#CREXIT
El próximo 23 de junio los británicos tienen la oportunidad histórica de definir mediante un referendo si desean o no seguir siendo parte de la Unión Europea (UE). Esta decisión de ser positiva, es decir, aprobar la desafiliación, sería una inédita medida, pues desde sus inicios la UE solo se ha expandido, con nuevos integrantes, que hoy alcanzan los 28 países. ¡Nunca un país ha decidido salir!
Para este referendo se ha utilizado, a través de las redes sociales, una palabra creada a través de dos palabras BRITAIN+EXIT=BREXIT (salida de Britania).
¿Por qué querer salir? Entre otras cosas, algunos británicos argumentan la falta de identidad, burocracias innecesarias, seguridad y por sobre todo, el creciente control de sus vidas diarias.
Claramente, al analizar este hecho de la situación mundial podemos realizar una analogía aplicada a los cristianos de hoy en día al ver diariamente al mundo encaminarse cada vez más al letargo moral y espiritual.
La definición del vocablo griego “Ekklesia” que se tradujo como Iglesia, significa “los llamados a salir” y tal como sabemos, la Iglesia de Dios no es un edificio, es un grupo humano llamado a salir del mundo para cumplir el propósito de Dios.
Es por esto que, el ver a una nación decidir, salir o no salir de la Unión Europea, me parece una buena oportunidad para nosotros como cristianos de realizar nuestro propio referendo personal: ¿Queremos o no permanecer en el mundo mediante el llamado #CREXIT (salida de cristianos)?
Cuando por estos días, escuchemos en las noticias o leamos en los periódicos estos términos y sus razones; pensemos en nuestras propias razones para salir del mundo y su manera de vivir.
Entre otras razones, podemos mencionar la falta de seguridad que acarrea este mundo a nuestra carrera espiritual, pérdida de tiempos innecesarios para nuestro entrenamiento personal, la falta de identidad en nuestras creencias y por sobre todo el control que va adquiriendo el mundo de nuestra santa manera de vivir a la que hemos sido llamados.
Jesucristo dijo, acerca de él y sus seguidores (cristianos) hablándole al padre, “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:16-17).
Cristo ruega por nosotros para que Dios Padre nos guarde del mundo, para que seamos santificados (separados para un uso especial), y todo ello a través de la verdad. Y la palabra de Dios es la verdad.