#040 - Éxodo 9-11: "Las últimas plagas contra Egipto"

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#040 - Éxodo 9-11

"Las últimas plagas contra Egipto"

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El libro de Apocalipsis usa al símbolo de Egipto durante el éxodo para describir la corrupción de Jerusalén bajo el control de la Bestia y del Falso Profeta: "Y sus cadáveres (de los dos testigos) estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto" (Apocalipsis 11:8). Además, la historia del Éxodo es el relato de la redención de Israel y la de Apocalipsis es, entre otras cosas la crónica de la redención de la Iglesia. “y cantaban un nuevo cántico diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y nación" (Apocalipsis 5:9).

De modo que para mejor apreciar el libro del Éxodo en el contexto de toda la Biblia, en especial por su paralelo profético para los tiempos del fin, he aquí las similitudes que tiene con Apocalipsis.

Ya vistos los paralelos entre el Éxodo y el Apocalipsis, podemos proseguir con el relato de las 10 plagas de Egipto. La última plaga que se estudió fue la de las moscas, o zancudos, como debe aparecer en el hebreo original, a pesar de que era un insecto molestoso, el zancudo aparecía como uno de sus dioses por su mitología que lo relacionaba con el sol... "En Heliópolis el Sol era asociado a una piedra erecta, de donde proviene el obelisco de los tiempos clásicos. Estuvo el Sol aprisionado en el cuerpo de un zancudo que se posó en la punta del obelisco al principio de los tiempos" (La Vida Religiosa en el antiguo Egipto, Garnot) Así el verdadero Dios volcó otro de los supuestos dioses egipcios contra ellos.

La siguiente plaga fue de todo tipo de insectos voladores molestos "La petición fue igualmente inútil como antes, y el mal predicho envolvió al país en forma de lo que era no “moscas” tales como las que conocemos nosotros, sino varias clases de moscas (Salmos 78:45), el tábano, el moscardón, la cucaracha, el escarabajo, porque todos estos son mencionados por escritores diferentes. Eran muy destructivos, algunos infligían mordeduras dolorosas en los animales, otros destruían la ropa, libros, plantas y todas las cosas. El culto a las moscas y especialmente al escarabajo, era parte importante de la religión de los egipcios. El empleo de estas “deidades” aladas para castigarlos, ha de haber sido doloroso y fortalecer la fe de los israelitas como el único objeto de adoración” (Comentario Exegético de la Biblia, p. 68).

El Faraón otra vez cedió momentáneamente, y les dio su palabra de que podían salir por tres días más allá de la frontera egipcia. Sin embargo, una vez que Moisés oró y desaparecieron las moscas de todo tipo, el Faraón volvió a negarles la salida. “Pero no bien hubo cesado la presión, el espíritu del Faraón, como arco tenso, volvió a su acostumbrada obstinación, e, indiferente a su promesa, se negó a dejar salir al pueblo” (Ídem. P. 68). Noten la referencia inesperada sobre el arco.

La quinta plaga cayó sobre Egipto, esta vez sin la ayuda de la vara de Aarón, pues Dios mismo envió una enfermedad que mató una gran parte del ganado en Egipto. Esto también se dirigía en contra los dioses egipcios, el toro y la vaca.

“Lo oportuno de este juicio consistió en que los egipcios adoraban a los animales más útiles, como el buey, la vaca y el carnero: en todas partes del país eran levantados templos y honores divinos tributados a estos animales domesticado, y así mientras que la pestilencia causó grande pérdida en dinero, asentó un revés a su superstición” (Ídem. p. 68).

La siguiente plaga, las úlceras y están dirigidas ahora contra los mismos egipcios, y no sólo sobre sus animales. Una nota humorística es que el Faraón envió por sus magos y ellos “no podían estar delante de Moisés a causa del sarpullido en los hechiceros y en todos los egipcios” (Éxodo 9:11).

Nuevamente, el Faraón soporta estoicamente la plaga y no permite que Israel salga de Egipto. Por eso le viene el séptimo castigo, el del granizo. Dios le advierte por Moisés al Faraón que cada una de estas últimas plagas iba a ser peor. Pero el granizo era un acontecimiento muy raro en Egipto, y el Faraón no se dejó intimidar por ello. No obstante, muchos de los egipcios sí temieron a Dios y guardaron su ganado bajo techo.

“En el Delta, bajo Egipto, donde se coloca la escena, la lluvia cae ocasionalmente entre enero y marzo; el granizo no es desconocido, y el trueno alguna vez se oye. Pero una tormenta, que no sólo exhibía todos estos elementos, sino era tan terrible, que los granizos que caían eran de tamaño tan inmenso, y el trueno sonaba en descargas espantosas, y el relámpago barría la tierra como fuego, fue una calamidad sin igual” (Ídem. P. 69).

Es interesante notar que en la religión egipcia, el trueno era la voz de un dios, y ahora tuvieron que sentir que no eran nada ante el Dios que hacía todas estas cosas y que rugía del cielo por su ira contra el Faraón.

En el orden mental, un rasgo característico de los antiguos egipcios es la vivacidad de la imaginación…Desde muy temprano los súbditos de los faraones se imaginaron el cielo como una vaca colosal, subida mirando a Occidente, sobre el pedestal plano de nuestra tierra…El suelo que pisamos, con su relieve escabroso, no deja de evocar a un hombre recostado, con las rodillas recogidas, que se incorpora sobre el codo. El Guebeb, el dios etonio por excelencia, cuyos huesos son las montañas y que, cuando habla, hace estremecer el universo. Inversamente, el fragor del trueno, proveniente de las zonas superiores, no es otra cosa que la voz del cielo. (La vida religiosa en el antiguo Egipto, Garnot)

Puesto que ahora, el Dios de Israel le estaba “hablando del cielo” el Faraón confesó “He pecado esta vez; el Eterno es justo, y yo y mi pueblo impíos. Orad a el Eterno para que cesen los truenos de Dios y el granizo, yo os dejaré ir, y no os detendréis más” (Éxodo 9:27-28).

No obstante, cuando terminaron los truenos y el granizo, otra vez el Faraón renegó su promesa. Vemos el caso típico de un arrepentimiento falso y el Faraón es carnal y no desea recibir el castigo y tampoco volverse humilde. Es un arrepentimiento según el mundo descrito por Pablo en 2 Corintios 7:10).

Así terminamos el análisis de las primeras siete plagas. Queda la más terrible de todas que ocurre la noche de la primera Pascua. Lo cubriremos en el siguiente estudio.