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Me asignaron realizar una sesión de fotos como parte de una clase de fotografía en la universidad. Usualmente, mis fotos han sido en exteriores. Esta vez, la ocasión era en interiores y debíamos trabajar con un tipo de iluminación con el que no había trabajado antes… clave baja.  

En el cine, la televisión y la fotografía tradicional, clave baja (low key en inglés) se refiere a un tipo de iluminación en que predominan las sombras. Normalmente el fondo es oscuro y solo requiere de una sola fuente de luz (natural o artificial) para iluminar el sujeto en escena. Este estilo artístico es útil para crear una escena aún más dramática. Los dramas como El Padrino y Todos Los Hombres del Presidente, son muy conocidos por este aspecto, entre muchas otras cosas. Sea o no sea un seguidor del arte fotográfico o de cine, no dude esto: la luz es lo más importante en una escena. Es la que determina el ambiente y resalta precisamente lo que el director o fotógrafo quiere que la audiencia vea.

Así que, he ahí, mis compañeros y yo, todos descubriendo cómo trabajar bien con iluminación en clave baja por primera vez en un cuarto completamente oscuro y con una sola lámpara y nuestras cámaras. Al concluir con nuestra sesión de fotos, estuve mucho tiempo pensando en el relato de la creación del mundo.

Siempre imagino a Dios como un gran director artístico. Él sabe perfectamente cómo y en dónde alumbrar. Nos revela precisamente lo que quiere que veamos. En el segundo versículo de Génesis 1, el mundo no tenía forma y “las tinieblas estaban sobre la faz del abismo”. El primer paso que Dios tomó para arreglar esto:

“Y dijo Dios: Sea la luz, y la luz fue.” —  Génesis 1:3 Génesis 1:3Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.
La Santa Biblia Reina-Valera (1960)×

Acto seguido, el resto de la creación, con sus plantas, aguas y seres vivos. ¡Vaya obra de arte! ¡Hasta para la noche hizo lumbrera!

Los egipcios estuvieron tres días en tinieblas, “mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones” (Éxodo 10:21-23 Éxodo 10:21-23 21 Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tanto que cualquiera las palpe. 22 Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, por tres días. 23 Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones.
La Santa Biblia Reina-Valera (1960)×
). Dios nos acompaña en nuestros momentos más oscuros.

Irónicamente, Dios usó la luz para enceguecer a Saulo (como parte de su proceso de conversión), y por tres días no pudo ver nada. Al término de estos, Ananías, siguiendo instrucciones de Jesús por medio de una visión, fue y puso sus manos sobre Saulo y este “recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado”. ¿Y qué es lo primero que uno ve al abrir los ojos? ¡LUZ!

Nosotros mismos nos hemos puesto en momentos de tinieblas e incertidumbre; con nuestra rebeldía hacia Dios hemos contribuido con la oscuridad que llena al mundo, un mundo en clave baja. Pero Jesucristo, cumpliendo su propósito, vino como “lámpara a mis pies… y lumbrera a mi camino” para llevarnos hacia esa bella ciudad donde la luz de Dios y del Cordero prevalece eternamente. A eso valdría mucho la pena tomarle fotos, ¿no creen?