La paz que Dios ofrece

Usted está aquí

La paz que Dios ofrece

Al cuidar de mi hijo recién nacido, ha sido fascinante observar cada uno de sus movimientos; estudiar su rostro y sus hábitos. Me encanta sentarme y abrazarlo y tratar de disfrutar de estos preciosos momentos.

He sido bendecida con tres niños, y aunque cada uno ha sido único, hay una misma cosa que he presenciado en cada uno de ellos. La paz. Puede que se pregunte, «¿Cómo puede ver la paz?» Sin embargo, lo he hecho. La he contemplado en sus dulces rostros y en sus ojos. Si están molestos y es difícil calmarlos, he visto que la paz les llega en cuanto los alzo en mis brazos. Tan pronto como se sienten seguros de que estoy ahí, se sienten mejor. Es reconfortante para mí tener esa conexión con ellos. Sentirse necesitada y amada. Es un ciclo hermoso. Yo doy amor, ellos reciben ese amor, y siento que vuelve a mí.

No puedo imaginarme una vida sin Dios. No puedo imaginarme vivir en este mundo desquiciado y no tenerlo a él para clamar por consuelo.

Nuestro Padre en el cielo también nos da amor. Quiere que recibamos su amor y podamos devolvérselo. Quiere sentirse necesitado y amado como lo haría cualquier otro padre. Quiere tener ese vínculo con nosotros, una conexión que no se pueda romper. Quiere traernos paz, como un padre humano debería traer paz a su familia.

El mundo que nos rodea está extraviado. No hay paz. La gente se encuentra asustada y herida. No saben a dónde acudir, así que se atacan unos a otros. Buscan la paz en todos los sitios equivocados. Persiguen una paz que muchos nunca encontrarán. Saben que algo falta, pero no saben lo que es. Muchos no se dan cuenta que tienen un Padre que está ahí para ellos y le encantaría consolarlos y traerles paz. Todo lo que tienen que hacer es llamarle, hablar con él, estudiar su Palabra y desarrollar una relación con él. Él sólo pide obediencia a su Palabra. Eso es todo lo que quiere de nosotros, y él da mucho a cambio.

No puedo imaginarme una vida sin Dios. No puedo imaginarme vivir en este mundo desquiciado y no tenerlo a él para clamar por consuelo. Sé que él siempre está ahí para mí. Sé que me levanta y que me inunda una paz que no puedo explicar. Si se siente perdido en este mundo disparatado, acuda a Dios. No es demasiado tarde. Él siempre quiere sentirse necesitado y amado, así como nosotros los padres anhelamos eso de nuestros hijos. No le importa si han pasado 10 días o 10 años desde la última vez que supo de usted, él siempre está ahí, esperándole. Puede traerle la paz que todos anhelamos. Hágale saber cuánto lo ama y comience hoy mismo a sentir la paz que Dios le ofrece.