Cada segundo cuenta
El tiempo es un recurso valioso y limitado; no lo desperdicie.
Todos tenemos 24 horas cada día, pero ¿por qué a veces nos parece que no son suficientes? Quizá desearíamos tener más horas libres, o tal vez esperamos con ansias la jubilación para poder tener más tiempo. Si es lo segundo, piénselo de nuevo. Después de jubilarse, sus días podrían llenarse con nuevas actividades que lo mantendrán más ocupado que nunca. No es raro escuchar: “¡No sé cómo me alcanzaba el tiempo para ir a trabajar!”.
Desde nuestra perspectiva, el tiempo vuela. La buena noticia es que nosotros somos los pilotos y quienes tenemos el control. Por lo tanto, podemos decidir, para bien o para mal, cómo empleamos gran parte de nuestro tiempo.
Instrucciones bíblicas
En Efesios 5:15-16, el apóstol Pablo aconsejó: “Por eso hay que tener mucho cuidado con la forma de vivir. No vivan como la gente necia, sino con sabiduría. Esto quiere decir que deben aprovechar toda oportunidad para hacer el bien, porque estamos en una época llena de maldad” (Palabra de Dios Para Todos).
En la práctica, ¿cómo podemos ser sabios y sacar el máximo provecho de las oportunidades? Examinemos tres factores principales.
Demasiadas ocupaciones
Independientemente de lo que estemos haciendo, debemos preguntarnos si estamos saturados de compromisos. El exceso de responsabilidades puede jugar en contra nuestra: por estar demasiado ocupados, podríamos perder oportunidades y no aprovechar nuestro tiempo de manera eficaz. Consideremos el caso de Marta, la hermana de María de Betania, que no pudo escuchar a Jesús porque estaba demasiado ocupada preparando la comida. Su proceder, aunque bien intencionado, le impedía poder aprender directamente de Cristo (Lucas 10:38-42).
A veces debemos preguntarnos si hay demasiadas cosas en nuestras vidas. ¿Tenemos tiempo suficiente para lo fundamental? De no ser así, ¿podemos simplificarlas? Hay un lugar para nosotros en un reino muy real que está a las puertas, y todas nuestras actividades deben orientarse hacia ese fin. Esta sociedad es mala y llegará a su fin. Es ahora cuando debemos dedicar tiempo a lo fundamental.
Distracciones
Quizás no aprovechamos el tiempo por estar demasiado ocupados. En su parábola del sembrador, Jesús explicó varias razones por las que algunos no lo seguían. Al describir al tercer grupo, explicó lo siguiente: “Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Marcos 4:18-19).
¿Estamos demasiado inmersos en los quehaceres y afanes de este mundo? Es fácil pasar demasiado tiempo en las redes sociales o en Internet cautivados con lo que a menudo se denomina “cebo de clics” o “ciberanzuelos” (pasar de una historia a otra). La televisión se puede utilizar con prudencia, pero para muchos se convierte en una pérdida de tiempo. Incluso un periódico puede distraernos de manera similar.
El autor del Salmo 119 le pidió a Dios: “Aparta mis ojos para que no se fijen en cosas vanas; avívame [dame vida] en tu camino” (v. 37, Reina-Valera 1995). En este caso, “vanas” no significa necesariamente algo malo, sino inútil o engañoso.
En cambio, hay que ser prudentes y mantenernos bien enfocados.
Prioridades
Otra manera de limitar el desperdicio de tiempo consiste en priorizar nuestras tareas. Si le resulta útil, haga una lista y enfóquese en las que son más importantes. A veces desaprovechamos oportunidades de invertir bien nuestro tiempo simplemente porque tratamos todo como si tuviera la misma importancia. Podemos hacer cosas buenas, pero no siempre las más importantes.
El rey Salomón escribió muchos proverbios, así como el libro de Eclesiastés. En el versículo 1 del capítulo 3 afirma: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Y los siete versículos siguientes describen varios aspectos de la vida para los cuales hay “un tiempo”.
Lo importante es recordar que, aunque hay un tiempo o un momento para todo, no necesariamente hay tiempo para todo. Hay una diferencia, y debemos ser selectivos y elegir cuidadosamente en qué empleamos nuestro tiempo, pues el que tenemos no es infinito. No podemos pausarlo ni reiniciarlo o empezar de nuevo como si fuera un juego.
Dado que el tiempo es un bien tan preciado, sería prudente que nos preguntáramos qué estamos haciendo con él: ¿Es este el mejor uso que puedo dar a mi tiempo en este momento? ¿Hay algo más a lo que debería darle mayor prioridad ahora?
Por ejemplo, el versículo 4 de este capítulo dice que hay un tiempo para bailar, pero si estamos bailando constantemente, ¿es a costa del sueño o del estudio? Bailar, que en sí mismo puede estar bien, sería inadecuado si nos hace posponer asuntos más importantes que requieren atención.
Por otro lado, tal vez pensemos que debemos dedicar todo nuestro tiempo a estudiar la Biblia, las instrucciones que Dios nos ha dado. ¿Cree sinceramente que puede ser cristiano solo con estudiar? ¿Podría alguno de nosotros pilotear un avión solo con leer el manual? Al igual que aprender a volar requiere práctica, también la requiere ser discípulo de Cristo. Necesitamos dedicar tiempo a practicar lo que estamos aprendiendo.
En el primer lugar de nuestra lista de prioridades debería estar la oración, el estudio de la Palabra de Dios y la meditación, o reflexionar sobre lo que hemos aprendido en nuestros estudios (Salmo 119:15). Otras prioridades deberían ser el tiempo para la familia (tanto los parientes consanguíneos como nuestros hermanos espirituales en Cristo) y las amistades.
Siempre podemos mejorar
Volviendo al ejemplo del baile, no hay nada malo con bailar decentemente en un ambiente apropiado, pero no se debe hacer en detrimento de asuntos más importantes. Personalmente, me gusta ver las carreras de motos, porque después de una semana estresante me ayuda a relajarme un rato. Podría ver carreras indefinidamente, pero no sería prudente. Todos necesitamos un tiempo de esparcimiento, pero ese tiempo es de uso único: una vez utilizado, se pierde y nunca puede recuperarse.
Imagine que se tratara de dinero. Cuando lo gastamos, queremos obtener rendimiento y beneficios; pero si lo malgastamos o despilfarramos, no hay vuelta atrás. ¿Hacemos lo mismo con el tiempo? ¿Lo usamos sabiamente para que nos rinda lo mejor posible, o dejamos que se escape entre nuestros dedos como arena y se pierda para siempre?
También es importante ver todo lo que nos sucede desde la perspectiva de Dios. Esta es una de las razones por las que debemos pasar tiempo con él en oración y estudio, para que comencemos a pensar como él piensa. Con el tiempo, se llega a conocer a una persona: qué le gusta, sus preocupaciones y sus opiniones sobre temas concretos. Con Dios ocurre lo mismo.
Esto, por supuesto, se puede aplicar a muchas situaciones. Debemos ejercer la sabiduría que Dios nos da, alejarnos de las cosas irrelevantes y enfocarnos en la vida conforme Dios la diseñó.
Aprendamos a contentarnos
El apóstol Pablo dijo que había aprendido a estar contento en todas las cosas (Filipenses 4:11). En mi vida, a pesar de las circunstancias por las que he pasado, siempre he tenido un techo sobre mi cabeza y algo para comer, y sé que Dios se encarga de darme esas cosas. Por otro lado, la forma en que uso el tiempo depende de mí.
Poseer los mejores dispositivos digitales, los más novedosos y modernos, no es un problema si está dentro de nuestras posibilidades. Pero gastar todo nuestro tiempo y energía en buscar lo más nuevo, moderno y mejor es una necedad.
Pablo había aprendido a establecer prioridades, a concentrarse y a ver cada nueva oportunidad como un regalo de Dios. Estaba contento de poder servir y era un ejemplo de sabiduría en acción: un hombre sensato que aprovechaba bien su tiempo.
Como discípulos de Cristo, nuestra meta principal es el Reino de Dios, y siempre debemos tener la mirada puesta en ese objetivo. La forma en que usamos nuestro tiempo, ¿contribuye o estorba ese propósito? Podemos malgastar el tiempo o utilizarlo de manera provechosa. Al final de nuestra vida, ¿miraremos hacia atrás y veremos una vida bien vivida, o lamentaremos todo el tiempo que desperdiciamos?
Si somos sabios y organizamos bien nuestras prioridades en estos días malvados, podremos enfocarnos en las tareas adecuadas en el momento oportuno, usar bien nuestro tiempo y mejorar nuestra relación con Dios. BN