La ONU cumple 80 años

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La ONU cumple 80 años

Este año se cumple el 80.º aniversario de la fundación de las Naciones Unidas. El 26 de junio de 1945, de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial se firmó el acta constitutiva de este sueño global de colaboración internacional. No obstante, dicha organización no entró oficialmente en vigor hasta el 24 de octubre de 1945, tras la ratificación de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y la mayoría de los demás signatarios. La fecha de octubre se celebra cada año como el Día de las Naciones Unidas.

Sin embargo, como señalaba un reciente artículo de Associated Press (AP) sobre el aniversario de la ONU: “Hay poco que celebrar. Su influencia en la escena mundial ha disminuido. Ante los importantes recortes de financiación de parte de Estados Unidos y otros países, se ha visto obligada a reducir puestos de trabajo y a considerar reformas largamente pospuestas. Su credo tradicional, ‘el multilateralismo’ [la participación de un número significativo de países que trabajan juntos a través de instituciones y normas internacionales], está bajo ataque. Su órgano más poderoso, el Consejo de Seguridad, se ha visto impedido de tomar medidas para poner fin a las dos grandes guerras en Ucrania y Gaza. Y mientras recrudecía el último conflicto entre Israel, Irán y Estados Unidos, se limitó a observar y mantenerse al margen.

“Cuatro generaciones después de su fundación, mientras intenta trazar un nuevo camino para su futuro, otro  interrogante se cierne sobre la institución y las casi 150 000 personas que emplea y supervisa: ¿Pueden las Naciones Unidas seguir siendo relevantes en un mundo cada vez más conflictivo y fragmentado? Ahora que su sueño de colaboración está desvaneciéndose, ¿pueden siquiera sobrevivir?” (“As It Turns 80 and Faces Dwindling Global Clout, Can the UN Survive?” [“Al cumplir 80 años y enfrentarse a una influencia global cada vez menor, ¿podrá sobrevivir la ONU?”], Edith Lederer, 25 de junio de 2025).

El objetivo primordial de la Carta de 1945 era “proteger a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”. Afortunadamente aún no hemos vivi-
do una tercera guerra mundial, pero las guerras siguen causando estragos. Y mientras las grandes potencias mundiales se ocupan directamente de la terrible guerra en Ucrania y otros conflictos de importancia global, las Naciones Unidas parecen ser cada vez más irrelevantes. Hemos visto cómo su Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha sido despreciado reiteradamente en Irán. Peor aún, a menudo vemos con tristeza que las “fuerzas de paz” de los cascos azules de la ONU no producen paz, sino que actúan de forma corrupta y abusiva entre las poblaciones a las que supuestamente deberían ayudar. La ONU desempeña un papel importante en los intentos de implementar un gobierno global, pero eso va más allá de su ámbito de competencia y solo empeorará la condición humana.

En la actualidad, las Naciones Unidas parecen haberse convertido en un foro para expresar quejas contra el Estado de Israel. Su Corte Internacional de Justicia ha llegado incluso a emitir órdenes de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Lamentablemente, la Asamblea General de la ONU está repleta de enemigos de Israel, entre ellos numerosos violadores de los derechos humanos que, irónicamente, han formado parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU para juzgar a otros.

Frente a estas circunstancias, y dada la corrupción y los fracasos de las Naciones Unidas a lo largo de su historia, cabe preguntarse: ¿Se hará por fin manifiesto que la esperanza de paz mundial sobre la que se fundó es una quimera, algo que nunca podrá hacerse realidad? ¿O podrá el mundo encontrar por fin la paz verdadera, a pesar de las instituciones humanas falibles?

¿Espadas en rejas de arado?

Afuera de la sede de la ONU en Nueva York, junto al río Este, se encuentra una famosa estatua de bronce de un hombre convirtiendo su espada en arado, una imagen bíblica y profética de los libros de Isaías y Miqueas. Irónicamente, esta estatua fue regalada en 1959 a Estados Unidos por la Unión Soviética, una potencia atea y totalitaria que, como era de esperarse, no daba mucho crédito a las Escrituras. Pero la efigie insinúa la forma en que muchos creen que puede llegar la paz: a través de los esfuerzos humanos. Peor aún, la idea soviética era que “la paz” se conseguiría con la expansión del comunismo por todo el mundo para someter a la humanidad bajo el mismo régimen absolutista.

Cruzando la calle, frente a la sede de la ONU, se encuentra el Muro de Isaías [o Muro de la Paz], en el que está grabada la cita de Isaías 2:4. Este sueño, como veremos en breve, en realidad trasciende el mero esfuerzo humano y sigue sin realizarse. Y si bien las palabras de Isaías “volverán las espadas en rejas de arado” ha sido un lema popular de las Naciones Unidas, ¿ha comenzado acaso esta organización a transformar los instrumentos de guerra del mundo en herramientas agrícolas u otros equipos pacíficos? ¿Está el mundo siquiera cerca de la paz? Lamentablemente, no.

Como dijimos, aunque aún no hemos visto una tercera guerra mundial, ha habido muchos conflictos regionales en los 80 años transcurridos desde la fundación de la ONU, muchos de ellos con consecuencias globales. La guerra en Ucrania por sí sola ha sido devastadora y ha causado casi 1.4 millones de víctimas, entre ellas más de 300 000 muertos.

Un comentario de la Heritage Foundation de hace unos años comenzaba así: “El exsecretario general de la ONU, Dag Hammarskjold, observó en cierta ocasión: ‘Las Naciones Unidas no se crearon para llevarnos al cielo, sino para salvarnos del infierno’.

Desgraciadamente, los recientes acontecimientos han demostrado que ninguno de los dos objetivos está a su alcance” (Brett Schaefer, “Is the United Nations a Failure?” [“¿Son las Naciones Unidas un fracaso?”], 20 de septiembre de 2022).

Lamentablemente, este ha sido el caso desde hace largo tiempo. Jeane Kirkpatrick, que fuera embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas durante la administración de Ronald Reagan, posteriormente lamentó la debacle de los Balcanes a mediados de la década de 1990 en relación con la OTAN y la ONU, afirmando que “una alianza militar que no cumple ninguna función no puede sobrevivir mucho tiempo, y lo mismo se aplica a una organización mundial que no puede proteger la paz” (“The U.N. Emasculation of NATO” [“La mutilación de la OTAN por parte de la ONU”], San Diego Union-Tribune, 14 de julio de 1995).

¿Respuestas al gobierno mundial?

El consenso general sigue siendo, tal como en evaluaciones anteriores, que “a pesar de todas sus debilidades y problemas financieros crónicos, la ONU sigue siendo el único (y por lo tanto, el imprescindible) foro mundial en el que pueden debatirse muchos de los problemas más graves del mundo y realizarse esfuerzos para manejarlos” (“Troubled Organization at the Age of 50” [“Organización atribulada a los 50 años”], Los Angeles Times, 26 de junio de 1995).

La respuesta que muchos quisieran es una reforma profunda. Pero ¿qué forma tomaría? ¿Qué es lo que falla fundamentalmente en la organización?

En el pasado, muchos han dicho que el problema es que la ONU se ve obstaculizada por la voluntad de sus Estados miembros.

Hace 30 años, con motivo del 50.º aniversario de la organización, el Geneva Post señalaba que el fracaso de la ONU en la crisis de los Balcanes “no era de extrañar, teniendo en cuenta que los redactores nunca resolvieron la paradoja entre la seguridad colectiva y la soberanía individual de los Estados” (reimpreso en World Press Review, junio de 1995, énfasis nuestro en todo este artículo).

Según el codirector de una comisión designada por el Congreso en aquel momento para mejorar la eficacia de la ONU, “El concepto inicial era terriblemente defectuoso. Supongo que, en teoría, es posible crear una institución que de una u otra forma sea mejor que las personas que la crearon . . .” (Charles Lichenstein, “U.N. Finds That Its Reputation Has Slumped,” [“La ONU descubre que su reputación se ha desplomado”], The New York Times, 25 de junio de 1995).

Por estas razones, muchos parecen pensar que la respuesta reside en un gobierno mundial más centralizado y fuerte. La ONU incluso aspira a desempeñar ese papel de diversas maneras.

La “transformación del gobierno mundial” es una de las áreas que necesitan reforma, según afirma la propuesta aprobada en septiembre de 2024, Pacto para el futuro, Pacto Digital Global y Declaración sobre las Generaciones Futuras.

Vimos anticipos de ello en la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la ONU, que hizo audaces incursiones para dirigir la respuesta de muchos países a la pandemia de covid, pero descubrimos que, en realidad, estaba cediendo de diversas maneras a la manipulación de China.

Todavía hay intentos de controlar las políticas de otros países mediante acuerdos con las regulaciones de la OMS, aunque por ahora Estados Unidos se ha marginado.

También ha habido intentos por parte de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) de implementar regulaciones sobre los medios de comunicación y la comunicación en línea para combatir “la desinformación” y desarrollar un “Internet de confianza”, que no es más que un plan para la censura global.

También, como parte de los acuerdos de la ONU sobre el cambio climático, vemos intentos de regular las economías nacionales e imponer normas sobre los alimentos que consume la población. Pero, aun así, el cumplimiento de ellos dependerá de la aplicación individual de cada nación.

Por supuesto que hay presiones más serias para lograr un gobierno mundial, y las ha habido durante algún tiempo. Tal gobierno surgirá en algún momento, y las profecías bíblicas revelan que será mediante el poder económico y religioso del postrer renacimiento del Sacro Imperio Romano con sede en Europa (Apocalipsis 17), aunque políticamente no todos los países del mundo estarán directamente controlados por él.

La Biblia revela que, lamentablemente, el último intento del hombre por establecer un gobierno mundial será el más cruel y tiránico jamás visto, incluso peor que el de la Alemania nazi de Adolf Hitler. Pero un gobierno mundial dirigido por el hombre nunca funcionará realmente. ¿Por qué? Básicamente, por la misma razón por la que no funciona la ONU: los seres humanos no pueden crear una institución superior a ellos mismos, ¡y los seres humanos tienen problemas!

La solución definitiva

¿Cuál es la verdadera causa de los conflictos humanos? Jeane Kirkpatrick afirmó que “lo que siempre falta es la voluntad de paz.

Durante miles de años, la gente ha estado diciendo: “Paz, paz; y no hay paz” (Jeremías 6:14; 8:11). La Biblia expresa lo siguiente sobre los últimos tiempos: “Pero ahora tus valientes guerreros lloran en público; tus embajadores de paz lloran con amarga desilusión” (Isaías 33:7, Nueva Traducción Viviente). Esto ya ha ocurrido con mucha frecuencia, ¡pero más adelante será mucho peor! ¿Por qué? Dios responde: “No saben dónde encontrar paz o qué significa ser justo y bueno. Han trazado caminos torcidos y quienes los siguen no conocen un momento de paz” (Isaías 59:8, NTV).

¿Por qué hay guerras? El apóstol Santiago hizo la misma pregunta y respondió: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre ustedes? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en sus miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis . . .” (Santiago 4:1-2).

La verdadera causa de los conflictos humanos es la falta de sumisión y obediencia al Gran Dios del universo y a su ley suprema: “Pues la naturaleza pecaminosa es enemiga de Dios siempre. Nunca obedeció las leyes de Dios y jamás lo hará” (Romanos 8:7, NTV). Es imposible obedecer a Dios con una mente egoísta. Para encontrar la paz verdadera, debemos cambiar radicalmente nuestra actitud mental.

Este importante hecho es reconocido incluso en la Constitución de la UNESCO de 1945: “Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”.

¿Se convertirán las espadas en arados? Como ya dijimos, muchos piensan que de alguna manera vamos a lograrlo por nosotros mismos. Pero ¿es esto lo que enseña la Biblia? Veamos lo que en realidad dice en Isaías 2:

“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa del Eterno como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados [referencia al Reino de Dios con sede en Jerusalén y que estará por sobre todas las naciones, grandes y pequeñas], y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte del Eterno, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (vv. 2-4; compárese con Miqueas 4:1-3).

Cuando Jesucristo regrese educará al mundo en su ley perfecta, el camino de la paz, y juzgará personalmente las disputas internacionales. ¡No habrá más guerras! “No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:9).

En su primera venida, Cristo vino como ser humano predicando el verdadero evangelio o mensaje de “buenas nuevas” de la paz definitiva en el Reino de Dios venidero. De hecho, “el evangelio del reino de Dios” (Marcos 1:14) es un mensaje de paz, también llamado “el evangelio de la paz” (Romanos 10:15; Efesios 6:15). Si permitimos que Cristo gobierne nuestras vidas hoy, debemos esforzarnos por alcanzar esa paz en la medida de lo posible (Romanos 12:18). Pero aún no somos perfectos, y luchamos con otros que no se esfuerzan por la paz. En palabras del Salmo 120:7: “Busco la paz; pero, cuando hablo de paz, ¡ellos quieren guerra!” (NTV). Sin embargo, las cosas finalmente sí cambiarán.

A su segunda venida, Cristo regresará con todo el poder del Dios infinito para establecer su Reino para siempre: “Porque un niño nos es nacido [Jesús en su primera venida], hijo nos es dado, y [en su segunda venida] el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre . . . Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo del Eterno de los ejércitos hará esto” (Isaías 9:6-7).

Sí, ¡no lo haremos por nosotros mismos! Como dice Isaías 26:12: “Señor, nos concederás la paz” (NTV). Sin embargo, tendremos un papel que desempeñar en la sumisión al camino de Dios por el poder de su Espíritu Santo. De hecho, la paz no vendrá “hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu desde lo alto . . . Y habitará la justicia en el desierto . . . Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo” (Isaías 32:15-18). ¡Qué mundo tan extraordinario y maravilloso es el que está por venir!

No, las Naciones Unidas actuales, con todos sus terribles problemas, no son el camino hacia la paz mundial. De hecho, es posible que aún sean utilizadas para librar guerras en colaboración con una futura superpotencia que intentará apoderarse del dominio mundial (compárese las referencias a “todas las naciones” en Apocalipsis 14:8 y 18:3, 23). La profecía bíblica afirma que “todas las naciones” intentarán impedir el establecimiento del Reino de Dios luchando contra Cristo a su regreso (Joel 3:2). Afortunadamente, este esfuerzo militar conjunto de la humanidad será frustrado. El Reino de Dios es inminente, ¡y nada puede detenerlo!

(Para saber más acerca del magnífico mundo que vendrá, no deje de leer “Siete maneras en que el Gobierno de Cristo será maravillosamente distinto”, a partir de la página 8. Y para conocer las celebraciones que Dios ha instituido para darnos una idea de lo que está por venir, lea Las Fiestas Santas de Dios: Esperanza segura para toda la humanidad, en LBN.org/folletos).

Una esperanza que perdura

Pero a pesar de todo esto, aunque los esfuerzos del hombre por lograr la paz fracasen y terminen en una total catástrofe, la paz mundial no es en absoluto una causa perdida. En muchos sentidos, la ONU ha fracasado y finalmente quedará relegada, pero el sueño de la paz mundial que pretendía traer no ha muerto, porque las promesas de Dios aún viven. Y estas promesas son de una paz y alegría mucho mayores de lo que la gente jamás ha imaginado (1 Corintios 2:9; Romanos 11:33).

La palabra hebrea shalom (paz) implica mucho más que la simple ausencia de guerra. Significa también estar lleno de algo más: plenitud, satisfacción, y la seguridad de que todo está bien. Y así será para el mundo en general.

Sobre los hombros de Jesucristo finalmente se establecerá un Gobierno mundial exitoso, y a él nunca le faltará voluntad para promover la paz. Y como él es perfecto, exento de pecado y corrupción, la institución gobernante que establecerá, el Reino de Dios, brillará con justicia, equidad, verdad y paz.

¿Por qué no someterse ahora al Gobierno de ese Reino, para que “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, [guarde] vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”? (Filipenses 4:7). ¡Que su Reino venga pronto y gobierne su vida hoy mismo! BN