¿Somos obstinados en nuestro actuar?

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¿Somos obstinados en nuestro actuar?

Todos tenemos nuestra forma de actuar. Crecemos haciendo ciertas cosas en nuestra familia, en nuestra comunidad e incluso, con nuestros compañeros. Generalmente esto define quiénes somos y cómo vivimos. A menudo vemos a alguien llenando de nuevo la lavadora de platos, porque no le gustó como lo hicieron. En ocasiones algún huésped nos dice que nuestra cocina no está arreglada apropiadamente. La forma en que hacemos las cosas está muy arraigada en nosotros y no queremos cambiar.

Recuerdo a una amiga que me ayudaba a doblar toallas. Ella estaba doblando una toalla cuando le interrumpí y le mostré cómo quería que lo hiciera. Ella me hizo broma por tener mi particular forma de doblarlas. Entonces, le expliqué mis razones. Pero, aun así, pensó que era una anticuada. Pensé que ella debería respetar la forma en que yo hacía las cosas. Estaba tan cerrada en mis pensamientos que no podía ni siquiera mirarla.

Todos los seres humanos tenemos dificultades para erradicar nuestros malos hábitos. Esto siempre ha sido un problema entre Dios y su pueblo. Él nos ha llamado para ser sus hijos y caminar en sus sendas (1ra Reyes 3:1-4 1ra Reyes 3:1-4 [1] Salomón hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón, y la trajo a la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalén alrededor. [2] Hasta entonces el pueblo sacrificaba en los lugares altos; porque no había casa edificada al nombre de Jehová hasta aquellos tiempos. [3] Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David; solamente sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos. [4] E iba el rey a Gabaón, porque aquél era el lugar alto principal, y sacrificaba allí; mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre aquel altar.
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; Ezequiel 20:18-20 Ezequiel 20:18-20 [18] antes dije en el desierto a sus hijos: No andéis en los estatutos de vuestros padres, ni guardéis sus leyes, ni os contaminéis con sus ídolos. [19] Yo soy Jehová vuestro Dios; andad en mis estatutos, y guardad mis preceptos, y ponedlos por obra; [20] y santificad mis días de reposo, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios.
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) pero no lo queremos hacer. No disgusta cambiar la manera en que hacemos las cosas, tanto que a veces nos empecinamos y no admitimos que estamos equivocados.

Jonás actuó así. Rehusó hacer lo que Dios le ordenó. (Jonás 1:1-3 Jonás 1:1-3 [1] Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo: [2] Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí. [3] Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.
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). Jonás no solo trató de huir de Dios, sino que cuando Dios le dijo lo que Él quería que hiciera, él se enojó (Jonás 4:1 Jonás 4:1Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó.
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). A Jonás no le importaba si la gente de Nínive iba a ser castigada. Él no se sentía bien cuando las cosas no sucedían como él las había concebido. Estaba obstinado en su forma de pensar, lo cual lo hizo reaccionar en una forma inapropiada.

¿Permitimos nosotros que este tipo de cosas se interpongan en nuestra relación con Dios? Cuando Dios nos llama, ¿nos viene a la mente que no lo haremos así? Quizá pensemos que no es importante ir a la Iglesia cada semana, o que el diezmo toma mucho de nuestro dinero. Puede ser que no nos guste la manera en que Dios hace las cosas, porque pensamos que somos maduros y “sabemos lo que hacemos”. Los diez mandamientos no son sugerencias, aunque algunos lo toman así. Uno de estos mandamientos es la observancia del Sábado, que debemos santificar (Éxodo 20:8 Éxodo 20:8Acuérdate del día de reposo para santificarlo.
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).

Tengo un amigo que acostumbraba a ir a pescar los sábados. Cuando empezó a venir a la Iglesia, todavía seguía yendo. Pensaba que era una forma de relajarse y razonaba que el Sábado es precisamente para eso. El problema era que él estaba anteponiendo lo que le gustaba por lo que Dios quería que hiciera. Eventualmente dejó de ir a pescar. Esto es solamente un ejemplo de “nuestra manera” de andar en los caminos de Dios. Otros trabajan o hacen citas no emergentes el Sábado. Ellos tienden a exponer sus razones diciendo que eso está bien. Dicen cosas como “Dios entenderá” o “Dios conoce mis necesidades”. Pero Dios no ve las cosas de esa forma. Él dice: “Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia…” (Isaias 58:13 Isaias 58:13Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras,
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).

Quizá estábamos viviendo al límite de nuestro presupuesto financiero cuando aprendimos sobre el diezmo. Entonces encontramos excusas para diezmar parcialmente o no del todo. Puede que nos digamos a nosotros mismos que necesitamos un café de $ 7.00 cada mañana para enfrentar el día; que llevar almuerzo al trabajo supone demasiado esfuerzo. O quizá pensemos que nos merecemos aquel carro nuevo que estamos pensando comprar. Nos gusta la comodidad, aunque sabemos que si no diezmamos le estamos robando a Dios (Malaquías 3:8 Malaquías 3:8 ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.
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).

Estas son solo algunas maneras de anteponer nuestro criterio al de Dios. Si nos detenemos a pensar, existen muchas más, porque hasta nuestros pensamientos pueden ser un hábito. Podemos caer en el hábito de pensar en forma negativa acerca de personas o situaciones. La escritura nos dice que traigamos cada pensamiento a la captividad para obedecer a Cristo. (2do Corintios 10:5 2do Corintios 10:5derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,
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). Dios sabe que la mente carnal lucha por hacer lo que es correcto pero que, sin su Espíritu Santo, fallamos. (Romanos 8:7 Romanos 8:7Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;
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). Esta es la razón por la que debemos orar y hacer las cosas como Dios lo requiere de nosotros.