Jesús y los escritores bíblicos compararon la muerte al sueño

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¿Qué le ocurre a una persona cuando muere? En la Biblia la muerte se compara a un estado de sueño. No es un sueño normal, por supuesto; es un “sueño” en el que no hay pensamientos, ni actividad cerebral ni vida alguna. En las Escrituras encontramos muchos pasajes que nos muestran esto.

Por ejemplo, Job habló de la muerte en varias ocasiones. “¿Por qué no morí yo en la matriz, o expiré al salir del vientre? . . . Pues ahora estaría yo muerto, y reposaría; dormiría, y entonces tendría descanso . . . Allí los impíos dejan de perturbar, y allí descansan los de agotadas fuerzas” (Job 3:11, Job 3:13, Job 3:17).

Siglos después, el relato bíblico de la muerte de Lázaro, amigo íntimo de Jesús, nos enseña que la muerte es como un estado de sueño. “Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania . . .” (Juan 11:1). Jesús decidió ir a visitarlo, pero con tal de poder realizar un milagro y así fortalecer la fe de sus discípulos, esperó hasta que Lázaro hubiera muerto.

Antes de ir a Betania, Jesús habló con sus discípulos acerca de la condición de Lázaro, y les dijo que Lázaro estaba dormido y que él iba a ir a despertarlo (vv. 11-14). Los discípulos le respondieron que si estaba dormido el sueño le haría bien (v. 12), pero Jesús les dijo claramente: “Lázaro ha muerto” (v. 14). Vemos que Jesús les dijo que Lázaro estaba muerto, pero al mismo tiempo había descrito la muerte como algo parecido al sueño.

Cuando llegó el tiempo de que Jesús actuara, “clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir” (vv. 43-44).

Lázaro no se había ido ni al cielo ni al infierno; tampoco tuvo una “experiencia extracorpórea”. Simplemente había permanecido en el sepulcro, en donde estaba como dormido, hasta que Jesús lo llamó para que saliera de la tumba.

Al igual que Lázaro, todos en el momento en que mueren entran en una condición algo parecida al sueño. Los muertos no tienen conciencia de nada. La creencia popular es que cuando alguien muere, el cuerpo es enterrado pero el alma permanece consciente y va bien sea al cielo o al infierno. Sin embargo, como ya lo hemos visto, esta creencia no tiene fundamento bíblico.

En otro pasaje relacionado con este tema, el apóstol Pablo se refiere a los muertos en Cristo, que serán resucitados para encontrarse con Cristo en las nubes, como personas que están “dormidas”: “Os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:15-17).

Así que aquellos verdaderos siervos de Dios que estén en sus tumbas van a ser resucitados para ir a recibir a Jesucristo que regresa, junto con aquellos que todavía estén vivos en Cristo. Todos serán llevados a las nubes para recibir a Cristo que vuelve; esta será “la primera resurrección” (Apocalipsis 20:4-6). Entonces regresarán a la tierra para reinar con él en el Reino de Dios (Apocalipsis 5:10; Apocalipsis 11:15).

El hecho de que los muertos, figurativamente hablando, están en un estado como el del sueño, esperando la resurrección, “era la opinión prevaleciente hasta bien entrado el quinto siglo” (D.P. Walker, The Decline of Hell [“La decadencia del infierno”], 1964, p. 35). El rechazo de la enseñanza bíblica ocurrió varios siglos después de Cristo. La verdad de las Escrituras es que los muertos no tienen conciencia de nada; simplemente yacen en sus tumbas. Ellos, como lo enseñaron Jesús y Pablo, están como “dormidos” y no serán “despertados” hasta el momento de la resurrección.

Todos serán resucitados, algunos para vida eterna en la primera resurrección, y otros a la vida física mil años después (Apocalipsis 20:4-6). Como dijo Jesús: “Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz” y saldrán (Juan 5:28-29). Esta es la consoladora y reconfortante verdad revelada en las Escrituras.