¿Realmente murió Jesús y volvió a vivir?

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¿Realmente murió Jesús y volvió a vivir?

Una de las pruebas más grandes de que Jesús es exactamente quien dijo ser —el Hijo de Dios y el único por medio de quien se ofrece la vida eterna— es su resurrección de entre los muertos.

Sus seguidores estaban convencidos de que era el Mesías y el Hijo de Dios. Sus milagros, su intachable vida y sus enseñanzas, todo les demostraba quién era él. Pero su resurrección confirma a todas las personas de todos los tiempos todo lo que él dijo acerca de sí mismo.

Lo que resulta sorprendente es que Jesús arriesgara todo con sus propias declaraciones de que moriría y volvería a vivir. En varias ocasiones predijo su propia resurrección. “Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días” (Marcos 8:31 Marcos 8:31Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.
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).

Cuando los escribas y fariseos le pidieron una señal, les dijo que sólo una señal les sería dada: “Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mateo 12:40 Mateo 12:40 Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.
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).

Sería muy arriesgado predecir la propia resurrección. Pero Jesús no sólo la predijo, sino que anunció precisamente cuándo sería resucitado (ver el recuadro de la página 38: “¿Cuándo fue crucificado Jesús y cuándo resucitó?”).

Así que todo está relacionado con este suceso. ¿Cómo sabemos que la resurrección de Jesús ocurrió? Si no sucedió tal como lo dijo, entonces no tenemos ninguna razón para creer que la forma de vida que Cristo nos vino a mostrar era mejor o más recta que cualquier otra religión. No habría nada de extraordinario acerca de Jesús de Nazaret. Sencillamente habría sido otro engaño religioso.

Pero si en verdad sucedió, hay una gran diferencia entre Jesús y todos los demás dirigentes religiosos: las enseñanzas de Jesús son verdaderas, y todo lo que dijo es verdad, y él es exactamente quien dijo ser.

En su libro Reasonable Faith [“Fe que tiene sentido”], el Dr. William Craig da tres importantes hechos, establecidos independientemente, en los cuales se apoya la prueba de la resurrección de Jesús: el sepulcro vacío, las apariciones posteriores a la resurrección y el origen de la fe cristiana (p. 272). Analicemos los pormenores y las implicaciones de cada uno de éstos.

¿Murió realmente Jesús?

Uno de los hechos más bien establecidos acerca de Jesús es el de que murió y fue sepultado. En la Biblia se repite una y otra vez que Jesús murió. Algunos detractores han argumentado que Jesús no estaba completamente muerto cuando fue sepultado. En el Corán, libro que los musulmanes consideran sagrado, se dice que Jesús sólo parecía muerto. Algunos escépticos han dicho que parecía muerto, posiblemente drogado, pero que revivió en el sepulcro y escapó para convencer a sus discípulos que había resucitado.

Pero cuando analizamos los hechos, lo que tales teorías sugieren es imposible. La gravedad de la tortura y las heridas que sufrió Jesús fue tal que ningún hombre podría haber sobrevivido a la crucifixión y los tres días y tres noches aislado en la fría oscuridad del sepulcro.

Decir que estaba drogado es hacer caso omiso de los relatos. Él rechazó el calmante que los romanos acostumbraban a dar a los que crucificaban (Marcos 15:23 Marcos 15:23Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó.
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). Luego le ofrecieron una esponja empapada en vinagre, pero no parece que hubiera tenido ningún efecto sedante en Jesús, puesto que seguía agonizando y lanzó un fuerte grito antes de morir (vv. 36-37).

La muerte a manos de los verdugos romanos era algo seguro y podía ser causada por varios factores. El periodista Lee Strobel, en una entrevista al Dr. Alexander Metherell, describe la muerte de Jesús desde el punto de vista médico ( The Case for Christ [“El caso de Cristo”], 1998, pp. 193-200).

Antes de ser crucificado, Jesús había sido golpeado repetidamente y azotado con un látigo romano (Mateo 27:26 Mateo 27:26Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.
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). El látigo de cuero, una especie de flagelo, estaba hecho de manera que pudiera infligir el mayor daño y dolor en la víctima. Estaba trenzado con pedazos de hueso y metal entretejidos en las puntas que se hundían en la carne en cada golpe, rasgando los músculos subyacentes y arrancando tiras de carne sangrienta.

Eusebio, historiador del tercer siglo, escribió que “las venas de la víctima quedaban al descubierto, y los músculos, tendones y entrañas de la víctima quedaban expuestos” (citado por Strobel, p. 193). Muchos morían a consecuencia de la flagelación antes de que pudieran ser crucificados.

Por lo general, el dolor tan intenso, junto con la pérdida de sangre, ocasionaba que la víctima entrara en un estado de choque; la presión arterial bajaba de tal forma que se presentaba una gran debilidad, una sed intensa y desmayo. En los evangelios se nos dice que Jesús padeció estos síntomas en su camino hacia el Gólgota. Estando debilitado al punto de desmayar, ya no podía cargar el madero; por eso se obligó a uno de la multitud, Simón de Cirene, a que lo llevara en su lugar (Marcos 15:21 Marcos 15:21Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz.
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). Cuando fue crucificado dijo: “Tengo sed” (Juan 19:28 Juan 19:28Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed.
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).

Antes de ser azotado, ya había sido golpeado salvajemente. En el juicio que le hicieron ante el Sanedrín “le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros lo abofeteaban, diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó” (Mateo 26:67-68 Mateo 26:67-68 67 Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, 68 diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.
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). Luego, cuando lo entregaron a los soldados romanos, éstos lo escarnecieron aún más; le pusieron una corona de espinas, golpeándole la cabeza y escupiéndolo (Mateo 27:29-30 Mateo 27:29-30 29 y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! 30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza.
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; Marcos 15:16-19 Marcos 15:16-19 16 Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía. 17 Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas, 18 comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos! 19 Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias.
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; Juan 19:3 Juan 19:3y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de bofetadas.
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).

La intensidad de tan tremenda golpiza fue anunciada en la profecía en Isaias 50:6 Isaias 50:6Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos.
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: “Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a los que me arrancaban la barba; ante las burlas y los escupitajos no escondí mi rostro” (NVI).

Otra profecía en Isaias 52:14 Isaias 52:14Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres,
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es aún más descriptiva: “Muchos se asombraron de él, pues tenía desfigurado el semblante; ¡nada de humano tenía su aspecto!” (NVI). Lo que aquí se nos dice es que Jesús estaba tan golpeado, tan cubierto de sangre y tan herido, que difícilmente podía ser reconocido como un ser humano .

Tal parece que Pilato pensaba que al presentar a Jesús en el estado en que había quedado después de un castigo tan severo, la sed de sangre de sus acusadores quedaría saciada (Juan 19:1 Juan 19:1Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó.
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, Juan 19:4-6 Juan 19:4-6 4 Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. 5 Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre! 6 Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él.
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). Pero su odio hacia el ensangrentado hombre de Nazaret no quedaría satisfecho. Insistieron en que fuera crucificado.

La agonía de la crucifixión

Desde el punto de vista médico, Jesús debió haber estado en una condición entre grave y muy grave aun antes de que fuera crucificado, debido a las terribles consecuencias de esas tremendas golpizas (Dr. Alexander Metherell, citado por Strobel, p. 196).

En una crucifixión, los romanos generalmente utilizaban clavos de hierro de 12 a 18 centímetros de largo y un grosor de un centímetro, clavándolos en las muñecas y los pies de la víctima para fijarla en los maderos. En la Biblia leemos que las manos de Jesús fueron clavadas, debido a que en ese tiempo la muñeca se consideraba como parte de la mano. Los clavos eran introducidos en las muñecas, entre los huesos del brazo, pues las manos no podrían soportar el peso del cuerpo.

Esta ubicación de los clavos está respaldada por el descubrimiento de los huesos de un hombre crucificado y sepultado en una tumba en el primer siglo; el descubrimiento tuvo lugar en 1968 en Jerusalén. El hueso del talón derecho aún tenía incrustado un clavo grande de hierro, y uno de los huesos del antebrazo derecho tenía una fisura que puede ser el resultado de un clavo metido entre los dos huesos de la muñeca.

Cuando los clavos atraviesan las muñecas, lastiman y comprimen el nervio medio, el que inerva la mano, causando un dolor indescriptible. “El dolor era absolutamente intolerable”, dice el Dr. Metherell. Los clavos que atravesaron los pies también habrán causado un dolor insoportable.

No podemos saber con certeza si Jesús fue crucificado en un solo madero o en dos cruzados (ver el recuadro de la página 32: “Métodos romanos de crucifixión”). Sin importar cuál haya sido, estar colgado de los brazos debió haberle causado gran distensión en todo el cuerpo. Sus brazos se habrán estirado varios centímetros y seguramente se le dislocaron los hombros. La profecía del sufrimiento de Cristo en Salmos 22:14 Salmos 22:14 He sido derramado como aguas, Y todos mis huesos se descoyuntaron; Mi corazón fue como cera, Derritiéndose en medio de mis entrañas.
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es una referencia a su atormentada condición: “He sido derramado como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas”.

El Dr. Metherell continúa con una descripción de los sufrimientos por los que pasó Jesús: “Cuando alguien estaba colgando en posición vertical … la crucifixión básicamente era una angustiosa y lenta muerte por asfixia. La razón es que las presiones en los músculos y en el diafragma hacían que el pecho quedara en posición de inhalar; básicamente, para poder exhalar, la persona tenía que impulsarse hacia arriba con los pies de manera que la presión en los músculos cediera por un momento. Al hacer eso, el clavo desgarraba el pie, afianzándose finalmente en los huesos del tarso.

“Después de haber exhalado, la persona entonces podía relajarse un poco e inhalar nuevamente. Una vez más tenía que impulsarse para exhalar, refregando la espalda que sangraba en la áspera madera de la cruz. Esto se repetía una y otra vez hasta el agotamiento total, cuando la persona ya no podía impulsarse ni respirar” (Strobel, pp. 265-266).

¿Cuál fue la causa de la muerte de Jesús?

Mucha gente supone que Jesús expiró simplemente por el trauma o por la asfixia, que eran las que generalmente causaban la muerte de los crucificados. Algunos médicos han estudiado la muerte por crucifixión y han sacado conclusiones parecidas. Varios teólogos e iglesias han enseñado que Jesús murió de aflicción o tristeza. ¿Podemos saber qué fue lo que realmente le causó la muerte?

En Zacarías 12:10 Zacarías 12:10Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.
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encontramos una profecía relacionada con la crucifixión de Jesús. Refiriéndose a los moradores de Jerusalén dice: “Y mirarán a mí, a quien traspasaron”. Una y otra vez las Escrituras mencionan la importancia de la sangre derramada de Cristo (Hechos de los Apóstoles 20:28 Hechos de los Apóstoles 20:28Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.
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; Efesios 2:13 Efesios 2:13Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.
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; Hebreos 9:11-14 Hebreos 9:11-14 11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. 13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, 14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?
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; 1ra Pedro 1:18-19 1ra Pedro 1:18-19 18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,
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). Jesús mismo dijo que el vino de la Pascua del Nuevo Testamento representaba “mi sangre … que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28 Mateo 26:28 porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.
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).

Resulta muy claro que un aspecto importante del sacrificio de Cristo fue su sangre, la cual fue derramada como sacrificio por los pecados de toda la humanidad. Lamentablemente, esto no es muy claro en Juan 19:30-34 Juan 19:30-34 30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. 31 Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. 32 Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. 33 Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. 34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.
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, donde todo parece indicar que después de que Jesús expiró, uno de los soldados romanos lo hirió con una lanza, “y al instante le brotó sangre y agua” (v. 34, NVI). No obstante, esto nos plantea el interrogante de si en verdad ese fue el orden en que ocurrieron los acontecimientos, ya que un cuerpo sin vida no sangra así cuando el corazón ha dejado de funcionar.

Este problema queda resuelto cuando se comparan varios manuscritos del Evangelio de Mateo, los cuales utilizan palabras que aparecen en unas pocas traducciones de la Biblia pero que no fueron incluidas en la mayoría de las versiones modernas. Tales palabras nos proporcionan la secuencia apropiada de los hechos.

Una versión en inglés, llamada The Twentieth Century New Testament (“El Nuevo Testamento del Siglo Veinte”), que utiliza estas palabras, dice: “Y cerca de las tres [de la tarde] Jesús clamó fuertemente: ‘Eloi, Eloi, lama sabactani’, lo que quiere decir: ‘Oh Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’ Algunos de los que estaban cerca lo oyeron y dijeron [erróneamente]: ‘¡El hombre está llamando a Elías!’

“Inmediatamente, uno de ellos corrió y tomando una esponja y empapándola en vino corriente, la colocó en una caña y se lo ofreció para beber. Pero los demás dijeron: ‘Esperemos y veamos si Elías vendrá a salvarlo’. Sin embargo, otro tomó una lanza y le abrió el costado; y salieron agua y sangre. Pero Jesús, dando otra vez un fuerte grito, entregó su espíritu” (Mateo 27:46-50 Mateo 27:46-50 46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 47 Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste. 48 Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. 49 Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. 50 Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.
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).

Las palabras faltantes, que aparecen aquí en letra cursiva, dicen que un costado de Jesús fue abierto con una lanza, él dio un fuerte grito y luego murió.

¿Se contradice entonces el relato de Mateo con el de Juan? No. Ambos narran los mismos sucesos, pero con enfoques diferentes.

Mateo de inmediato pasa de la muerte de Jesús a la descripción de la rasgadura del velo del templo, mientras que Juan habla del hecho de que, contrario a lo que les hicieron a los dos criminales crucificados junto con Jesús, a él no le quebraron ni un solo hueso. Juan, entre paréntesis, explicó que como Jesús ya había muerto no tuvieron que quebrarle los huesos; su costado había sido abierto con una lanza (Juan 19:31-34 Juan 19:31-34 31 Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. 32 Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. 33 Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. 34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.
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).

En el versículo 36 Juan nos dice que esto sucedió en cumplimiento de Salmos 34:20 Salmos 34:20 El guarda todos sus huesos; Ni uno de ellos será quebrantado.
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y del simbolismo de los corderos de la Pascua, que eran sacrificados sin que se les quebrara un solo hueso (Éxodo 12:6 Éxodo 12:6Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes.
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, 46; Números 9:12 Números 9:12No dejarán del animal sacrificado para la mañana, ni quebrarán hueso de él; conforme a todos los ritos de la pascua la celebrarán.
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). Los corderos de la Pascua cuya sangre fue derramada para salvar a los israelitas (Éxodo 12:6-7 Éxodo 12:6-7 6 Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. 7 Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer.
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, 13) representaban a Jesús, “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29 Juan 1:29El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
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).

El último golpe mortal

Al continuar en Juan 19:37 Juan 19:37Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
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, el apóstol afirma que también se cumplió la profecía de Zacarías 12:10 Zacarías 12:10Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.
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, y así el cuerpo de Jesús sería traspasado. ¿Cómo fue ese golpe final que causó la muerte de Jesús?

El médico John Lyle Cameron lo explica así: “El soldado era romano; estaría bien entrenado, sería competente, y conocería su deber. Sabría qué parte del cuerpo traspasar para lograr un resultado rápido y mortal, o para asegurarse, sin lugar a dudas, de que la víctima había muerto…

“El soldado, parado al pie de donde estaba crucificado nuestro Señor, metería su lanza hacia arriba por debajo del costado izquierdo. La afilada punta de la lanza, ancha y de doble filo, habrá entrado por el lado izquierdo superior del abdomen, abriendo el estómago … perforando el diafragma, partiendo el corazón y grandes vasos sanguíneos, arterias y venas … y habrá lacerado el pulmón.

“La herida habrá sido lo suficientemente grande como para que pudiera introducirse la mano [comparar con Juan 20:24-27 Juan 20:24-27 24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. 25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. 26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. 27 Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
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]. Sangre … junto con agua del … estómago, habrán salido en abundancia. Todo el hecho debió haber sucedido como lo describe San Juan, pues nadie hubiera podido relatar con tanto detalle un suceso tan reconocible, a menos que él o alguien más lo hubiera presenciado realmente” (citado por R.V.G. Tasker, Tyndale New Testament Commentaries: John [“Comentarios del Nuevo Testamento de Tyndale: Juan”], 2000, pp. 212-213).

Cuando uno analiza las claras explicaciones de la muerte de Jesús, ideas tales como que no murió realmente, que se desmayó o que estaba drogado y luego fue revivido, de hecho no tienen ningún fundamento. Al estar presente, junto con otros, cuando sucedieron esas cosas, el apóstol Juan fue testigo de esa muerte (Juan 19:25-27 Juan 19:25-27 25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. 27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
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, Juan 19:35 Juan 19:35Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.
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).

También los soldados romanos sabían que él estaba muerto. No eran médicos expertos, pero estaban acostumbrados a ver las ejecuciones y sabían cuando alguien había muerto. Antes de permitirle a José de Arimatea que se llevara el cuerpo de Jesús, Pilato corroboró con el centurión que había supervisado la ejecución, que realmente estaba muerto (Marcos 15:43-45 Marcos 15:43-45 43 José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. 45 E informado por el centurión, dio el cuerpo a José,
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).

Aun en el caso de suponer que Jesús pudo sobrevivir a la crucifixión, ¿cómo pudo luego vivir tres días y tres noches en una tumba sellada, sin ningún cuidado médico?

Hay otro aspecto más que debemos mencionar aquí. Suponiendo lo que parece imposible, que un hombre pudiera de alguna manera sobrevivir a todo eso, los relatos de las apariciones de Jesús a sus discípulos después de esa terrible experiencia habrían sido aún más imposibles. Y si de alguna manera lo hubiera logrado, ciertamente no habría podido aparecérseles como alguien que los inspiraría a proclamar que había resucitado a un estado glorioso y de poder. Habría sido un hombre gravemente herido, sicológicamente traumatizado y físicamente lisiado de por vida.

Teniendo en cuenta las claras pruebas con que contamos, no puede tomarse en serio ninguna teoría que trate de explicar que Jesús no murió realmente.

La sepultura de Jesús

Jesús fue sepultado por José de Arimatea en una tumba nueva que éste había reservado para sí mismo. Debido a que José de Arimatea era miembro del concilio que condenó a Jesús, no parece que fuera alguien “inventado” por los evangelistas. Marcos nos dice que “José de Arimatea, miembro noble del concilio … vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús” (Marcos 15:43 Marcos 15:43José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.
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).

Cuando le permitieron que se llevara el cuerpo de Jesús, José “compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro” (v. 46).

Nadie que inventara y se empeñara en establecer una fábula escogería un personaje ficticio y diría que era miembro del Sanedrín, el concilio que gobernaba a la nación judía. Los miembros del Sanedrín eran muy conocidos. Ya que José era un respetable personaje público, mucha gente habría sabido dónde se encontraba su tumba. Si Jesús no hubiera sido sepultado en esa tumba, el engaño habría sido muy fácil de descubrir.

Notemos también las precauciones que se tomaron para que nadie tuviera acceso al cuerpo de Jesús una vez puesto en la tumba. “Al día siguiente … los jefes de los sacerdotes y los fariseos se presentaron ante Pilato.

—Señor —le dijeron—, nosotros recordamos que mientras ese engañador aún vivía, dijo: ‘A los tres días resucitaré’. Por eso, ordene usted que se selle el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, se roben el cuerpo y le digan al pueblo que ha resucitado. Este último engaño sería peor que el primero.

—Llévense una guardia de soldados —les ordenó Pilato—, y vayan a asegurar el sepulcro lo mejor que puedan.

“Así que ellos fueron, cerraron el sepulcro con una piedra, y lo sellaron; y dejaron puesta la guardia” (Mateo 27:62-66 Mateo 27:62-66 62 Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, 63 diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. 64 Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. 65 Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. 66 Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.
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, NVI).

La guardia de soldados romanos fue puesta en la tumba el día después de que Jesús fuera sepultado. Con toda seguridad ellos se hubieran dado cuenta si Jesús se hubiera recuperado después de estar casi muerto, o si su cuerpo hubiera sido robado por sus seguidores. Sus órdenes eran claras: debían vigilar que no le sucediera nada al cuerpo de Jesús. Si no cumplían con esta responsabilidad, podían ser sentenciados a muerte así como lo fue Jesús.

Tanto los judíos como los discípulos de Jesús habrían sabido dónde estaba esa tumba. Las mujeres que primeramente encontraron la tumba vacía, habían visto dónde estaba y sabían que Jesús había sido sepultado en ella (Lucas 23:55 Lucas 23:55Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo.
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). También sabían que habían rodado una gran piedra a la entrada de la tumba (Marcos 15:46-47 Marcos 15:46-47 46 el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. 47 Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían.
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) y sabían que tendría que ser removida cuando ellas regresaran con las especias aromáticas que habían comprado (Marcos 16:1-3 Marcos 16:1-3 1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. 3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?
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).

Para estas mujeres y para los discípulos de Jesús, no había ninguna duda de que su cuerpo estaba en esa tumba.

Las mujeres descubren la tumba vacía

En el relato de Marcos también se nos habla de que en la mañana, antes de la salida del sol, tres mujeres —María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé— fueron al sepulcro a ungir con especias el cuerpo de Jesús. Al encontrarse con que la piedra ya había sido quitada, entraron al sepulcro y se asustaron al ver “a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una ropa blanca”. Él les dijo: “Ha resucitado”, y que fueran y se lo hicieran saber a los otros discípulos (Marcos 16:1-8 Marcos 16:1-8 1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. 3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? 4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. 5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. 6 Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. 7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. 8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.
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).

En la sociedad de ese tiempo, el testimonio de las mujeres era considerado de tan poca importancia que ni siquiera se les permitía servir como testigos en un tribunal de justicia. Cuán sorprendente resulta el hecho de que ¡las mujeres fueron reconocidas como las que descubrieron el sepulcro vacío!

Si, como algunos escépticos suponen, alguien hubiera inventado la historia posteriormente, seguramente habría utilizado los nombres de discípulos varones como Pedro y Juan como los descubridores del sepulcro vacío. Que hayan sido mujeres las principales testigos de que el sepulcro estaba vacío, se entiende mejor por la sencilla razón de que las mujeres mencionadas fueron quienes verdaderamente lo descubrieron. Los autores de los evangelios registraron fielmente lo que para ellos era un antecedente difícil y embarazoso.

Los enemigos de Jesús reconocieron que la tumba estaba vacía

¿Cuál fue la reacción de los enemigos de Jesús cuando supieron que los discípulos aseguraban que estaba vivo después de haber sido crucificado públicamente?

Su reacción fue muy reveladora. ¿Dijeron que los discípulos mentían y que el cuerpo de Jesús aún estaba en el sepulcro? No. ¿Dijeron que los discípulos estaban teniendo alucinaciones? No. Más bien, sobornaron a los soldados romanos responsables de la vigilancia de la tumba sellada, para que propagaran lo que sabían que era una mentira. Les dijeron que fueran y contaran que, mientras ellos dormían, los discípulos se habían llevado el cuerpo de Jesús, y que si el gobernador romano quería castigarlos, ellos los protegerían.

Conviene leer todo este relato en Mateo 28:11-15 Mateo 28:11-15 11 Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. 12 Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, 13 diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. 14 Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo. 15 Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.
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. ¡Esta fue la mejor excusa que encontraron los dirigentes religiosos para explicar por qué el cuerpo de Jesús había desaparecido y no podía ser encontrado!

Aquí, de los propios enemigos de Jesús, tenemos una prueba clara de que el sepulcro realmente estaba vacío. El mejor argumento que pudieron encontrar fue lo que sabían que era una mentira. No existe otra explicación de por qué el sepulcro estaba vacío, excepto que Jesús fue resucitado corporalmente y dejó la tumba.

Testigos de sus apariciones

En múltiples ocasiones y en diferentes circunstancias, algunas personas, individualmente o en grupo, que sabían que Jesús había muerto, lo vieron vivo.

Notemos que el apóstol Pablo escribió a la iglesia de Corinto diciendo que Jesús “se apareció a Cefas [Pedro], y luego a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía, aunque algunos han muerto. Luego se apareció a Jacobo, más tarde a todos los apóstoles, y por último, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí” (1ro Corintios 15:5-8 1ro Corintios 15:5-8 5 y que apareció a Cefas, y después a los doce. 6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. 7 Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; 8 y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.
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, NVI).

¿Cómo obtuvo Pablo esta información? Conocía a esas personas y había hablado con ellas. Había escuchado el relato en sus propias palabras. La mayoría de ellos aún vivían y podían confirmarlo. Pablo aseguró esto sabiendo que ¡de no ser cierto podría probarse su falsedad!

Tales relatos de testigos presenciales no pueden ser considerados como fantasías. Tienen que referirse a hechos que fueron vistos por muchas personas que aún vivían cuando Pablo escribió esta epístola. ¡Hasta menciona los nombres de los testigos más conocidos de manera que los demás pudieran verificar con ellos el hecho de que Jesús había resucitado!

Jesús se aparece en forma corpórea

Todas las apariciones de Jesús después de su resurrección que se mencionan en los evangelios, fueron en cuerpo físico. Cuando se apareció a sus apóstoles les preguntó: “¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:36-43 Lucas 24:36-43 36 Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. 37 Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. 38 Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? 39 Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. 40 Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. 41 Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? 42 Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. 43 Y él lo tomó, y comió delante de ellos.
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). Cuando ellos aún no podían creer, quizá porque les parecía demasiado bueno para ser verdad, les pidió comida y comió delante de ellos.

Luego tenemos el caso en que se apareció a todos sus apóstoles, incluso Tomás, quien al parecer no estaba en la ocasión anterior. Tomás no estaba dispuesto a creer a menos que viera las heridas de Jesús con sus propios ojos y las palpara con sus propias manos (Juan 20:24-29 Juan 20:24-29 24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. 25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. 26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. 27 Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. 28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! 29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
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). Pero quedó totalmente convencido cuando Jesús se apareció a todos y específicamente le dijo a Tomás que comprobara que era el mismo Jesús al que él y los otros discípulos habían conocido desde hacía años.

En otra ocasión Jesús se les apareció a los discípulos en la playa del mar de Galilea. Esa vez obró un milagro, preparó y comió con ellos un desayuno con pan y pescado, y de manera amable reprendió a Pedro por haberse vuelto a su vida de pescador en lugar de dedicarse a cuidar de su iglesia, que era algo mucho más importante (Juan 21:1-23 Juan 21:1-23 1 Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera: 2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. 3 Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada. 4 Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. 5 Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. 6 El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. 7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. 8 Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos. 9 Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. 10 Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar. 11 Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió. 12 Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. 13 Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. 14 Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos. 15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. 16 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. 17 Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. 18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. 19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme. 20 Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? 21 Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? 22 Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. 23 Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?
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).

Se ha insinuado que estas apariciones no fueron más que alucinaciones de los discípulos. Pero tal teoría no puede explicar el hecho de que las apariciones ocurrieron en distintos lugares, en días diferentes y frente a grupos diferentes de personas. Jesús se apareció de maneras que fueron convincentes para todos los apóstoles. Estas apariciones no dejaron dudas en la mente de ninguno de ellos, incluso de Tomás, quien se mantuvo firme en su posición de no creer hasta que personalmente viera y tocara al Jesús a quien había conocido.

La asombrosa transformación de los apóstoles

Una de las pruebas más grandes de la resurrección de Jesús es el impresionante cambio que ocurrió en la vida de sus discípulos.

Los relatos de los evangelios no elogian a los apóstoles (lo cual constituye una prueba más de que la historia no fue inventada). Todos abandonaron a Jesús cuando fue arrestado y luego juzgado (Mateo 26:56 Mateo 26:56 Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.
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). Pedro, quien había prometido nunca dejar a Jesús, aun llegó a maldecir y a jurar negando que lo conocía (vv. 69-75).

Recordemos que Jesús predijo la debilidad de Pedro e incluso advirtió a sus otros apóstoles que todos ellos también tropezarían por su relación con él (vv. 31-35). No obstante, poco tiempo después vemos un cambio dramático. Encontramos que los apóstoles empezaron a hablarles a grandes multitudes, diciendo claramente que Jesús había resucitado de entre los muertos. Ahora, lejos de huir y esconderse, se enfrentaban valientemente con los dirigentes civiles y religiosos recordándoles el hecho de que Jesús había sido ejecutado por ellos y que había resucitado.

Desafiaron la amenaza de ser encarcelados si continuaban predicando acerca de ese hombre Jesús (Hechos de los Apóstoles 4:1-23 Hechos de los Apóstoles 4:1-23 1 Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, 2 resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. 3 Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. 4 Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil. 5 Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, 6 y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; 7 y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto? 8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: 9 Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, 10 sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. 11 Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. 12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. 13 Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. 14 Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra. 15 Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí, 16 diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar. 17 Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre. 18 Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. 19 Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; 20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. 21 Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho, 22 ya que el hombre en quien se había hecho este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años. 23 Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho.
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). Valerosamente soportaron azotes y amenazas de muerte por predicar que Jesús estaba vivo y que era el Mesías (Hechos de los Apóstoles 5:17-42 Hechos de los Apóstoles 5:17-42 17 Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; 18 y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. 19 Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: 20 Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida. 21 Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos. 22 Pero cuando llegaron los alguaciles, no los hallaron en la cárcel; entonces volvieron y dieron aviso, 23 diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas afuera de pie ante las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro. 24 Cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote y el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello. 25 Pero viniendo uno, les dio esta noticia: He aquí, los varones que pusisteis en la cárcel están en el templo, y enseñan al pueblo. 26 Entonces fue el jefe de la guardia con los alguaciles, y los trajo sin violencia, porque temían ser apedreados por el pueblo. 27 Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó, 28 diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. 29 Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. 30 El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. 31 A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. 32 Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen. 33 Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos. 34 Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles, 35 y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres. 36 Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A éste se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada. 37 Después de éste, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados. 38 Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; 39 mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios. 40 Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. 41 Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. 42 Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.
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).

Aunque sólo unas semanas antes habían negado conocerlo siquiera, ahora nada podía detenerlos de pregonar lo que obviamente sabían que era verdad. Su nueva e inquebrantable convicción, aun ante la prisión y la muerte, sólo puede explicarse de esta manera: habían visto vivo a Jesús después de haberlo visto muerto. Hablaron con él, comieron con él, recibieron muchas enseñanzas de él, pasaron tiempo con él y lo tocaron.

Estos hombres dedicaron el resto de sus vidas, y finalmente la vida misma, a aquel que sabían había vencido a la muerte. Si ellos sólo hubieran sido participantes de una gran farsa, ¿podríamos creer que habrían ofrendado sus vidas por algo que sabían que era falso?

El asombroso cambio de Pedro

El apóstol Pedro es el ejemplo más conocido de los discípulos cuyas vidas cambiaron de manera tan notable. Su valor en la Fiesta de Pentecostés fue increíble. Estando en el templo le habló a una gran multitud, de la cual 3000 personas se convirtieron en discípulos de Jesús el Mesías.

Pedro le predicó a gente que vivía en Jerusalén y en toda Judea, así como en muchas otras partes del mundo romano. Se encontraban en Jerusalén para celebrar la Fiesta de Pentecostés, llamada también la Fiesta de las Semanas, conforme al mandamiento de Dios en Deuteronomio 16:16 Deuteronomio 16:16Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías;
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. Les recordó que todos ellos sabían quién era Jesús y lo que le había sucedido siete semanas antes en la Fiesta de la Pascua (Hechos de los Apóstoles 2:22-24 Hechos de los Apóstoles 2:22-24 22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; 23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; 24 al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.
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).

Pedro, quien poco antes de la muerte de Jesús lo había negado, ahora valientemente le hacía ver a la gente que ellos habían sido quienes habían crucificado al Mesías prometido, pero que Dios lo había resucitado.

La reacción de la gente fue bastante reveladora. No lo negaron, no protestaron, no intentaron apedrear a Pedro por este cargo aparentemente ultrajante. Muchos de ellos sabían acerca del arresto, juicio y crucifixión de Jesús. Sabían que muchos, quizá hasta algunos de los que estaban allí escuchando a Pedro, habían clamado por la sangre de Jesús. Sabían de la extraña desaparición de su cuerpo de la tumba, un misterio que nadie había podido desentrañar.

Sabían o habían oído de otras cosas extrañas que habían acontecido en esa ocasión: la misteriosa oscuridad que hubo en la tierra cuando Jesús estaba siendo crucificado, gente que había resucitado de los sepulcros y caminado por las calles de Jerusalén, y la rasgadura de arriba abajo del gigantesco velo del templo sin causa aparente.

¿Cómo podían explicarse estos acontecimientos? ¿Qué significaban? Pedro estaba dándoles una explicación asombrosa, una explicación que exigiría que ellos tomaran una decisión que cambiaría el resto de sus vidas.

Pedro comparó el sepulcro vacío de Jesús con el cercano sepulcro de David, el más grande de los reyes de Israel. “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy” (Hechos de los Apóstoles 2:29 Hechos de los Apóstoles 2:29Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.
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). Su intento era inconfundible: todos sabían dónde estaba el sepulcro de David y que allí era donde su cuerpo estaba sepultado. Pero a diferencia de David, ¡la muerte ya no retenía a Jesús!

Pedro declaró que Jesús de Nazaret había sido resucitado por Dios y que muchas personas podían dar testimonio de ese hecho. Una vez más, la gente no protestó. Todo lo contrario, preguntaron qué debían hacer ahora que estaban convencidos de que Pedro tenía la razón. Pedro les contestó que tenían que arrepentirse y ser bautizados y que también ellos recibirían el Espíritu Santo, así como los discípulos lo habían recibido ese mismo día (Hechos de los Apóstoles 2:37-38 Hechos de los Apóstoles 2:37-38 37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? 38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
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).

La única explicación que hay para el dramático cambio de los discípulos, que dejaron de ser un grupo atemorizado, listos para abandonar todo y regresar a Galilea, es que Jesús les dejó una dramática y poderosa prueba: una tumba vacía y luego múltiples apariciones corpóreas. Hombres comunes y corrientes con vidas normales, quienes habían negado a su Maestro y le habían fallado enormemente, de repente se transformaron, casi de la noche a la mañana, en dinámicos líderes de una iglesia que habría de desafiar al antiguo mundo pagano, enfrentándose con él.

Santiago, medio hermano de Jesús, se hace creyente

Quizá un cambio aún más sorprendente fue el que hubo en la vida de Santiago, medio hermano de Jesús (Santiago era hijo natural de María y José mientras que Jesús era hijo de María y Dios el Padre). Notemos cómo el escritor J.P. Moreland describe sucesos en la vida de Santiago conforme están registrados en la Biblia y en la historia contemporánea:

“¿Por qué cambiaron estos hombres? ¿Por qué sufrieron penurias, persecución, amenazas y martirio? Veamos lo que sucedió con Santiago el hermano de Jesús. Josefo, historiador judío del primer siglo, nos dice que murió como un mártir por su fe en su hermano. Pero en los evangelios se nos dice que durante la vida de su hermano, no creía en él y se le oponía.

“¿Por qué cambió? ¿Qué pudo lograr que un judío creyera que su propio hermano era el Hijo mismo de Dios y estuviera dispuesto a morir por tal convicción? Ciertamente no fue por una serie de hermosas enseñanzas de un carpintero de Nazaret. Sólo la aparición de Jesús a Santiago (1ro Corintios 15:7 1ro Corintios 15:7Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles;
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) puede explicar su transformación.

“Como sucedió con Santiago, así sucedió con los otros discípulos. Quien niegue la resurrección nos debe una explicación de este cambio que hace justicia a los hechos históricos” ( Scaling the Secular City [“Franqueando la ciudad irreligiosa”], 1987, pp. 178-179).

Pablo el perseguidor es transformado

El apóstol Pablo es otro extraordinario ejemplo. Siendo un rabino fervoroso y fariseo estricto, estaba plenamente convencido de que la resurrección de Jesús no había ocurrido. Persiguió a los miembros de la iglesia primitiva por creer en semejante cosa. Arriesgó todo su prestigio y misión en la vida por su convicción de que la resurrección había sido una invención y que esa ideología era una amenaza para la tradición que para él era sagrada.

Estaba convencido de que este nuevo movimiento merecía ser aplastado a toda costa, incluso con cárcel o muerte (Hechos de los Apóstoles 22:4 Hechos de los Apóstoles 22:4Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres;
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), y esta sería su campaña personal. Luego algo sucedió. Jesucristo se le apareció a Pablo y le habló.

Pablo no era un hombre dado a las vívidas imaginaciones de gente supersticiosa. Era un intelectual sensato. Y sin embargo, más adelante estuvo dispuesto a defender con celo a Cristo ante grupos hostiles, gobernantes, reyes y otros dirigentes. Al final Pablo estaba dispuesto a morir por lo que sabía que era verdad: que Jesús realmente era el Mesías, estaba vivo y se encontraba a la diestra de Dios.

La existencia de la iglesia cristiana

El Dr. Moreland lo expone así: “¿Qué razón puede esgrimirse para explicar el hecho de que la iglesia cristiana logró transformar el mundo del primer siglo? Las probabilidades de que tuviera éxito eran escasas. En el primer siglo existieron varias religiones y en algunas de ellas se podían encontrar aspectos del cristianismo. ¿Por qué tuvo éxito el cristianismo, particularmente cuando era una fe tan exclusivista y que no veía con buenos ojos el sincretismo? ¿Qué fue lo que inició la iglesia? Nunca hubo una forma de cristianismo que no hiciera hincapié en la muerte y resurrección de un Jesús divino.

“La resurrección de Jesús es la explicación que la propia iglesia dio, y es la única apropiada. El erudito C.F.D. Moule lo resume así: ‘Si el surgimiento de los nazarenos, un fenómeno innegable refrendado en el Nuevo Testamento, hace un enorme agujero en la historia, un agujero del tamaño y forma de la Resurrección, ¿con qué piensa taparlo el historiador irreligioso?’” ( ibídem , pp. 180-181).

La única conclusión razonable es que Jesucristo en realidad fue resucitado de entre los muertos.