La promesa de la resurrección

Aunque sabemos que tarde o temprano todos tendremos que morir, Dios tiene planeado algo muchísimo más grande que esta existencia física.

El tema del primer capítulo fue el milagro de la vida, y en el segundo analizamos la muerte. Hemos aprendido que somos mortales, que nuestra vida es temporal. Ahora vamos a detenernos para examinar lo que vendrá después de la muerte. Aunque sabemos que tarde o temprano todos tendremos que morir, Dios tiene planeado algo muchísimo más grande que esta existencia física.

Hace muchos años Job también se preguntó lo mismo que nosotros nos preguntamos: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” (Job 14:14). Ahí mismo Job dio la respuesta: “Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación. Entonces llamarás, y yo te responderé . . .” (vers. 14-15).

Cuando una persona muere, queda totalmente inconsciente hasta que Dios la llame y la saque del sepulcro, restaurándole la vida. Como veremos un poco más adelante, algunos experimentarán una transformación aún más asombrosa que la resurrección de los muertos.

¿Qué nos dice la Biblia acerca del milagro de la resurrección? ¿Cuándo ocurrirá, y qué sucederá en ese momento? ¿Seremos resucitados en carne y hueso o tendremos una vida distinta?

Para responder a estos interrogantes tenemos que llegar hasta el meollo mismo de nuestra existencia. A medida que estudiemos las Escrituras nos sentiremos animados e inspirados por el plan que Dios tiene para darnos vida después de la muerte.

Lo que Dios nos ha prometido

De la misma forma en que Job habló acerca de su futura “liberación”, el apóstol Pablo también habló acerca de la resurrección de los muertos y lo que pasará con aquellos que estén vivos cuando Jesucristo regrese.

Para recibir el don de la vida eterna es necesario que primero experimentemos una transformación. Los muertos en Cristo serán resucitados a una existencia incorruptible y aquellos que todavía estén vivos cuando Jesucristo regrese serán transformados de una existencia física a una condición incorruptible. El apóstol Pablo describió muy bien este portentoso acontecimiento: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:51-52).

Los que han muerto se encuentran inconscientes, como si estuvieran durmiendo, esperando el momento en que salgan de sus tumbas y resuciten a una nueva vida. Cuando resuciten, el período transcurrido a partir del último momento que tuvieron conciencia hasta el momento de su resurrección les parecerá un instante, como si acabaran de despertarse.

Pablo explicó claramente cómo ocurrirá la resurrección en el momento en que Jesucristo regrese a la tierra: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesucristo murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:13-17).

Al regreso de Cristo dos grupos serán resucitados

En ambos pasajes Pablo mencionó dos grupos diferentes de personas que participarán en esta resurrección: aquellos que estén muertos y aquellos que estén vivos al momento del regreso de Cristo. A pesar de que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27), algunos estarán vivos cuando Cristo regrese. ¿Qué ocurrirá con los seguidores fieles de Jesucristo que estén vivos en ese momento?

Cuando Cristo regrese, estas personas serán milagrosa e instantáneamente transformadas en espíritus incorruptibles y heredarán la vida eterna. Pablo habló acerca de esta transformación: “Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal [de carne y hueso], resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual . . . Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” (1 Corintios 15:42-44, 49-50).

Al final de nuestra vida física, una existencia temporal y mortal, nos espera la muerte. Después vendrá la resurrección en la que todos seremos cambiados, porque como lo declaró el apóstol Pablo: “La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios”. En esta resurrección, todos los que sean “de Cristo” —aquellos que hayan sido llamados, se hayan arrepentido y sido bautizados, y hayan permitido que Dios los guiara— serán transformados en seres espirituales, con vida eterna y glorificados de la misma forma que Jesucristo ha sido glorificado (Romanos 8:16-17; 1 Juan 3:2).

¿Qué ocurrirá después de la resurrección?

En 1 Tesalonicenses 4:13-17 encontramos descrito el regreso triunfante de Jesucristo a la tierra. Anunciado por la voz del arcángel y el toque de la trompeta, Dios resucitará a los muertos en Cristo y les dará vida eterna; aquellos que estén vivos serán transformados de mortales a inmortales y ascenderán a las nubes (es decir, en la atmósfera de la tierra, según lo podemos comprobar en Daniel 7:13) para encontrarse con él.

Las Escrituras nos aclaran que aquellos que se reúnan con Jesucristo en las nubes no van a permanecer para siempre allí, sino que descenderán a la tierra cuando él descienda para tomar el mando y gobernar sobre todas las naciones (Daniel 2:44; 7:13-18; Zacarías 14:1-4; Hechos 15:15-17; Apocalipsis 11:15; 19:15).

Los santos resucitados gobernarán con Cristo en su reino: “Has hecho de ellos un reino y sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra” (Apocalipsis 5:10, Nueva Versión Internacional). (Si desea más información al respecto, puede solicitar nuestro folleto titulado El evangelio del Reino de Dios. Se lo enviaremos gratuitamente y sin compromiso alguno de su parte.)

¿Quiénes serán resucitados?

Respecto al tema de la resurrección hay otro detalle importante que debemos analizar. Algunos serán resucitados para recibir la vida eterna, pero otros serán resucitados para el juicio venidero. Jesús mismo habló acerca de esta diferencia: “No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio” (Juan 5:28-29, Biblia de Jerusalén).

Dios nos ha dado esta vida temporal, mortal, con el fin de prepararnos para la vida eterna. La promesa y la esperanza de la resurrección es inspiradora y fascinante. Pero cuando sabemos que también habrá una resurrección para el juicio, esto nos da un motivo para detenernos a pensar. ¿Por qué algunas personas serán resucitadas a la vida y otras serán resucitadas para el juicio?

La resurrección de vida será por medio de Jesucristo

El apóstol Pedro dijo muy claramente delante de los dirigentes religiosos que Jesucristo era el único camino hacia la salvación (Hechos 4:12). Por su parte, Pablo señaló que nosotros podremos ser resucitados solamente porque Dios resucitó primero a Jesucristo. Si él no resucitó, no tenemos ninguna esperanza (1 Corintios 15:12-19).

Jesucristo nos prometió: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25). En Juan 3:16, uno de los pasajes más conocidos de la Biblia, podemos leer: “. . . para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Nosotros podemos recibir la vida eterna únicamente por medio de Jesucristo. Esta es la verdad. Sin embargo, si decimos que creemos en él, ¿qué obligaciones asumimos y cómo podemos demostrar nuestra fe?

Jesús dijo que sus discípulos deberían estar dispuestos a buscar el Reino de Dios y su justicia por encima de todo lo demás en sus vidas (Lucas 14:25-33; Mateo 6:33; 13:44-46). En nuestra sociedad la mayoría ha adoptado conceptos erróneos y sigue el “camino que al hombre le parece derecho” (Proverbios 14:12; Mateo 6:19-20; 7:13-14), pero la realidad es que hay solamente un camino correcto y sólo un Salvador.

Poco después de la muerte y resurrección de Jesús, el apóstol Pedro exhortó a todos los creyentes en Cristo a que se arrepintieran y fueran bautizados para que pudieran recibir el Espíritu Santo (Hechos 2:38). El arrepentimiento es el reconocimiento sincero, desde lo más profundo de nuestro corazón, de nuestros pecados y nuestra imperfección. Es también nuestra decisión de abandonar para siempre nuestra antigua forma de vivir y comenzar una nueva vida en Cristo. El bautismo, que simboliza la muerte de nuestro antiguo modo de ser, demuestra nuestra firme resolución de seguir a Jesucristo (Romanos 6:1-6). (Si desea más información sobre los temas del arrepentimiento y el bautismo, solicite a nuestra dirección más cercana a su domicilio el folleto titulado El camino hacia la vida eterna. Se lo enviaremos sin costo alguno para usted.)

Muchos pasajes de la Escritura nos indican la clase de acciones que debemos tener para demostrar nuestra creencia en Jesús. En los capítulos 3 y 4 de Colosenses podemos ver claramente cuán serio y profundo debe ser nuestro compromiso. Debemos permitir que Dios cambie nuestra naturaleza carnal y debemos aprender a imitar a Jesucristo en todo lo que hacemos. Si realmente nos rendimos y nos sometemos a Dios, Jesucristo vivirá en nosotros mediante el poder de su santo Espíritu (Gálatas 2:20; Colosenses 1:27).

Sabemos que la recompensa que recibiremos dependerá de la forma en que ahora vivamos. Dios dará “vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo . . . pero gloria, honra y paz a todo el que hace lo bueno . . .” (Romanos 2:6-10).

Habrá más de una resurrección

Al estudiar las Escrituras nos damos cuenta de una característica particular de la resurrección: los muertos resucitarán siguiendo una secuencia, en un orden determinado, de acuerdo con un plan. No resucitarán todos simultáneamente. “Ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida” (1 Corintios 15:20-23).

El apóstol Pablo nos explica que para ser resucitados a la vida eterna es necesario que tengamos el Espíritu Santo: “Si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11).

La resurrección que estamos describiendo ocurrirá al retorno de Jesús e incluirá a todos “los que son de Cristo” (1 Corintios 15:23), también llamados “los muertos en Cristo” (1 Tesalonicenses 4:16). Serán aquellos que hayan entendido que la salvación sólo viene por medio de Jesucristo y hayan mostrado su creencia y su fe mediante el compromiso del arrepentimiento, el bautismo y la obediencia a Dios; serán los que hayan sido guiados por el Espíritu de Dios (Romanos 8:14). Como ya lo hemos estudiado, al regreso de Cristo estas personas serán transformadas en seres espirituales y heredarán la vida eterna (1 Corintios 15:50-53).

Los otros muertos

En este punto tal vez tengamos una inquietud. ¿Qué pasará con todas aquellas personas que hayan muerto sin haber tenido la oportunidad de entender todo esto y que por consiguiente no hayan hecho este compromiso? ¿Son estas personas las que serán resucitadas para el juicio?

¿Qué hay acerca de los niños y jóvenes que hayan muerto mucho antes de poder entender y de tener la madurez suficiente para recibir el Espíritu Santo y buscar el Reino de Dios? ¿Qué será de las personas que hayan vivido y muerto en países en donde jamás escucharon el nombre de Jesucristo y muchísimo menos hayan establecido alguna relación o compromiso con él? ¿Qué sucederá con las personas que tienen altos principios morales, pero que no tienen ninguna clase de convicción religiosa?

¿Qué ocurrirá con todos ellos y en qué momento? ¿Serán tratados con justicia y equidad? ¿Es justo Dios? ¿Les dará a todos los seres humanos la misma oportunidad de ser salvos, o acaso Dios hace acepción de personas y únicamente ofrecerá la vida eterna a unos cuantos?

La primera resurrección

“Los que son de Cristo, en su venida” (1 Corintios 15:23) habrán rechazado las engañosas enseñanzas de las religiones falsas, y algunos de ellos habrán sufrido el martirio por su fidelidad a Dios. Veamos lo que el apóstol Juan escribió acerca de la primera resurrección: “Vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección . . .” (Apocalipsis 20:4-6).

Es claro que algunos no volverán a vivir hasta después de los mil años del reinado de Cristo. La primera resurrección es la de aquellos que recibirán la vida eterna antes de ese período, en el momento en que Jesucristo regrese. Según este pasaje, los otros no volverán a vivir hasta mil años después. Si habría de ocurrir solamente una resurrección, Juan se hubiera referido simplemente a la resurrección. El hecho de que sea llamada la primera resurrección nos indica que cuando menos habrá una resurrección más.

Resumen

Hemos aprendido del libro de más autoridad, la Biblia, que cuando Jesucristo regrese resucitará a aquellos que hayan muerto en la fe y les dará el regalo increíble de la vida eterna. En esta resurrección tomarán parte únicamente aquellos que sean de Cristo.

En 1 Timoteo 2:3-4 se nos dice que “Dios nuestro Salvador . . . quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad”. Para hacer esto posible, el plan de Dios tiene otra etapa que todavía no hemos explicado. No debemos olvidar que existen millones de personas que han vivido y han muerto sin tener el conocimiento de la verdad de Dios. ¿Es demasiado tarde para ellos?

Esto nos trae a uno de los aspectos más fascinantes del plan de Dios: lo que él tiene reservado para “los otros muertos” (Apocalipsis 20:5).

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