La vida eterna vencerá a la muerte

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La vida eterna vencerá a la muerte

La muerte siempre ha sido un enemigo del hombre. Trae consigo tristeza, soledad, desorientación. Pero no tiene por qué ser un misterio ni por qué ser totalmente devastadora. Aunque sea inevitable, la muerte no es el fin de todo. Aunque a veces nos parezca injusta y arbitraria, la muerte no destruye el plan que Dios tiene para darnos vida eterna. Por medio de la resurrección, Dios va a reunirnos nuevamente con nuestros seres queridos y amigos, y va a extender sus promesas a todo ser humano que haya vivido alguna vez.

Llegará un momento en el cual la muerte misma será derrotada. Al hablar acerca de la resurrección que ocurrirá en el momento del regreso de Cristo, el apóstol Pablo declaró: “Es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:53-55). La vida eterna triunfará sobre la muerte, y la muerte será derrotada para siempre.

Si tenemos en mente la perspectiva de este futuro, tendremos esperanza en los momentos de gran dolor por la pérdida de un ser querido: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13).

¿En qué consiste la recompensa eterna?

Muchos se desaniman ante el solo pensamiento de tener vida eterna. Si hay tanto dolor y sufrimiento en esta vida presente, ¿para qué vivir eternamente? Para otros, el concepto de eternidad se les antoja vago y poco interesante, y si vivir eternamente significa dejar todos los placeres de esta vida, les parece que no vale la pena hacer el esfuerzo. Prefieren experimentar ahora lo mejor que puedan tener en esta vida y dejar la preocupación acerca de la eternidad para algún otro momento.

¿No le parece interesante que a lo largo de todo este estudio en el que tantos versículos hemos leído, en ninguna parte de la Biblia hemos encontrado mención alguna acerca de ir a un lugar o condición llamado “el cielo”? Hemos visto que Dios desea darnos vida que dure para siempre. Las Escrituras nos dicen que esto es más valioso que cualquier posesión física que podamos obtener (Colosenses 1:26-27 Colosenses 1:26-27 26 el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, 27 a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,
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; Colosenses 2:2-3 Colosenses 2:2-3 2 para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, 3 en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.
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). ¿Qué estaremos haciendo por toda la eternidad? ¿Vale la pena realmente tener que esforzarnos y sacrificarnos ahora para poder recibir la vida eterna?

No olvidemos las limitaciones de la experiencia que tenemos como humanos. Dios es tan superior a nosotros que nos cuesta mucho entender cabalmente en qué consiste su forma de vivir (Isaias 55:9 Isaias 55:9Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
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). Lo que Dios está preparando para nosotros está más allá de todo lo que podamos soñar o imaginarnos: “Como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9). Y en Efesios 3:20-21 Efesios 3:20-21 20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, 21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.
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leemos: “A Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea la gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén”.

Dios está preparando nuestro futuro

Dios es el Creador. Él planea, construye, renueva; ha diseñado el universo y muchísimo antes de crearnos formuló un plan y una recompensa para darnos (Mateo 25:34 Mateo 25:34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
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). Dios está planeando darnos una vida infinitamente estimulante y productiva dentro de su propia familia (Juan 14:1-3 Juan 14:1-3 1 No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. 2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
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). Lo único que podemos hacer es tratar de imaginarnos la clase de vida que quiere darnos eternamente, sin las limitaciones, frustraciones, dolor y sufrimiento que tenemos que afrontar en esta vida física.

No habrá más dolor, sufrimiento ni muerte. Al hablar acerca de “un cielo nuevo y una nueva tierra” el apóstol Juan escribió: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:1 Apocalipsis 21:1Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.
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, 4).

Al leer Apocalipsis 21 y 22 nos damos cuenta de que aquellos que reciban la vida eterna vivirán en la nueva Jerusalén y disfrutarán de una verdadera relación familiar con Dios. Los principios que ahora estamos aprendiendo acerca de las relaciones interpersonales también serán aplicables entonces. Este es uno de los motivos por los cuales Dios desea que aprendamos y practiquemos sus caminos actualmente. Los principios del amor y la preocupación por los demás son eternos; siempre estarán vigentes.

La plenitud de lo que nos aguarda en la eternidad con Dios y Jesucristo está más allá de nuestra capacidad de comprender y expresar: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1Juan 3:2 Juan 3:2Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.
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).

Juan afirma que Dios aún no ha revelado en su totalidad lo que tiene en mente para nosotros. Hemos estudiado profecías que nos llevan más de mil años después del regreso de Cristo. Como nos dice el apóstol Pablo, vemos las promesas y los conceptos espirituales en forma oscura o borrosa (1 Corintios 13:12); pero algún día, como también nos dice este versículo, veremos claramente.

Tenemos que tomar una decisión

¿Vale la pena buscar el Reino de Dios en lugar de buscar los placeres pecaminosos de este mundo? Muchas personas no están seguras al respecto, pero en la Biblia se nos asegura que la promesa que Dios nos ha hecho de darnos vida eterna es digna del esfuerzo, la lucha y las dificultades de la vida y la muerte que tengamos que afrontar: “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria ; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:16-18).

Al fin y al cabo, la vida eterna es cuestión de fe (Juan 3:16 Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
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). La fe no es un sentimiento vago y placentero de que Jesús ya ha hecho todo por nosotros, sino que es una actitud mental que se manifiesta en todo lo que somos y hacemos, porque las obras demuestran lo que creemos (Santiago 2:20-24 Santiago 2:20-24 20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? 21 ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? 22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? 23 Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. 24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.
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). En resumidas cuentas, no nos queda más que creer que todo lo que tengamos que hacer para poder resistir y perseverar hasta el fin, bien valdrá la pena cuando heredemos la vida eterna (Romanos 8:18 Romanos 8:18Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.
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; Filipenses 3:12-14 Filipenses 3:12-14 12 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. 13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
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).

¿Cómo nos afecta la muerte?

El hecho de aprender más acerca de la vida, la muerte y lo que ocurre después de la muerte debe causarnos el suficiente impacto para cambiar nuestra forma de vivir. Este conocimiento debe hacernos reflexionar sobre qué vamos a hacer con el precioso don de la vida y si lo estamos usando o no como preparación para la vida eterna que Dios nos está ofreciendo.

El Salmo 90, que fue compuesto por Moisés, subraya el contraste entre el poder de Dios y la fragilidad del hombre. Nos describe la perspectiva que Dios tiene del tiempo, el breve momento que es nuestra vida, y el castigo que es necesario en ciertas ocasiones para corregir la forma de obrar del hombre. En los versículos 10-12 leemos: “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos. ¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu indignación según que debes ser temido? Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”.

Desafortunadamente, muchas personas entienden que la vida es corta cuando ya ha transcurrido la mayor parte de ella. Debemos aprender a contar nuestros días, manteniendo siempre presente que nuestro tiempo se acabará y que debemos hacer lo posible por lograr lo máximo con la vida que se nos da. Salomón nos exhortó para que recordáramos a nuestro Creador en los días de nuestra juventud (Eclesiastés 12:1 Eclesiastés 12:1Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento;
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).

¿Qué vamos a hacer ahora?

El apóstol Pedro escribió acerca de la culminación del plan de Dios; profetizó acerca de un tiempo en el cual todas las cosas físicas serán quemadas y reemplazadas con cielos nuevos y tierra nueva. Luego planteó una pregunta fundamental: ¿Qué va a pasar con nuestras vidas después de tener este conocimiento? “El día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán desechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser desechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!” (2 Pedro 3:10-11).

Cuando entendemos el significado de la vida, la muerte y lo que sigue después de esta vida física, este conocimiento nos puede dar consuelo y aliento cuando tenemos que afrontar la muerte. También debe causarnos un gran impacto y motivarnos a arrepentirnos de nuestros pecados y a someternos humildemente a Dios. Si sabemos que hemos recibido esta vida física para prepararnos para una vida eterna que vendrá más adelante, esto debe estimularnos a volvernos a Dios de tal manera que él pueda llevar a cabo su propósito en nosotros.