Dejemos nuestras redes para seguir a Cristo

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Dejemos nuestras redes para seguir a Cristo

Hace casi 2000 años, varios pescadores echaban sus redes al mar de Galilea, siguiendo una costumbre familiar. Su ritmo de vida, como el batir de las olas en la orilla, era lento, constante y tranquilo. Una vez en la orilla, limpiaban y arreglaban sus redes y las colgaban para que se secaran. Estas redes eran muy valiosas, ya que la supervivencia de sus familias dependía de ellas. En la práctica, sus redes lo eran todo.

Pero todo eso estaba a punto de cambiar. Jesús entraría en “su terreno” y declararía que había llegado el momento de tomar una decisión. Este significativo momento, registrado en Mateo 4:18-22 Mateo 4:18-22 [18] Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. [19] Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. [20] Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. [21] Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. [22] Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.
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, Marcos 1:16-20 Marcos 1:16-20 [16] Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. [17] Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. [18] Y dejando luego sus redes, le siguieron. [19] Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. [20] Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron.
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y Lucas 5:1-11 Lucas 5:1-11 [1] Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. [2] Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. [3] Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. [4] Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. [5] Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. [6] Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. [7] Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. [8] Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. [9] Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, [10] y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. [11] Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.
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, nos hace reflexionar en lo que significa prestar atención al continuo y creciente llamado de Cristo: “Sígueme”.

Intervención milagrosa

Jesús se hallaba en la orilla, observando a los pescadores que ejercían su oficio. Él no era un extraño para ellos: los hermanos Santiago y Juan estaban emparentados con él, ya que su madre y la de Jesús eran hermanas. Andrés estaba presente en el río Jordán cuando Juan el Bautista proclamó a Jesús como “el Cordero de Dios” (Juan 1:29-36 Juan 1:29-36 [29] El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. [30] Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo. [31] Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. [32] También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. [33] Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. [34] Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios. [35] El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. [36] Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.
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). Más tarde, Jesús le preguntó directamente: “¿Qué buscáis?”, y lo invitó a su morada (Juan 1:35-39 Juan 1:35-39 [35] El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. [36] Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. [37] Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. [38] Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? [39] Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima.
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). Creyendo que Jesús era el Mesías, Andrés llevó a su hermano Simón, más tarde llamado Pedro, para que lo conociera (versículos 40-42).

Pero había llegado ese día trascendental en el que Jesús entró en su mundo para compartir una lección milagrosa y hacerles una invitación que cambiaría sus vidas. Los hermanos habían pasado toda la noche en el lago, y a pesar de haber puesto todo su empeño, habían vuelto con las manos vacías. Santiago y Juan estaban cerca, reparando sus propias redes en su barca.

Jesús aprovechó el momento para subir a la barca de Simón, hablar ante la multitud y desafiar a los pescadores. Le dijo a Simón: “Lleva la barca hacia aguas más profundas, y echen allí las redes para pescar” (Lucas 5:1-4 Lucas 5:1-4 [1] Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. [2] Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. [3] Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. [4] Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.
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, Nueva Versión Internacional). Pedro al principio se resistió y afirmó que era una pérdida de tiempo, ya que era de día y los peces podían ver y evitar las redes; sin embargo, luego respondió: “Pero, como tú me lo mandas, echaré las redes” (v. 5).

Lo que sucedió a continuación fue verdaderamente extraordinario. Al seguir las instrucciones de Jesús, la red de Pedro y Andrés se llenó tanto de peces que casi se rompió. Sus socios, Santiago y Juan, acudieron al rescate en su barca para salvar la abundante pesca que casi hunde ambas embarcaciones (versículos 6-7). Imagínese la sonrisa en el rostro de Jesús, y el asombro, las risas y la alegría de la multitud que observaba el incidente.

Los discípulos comprenden la necesidad de Jesús en sus vidas

En ese momento Pedro comprendió lo inútiles que eran sus propias obras y que, por sí solas, sus redes bien remendadas no podían salvarlo. Le suplicó a Jesús que se alejara de él, ya que era un hombre pecador que se sentía culpable e indigno. Este pescador sabía que personalmente estaba tan vacío como las redes (versículo 8).

Pero Jesús no se inmutó. Estaba aquí para llenar la vida de Pedro y las de sus compañeros con otra tarea: seguirlo y convertirse en pescadores de hombres (versículo 9). Acababa de mostrarles que no necesitaban esas redes; ¡lo que necesitaban era a él! “No temas”, le dijo, “desde ahora serás pescador de hombres” (v. 10). Jesús sabía que había llegado el momento. Estaban listos para “lanzarse” a cualquier lugar al que él los llevara, fuera por tierra o por mar, y él siempre estaría a bordo con ellos.

¿Cuál fue la respuesta de los cuatro pescadores? Abandonaron inmediatamente sus barcas (Mateo 4:22 Mateo 4:22Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.
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; Marcos 1:20 Marcos 1:20Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron.
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) y “dejándolo todo, le siguieron” (Lucas 5:11 Lucas 5:11Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.
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). Tras levantar sus anclas personales, echaron las redes, salieron de la barca y entregaron su pasado, su presente y su futuro al hombre que los llamaba desde la orilla.

Compromiso pleno, ahora y durante toda la vida

¿Qué tiene que ver esto con usted hoy? Quizá ha mostrado algún interés por las enseñanzas de Jesucristo, pasando cerca de él como los galileos de su tiempo. Incluso es posible que haya tenido breves encuentros con él, como Andrés y Simón al comienzo. ¿Pero es eso todo lo que se desea de usted? ¿O ha recibido “una dosis de realidad”, como Pedro, al darse cuenta de que todos nuestros esfuerzos personales basados en nuestros propios recursos se asemejan a la pesca nocturna de Pedro, y que tenemos las manos vacías?

Dios no quiere simplemente codearse con usted o conformarse con una visita de paso. Lo que él quiere es que usted, con todo su corazón y prestándole atención inmediata a sus palabras, levante su ancla del yo, salga de su barco de vida lleno de agujeros, deje sus redes y obedezca el mandato de Cristo: “Sígueme”. Y no solo una vez, sino una y otra y otra, adondequiera que él lo lleve y sin importar lo que se presente.

Algunos podemos decir: “Yo ya he pasado por eso. ¡Claro que lo haré!” Pedro dijo lo mismo, pero después de esa respuesta inicial y confiada, su compromiso pasaría por más pruebas. El apóstol dejó de fijar sus ojos en Jesús cuando caminó con él sobre el agua y comenzó a hundirse (Mateo 14:22-32 Mateo 14:22-32 [22] En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. [23] Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. [24] Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. [25] Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. [26] Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. [27] Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! [28] Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. [29] Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. [30] Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! [31] Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? [32] Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.
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), cuando lo reprendió por mencionar que sería asesinado (Mateo 16:22-23 Mateo 16:22-23 [22] Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. [23] Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
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), cuando huyó como todos los demás en el momento de su arresto (Marcos 14:50 Marcos 14:50Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.
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), y al negarlo tres veces esa misma noche (Lucas 22:54-62 Lucas 22:54-62 [54] Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos. [55] Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos. [56] Pero una criada, al verle sentado al fuego, se fijó en él, y dijo: También éste estaba con él. [57] Pero él lo negó, diciendo: Mujer, no lo conozco. [58] Un poco después, viéndole otro, dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro dijo: Hombre, no lo soy. [59] Como una hora después, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es galileo. [60] Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida, mientras él todavía hablaba, el gallo cantó. [61] Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. [62] Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.
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). Pedro tropezó y todos tropezamos igualmente, incluso después de comprometernos inicialmente “a salir de nuestras barcas” por Cristo.

Renovemos la relación con Cristo

Tal vez algunos de nosotros nos hayamos acostumbrado gradualmente al mundo familiar y cómodo de nuestras redes pasadas, a pesar de que Jesús nos asegura que no necesitamos esas redes, sino que lo necesitamos a él. Sin embargo, Dios es paciente y no nos abandona. Al abordarnos en nuestro terreno familiar, Cristo sigue llamando a las puertas de nuestro corazón (Apocalipsis 3:20 Apocalipsis 3:20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
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). A menudo la vida es un círculo, en el que Cristo nos hace volver para que aprendamos la lección.

En su Comentario al Nuevo Testamento (pp. 491-492), William Barclay pinta una poderosa imagen del regreso de Pedro al punto de encuentro donde su vida cambió. Jesucristo, ya resucitado, se encontraba con los discípulos (ahora por tercera vez, Juan 21:14 Juan 21:14Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos.
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) en el lugar de Galilea al que les había ordenado ir (Mateo 26:32 Mateo 26:32 Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.
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). Pero ¿por qué? Mientras esperaban su aparición, volvieron a pescar y sus redes nuevamente salieron vacías. Cristo aparece en la orilla y acude al rescate, realizando de nuevo el milagro de llenar las redes de peces (Juan 21:3-8 Juan 21:3-8 [3] Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada. [4] Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. [5] Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. [6] El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. [7] Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. [8] Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos.
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).

Pero ahora Jesús desea que Pedro se “lance” a una relación más profunda con él y llama (¿golpea?) a la puerta de su corazón con preguntas directas. Jesús le pregunta tres veces a Pedro: “¿Me amas?” (v. 15). La primera vez lo dice de esta manera: “¿Me amas más que éstos?” (énfasis nuestro).

Barclay comenta que esto puede significar dos cosas: por un lado, el término “éstos” puede referirse a los condiscípulos de Pedro, de modo que la pregunta es si Pedro ama a Jesús más de lo que lo aman los otros discípulos, haciendo alusión al desprecio anterior de Pedro hacia los demás cuando dijo: “Aunque todos tropiecen por tu causa, yo nunca tropezaré” (Mateo 26:33 Mateo 26:33Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.
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). Cuando Jesús señala a los discípulos reunidos, Pedro se siente mortificado por sus propias palabras y debe admitir en su corazón que no estuvo a la altura de su compromiso.

Es hora de lanzarse

Pero aquí Barclay propone otra posibilidad: que el alcance de esta alternativa es más amplio. Sugiere que el Cristo resucitado extiende su mano sobre un paisaje más extenso mientras Pedro sigue visualmente los gestos de su maestro y contempla las aguas familiares enfrente de ellos, las barcas varadas en la orilla y las redes secas, mientras Jesús le pregunta: “¿Me amas más [de lo que amas] esto?”

En cualquier caso, Jesús ha creado en este lugar el momento de enseñanza perfecto: ¡Pedro! Recuerda que aquí es donde comenzó todo. Dejaste esta orilla del mar conmigo, y aquí estamos de nuevo. Recuerda: en aquel día caminaste hacia mí en estas mismas aguas. Y sí, te hundiste, pero solo por un momento, y yo te rescaté. Tal como te dije cuando hablamos por primera vez aquí, es hora de “lanzarse” una vez más.

Estaba reiterando hasta el cansancio la realidad eterna: No necesitas esto, ¡me necesitas a mí!

Si acaba de responder a la invitación de Jesús de “Sígueme”, o respondió hace algún tiempo, pero de alguna manera, en algún lugar, perdió el rumbo, este mensaje es para usted. ¡Es hora de lanzarse, y con él a su lado!  BN