Pascua

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Guardar la Pascua cada año nos recuerda que Dios es el perdonador del pecado, que habrá de otorgarnos vida eterna en su Reino a través del sacrificio de Jesucristo, nuestra Pascua. Esta observancia es un recordatorio de la ininterrumpida intervención de nuestro Creador en la salvación de la humanidad.

La Pascua fue instituida en Éxodo 12, cuando la nación de Israel fue esclavizada en Egipto. Dios ordenó a los israelitas que apartaran un cordero sin mancha para el sacrificio y pusieran su sangre en los dinteles de sus casas. El Señor habló explicando que vendría a través de la tierra de Egipto y golpearía a todos los primogénitos en la tierra, excepto a aquellos cuyos hogares estuvieran marcados con sangre en sus puertas, pues la plaga no vendría sobre ellos (Éxodo 12:12-13). El cordero era una sombra del sacrificio de Cristo. La muerte de Jesucristo nos quita la pena de muerte y limpia nuestros pecados. Por su sangre somos liberados de la pena de muerte del pecado (Romanos 5:9, Efesios 1:7, Colosenses 1:14). Cristo, durante la celebración de la Pascua en el Nuevo Testamento, explica que el pan sin levadura representa su cuerpo quebrantado, mientras que el vino simboliza su (1 Corintios 11:27). Al tiempo que recordamos el sacrificio de Jesucristo, nos humillamos mediante la ceremonia de lavamiento de pies (Juan 13:8). En resumen, tomamos parte en la Pascua para ser purificados.

Para conocer más sobre la Pascua, puede consultar los siguientes enlaces:

La Pascua: ¿Por qué tuvo que morir Jesucristo?

¿Fue Jesucristo el Mesías?