La longanimidad y la perseverancia son dos términos muchas veces traducidos como paciencia en las Escrituras. ¿Qué podemos aprender de esto?
Nuestra cultura esta obsesionada con las cosas inmediatas y cualquier asunto que implique esperar, altera a las personas. Pero Dios no es alguien impaciente y amorosamente nos comparte esta forma de ser felices: Esperar en él.