Introducción: El cielo y el infierno

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Introducción

El cielo y el infierno

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La mayoría de las religiones y organizaciones eclesiásticas, incluidas casi todas las iglesias cristianas, enseñan que, al morir, las personas buenas van a cierta forma de paraíso celestial. Por lo general, el cielo se considera un lugar de inimaginable felicidad, el paraíso supremo. Se cree y se enseña que todos los que van allí vivirán gozosamente para siempre.

Sin embargo, teniendo en cuenta el maravilloso lugar que se supone que es, tal parece que nadie tiene ninguna prisa por estar allí.

De acuerdo con la mayoría de las creencias tradicionales, la muerte es la puerta al cielo; sin embargo, la vemos como algo que debemos evitar a toda costa. Si este viaje al cielo pudiera realizarse por medio de un “expreso celestial”, pronto descubriríamos que casi nadie está interesado en comprar un boleto. Veríamos que casi todas las personas prefieren continuar su vida actual aquí en la tierra en lugar de estar residiendo en el cielo. Nuestras acciones demuestran que, con muy pocas excepciones, esta es nuestra forma de pensar.

Una eternidad … ¿haciendo qué?

Tal vez una de las razones por las que no nos llama la atención ir al más allá es que nadie nos ha dicho claramente qué es lo que van a hacer los justos cuando lleguen al cielo. Si vamos a pasar la eternidad allí, es de esperar que Dios nos diga en la Biblia qué es lo que vamos a hacer. ¿Estaremos todo el tiempo tocando arpa o simplemente contemplando a Dios? Estos son conceptos populares del cielo, pero la gente no se imagina haciendo esto por toda la eternidad. Al fin y al cabo, ¡la eternidad es mucho tiempo!

Quizá debiéramos preguntarnos si estas ideas tan generalizadas provienen de la Palabra de Dios. Muchas personas que creen que van a ir al cielo, confiesan que es muy poco lo que las Escrituras nos dicen acerca de lo que haremos cuando estemos allí. El historiador británico Paul Johnson lo expresó así: “Al cielo . . . le falta un incentivo real. De hecho, no tiene ninguna definición. Es el gran vacío de la teología” ( The Quest for God [“En busca de Dios”], 1996, p. 173). Si el cielo es la meta que Dios les ha fijado a sus siervos, ¿por qué ha revelado tan poco acerca de esto en su Palabra, la Biblia?

Hay una razón muy importante que nos explica por qué cuando buscamos en la Biblia lo que van a estar haciendo eternamente en el cielo los “salvos” —aquellos que sean librados de alguna forma de castigo eterno— no encontramos respuestas. La explicación es sencilla: La Biblia no dice en ninguna parte que la recompensa de los justos es ir al cielo. Como veremos más adelante, la Biblia nos revela que Dios tiene en mente algo distinto, algo diferente y muchísimo mejor que los conceptos que tienen la mayoría de las personas acerca del cielo.

Preguntas inquietantes acerca del infierno

Pero el cielo no es el único problema que tenemos que afrontar cuando consideramos los conceptos populares acerca de la vida después de la muerte.

La Biblia nos dice que Dios “ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia” (Hechos de los Apóstoles 17:31 Hechos de los Apóstoles 17:31por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.
La Santa Biblia Reina-Valera (1960)×
). En esa época, aquellos que se hayan arrepentido y se hayan sometido a Jesucristo como su Señor y Salvador recibirán la vida eterna. Pero ¿qué sucederá con los injustos, aquellos que no den la medida? ¿Adónde irán a parar?

Muchos de los que profesan el cristianismo creen que los impíos se estarán quemando eternamente en las llamas del infierno. Dicen que estas son enseñanzas que se encuentran en la Biblia.

Pero conviene hacernos una pregunta muy importante: ¿Podría un Dios misericordioso someter a los seres humanos a un dolor y tormento inenarrables durante millones de años, por toda la eternidad? ¿Podría el Creador del universo ser tan insensible y desalmado? Aunque “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23 Romanos 6:23Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
La Santa Biblia Reina-Valera (1960)×
), el Dios de amor, justicia y misericordia no desea que ninguno, ni siquiera el impío más incorregible, sufra una agonía eterna.

“No hay otro nombre . . .”

Hay también otro aspecto de este tema que les preocupa a muchos. Uno de los hechos fundamentales de la Palabra de Dios es el siguiente: “En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos de los Apóstoles 4:12 Hechos de los Apóstoles 4:12Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
La Santa Biblia Reina-Valera (1960)×
). ¿Qué sucederá, entonces, con aquellos desventurados que nunca han oído el nombre de Jesús? ¿Serán lanzados al fuego junto con aquellos que odian y rechazan a Dios?

La verdad es que son muchos millones los que nunca han tenido la oportunidad de aprender acerca de Jesucristo o de arrepentirse de sus pecados. Para gran número de ellos, esto se debe simplemente al lugar en donde viven. Muchos otros que vivieron en otras épocas tampoco tuvieron la oportunidad debido precisamente al tiempo en que vivieron. ¿Sería justo que Dios los sometiera al mismo castigo que les va a dar a aquellos que lo rechazan y se convierten en sus enemigos?

Estas preguntas no son hipotéticas —y ciertamente no son triviales— porque afectan a la mayoría de las personas que han vivido en toda la historia del hombre. Cuando examinamos sus últimas consecuencias, las respuestas tradicionales tienen unas implicaciones muy graves acerca del carácter, la naturaleza y el juicio del ser que los cristianos afirman adorar. Necesitamos afrontar estas preguntas de una manera directa y honrada. ¿No es hora de que examinemos la verdad bíblica acerca del cielo y el infierno?

Acompáñenos en un viaje por las páginas de la historia y de la Biblia. ¡Es muy posible que encuentre respuestas que le sorprendan!