¿De dónde proviene el racismo?

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¿De dónde proviene el racismo?

Quizás en ningún momento de la memoria moderna el mal del racismo se manifestó de peor forma que en la "Solución final" de la Alemania nazi. Después de que Hitler y los nazis llegaron al poder en 1933, la superioridad racial aria se convirtió en la ideología central del gobierno alemán. Este pensamiento racista culminó con la muerte de unos seis millones de judíos, sin mencionar a otros grupos étnicos.

Más recientemente, el término “limpieza étnica” se convirtió en el utilizado para describir la matanza de segmentos de población considerados inferiores por motivos raciales. Tal fue el caso en Bosnia y Ruanda en la década de 1990 y en otras tragedias humanas desde entonces. Hoy en Estados Unidos, el racismo estalla en violentos enfrentamientos callejeros en ciudades como Ferguson, Missouri y Charlottesville, Virginia.

La Biblia es clara: la maldad del racismo surge del corazón del hombre.

El pensamiento racista y el odio por motivos raciales están profundamente arraigados en la psique de la humanidad. Según la definición de Merriam Webster, el racismo es "la creencia de que la raza es el determinante principal de los rasgos y capacidades humanos y que las diferencias raciales producen la superioridad inherente de una raza en particular".

Pero ¿De dónde viene el racismo? Como todo mal que el hombre hace, proviene de su corazón. Cristo dijo: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” (Mateo 15:19).

El racismo no proviene de un sistema económico que apoye la esclavitud, como en los días del Imperio Romano o en los albores de la historia estadounidense. Tampoco se origina en estructuras sociales que apoyan las distinciones de clases. Estas cosas solamente han perpetuado el racismo, pero no es de donde proviene en realidad. Como se dijo con anterioridad, la Biblia es clara: la maldad del racismo surge del corazón del hombre.

Incluso en la Iglesia del Nuevo Testamento se abordó una actitud semejante al racismo. En dicha ocasión, el apóstol Santiago advirtió a los creyentes “que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas” (Santiago 2:1). La palabra "acepción" o “parcialidad”, según otras traducciones, parece menos grave que el racismo, pero significa casi lo mismo. La acepción significa mostrar favoritismo o “distinción de personas”, es decir, pensar que una persona es mejor que otra debido a su clase social, riqueza, apariencia o raza.

Como los creyentes estuvieron haciendo esto, Santiago les pregunta: "¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos?" (Santiago 2:4). Dios no puede tomar parte en tal pensamiento, en tanto las Escrituras nos dicen: “porque no hay acepción de personas para con Dios.” (Romanos 2:11).

La Biblia nos dice que: "creó Dios al hombre a su imagen" (Génesis 1:27), lo que incluye a hombres y mujeres de todas las variedades étnicas. Además, dice, Dios “de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra” (Hechos 17:26).

Si despreciamos a una persona por su raza, religión, estatus social o cualquier otra razón, nos hemos convertido en “jueces con malos pensamientos". Albergar tales pensamientos en nuestro corazón se traduce en que repudiamos a otra persona creada a imagen de Dios. Y la Escritura nos dice: “El que aborrece a su hermano es homicida” (1 Juan 3:15).

Tal maldad en el corazón del hombre, -la misma maldad del racismo-, induce toda clase de intentos de justificar una supuesta superioridad sobre su hermano. Y según la Palabra de Dios, este es un espíritu de asesinato.

El racismo ha sido, es y seguirá siendo un flagelo para la humanidad. Para erradicarlo, y su maléfica y arraigada forma de pensar, es necesario que el corazón del hombre sea limpiado. Gracias a Dios y sus misericordias, hay un plan que se encuentra en marcha para lograr esto: A cualquiera que se acerque a Dios en verdadero arrepentimiento y se limpie a sí mismo de tal mal, Dios se acercará a él y purificará su corazón (Santiago 4:8).

Cuando Dios traiga su Reino a la tierra, el racismo y la maldad en el corazón del hombre serán vencidos. Dios le mostrará a la humanidad un camino de vida mejor: "Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré" (Hebreos 10:16). Dios comenzará a cambiar el corazón del hombre y limpiará el mal que de él proviene, con el propósito de poner fin al flagelo del racismo.

PMF Problemas Sociales Racismo

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