¿El cielo, el infierno, o algún lugar intermedio?
¿Cuál es la verdad sobre el destino de los seres humanos? ¿Van al cielo o al infierno? ¿O hay otra respuesta?
Casi con toda seguridad has visto imágenes del cielo en la televisión y en las películas, una escena llena de placidez por todas partes: mientras el papá asa hamburguesas, el hijito menor juega a lanzar la pelota al perro, y la mamá con la pequeña Susie traen una bandeja de limonada recién preparada para delicia de todos. O tal vez viste otra imagen celestial en la que algunos ascienden hacia una luz brillante, para luego entrar por unas puertas de nácar. Allí reciben un arpa para tocar música divina y se sientan en una nube por toda la eternidad. Quizás hayas visto el cielo representado como una pareja que se reencuentra en la playa, se abraza y luego se aleja hacia la puesta de sol.
La gente tiene muchas ideas sobre lo que puede ser el cielo. Y aunque algunas suenan muy encantadoras e incluso pueden contener elementos de verdad, el concepto que la mayoría de la gente tiene hoy en día del cielo no es lo que la Biblia enseña sobre la vida después de la muerte.
Del mismo modo, en ninguna parte de la Biblia se encuentra el concepto de un diablo que atormenta a las personas con un tridente y todo tipo de artilugios sádicos en una guarida ardiente en las profundidades de la Tierra.
Orígenes de las enseñanzas modernas
Entonces, si estas ideas no se encuentran en la Biblia, ¿de dónde provienen? Para el mundo cristiano, la mayoría de ellas pueden vincularse directamente con el concepto de un alma inmortal. Esta idea enseña que hay una parte del ser humano que no muere al final de su vida física (o mortal), y que esa esencia sigue viviendo en algún lugar para siempre. Algunas personas se refieren a esto como su “espíritu”, otro concepto no bíblico.
A lo largo de muchos siglos, debido a la influencia cultural de Babilonia, Grecia, Roma, y maestros como Platón y Martín Lutero, comenzaron a tomar forma las imágenes modernas del cielo y el infierno. En resumen, la idea llegó a ser que, al morir, nuestra alma inmortal va al cielo como recompensa por haber sido bueno, o al infierno como castigo por haber sido malo. Los conceptos exactos de lo que son el cielo y el infierno probablemente varían de una persona a otra, incluso dentro de la misma iglesia, pero esa es la idea general de lo que creen la mayoría de los cristianos modernos.
Lo que enseña la Biblia
En primer lugar, es importante comprender lo que enseña la Biblia sobre el alma inmortal. Aunque la Biblia enseña la idea de que uno puede vivir para siempre, esa vida no comienza inmediatamente después de la muerte física.
Jesús enseñó todo lo contrario. Dijo: “De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oyeren vivirán” (Juan 5:25). Continúa diciendo en los versículos 28-29: “No os maravilléis de esto; porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”.
¿Te has fijado que Cristo dijo que las personas vivirán y saldrán a la resurrección? Cristo habla de estos acontecimientos como algo que está por venir en el futuro para los que han muerto. Si inmediatamente después de nuestra muerte nos fuéramos al cielo o al infierno, sin duda Cristo lo sabría y habría hablado de estos acontecimientos como algo que ya ha ocurrido para los que han muerto.
Esto se puede comprender mejor leyendo lo que el apóstol Pablo escribió al pueblo de Tesalónica. Al parecer, incluso en aquella época había confusión sobre lo que ocurría después de la muerte. Pablo lo aclara explicando: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él” (1 Tesalonicenses 4:13-14).
Prácticamente todas las traducciones de la Biblia señalan que aquí, dormir es sinónimo de muerte. Pablo nos dice que la muerte es similar a un estado de sueño y que los que han muerto permanecen en ese estado hasta el regreso de Jesucristo. Esto contrasta radicalmente con la idea de un alma inmortal que va inmediatamente al cielo o al infierno después de la muerte. Pablo, que fue instruido directamente por Jesucristo (Gálatas 1:11-12), seguramente debe haber sabido perfectamente que este no era el caso.
¿Qué sucede en realidad?
Como hemos visto, al morir nos sumimos en un estado similar al sueño. Recuerdo que una vez un tornado azotó nuestro vecindario en medio de la noche; pero a pesar del aullido del viento y el sonido de las sirenas de tormenta, logré dormir durante todo ese tiempo. No me enteré de nada hasta la mañana siguiente, cuando mi madre me contó lo que había pasado. La muerte es similar: “Volverá entonces el polvo a la tierra, como antes fue y el espíritu volverá a Dios, que es quien lo dio” (Eclesiastés 12:7, Nueva Versión Internacional). Esta esencia de la vida humana retorna a Dios, donde permanece hasta que él nos despierta, pero esto solo ocurrirá cuando Jesucristo regrese.
La Biblia nos aclara en más detalle cómo sucede esto exactamente. “Por lo cual os decimos en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:15-17).
Pablo explica muy claramente que Jesucristo volverá a la Tierra, y los que hayan muerto en Cristo (mientras vivían una vida fiel a él) resucitarán de entre los muertos. Además, los que aún estén vivos cuando Cristo regrese se unirán a ellos, y se encontrarán con Cristo en las nubes y permanecerán con él para siempre. Este acontecimiento verdaderamente impresionante se conoce como “la primera resurrección”.
Si hemos vivido una vida de obediencia fiel, seremos resucitados en el momento de su regreso, no antes. Pablo explica además que en ese momento se nos dará un nuevo cuerpo espiritual que es muy superior a nuestra carne física actual. “Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual . . .” (1 Corintios 15:42-44).
Por supuesto, hay que decir que no todos serán despertados de la muerte inmediatamente al regreso de Cristo. “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida” (1 Corintios 15:22–23). La Biblia enseña que algunos no resucitarán a la vida sino hasta después de los primeros mil años del reinado de Cristo en la Tierra. ¿Qué les sucederá?
El resto de los muertos
En Apocalipsis 20 hay una clara explicación de lo que les sucederá a todos aquellos que no formen parte de esa primera resurrección. Los tres primeros versículos explican que Satanás, el diablo, será atado e incapacitado de influir a la humanidad durante mil años después del regreso de Cristo. A partir del versículo cuatro, obtenemos una confirmación de lo que Pablo explicó en 1 Tesalonicenses con respecto a los resucitados al regreso de Cristo: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años” (Apocalipsis 20:4). Claramente, este grupo de personas hará algo más que flotar en las nubes y tocar el arpa. Dice que reinarán (gobernarán) con Jesucristo durante mil años, lo que comúnmente se conoce como el Milenio.
A continuación vemos una indicación de lo que les sucede a los que NO resucitan al regreso de Cristo. “Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años . . .” (v. 5). Estos mil años serán una época maravillosa para la humanidad, libre de la influencia de Satanás y regida por el gobierno de Jesucristo y de aquellos que serán resucitados por él a su regreso.
Entonces, la vida florecerá en la Tierra. Es importante señalar que aunque muchos serán resucitados en esa primera resurrección o se convertirán en seres espirituales al regreso de Cristo, no todos lo serán. Muchas personas seguirán viviendo como seres humanos mortales tras su retorno. Es durante este reinado milenario de Cristo cuando ellos y las generaciones posteriores aprenderán el gran beneficio de la obediencia al camino de vida de Dios.
Desgraciadamente, ese tiempo llegará a su fin. “Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios fuego del cielo y los devoró” (vv. 7-9). Al final de los mil años, Satanás será liberado por un corto tiempo. El propósito de Dios al permitir esto es ver si aquellos que hayan vivido todo ese tiempo sin la influencia de Satanás y bajo el reinado de Cristo seguirán siendo obedientes a él. Porque por difícil de creer que esto parezca, las Escrituras dejan claro que muchos no lo serán. Entonces Dios los destruirá con fuego, y permanecerán muertos para siempre.
Es un pensamiento serio, pero aún nos deja algunas preguntas. Sabemos que aquellos que hayan vivido antes del regreso de Cristo y hayan sido fieles a Dios resucitarán a la vida espiritual en la primera resurrección. Y que aquellos que hayan vivido como seres humanos y no hayan sido fieles a Dios serán consumidos por el fuego y morirán al final de los mil años. Pero ¿qué pasará con todos los demás? ¿Qué será de aquellos que nunca hayan conocido ni comprendido realmente a Dios y hayan muerto antes del regreso de Cristo, que posiblemente sean la mayoría de quienes han vivido? O, ¿qué sucederá a quienes hayan conocido a Dios antes del regreso de Cristo, pero se negaron a obedecerle? ¿Y qué pasará con aquellos que no se unan a la rebelión de Satanás al final de los mil años? ¿Qué les ocurrirá a todos ellos?
La Biblia nos aclara la duda. “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios, y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras” (Apocalipsis 20:11-13).
Hay mucho que analizar aquí, pero empecemos por comprender a quiénes se refieren estos versículos. Se nos dice que todos los muertos están ahora delante de Dios. Esto sin duda incluiría a “los otros muertos”, de los que leemos anteriormente en el versículo cinco. Se utilizan imágenes que aluden a los que murieron en el mar o estaban en el Hades (la Tierra) para acentuar la idea de que nadie quedará fuera. Aunque no se nos dice explícitamente, también es posible que esto incluya a aquellos que vivan durante los mil años y permanezcan leales a Dios, incluso después de la liberación de Satanás, y que también podrían ser juzgados en ese momento.
Entonces, ¿qué les sucede a estas personas? La clave está en comprender el versículo 12. Se nos dice que “los libros fueron abiertos”. Esto parece referirse a los libros de la Biblia. En otras palabras, la verdad que enseña la Biblia se revelará a este grupo de personas por primera vez en sus vidas. Finalmente podrán comprender quién es Dios realmente, cuál es su esperanza para ellos y cómo espera él que vivan. Después de que se les conceda ese entendimiento, y solo después de que lo comprendan, serán juzgados “según” sus obras, o según cómo respondan a este nuevo entendimiento.
A continuación, se dictará el juicio final. “Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:
14-15). Las personas acabarán finalmente en uno de dos lugares: inscritas en el libro de la vida, o consumidas en un lago de fuego. Tener el nombre de uno escrito en el libro de la vida corresponde a recibir la vida eterna como ser espiritual. Así como los que participen en la primera resurrección recibirán la vida eterna, los que no respondan a Dios enfrentarán una muerte permanente en el lago de fuego.
“Porque los que viven saben que han de morir, pero los muertos nada saben, ni tienen más paga, porque su memoria es puesta en olvido” (Eclesiastés 9:5), “porque en el sepulcro no hay obra, ni plan, ni conocimiento, ni sabiduría” (v. 10). Una vez que llega esta muerte final y definitiva, no hay más oportunidad de resurrección. Los muertos simplemente dejan de existir, sin experimentar nada más, ni tortura ni nada por el estilo (lee el recuadro “¿Qué sucederá en el lago de fuego?” para obtener más información sobre este lugar).
Una conclusión reconfortante
Gran parte de la gente en nuestra sociedad vive con miedo a lo que sucederá cuando muera, pero la Biblia es muy clara: aquellos que honren y obedezcan a Dios finalmente heredarán la vida eterna y nunca más se enfrentarán a la perspectiva de la muerte, y aquellos que rechacen a Dios morirán permanentemente y dejarán de existir. Y aunque nadie desea tal resultado, es reconfortante saber que la Biblia no enseña la tortura y el tormento eternos para los malvados. (Para obtener más información sobre este tema, consulta nuestras guías de estudio bíblico gratuitas ¿Qué sucede después de la muerte? y El cielo y el infierno).
La verdad es que lo que sucede después de la muerte es mucho mejor que el cielo que la mayoría de la gente imagina. Además de reunirnos con quienes hayan muerto viviendo una vida fiel, tendremos la oportunidad de unirnos a aquellos que nunca conocieron realmente a Dios.
En su momento, Dios utilizará a sus santos para enseñar a todos los que han vivido cómo pueden tener una vida eterna de alegría y paz, libre de miedo, dolor y sufrimiento. ¡Vivamos fielmente la Palabra de Dios a fin de estar preparados para este maravilloso futuro! EC