La primavera árabe que nunca llegó

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A juzgar por los recientes acontecimientos en Egipto y los optimistas pronósticos de una “primavera árabe” hechos hace algún tiempo, el Medio Oriente se encuentra en cambio paralizado por un gélido “invierno islámico”. ¿Qué significa esto para el futuro de esta crítica región?


Fuente: Foto ilustración por Shaun Venish/iStockphoto

¡Qué hermosa es la primavera! Los pájaros cantan, los árboles florecen y todo es maravilloso. Este es el panorama que muchos imaginaron en  Occidente cuando a fines de 2010 comenzaron las revueltas en el Medio Oriente en contra de los gobiernos dictatoriales de dicha región. Muchos jóvenes visionarios se conectaron mediante Facebook y Google y generaron protestas exigiendo reformas por todo el territorio, y muy pronto comenzaron a caer varios líderes déspotas. A este movimiento social se le llamó “la primavera árabe”, y alimentó las esperanzas de una inminente llegada de la libertad y la democracia.

Mientras Occidente, incluyendo el gobierno de Estados Unidos, alentaba las numerosas insurrecciones y los derrocamientos, algunas voces preocupadas advertían sobre el riesgo que implicaban las revueltas, ya que estaban fortaleciendo a las fuerzas islámicas. Pero todas ellas fueron descartadas como un simple temor y fobia al islamismo, ya que, según se afirmaba, todo era esplendoroso y promisorio.

Así, después del derrocamiento del presidente egipcio Hosni Mubarak en febrero de 2011, muchos se quedaron boquiabiertos cuando millones de egipcios se amontonaron en la Plaza de la Liberación (Tahrir) en El Cairo, donde se habían llevado a cabo las protestas, pero no para escuchar a Wael Ghonim, el joven ejecutivo de Google a quien los medios de comunicación occidentales habían promovido como el rostro progresivo y moderno de las protestas: a él ni siquiera se le permitió tomar el podio.

En cambio, las multitudes aclamaron entusiastamente al legislador más prominente de la organización “Hermandad Musulmana”, el jeque Yusuf al-Qaradawi, considerado por muchos como el clérigo musulmán suní más influyente. Solo dos años antes, este famoso erudito, discapacitado físicamente, había declarado frente a millones de televidentes del canal de televisión al-Jazeera: “Mi única esperanza, ahora que se acerca mi fin, es que Alá me dé una oportunidad de ir a la tierra de la yihad [el deber religioso de los musulmanes] y la resistencia, aunque sea en silla de ruedas. Voy a dispararles a los enemigos de Alá, los judíos, y ellos me arrojarán una bomba, y con aquel martirio sellaré mi vida”.

Pero, según nos aseguraban ciertos comentaristas occidentales, el sentimiento de este clérigo no era muy popular. Curiosamente, poco después la Hermandad Musulmana fue elegida para gobernar Egipto y esta organización musulmana asumió el poder declarando sus intentos de instituir plenamente la sharia (la ley y jurisprudencia islámica) y hablando de acabar con el tratado de paz con Israel. Y los salafistas (movimiento suní), que al parecer de muchos siguen una interpretación mucho más extremista del islam, también obtuvieron un alto porcentaje de votos. Resultados similares se observaron en otros estados musulmanes que también fueron sedes de protestas.

Los líderes militares egipcios intentaron marginar al nuevo presidente de la Hermandad Musulmana, Mohamed Morsi, pero éste se las arregló hábilmente para vencerlos, forzándolos a renunciar y tomando el control del proceso político. El representante de la oposición, Mohamed el-Baradei, se quejó de que Morsi había “usurpado todos los poderes del estado” y se había autonombrado “el nuevo faraón de Egipto”. 

A fines de 2012, Morsi consiguió sacar adelante una Constitución basada en la ley sharia, que se aprobó finalmente mediante un referéndum popular. Sin embargo, los principales voceros y funcionarios occidentales continúan diciendo que no existe ninguna razón para alarmarse y que tanto los partidos elegidos como la mayoría de la población en estas diferentes naciones son en realidad moderados.

El peligro aumenta a medida que se propaga el fervor popular

En septiembre de 2012, por todo el mundo árabe musulmán estallaron nuevas protestas e insurrecciones; esta vez la rebelión fue dirigida hacia Estados Unidos, bajo la excusa de defender al islam de una película amateur y poco conocida hecha por un egipcio residente en los Estados Unidos.

Aunque este video indudablemente se usó para enardecer los ánimos, al parecer muchas de las protestas fueron planificadas con anterioridad para hacerlas coincidir con el aniversario de los ataques terroristas en Nueva York y Washington D.C. el 11 de septiembre de 2001, y no tuvieron ninguna relación con dicha película. Además de las protestas, varias embajadas de Estados Unidos fueron víctimas de ataques y el embajador estadounidense en Libia y otros funcionarios oficiales fueron asesinados por terroristas.

Por asombroso que parezca, se cree que el mismo Estados Unidos ha armado a dichos terroristas en Libia, incluyendo a al-Qaeda. El propósito inicial perseguía derrocar a Muammar Gaddafi, pero los combatientes revolucionarios han utilizado esas armas (cuya cantidad ha incrementado enormemente, ya que a ellas se añadieron las que pertenecían previamente a las fuerzas de Gaddafi) para difundir los levantamientos armados en otros países. Algunas armas han sido canalizadas a las naciones vecinas de Mali y Algeria, equipando así los recientes asaltos terroristas en dichos territorios, mientras que otras han sido llevadas de contrabando a la organización Hamas en Gaza y, en grandes cantidades, a las fuerzas islámicas en Siria.

Hablando de Siria, el Presidente Bashar  al-Assad no se ha rendido ante las revueltas islámicas, lo cual ha desatado una guerra civil en la que ya han muerto más de 60 000 personas y más de 500 000 refugiados han escapado a los países vecinos. Siria se ha convertido en el nuevo punto de convergencia de los “combatientes por la libertad” islámicos pertenecientes a muchas otras naciones, incluyendo a Irak, desde donde una vez pelearon contra las fuerzas de Estados Unidos.

Y aunque el gobierno de Assad representa tiranía, lo más seguro es que un gobierno islámico sería aún más totalitario y controlaría estrictamente las vidas de las personas. Un gobierno de tal tendencia sería especialmente nefasto para los cristianos sirios, ya que sus prácticas religiosas fueron ampliamente toleradas, y hasta protegidas, bajo el gobierno de Assad.

Egipto: peligro creciente para las minorías no musulmanas

En Egipto, la situación está deteriorándose peligrosamente para los cristianos. En octubre de 2011, decenas de ellos murieron y centenares fueron heridos cuando los soldados abrieron fuego sobre miles de personas durante una protesta. Justo antes del referéndum para decidir la nueva Constitución, realizado en diciembre de 2012, el antiguo y popular predicador de la Hermandad Musulmana, Safwat Hegazy, se paró ante las turbas musulmanas y advirtió a los cristianos coptos:

“Un mensaje a la iglesia de Egipto, de un egipcio musulmán: le digo a la iglesia —por Alá, repito, por Alá— que si ustedes conspiran y se unen con los que queden [los opositores] para derrocar a Morsi, ya estaremos hablando de algo diferente . . . le decimos y le digo a la iglesia: sí, ustedes comparten este país con nosotros; pero existen líneas rojas—y nuestra línea roja es la legitimidad del Dr. Mohamed Morsi. A cualquiera que se atreva a arrojarle agua, nosotros le arrojaremos sangre”.

Entretanto él hablaba, una entusiasta audiencia musulmana gritaba una y otra vez “¡Allahu Akbar!”, que comúnmente significa “Alá es grande”, pero que en realidad quiere decir “Alá es más grande”, es decir, más grande que todos los otros dioses y fuerzas que se opongan a la propagación del islam.

Después de que la nueva Constitución egipcia fuera aprobada y firmada legalmente el 26 de diciembre, el líder de la iglesia copta de Egipto declaró que “la orientación religiosa de esta Constitución prepara el camino para un califato islámico”, es decir, para un imperio bajo un gobierno islámico, empeñado en dominar al mundo entero.

Otros críticos de la nueva Constitución hicieron notar que ésta había anulado una prohibición a la esclavitud, que ya había sido abolida. Los  índices de secuestro, esclavitud, violación y tráfico de niñas cristianas coptas han alcanzado cifras históricas, ya que los islámicos permiten semejantes atrocidades. Los salafistas encargados de redactar la Constitución se opusieron a cualquier mención de tráfico humano, asegurando que tales problemas no existen en Egipto, a pesar de toda la evidencia. En realidad, ellos son quienes están más involucrados en este tipo de problemas. 

En cuanto a los llamados de la oposición para desechar la nueva Constitución, el secretario de la Hermandad Musulmana, el general Mahmoud Hussein, dijo: “Tales alegatos son castigables por ley, porque la Constitución ha sido aprobada mediante un proceso legítimo”.

¡Ah, la primavera! ¿Podemos oler las flores?

Como lo han reconocido muchos analistas desde el comienzo de estos eventos, la triste realidad es que no ha habido tal “primavera árabe”, y que lo que estamos viendo en cambio es un “invierno islámico” que se cierne sobre el Medio Oriente y que ha sido posible gracias a la complicidad de Occidente. Es muy importante que entendamos lo que está sucediendo en esta región, y cuáles serán sus consecuencias.

Factor clave: El islam

Es indudable que los principales beneficiarios de los levantamientos árabes son los supremacistas islámicos, especialmente la  Hermandad Musulmana, además de otros grupos. Esto es particularmente cierto en Egipto, la nación árabe más poblada y la “madre del mundo árabe”, que ejerce gran influencia sobre el curso que toman las demás. 

En las elecciones parlamentarias de Egipto, la Hermandad consiguió la mitad de los votos. Algunos tratan de minimizar tal resultado calificándolo como una débil victoria, pero el voto islámico se dividió entre la Hermandad y los salafistas, que obtuvieron una cuarta parte de los sufragios. Esto significa que ambos recibieron, en conjunto, un masivo 75 por ciento de los votos. El referéndum más reciente, realizado en diciembre de 2012, aprobó la Constitución basada en la ley sharia con un 64 por ciento a favor y un 36 por ciento en contra. ¿Cómo pudo haber ocurrido algo así?

El escritor Andrew McCarthy es un abogado asistente del gobierno de los Estados Unidos, que dirigió el juicio a quienes bombardearon el Centro de Comercio Mundial en 1993 y también a otros terroristas. En su nuevo libro, Spring Fever: The Illusion of Islamic Democracy (Fiebre de primavera: La ilusión de la democracia islámica), él explica:

“Para poder entender la ‘primavera árabe’, es esencial comprender primero que el factor clave en los países árabes, al igual que en países y territorios no árabes, como Turquía, Irán, Pakistán, Afganistán, etc., es el islam. No es la pobreza, ni el analfabetismo, ni la falta de instituciones democráticas modernas.

“Sus manifestaciones, como el antisemitismo, sentimientos en contra de Estados Unidos, y una estrecha mentalidad inclinada a creer cualquier teoría de conspiración instigada por villanos infieles, son . . . consecuencias de la dominación regional y las ambiciones supremacistas del islam. Ellas no hacen que la población se vuelque al islam, porque uno no necesita que lo obliguen a adoptar algo que satura toda su existencia . . . [Y] en su tierra de origen, el islam no es ‘moderado’ en absoluto” (2013, pp. 4-5, énfasis en el original). 

Esto es especialmente evidente en Egipto, acerca del cual escribió Michael Totten en el semanario World Affairs (Asuntos mundiales): “Casi todas las mujeres que salen al público se cubren la cabeza con un pañuelo. En solo una década, he visto más hombres con la frente amoratada —como consecuencia de golpear sus cabezas en el piso mientras oran—que en la totalidad de los otros países con mayorías islámicas.

“Hasta donde puedo ver, este país es el lugar más islamizado en todo el mundo, después de Arabia Saudita. Solía orientarse más hacia el Mediterráneo . . . pero eso fue hace más de medio siglo” (“Arab Spring or Islamist Winter?” [¿Primavera árabe o invierno islámico?], ene.-feb., 2012).

Otro analista comenta: “Muchos egipcios votaron según las instrucciones de los líderes de las mezquitas locales, seleccionando entre los pictogramas impresos en las hojas de sufragio (aproximadamente un 30 por ciento de los egipcios son analfabetos)” (James Phillips, “The Arab Spring Descends Into Islamist Winter” [La primavera árabe se sume en un invierno islámico], The Heritage Foundation, dic. 20, 2012). Pero hay que decir que incluso mucha gente bien educada siguió las instrucciones de los imanes (líderes religiosos musulmanes).

Grupos islámicos aprovechan el momento

La supresión del descontento bajo las dictaduras árabes que han caído ha contribuido al problema. Simultáneamente con aplastar todo tipo de reformadores no religiosos y también el libre pensamiento en la educación, los dictadores todavía debían rendir aparente culto al islam y permitir que prosperara. Además los islámicos están íntimamente involucrados en las mezquitas y numerosas instituciones de caridad, lo cual les proporciona un marco organizativo desde el cual pueden operar.

Cuando estallaron las revueltas, ellos aprovecharon la coyuntura y se lanzaron al ataque. Por el contrario, quienes no pertenecen al clero no se organizaron para movilizar la opinión pública y convertirla en acciones políticas, por lo que fueron rápidamente echados a un lado por los islamistas, mucho mejor organizados que ellos.

¿Por qué debería sorprendernos, entonces, una victoria islámica en el proceso de elecciones democráticas? Porque este ambiente no es conducente a un gobierno basado en la libertad y la autodeterminación. McCarthy comenta: “El Occidente moderno se obsesiona por la política y la ley. Nos dejamos encantar, particularmente, por los aspectos de sus normas de procedimiento: elecciones populares, redacción de la Constitución, y cosas así” (p. 3).

Sin embargo, indica él, lo que dio origen a nuestro gobierno sujeto a límites fue la cultura orientada a la libertad de la naciente nación estadounidense, no lo opuesto. Debemos mirar más allá de los procesos y tomar en cuenta el tipo de personas que éstos van a colocar en puestos de poder.

Tenemos que enfocar nuestra atención especialmente en el principal beneficiario de la primavera árabe, la Hermandad Musulmana, que muchos tratan de representar como una organización moderada. (Para mayor información, por favor lea Una mirada más detallada a la Hermandad Musulmana, en la página 5).

No es moderada, a pesar de los juegos de palabras

Algunos tratan de hacer cierta distinción entre la Hermandad Musulmana, que goza de más popularidad, y los salafistas (quienes ganaron una cuarta parte de la elección en Egipto), como un contraste entre los innovadores modernos y los fundamentalistas estrictos.

“¡Tonterías!”, dice McCarthy en un artículo publicado en la revista conservadora National Review. “La Hermandad Musulmana es salafista . . . La Hermandad apoya rigurosamente la ideología salafista de su fundador, Hassan al-Banna . . . que persigue volver al islam de Mahoma y la primera generación de musulmanes: los salafiyyah (término derivado de al-Salaf al-Salih, o ‘compañeros justos’: Mahoma y los primeros califas ‘guiados con justicia’).

“Este es el islam que la Hermandad pretende imponer en todo el mundo mediante la implementación del sistema legal y político islámico, la sharia. La meta de los salafistas es ‘compartida’ con la Hermandad precisamente porque la Hermandad y los salafistas son uno solo, como sugiere su pacto electoral recientemente anunciado” (“An Ill Season” [Una temporada enferma], mayo 14, 2011).

Hasta cierto punto, esto es parte de una estrategia que logra aparentar una gran proliferación de organizaciones para camuflar sus intenciones de unificación. Pareciera que hay muchos grupos rivales entre los que se puede escoger, cuando en realidad no es así, y esto crea la impresión de apoyo a ciertos temas dentro de un espectro muy amplio y diverso. Esta falsa proliferación de organizaciones también ha sido, desde hace mucho, una estrategia globalizadora de izquierda: grupos con muchos nombres diferentes, pero que trabajan juntos hacia las mismas metas y que con frecuencia se apoyan mutuamente.

Sin embargo, puede haber cierta diferencia entre los salafistas en cuanto a sus tácticas. La Hermandad ha sido mucho más cautelosa que otros en sus acciones y declaraciones, esforzándose por infiltrar completamente la sociedad en lugar de recurrir rápidamente a la violencia, lo que puede provocar una reacción adversa.

Pero no debemos pensar que la Hermandad ha renunciado a la violencia. Después de todo, la rama palestina de la organización es el grupo terrorista Hamas, que literalmente está detrás de miles de ataques contra Israel.

La Hermandad tampoco ha moderado sus intenciones supremacistas en los últimos años y todavía proclama descaradamente su lema, que se remonta a más de ochenta años: “Alá es nuestra meta. El Profeta [Mahoma] es nuestro líder. El Corán es nuestra ley. La yihad es nuestro camino. La muerte en el valle de Alá es nuestra esperanza más sublime. ¡Allahu Akbar! Allahu Akbar!”

La doble cara de la condenación al terrorismo

Pero, ¿no ha condenado el terrorismo la Hermandad? Sí, lo ha hecho, pero por lo general, para criticar a Israel y a Occidente. Es necesario que entendamos la forma en que ella usa ciertos términos.

McCarthy afirma en Spring Fever: “Para un islámico, la palabra ‘terrorismo’ se refiere a la muerte injustificada (bajo la ley sharia) de musulmanes. El asesinato de enemigos no musulmanes nunca es terrorismo para ellos, sino que ‘resistencia’. Para congraciarse con los crédulos líderes occidentales, los embusteros islámicos condenan a regañadientes los ataques terroristas en contra de blancos civiles en Occidente (por ej., el Centro de Comercio Mundial). Pero lo hacen porque llegan a la conclusión de que esa violencia tan indiscriminada también mata y puede matar a civiles musulmanes [y podría provocar graves impedimentos en la propagación del islam] . . . 

“La Hermandad no tiene ningún problema para declarar que le asquea el ‘terrorismo’. El problema es que la Hermandad no quiere decir lo que usted y yo creemos escuchar. De hecho, ella no se juzga a sí misma según nuestros estándares, sino que opera de acuerdo con los conceptos islámicos de la taqiyya (mentiras estratégicas a los infieles) y de la tawriya, derivado cercano de taqiyya . . . , que significa ‘mentira creativa’: una verdad literal mediante la cual el orador engaña a su interlocutor, a sabiendas de que éste ignora los hechos y premisas básicas” (pp. 57-58, énfasis en el original).

Lo mismo ocurre con los nombres de los partidos políticos de la Hermandad Musulmana. En Egipto existe el Partido por la Libertad y la Justicia, equivalente al Partido por la Justicia y el Desarrollo de Turquía. Y aunque tales nombres impresionan favorablemente a los partidarios occidentales de la democracia, para los islámicos significan algo muy distinto.

Para ellos, la “libertad” solo se encuentra sometiéndose al autoritarismo del islam, y  “justicia” se refiere a todo el sistema de la sharia. Uno de los folletos más exitosos de Sayyid Qutb, antiguo líder de la Hermandad Musulmana, se titula Justicia Social en el Islam. De manera similar, el partido de la Hermandad Musulmana en Túnez se llama Ennahda, o Renacimiento, refiriéndose a un gobierno global del islam sobre la sociedad.

La filosofía del nuevo presidente de Egipto

Las declaraciones y acciones del nuevo presidente de Egipto, Mohamed Morsi, dejan muy en claro que la agenda de la Hermandad Musulmana no ha sido diluida. Él juró que la Constitución bajo su gobierno sería: “La sharia, después la sharia, y finalmente, la sharia”. Y cumplió cabalmente su juramento.

Además de cumplir su compromiso de presionar a los Estados Unidos para que libere al jeque ciego (Omar Abdel-Rahman, el líder espiritual que instigó el bombardeo al Centro de Comercio Mundial en 1993) y también a otros terroristas, Morsi liberó a cientos de prisioneros políticos en Egipto, incluyendo a decenas de líderes terroristas.

A todo esto se agrega el conflicto con Israel. Antes de llegar a ser presidente, en una entrevista en video publicada en el sitio de Internet de la Hermandad Musulmana (Ikhwan Tube), el 23 de sept. de 2010, Morsi se refirió a las negociaciones israelíes y palestinas como a “una pérdida de tiempo”, declarando: “Uno, o acepta a los sionistas y todo lo que ellos quieren, o hay guerra. Esto es lo que los ocupantes de la tierra de Palestina saben: estas sanguijuelas, que atacan a los palestinos, estos pendencieros, descendientes de monos y cerdos . . . Deberíamos emplear todo tipo de resistencia contra ellos.

“Debería haber resistencia militar dentro de la tierra de Palestina en contra de estos criminales sionistas . . . [Y] esta debería ser la táctica de los musulmanes y árabes fuera de Palestina. Ellos deberían apoyar a los combatientes de la resistencia dondequiera que se encuentren . . . Todos debemos darnos cuenta de que la resistencia es el único camino para liberar la tierra de Palestina” (publicado el 4 de enero de 2013 en el sitio web del Instituto de Investigaciones de Medios de Comunicación del Medio Oriente [MEMRI, por sus siglas en inglés]).

Más tarde, y mientras se postulaba como presidente, Morsi y otros líderes de la Hermandad asintieron con la cabeza durante una manifestación en la cual Safwat Hegazy, el mismo predicador que amenazó a los cristianos coptos, dijo ante miles de personas: “Ahora podemos ver cómo se está materializando el sueño del califato, [Alá] mediante, gracias al Dr. Mohamed Morsi . . . La capital del califato, la capital de los Estados Unidos de los Árabes, será Jerusalén, [Alá] mediante”.

Cuando subió al estrado, Morsi afirmó: “Jerusalén es nuestra meta. Oraremos en Jerusalén, o moriremos como mártires en su umbral” (“Egypt Islamist Vows Global Caliphate in Jerusalem” [Islamista egipcio jura que habrá un califato mundial en Jerusalén] The Jerusalem Post, mayo 8, 2012).

A pesar de todo esto, algunos todavía sostienen que Morsi gobernará como moderado. Pero, ¿por qué deberíamos esperar algo así? Eric Tragger escribe en The New Republic (La nueva república): “La biografía política de Morsi sugiere que él no transige. Antes de las insurrecciones [de 2011] y su consiguiente ascenso al poder como el primer presidente civil de Egipto, Morsi era el jefe interno y encargado de hacer cumplir las reglas en la Oficina de Guía, y desde allí condujo a la organización en una dirección ideológicamente mucho más dura, mientras eliminaba de la Hermandad a todos los individuos que se oponían a su enfoque” (“Why Won’t Morsi Back Down? Read His Resume” [¿Por qué no cederá Morsi? Lea su currículum vitae], nov. 30, 2012).

La Biblia pregunta en Jeremías 13:23: “¿Mudará . . . el leopardo sus manchas?” No debemos esperar que las personas cambien radicalmente lo que esencialmente son, al menos no sin una genuina conversión.

Funesto pronóstico para los días que se avecinan

¿Dónde está la tibieza de la primavera en todo esto? Sí, indudablemente hay muchos millones de personas en esta región que están emocionadísimas con lo que ha sucedido, especialmente aquellas que quieren ver al mundo dominado por el islam y sometido bajo la ley sharia. Pero, ¿qué pasa con quienes abogan genuinamente por una verdadera libertad en la región? Bueno, ellos no están tan contentos.

Debemos reiterar y destacar que no ha habido una primavera árabe, sino que únicamente un crudísimo invierno que está enfriándose cada vez más. Egipto es el líder del mundo árabe, y la abrumadora evidencia muestra que su rumbo es ahora decididamente islámico. De hecho, tanto esta nación como los estados musulmanes a lo largo de esta región parecen estar marchando incesantemente para revivir el califato islámico.

Desde luego, hay mucho más que se podría decir respecto a estos acontecimientos. El sendero que ha emprendido Egipto ha sido recorrido también por otras naciones. ¿Qué indica esto acerca del futuro inmediato de Egipto? ¿Hay en realidad un califato en desarrollo? ¿Y qué dice la Biblia que pasará? 

Para continuar este estudio, lea los artículos Israel: Una nación en constante peligro y La rencilla familiar del Medio Oriente.  

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