La importancia de servir

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Una de las formas de mostrar nuestro amor a Dios es a través del servicio al prójimo. Esa fue la enseñanza de Jesucristo, nuestro maestro y redentor.

Cristo nos enseñó cosas importantísimas acerca de cómo alcanzar el Reino de Dios a través de parábolas y descripciones alegóricas de cómo Dios piensa y trabaja con la humanidad.

En uno de sus mensajes para los discípulos (por consiguiente para nosotros y, a su vez, para toda la humanidad), relata cómo él separará a las ovejas (los justos) de los cabritos (los injustos), cuando llegue el día de la sentencia; poniendo a las ovejas a su diestra y a los cabritos a su izquierda.

Este mensaje, que encontramos en Mateo 25:31-46, expresa la importancia de ser misericordiosos, empáticos y desarrollar amor al prójimo. Sin embargo, tiene su esencia en el servicio a Dios, a través del servicio a los demás.

Analicemos parte de lo que el Hijo del Hombre (Cristo) les dirá a las ovejas: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros… Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber… estuve enfermo y me visitasteis… Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?... ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:34-40, versión Reina-Valera 1960, énfasis añadido).

Cristo está premiando con el Reino a aquellos justos que sirvieron a sus “hermanos más pequeños”. Considerando que este relato simboliza la sentencia después del juicio del gran trono blanco (“y serán reunidas delante de él todas las naciones”, v.32), los “hermanos” vendrían siendo todas aquellas personas físicas que tienen el Espíritu Santo de Dios (Romanos 8:14). Sin embargo, esta forma de pensar y trabajar de Dios aplica totalmente para nosotros hoy también; pues somos parte del mismo plan.

Por otro lado, Cristo condena al “fuego eterno” a aquellos injustos que no sirvieron a los demás, prefiriendo tal vez su propio bienestar y comodidad, antes que al prójimo.

Cualquier ejemplo que se nos ocurra de servir a Dios, no podemos hacérselo a él directamente; no podemos sentarlo a comer en nuestra mesa y servirle. Pero sí podemos hacerlo con nuestros hermanos, los “hermanos pequeños” de Cristo.

Hermanos, tan importante es el servicio a los demás, que Cristo hace el enorme contraste entre el que sirve y el que no. Servir y hacer el bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe (Gálatas 6:10) es fundamental, entre otros factores, para alcanzar el Reino de Dios.

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Ignacio Guíñez

Ignacio, originario de Chile, reside actualmente en Ciudad de México con su pequeña familia: su esposa Reyna y su hijo Naín.