Las creencias fundamentales de la Iglesia de Dios Unida una Asociación Internacional

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Creemos en un Dios, el Padre, quien existe eternamente, quien es un Espíritu, un Ser personal de suprema inteligencia, conocimiento, amor, justicia, poder y autoridad. Él, por medio de Jesucristo, es el Creador de los cielos y la tierra y de todo lo que hay en ellos. Él es la fuente de vida y aquel para quien existe la vida humana. Creemos en un Señor, Jesucristo de Nazaret, quien es el Verbo y ha existido eternamente. Creemos que él es el Mesías, el Cristo, el Hijo divino del Dios viviente, concebido del Espíritu Santo, como el Espíritu de Dios y de Cristo Jesús. El Espíritu Santo es el poder de Dios y el Espíritu de vida eterna (2 Timoteo 1:7; Efesios 4:6; 1 Corintios 8:6; Juan 1:1-4; Colosenses 1:16).

Creemos que las Escrituras, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo, son la revelación de Dios y la totalidad de su voluntad expresada a la humanidad. Las Escrituras son inspiradas en pensamiento y palabra, son infalibles en los escritos originales, son la autoridad suprema y final en la fe y en la vida, y son el fundamento de toda verdad (2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:20-21; Juan 10:35; Juan 17:17).

Creemos que Satanás es un ser espiritual que es el adversario de Dios y de los hijos de Dios. Satanás ha recibido dominio sobre el mundo por cierto espacio de tiempo. Satanás ha engañado a la humanidad haciéndola rechazar a Dios y su ley. Satanás ha reinado mediante el engaño con la ayuda de las huestes de demonios que son ángeles rebeldes, seres espirituales, quienes siguieron a Satanás en su rebeldía (Mateo 4:1-11; Lucas 8:12; 2 Timoteo 2:26; Juan 12:31; Juan 16:11; Apocalipsis 12:4, Apocalipsis 12:9; Apocalipsis 20:1-3, Apocalipsis 20:7, Apocalipsis 20:10; Levítico 16:21-22; 2 Corintios 4:4; 2 Corintios 11:14; Efesios 2:2).

Creemos que la humanidad fue creada a imagen de Dios con el potencial de convertirse en hijos de Dios, partícipes de la naturaleza divina. Dios formó a la humanidad de carne, que es sustancia material. Los seres humanos viven por el aliento de vida, son mortales, sujetos a corrupción y descomposición, carentes de vida eterna salvo como don de Dios dentro de los términos y condiciones de Dios tal como se expresan en la Biblia. Creemos que Dios puso a Adán y Eva la opción de la vida eterna por obediencia a Dios, o muerte por el pecado la muerte. Ahora la muerte reina sobre toda la humanidad porque todos han pecado (Génesis 1:26; 2 Pedro 1:4; Hebreos 9:27; 1 Corintios 15:22; Romanos 5:12; Romanos 6:23).

Creemos que el pecado es infracción de la ley. La ley es espiritual, perfecta, santa, justa y buena. La ley define el amor de Dios y se basa en los dos grandes principios de amor a Dios y amor al prójimo, y es inmutable y oblogatoria. Los Diez Mandamientos son los 10 puntos de la ley divina del amor. Creemos que quebrantar cualquier punto de la ley trae sobre la persona la pena del pecado. Creemos que esta ley espiritual fundamental revela el único camino a la vida verdadera y el único camino posible a la dicha, la paz y la alegría. Toda desdicha, miseria, angustia y pena ha venido de la transgresión de la ley de Dios (1 Juan 3:4; 1 Juan 5:3; Mateo 5:17-19; Mateo 19:17-19; Mateo 22:37-40; Santiago 2:10-11; Romanos 2:5-9; Romanos 7:12-14; Romanos 13:8-10).

Creemos que Dios amó tanto a este mundo de débiles pecadores que dio a su Hijo unigénito, quien fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero volvió sin pecado en carne humana. Ese Hijo, Jesucristo, murió como sacrificio por los pecados de la humanidad. Su vida, por tratarse del Creador de toda la humanidad, tiene más valor que la suma de toda la vida humana. Por tanto, su muerte es suficiente para pagar la pena de los pecados de todo ser humano. Al pagar esta pena, hizo posible, conforme al plan de Dios, que se perdonaran los pecados de cada persona y de la humanidad en general, y que éstas fueran libradas de la pena de muerte (Hebreos 4:15; Hebreos 9:15; Hebreos 10:12; Juan 1:18; Juan 3:16; Colosenses 1:16-17, Colosenses 1:22; 1 Juan 2:2; Juan 4:10; Efesios 1:11; Apocalipsis 13:8).

Creemos que todos los que se arrepienten de sus pecados en total entrega y obediencia voluntaria a Dios, y que con fe aceptan a Jesucristo como su Salvador personal, reciben perdón de sus pecados por un acto de gracia divina. Tales individuos son justificados, perdonados de la pena del pecado y reciben el don del Espíritu Santo, que literalmente mora dentro de ellos y les proporciona el amor divino, lo único que puede cumplir la ley y producir justicia. Son bautizados por el Espíritu en el Cuerpo de Cristo, que es la verdadera Iglesia de Dios. Creemos en un verdadero cambio de vida y actitud. Solamente los que tienen la presencia interior del Espíritu Santo y son guiados por el mismo, son de Cristo (Hechos 2:38; Hechos 3:19; Hechos 5:29-32: 2 Corintios 7:10; Juan 3:16; Efesios 1:7; 2:7-9; Romanos 3:21-26; Romanos 5:5; Romanos 6:6; Romanos 8:4, Romanos 8:9-10, Romanos 8:14; Romanos 13:10; Jeremías 33:8; Juan 14:16-17; 1 Corintios 12:12-13; Filipenses 2:3-5).

Creemos en la ordenanza del bautismo por inmersión en agua después del arrepentimiento. Mediante la imposición de las manos, con oración, el creyente recibe el Espíritu Santo y se convierte en parte del Cuerpo espiritual de Jesucristo (Mateo 3:13, Mateo 3:16; Juan 3:23; Hechos 2:38; Hechos 8:14-17; Hechos 19:5-6: 1 Corintios 12:13).

Creemos que el séptimo día de la semana es el sábado del Señor nuestro Dios. En este día se nos ordena descansar de nuestras labores y adorar a Dios, conforme a las enseñanzas y el ejemplo de Jesús, los apóstoles y la iglesia del Nuevo Testamento (Génesis 2:2-3; Éxodo 20:8-11; Éxodo 31:13-17; Levítico 23:3; Isaías 58:13; Hebreos 4:4-10; Marcos 1:21; Marcos 2:27-28; Marcos 6:2; Hechos 13:42-44; Hechos 17:2; Hechos 18:4; Lucas 4:31).

Creemos en la observancia de la Pascua del nuevo pacto la noche del 14 de abib, el aniversario de la muerte de nuestro Salvador (Levítico 23:5; Lucas 22:13-14).

Creemos en la observancia por orden divina de las siete fiestas anuales dadas por Dios a la antigua Israel y guardadas por Jesucristo, los apóstoles y la iglesia del Nuevo Testamento, y que serán guardadas por toda la humanidad durante el reinado milenario de Cristo. Estas fiestas revelan el plan de salvación de Dios (Colosenses 2:16-17; 1 Pedro 1:19-20; 1 Corintios 5:8; 1 Corintios 15:22-26; 1 Corintios 16:8; Santiago 1:18; Éxodo 23:14-17; Levítico 23; Lucas 2:41-42; 22:14-15; Juan 7:2, Juan 7:8, Juan 7:10, Juan 7:14; Hechos 2:1; Hechos 18:21; Hechos 20:16; Zacarías 14:16-21).

Creemos que los mandamientos de Dios le prohíben al cristiano quitar la vida humana directa o indirectamente, y que portar armas es contrario a esta creencia fundamental. Por tanto, creemos que los cristianos no deben ocuparse voluntariamente en el servicio militar. Si se les ocupa en el servicio militar involuntariamente, creemos que deben negarse en conciencia a portar armas y, en la medida de lo posible, rehusar estar bajo la autoridad militar (Éxodo 20:13; Mateo 5:21-22; 1 Corintios 7:21-23; Hechos 5:29).

Creemos en la justicia perdurable de Dios. Esa justicia está demostrada en la fidelidad de Dios al cumplir todas las promesas que hizo Abraham, padre de los fieles. Tal como lo prometió, Dios multiplicó a los descendientes directos de Abraham de modo que Abraham se convirtió literalmente en "padre" de muchas naciones. Creemos que Dios, tal como lo prometió, hizo prosperar materialmente a los descendientes directos de Abraham: Isaac y Jacob (cuyo nombre cambió más tarde a Israel). Creemos que Dios, mediante Jesucristo, la Simiente de Abraham está facilitando la salvación a toda la humanidad independientemente de su linaje físico. Por tanto, la salvación no es un derecho adquirido por nacimiento. Se ofrece libremente a todos los que Dios llama, y los que son considerados descendientes de Abraham son aquellos de la fe, herederos según las promesas. Creemos que el saber que Dios ha cumplido y sigue cumpliendo las promesas físicas hechas a Abraham y sus hijos y, que está cumpliendo la promesa espiritual por medio de Jesucristo, es esencial para entender el mensaje de los profetas y su aplicación al mundo en que vivimos (Salmos 111:1-10; Romanos 4:16; 9:7-8; Gálatas 3:16; Génesis 32:28).

Creemos que el propósito de Dios para la humanidad es preparar a quienes él llama —y quienes elijan al vencer el pecado, forjar un carácter justo y crecer en gracia y conocimiento— para que posean el Reino de Dios y se conviertan en reyes y sacerdotes para reinar con Cristo a su regreso. Creemos que la razón de la existencia de la humanidad es literalmente nacer como seres espirituales dentro de la familia de Dios (Romanos 6:15-16; Romanos 8:14-17, Romanos 8:30; Hechos 2:39; 2 Pedro 3:18; Apocalipsis 3:5; Apocalipsis 5:10).

Creemos que la iglesia es aquel cuerpo de creyentes que han recibido y son guiados por el Espíritu Santo. La verdadera Iglesia de Dios es un organismo espiritual. Su nombre bíblico es "la Iglesia de Dios". Creemos que la misión de la iglesia es pedicar el evangelio (buenas noticias) del venidero Reino de Dios a todas las naciones como testimonio, y ayudar a reconciliar con Dios a las personas que están siendo llamadas ahora. Creemos que también es misión de la Iglesia de Dios fortalecer, edificar y cuidar a los hijos de Dios en amor y amonestación de nuestro Señor Jesucristo (Hechos 2:38-39; Hechos 2:47; Hechos 20:28; Romanos 8:14; Romanos 14:19; Efesios 1:22-23; Efesios 3:14; Efesios 4:11-16; 1 Corintios 1:2; 1 Corintios 10:32; 1 Corintios 11:16, 1 Corintios 11:22; 1 Corintios 12:27; 1 Corintios 14:26; 1 Corintios 15:9; 2 Corintios 1:1-2; 5:18-20; Gálatas 1:13; 1 Tesalonicenses 2:14; 2 Tesalonicenses 1:4; 1 Timoteo 3:5, 1 Timoteo 3:15; Marcos 16:15; Mateo 24:14; Mateo 28:18-20; Juan 6:44, Juan 6:65; Juan 17:11, Juan 17:16).

Creemos en el diezmo como una manera de honrar a Dios con nuestros bienes y como un medio de servirle en la predicación del evangelio, el cuidado de la iglesia, la asistencia a las fiestas y la ayuda a los necesitados (Proverbios 3:9-10; Génesis 14:17-20; 1 Corintios 9:7-14; Números 18:21; Deuteronomio 14:22-29).

Creemos que la única esperanza de vida eterna para los seres humanos está en la resurrección mediante la presencia del Espíritu Santo en ellos. Creemos que al regreso del Jesucristo habrá una resurrección a la vida espiritual de todos los que hayan sido fieles siervos de Dios. Creemos que después de que Jesucristo haya reinado en la tierra 1000 años, habrá una resurrección a la vida física de la inmensa mayoría de las personas que alguna vez existieron. Creemos que cuando estas personas hayan tenido la oportunidad de vivir físicamente, si se convierten, también recibirán la vida eterna. También creemos que los que rechacen la salvación ofrecida por Dios cosecharán la muerte eterna (1 Corintios 15:19, 1 Corintios 15:42-52; Hechos 23:6; Juan 5:21-29; Romanos 6:23; Romanos 8:10-11; 1 Tesalonicenses 4:16; Ezequiel 37:1-14; Apocalipsis 20:4-5, Apocalipsis 20:11-15; Juan 3:16; Mateo 25:46).

Creemos en el regreso personal, visible, premilenario del Señor Jesucristo para gobernar a las naciones en la tierra como Rey de reyes y para continuar en su cargo sacerdotal como Señor de señores. Entonces se sentará en el trono de David. Durante su reinado de mil años en la tierra restaurará todas las cosas y establecerá el Reino de Dios para siempre (Mateo 24:30, Mateo 24:44; Apocalipsis 1:7; Apocalipsis 11:15; Apocalipsis 19:16; Apocalipsis 20:4-6; 1 Tesalonicenses 4:13-16; Juan 14:3; Isaías 9:7; Isaías 40:10-12: Hebreos 7:24; Jeremías 23:5; Lucas 1:32-33; Hechos 1:11; 3:21; 15:16; Daniel 7:14, 18, 27).