y estaba muerto de miedo, Jacob. Leímos al comienzo de este mensaje la lucha que tuvo Jacob con un ser en la oscuridad durante toda la noche. Esta lucha sería antes del encuentro con esa U, justo antes del encuentro de esa U. Y es bastante interesante por qué fue en ese momento. Ya cuando Jacob se va de las tierras de la van y empezó a recibir noticias de que estaba su hermano, que habían 400 hombres esperando por él, se llenó de miedo porque venía al encuentro.
Entonces le pidió al dios de Abraham, al dios de Isaac, y reclamó la protección que le había sido entregada por Dios. Pero él no pidió por su Dios. Esa parte es importante. Él no pidió, Dios mío, líderame, dijo Dios de mi padre Abraham, que es el abuelo, Dios de mi padre Isaac. Dame esa protección ahora porque estoy muerto de miedo. La reclamó. Pero él no dijo Dios mío. Tú eres mi Dios. Hay una relación ahí bien interesante. Justo antes de este evento. Entonces, luego de eso, empezó a enviar presentes a su hermano, a enviar vacas o dejas y personas para apaciguar la ira que supuestamente tenía a Esaú, que no le vaya a tener un encuentro tan tenso.
Terminó separándose de sus dos mujeres, de sus dos siervas y de sus 11 hijos y quedó solo. Esaú quedó esa noche solo. Esperando supuestamente. Perdón, Jacob quedó solo, dije esa uno. Jacob quedó solo y quedó supuestamente esperando a Esaú. A todo su pasado, a todas sus mentiras, a todos sus engaños y tenía que enfrentarlo. Pero esa uno llegó esa noche. Volvamos a leer el relato en el Génesis 32.
Versículo 24. Así se quedó Jacob solo y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó el sitio del encaje de su muslo y luchó y untó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo déjame porque raya el alba y Jacob le respondió no te dejaré si no me bendices. El varón le dijo cuál es tu nombre y él respondió Jacob. Esta lucha durante toda la noche debió haber sido muy aguerrida. No tenemos mayor detalle. Podemos especular. Pero luchar toda la noche es algo bastante difícil de imaginarse.
Recuerden que Jacob, cuando nació, era más apegado a su madre. Se quedaba en tiendas. Pero ya nos estamos hablando de ese Jacob. Jacob dice en la escritura que con todas sus fuerzas había cuidado los rebaños de Labán, su tío. Ya había trabajado en el campo esos 20 años con Labán. Ya no era un joven apegado a su madre. Ya no estaba con su madre. Ya no estaba en casa. Dentro estaba ya preocupado de cosas mayores y tenía fuerza. Y esta lucha con el varón, con este ser incógnito, tiene un quiebre. Tiene un momento particular. Cuando este varón le toca al muslo de su cadera y sufre una descoyuntura. Si nosotros nos ponemos en los zapatos de Jacob, con lo poquito que hemos hablado de él, y nos llega a pasar eso, probablemente caeríamos al suelo. Probablemente diríamos, ya déjame. O no me mates o ándate, porque una descoyunturación de la cadera es algo terrible en una pierna. ¿Y qué hizo Jacob?
Él no se desanimó. Aún cogeando con esta herida terrible, deseaba con toda su alma que lo bendijera esta vez, pero de una manera honrosa. Porque él ya sabía lo que había pasado toda su vida, con engaños y mentiras. Y ahora estaba luchando, y por eso le dice, no te dejaré si no me bendices, con una pierna completamente menos. Habiendo peleado toda la noche, el cansancio de ese hombre de Arceo extremo.
Dios estaba viendo si el Padre de las Doce Tribus de la Nación de Israel podía continuar perseverando, a pesar de que tocó su fortaleza. Lo debilitó. A ver si seguían pie. A ver si podía seguir adelante con la tarea de guiar a sus doce hijos y forjar a Israel. El pueblo de Israel, a los israelistas. Era una tarea sumamente difícil. El pueblo de Dios estaba forjando ahí. ¿Y quién lo iba a forjar? Jacob. Bueno, vamos a probarlo. Entonces, este dento no es solamente una herida. Es algo que tiene una antecedentes de cómo venía la vida de Jacob. Cómo él quería hacer las cosas. Y ahora él aprovecha este momento para que lo bendigan, pero de una manera honrosa. En una lucha honorable. No te dejaré si no me bendices. Y aún, con esa herida, él seguía con esa convicción, con esa perseverancia. Y aquí viene un cambio en la historia en ese momento. Y así como la historia de Jacob tiene un cambio, permítame ustedes hacer un paréntesis en este punto de inflexión. Hace un mes, aproximadamente, se llevaron a cabo los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro 2016. ¿Alguien vio algo? Muy interesante, todos los deportistas, todas las especialidades, el esfuerzo de cuatro años, las imágenes de los deportistas, los esfuerzos de los deportistas por lograr una medalla después de duro entrenamientos. Todo eso siempre es motivo para un mensaje de Juegos Olímpicos, de la carrera, como habla Pablo, y de ser mejores, etcétera. En México tuvo la presentación de... Aquí tengo una lista, hay tres de plata y dos de bronce, en atletismo, clavados, taekwondo, iboxeo y pentatlon. Sí, México tuvo medallas. Felicitaciones por esos deportistas, porque no fue fácil. Sin embargo, hace un par de semanas, se llevaron a cabo a los Juegos Paralímpicos. Es distinto a los Juegos Olímpicos, Juegos Paralímpicos, también en Río de Janeiro. Yo estoy seguro que si usted dio los Juegos Olímpicos, se comovió con las imágenes de los deportistas. Todos esperaban al rayo de Usain Bolt y toda la gente, los favoritos, el tiburón, la natación. Todos esperaban sus favoritos y fue algo muy emotivo. Pero yo estoy seguro que si usted no ha visto los Juegos Paralímpicos, vea algo de eso. ¿Qué son los Juegos Paralímpicos? Son deportistas que, en su vida, por algún accidente, por alguna malformación o alguna circunstancia lamentable, tienen discapacidades físicas. No tienen brazos, no tienen piernas. Y a pesar de esto, reflejan como que reflejan un esfuerzo mayor que los olímpicos. Eso, por lo menos, es mi sensación, con lo que yo siento cuando vi las imágenes. 4.359 deportistas de 160 países. México obtuvo 15 medallas. 4 de oro, 2 de plata y 9 de bronce. Quizás nadie sabía eso. Pero ahí están esos muchachos. Discapacitados, discapacitados, haciéndose esfuerzo. La historia de los deportistas discapacitados en los Juegos Paralímpicos son realmente asombrosas. Personas normales, comunes y corrientes, que les pasa algo y de algún lado sacan fuerzas. Son dramáticamente profundas las historias y se han esforzado tanto y como que hacen ver que no hay límites en sus vidas. No tienen límites, no tienen dolor. Siguen adelante. Sus cuerpos son limitados, pero de nuevo, eso hace o parece ser que tienen más garra, más fuerza, mayor determinación. Y escuche bien esto. Ellos se han fortalecido por su debilidad. Si hay una palabra que pudiera resumir o una frase que pudiera resumir los Paralímpicos es, ellos son fuertes debido a su debilidad. ¿Por qué hablamos de esto? Porque tienen mucho que ver con Jacob y con nosotros.
Por eso nos dimos un paréntesis. Sigamos la historia de Jacob en el versículo 28 del capítulo 32, en esta historia de esta noche oscura que Jacob luchaba con este varón. En el versículo 28 dice, y el varón le dijo, no se dirá más tu nombre, Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido. Entonces Jacob le preguntó y dijo, declarame ahora tu nombre. Y el varón respondió, ¿por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar Peniel, porque dijo, vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol y cogeaba de su cadera. Los últimos dos versículos, el 30 y el 31, son tremendamente profundos. La supernatural descollunturación de la cadera, con solamente un toque, y un experto de yujitsu podría lograr algo así. Eso fue algo sobrenatural. Obviamente le hizo dar a entender a Jacob que era un hecho que no estaba peleando con ni esa única, ni con cualquier otro hombre normal. Aquí era algo más que eso. Ahora también no era un ángel, porque un ángel no bendice. Era el verbo, era el logos, era el Dios del antiguo Testamento, Cristo. Por eso le puso al lugar el nombre de Peniel, porque dio a Dios cara a cara, y fue librada su alma. De nuevo, fue librada mi alma, es una frase tremendamente interesante y profunda. ¿Por qué? Por primera vez vemos a Jacob, ese que engañaba, que se disfrazaba, que mentía, que se escapaba, que tenía miedo, y que no reconocía a su Dios como Abraham y Isaac. Y ahora, Jacob, por primera vez tenemos a un Jacob humillado, herido, y reconociendo a un Dios que tiene todo en sus manos. ¿Por qué? Porque lo podría haber herido de muerte. Estaba luchando con un varón, y no cualquier varón. Pero la voluntad de Dios fue herir a Jacob, en ese muslo, en esa cadera, para salvarlo, para salvarlo, para que dependiera, no de sí mismo, sino que de Dios. Para demostrarle que sus fuerzas no lo son todo, para demostrarle que hay un Dios, y tenemos que confiar en Él. Y Jacob debía aprender esa lección. Y esa noche, por eso esa noche, se le cambió su nombre.
Antes de toda esta noche, Jacob no había reconocido a Dios como el Dios que lo libraba. A Jacob solamente le interesaba las bendiciones. ¡Dámela bendición! ¡Véndemela tu bendición! ¡Vamos y muy defrazad y dámela a mí! Eso le importaba a Jacob. No vemos a Jacob orando, pidiendo a Dios que haga su voluntad. Vemos a Jacob haciendo lo suyo con su mamá o con quien haya sido. Vemos a Jacob distinto. Y en este momento, esa frase de Jacob hace entonces el cambio en él. Por eso, Jacob recibe de una manera honrosa el nombre mediante Dios de Israel. ¿Qué significa Israel?
Israel significa el que prevalece con Dios. El que prevalece con Dios. No solamente el que prevalece, sino que prevalece con Dios, no solos. ¿Qué gran cambio para Jacob, el suplantador? Ahora que le digan el que prevalece con Dios. Más adelante, cuando Jacob tiene muchos años y está ciego y adopta a los hijos de José para entregarle su bendición, ahí hay otro evento de traspaso de bendiciones, donde Jacob cruza sus manos con Efraín y Manasés y cambia el orden lógico del traspaso de las bendiciones. Y ese momento se podría o podemos, o estamos sacando aquí a colación, porque ahora Israel ya no hacía las cosas a su manera. Permitía que Dios lo guiara. Ella no podía ver por qué cruzó las manos. Dios lo ayudó a hacer eso. Él permitía que Dios ahora lo guiara y prevaleciera con Dios.
Vámonos a el nuevo testamento a Segunda de Corintios 12, retomando esto de la debilidad y de la fuerza. No podemos dejar de hablar de Pablo. Pablo hizo a Guijón. En Segunda de Corintios 12, versículo 7, tenemos a Pablo y la Guijón que tenía en la carne, que no sabemos si era una enfermedad a los ojos, o si era un azarna o un virus. La escritura no lo dice exactamente. Pero aquí comencemos en el versículo 7, que dice, y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente. Estaba hablando de una visión que tuvo. Me fue dado un ajijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofeté para que no me enaltesca sobremanera. Respecto a lo cual, tres veces se rogaba el Señor que lo quite de mí. Una prueba dura de Pablo. ¡Quítame esto! Tres veces se lo venía pidiendo. Y el versículo 9 dice, y me ha dicho, BÁSTATE, MI GRACIA, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré, más bien, en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo, me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. Juegos paralímpicos. Ellos eran tremendamente fuertes. Y no puedo decir, ¿qué va a correr este muchacho? ¿Se no tiene piernas? Bueno, le ponen entonces prótesis y corren muy rápido. Ellos se fortalecieron en su debilidad. Y así mismo aquí Pablo dice, cuando soy débil, entonces soy fuerte, porque ahí es cuando Dios nos prueba, nos toca, nos descolluntura la cadera, y dice, a ver si sigues en pie. Pablo aquí llegó a una aparente conclusión ilógica. Si una persona atea le esto a decir, ¿qué tiene este pobre hombre? Es ilógico pensar así, pero esta reflexión no era nueva. Jacob fue tocado en la fortaleza, en su fortaleza, y cogiendo siendo débil, se hizo fuerte. Se hizo fuerte. Y Dios puede hacer esto para que realmente seamos fuertes y no débiles.
Esta semana, tuve la oportunidad de conocer a un joven mexicano que a los 12 años de edad se fue a vivir a San Diego, Estados Unidos. Su historia me conmovió porque a los 7 años tuvo que tener un tratamiento de diálisis bastante agresivo, y perdió la voz. A los 9 años ya no tenía voz. Es un poco larga la historia, pero él se va autisolar el año pasado. Conoció la iglesia hace poco. Leyendo unos libros de la iglesia, leyendo al Suramson, llegó a la iglesia, y se va autisolar el año pasado. Este año está en el ABC, en Cincinnati, estudiando ahí como uno de los alumnos. Y escuché su charla, que dio enseñas hacia los alumnos, hacia el futuro de la iglesia, haciendo sus señas. Y hablaba del evento de Jacob, que Dios fortalece, nos puede fortalecer por medio de nuestras debilidades. Y él decía, la madridía a la gente que pasa por esto a los 7, 9 años, muere. Pero él decía, yo voy a hacer algo distinto. Y lo vemos ahora a un joven sano, estudiando, autizado, que no es capaz de hablar, pero se comunica muy bien. Eso fue también lo que me inspiró un poco a este mensaje, de Jacob. Entonces vemos que la historia de Jacob puede aplicarse en esa noche a nosotros, o lo que pasó antes de Jacob, cuando algunas veces no tenemos paciencia y queremos hacer las cosas a la fuerza. Y no permitimos que Dios haga su voluntad.
El futuro del pueblo de Israel comenzó con Abraham, luego con Isaac, y ahora vemos la historia de Jacob, que, a pesar de que somos impacientes, a pesar de que queremos hacer las cosas a nuestro atojo, Dios lleva a cabo su plan y lleva a cabo sus designios. Jacob sería el padre de las doce tribus de Israel. Las doce tribus de Israel.
Y a pesar de eso, fue una persona humana. Fue un humano de carne y sangre, con virtudes, y también con muchos errores, y con defectos. Pero Dios trabajó con él. Y sabía que, y sabía dónde y cómo trabajar con él, a su momento, y fue en esa noche, que empezó entonces el cambio. Luchó con él toda la noche, para que se diera cuenta que debe depender, y debemos depender de Dios. Porque Dios es quien nos salva, no nosotros, porque Dios es quien nos bendice, no nosotros. Dios es quien, si es necesario, tocará nuestras supuestas fortalezas para que quédemos cojos.
Y entonces, necesitamos un bastón, y reconozcamos a Dios.
La historia de Jacob nos puede ayudar a comprender que, así como Jacob, nosotros algunas veces somos supuestamente muy fuertes, y no tomamos cuenta a Dios. Estoy seguro que todos hemos llegado a pensar así. Yo me la puedo, pero no oramos. No, yo me la puedo, y no ponemos a Dios en nuestras vidas. Se acerca las fiestas, se acerca el momento crucial la historia del hombre aquí en la tierra, y por extensión, entonces, una nueva era, un cambio, un reino. ¿Estamos preparados para ese reino? Necesitamos estar cerca de Dios, depender de Dios, vestirnos con las acciones justas, como parte de ese cuerpo, parte de la iglesia, de esa mujer que se va a casar en las bodas del cordero, con esas acciones justas, por el conocimiento divino del bien y del mal, la ley de Dios, la fiesta santa de Dios. Es el gran problema que hay hoy. ¿Qué es bueno y qué es malo? Ya nadie entiende nada.
Dios está forjando reyes y sacerdotes hoy, no mañana, con nosotros hoy, reyes y sacerdotes. Dios está reuniendo los israelitas, los hijos de Jacob, los israelitas, pero espirituales. Nosotros somos los israelitas espirituales, quienes somos capaces de prevalecer con Dios, no por nuestra cuenta. Somos capaces de fortalecernos en nuestras debilidades, en nuestras pruebas, en nuestros ingertados en el olivo silvestre, como dice Román 11, y hemos hecho sido participantes de la rica sabia del olivo, y debemos prevalecer con Dios hasta el fin. Última escritura en Hebreos 11. Veamos a Bram y Zac y Jacob.
Y en Hebreos 11, versículo 21, hablando de Jacob, dice, por la fe, Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José. Él sabía que había estado a esa bendición de las fe en esa bendición que la estaba pasando, y adoró apoyados sobre el extremo de su bordón. ¿Qué es esto? Un héroe de la fe, aquí vemos en el versículo 21, como Jacob, hasta el final de sus días, reconocía a Dios.
Porque este bastón era lo que a todos nos hace falta, que es lo que es un bordón, un palo, un bastón.
A todos nos hace falta apoyarnos más en Dios, hasta el final de nuestras vidas, tal como lo hizo Jacob. Por eso es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.
Aquella oscura y temible noche en que Jacob luchó, puede compararse con el miedo que todos, tenemos de olvidarnos de nosotros y enfrentarnos a Dios cara a cara.
Porque a pesar de que Dios nos vaya a herir, nos debilite, que es lo que tanto tememos, tenemos miedo a ver si acaso seguimos luchando.
Pero eso es lo que hay que hacer, enfrentar a Dios, permitir que nos debilite para hacernos fuertes, que nos bendiga. Así como decía Jacob, no te dejarías de que me bendigas. Herido y todo, no te dejarías de que me bendigas.
Jacob, después de la bendición, dice que salió el sol.
Es el típico dicho de, después de la tormenta viene el sol. Le salió el sol, pero cogeaba. Ese es el detalle de esa mañana, de esa noche. Le salió el sol, pero cogeaba. Lo podemos interpretar que ya sabía quién era Dios, y se apoyaban Dios de una manera simbólica.
Después, de esta noche quizás tengamos algunas heridas y no nos olvidemos andar con ese bastón para caminar. Ya habrá salido el sol y todo cambiará para bien.
Después de esa noche, viene el encuentro con esa U. ¿Qué pasó con esa U? Lealo en casa. Génesis 33. Una bella historia del encuentro de Jacob y esa U, en Génesis 33. Necesitamos seguir luchando. Necesitamos seguir luchando porque el poder de Dios se fortalece en nuestras debilidades. Y si amamos a Dios todas las cosas serán para nuestro bien. Si amamos a Dios todas las cosas serán para nuestro bien incluso con un bastón incluso con una cadera descollunturada. Todas las cosas serán para nuestro bien como dice Romanos 8.28. Terminaré con la siguiente poema.
Hay hombres que luchan un día y son muy buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida. Esos son los imprescindibles. Buenas tardes a todos.