¿Ha venido ya el reino?

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Jesús profetizó acerca de un tiempo de gran tribulación y de angustia sin precedentes en la historia de la humanidad. Esta época se caracterizaría por el engaño religioso, guerras, terremotos, hambres y epidemias, además de otras catástrofes (Lucas 21:7-28 Lucas 21:7-28 [7] Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder? [8] El entonces dijo: Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y: El tiempo está cerca. Mas no vayáis en pos de ellos. [9] Y cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os alarméis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente. [10] Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; [11] y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo. [12] Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre. [13] Y esto os será ocasión para dar testimonio. [14] Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; [15] porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan. [16] Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros; [17] y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre. [18] Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. [19] Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas. [20] Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. [21] Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. [22] Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. [23] Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. [24] Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan. [25] Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; [26] desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. [27] Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. [28] Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.
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). Pero al describir todos estos eventos, afirmó que nada de esto indicaría que ya hubiera sido establecido el Reino de Dios sobre la tierra.

Jesús dijo que, después de que todo esto ocurra, los que aún estén con vida “verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria” (Lucas 21:27 Lucas 21:27 Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.
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). Dijo además: “Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios” (v. 31).

En otras ocasiones Jesús ya había hablado claramente acerca de este tema. ¿Cuántas veces se han repetido de memoria las palabras de lo que se conoce como el “Padrenuestro”, sin que la gente se percate del significado que éstas tienen? Jesús pronunció estas palabras porque sus discípulos le pidieron que les enseñara a orar. “Vosotros, pues, oraréis así”, les contestó. “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino” (Mateo 6:9-10 Mateo 6:9-10 [9] Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. [10] Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
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).

Esta instrucción no admite la posibilidad de que el Reino de Dios se haya establecido entre nosotros, sino que nos enseña que ¡debemos clamar fervientemente para que venga pronto!

Cuando Pilato estaba interrogando a Jesús antes de entregarlo para ser crucificado, éste le dijo: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Juan 18:36 Juan 18:36Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.
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). Pilato le preguntó entonces si él era rey, y Jesús le contestó: “Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad” (v. 37).

En Hebreos 11 encontramos una descripción de la fe de los siervos de Dios a lo largo de las edades. En los versículos del 13 al 16 está el resumen de sus vidas y sus experiencias: “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad”.

Aun el patriarca Abraham “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (v. 10).

Aunque los siervos de Dios en la actualidad experimentan en sus vidas un anticipo de lo que será el Reino de Dios, muchos pasajes de la Escritura nos confirman que el reino todavía no se ha establecido en la tierra, pero que en algún momento del futuro vendrá tal como Dios lo ha prometido.