¿Creación o evolución? La verdad bíblica

En los capítulos anteriores analizamos las deficiencias de la teoría de la evolución como explicación de la desconcertante complejidad de las formas de vida que nos rodean.

En los capítulos anteriores analizamos las deficiencias de la teoría de la evolución como explicación de la desconcertante complejidad de las formas de vida que nos rodean. Ahora buscaremos en la Biblia lo que Dios nos dice acerca de su creación.

Hay algo muy importante que debemos tener presente: que Dios no siempre nos explica todo lo que hay que saber acerca de un tema en un solo pasaje de la Biblia. Su Palabra no está organizada de manera que en un solo versículo o capítulo podamos leer toda la revelación que quiere darnos acerca de determinado asunto.

En realidad, Dios no nos revela todas sus verdades de un golpe. Aunque en ocasiones encontramos en alguna parte de las Escrituras un amplio bosquejo sobre algún tema, el hecho es que luego en otros pasajes se nos dan más pormenores. La Biblia misma alude a este principio al decirnos que “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo . . .” (Hebreos 1:1-2).

El origen de la revelación

Los profetas del Antiguo Testamento no siempre entendieron el significado de las profecías que escribieron bajo la inspiración de Dios (Daniel 12:8-9). Aunque Dios les reveló ciertas cosas, su conocimiento era incompleto.

“Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles” (1 Pedro 1:10-12).

Obviamente, los profetas poseían información limitada sobre las verdades eternas que les eran reveladas. Esto se aplica también al relato de la creación en el primer capítulo del Génesis. Muchos de los que leen la Biblia, erróneamente piensan que en ese capítulo se encuentra todo lo que la Biblia tiene que decir acerca de la creación. Pero la verdad es que más adelante, en otros pasajes, se nos dan más detalles que aclaran el relato de Génesis 1.

Por ejemplo, al leer Génesis 1:1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”, podemos pensar que este versículo habla del comienzo de todas las cosas. Pero más adelante Dios nos revela otros acontecimientos y condiciones previos.

El apóstol Juan, autor de uno de los cuatro evangelios, escribió bajo inspiración de Dios: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:1-3).

Aquí se nos dice que, antes de la creación de los cielos y la tierra de que se nos habla en Génesis 1, el Verbo ya estaba con Dios y que Dios hizo todo por medio del Verbo. Nada de esto se menciona en el relato del Génesis, pero estos detalles nos ayudan a entender quién era Dios en el principio y al tiempo de la creación de nuestro planeta. Juan nos proporciona más información, la cual nos ayuda a entender un poco mejor qué fue lo que aconteció “en el principio” en Génesis 1. (Si desea estudiar más a fondo qué y quién es Dios, y cómo la creación prueba su existencia, no vacile en solicitar nuestro folleto El supremo interrogante: ¿Existe Dios?)

Igualmente, en Génesis 1:2 se nos hace ver que “la tierra estaba desordenada y vacía”. Esta vaga descripción no nos da ninguna explicación acerca de por qué se encontraba nuestro planeta en esa condición; sin embargo, en otras partes Dios nos revela más detalles. Debemos, pues, analizar todos los pasajes relacionados con un tema a fin de que podamos entenderlo más ampliamente.

Por ejemplo, en otro pasaje Dios nos revela que ya existían ángeles cuando él creó la tierra. El Génesis no habla de esto, pero es una verdad importante. Esta información la encontramos en el libro de Job, al leer la pregunta que Dios le hizo: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? . . . ¿O quién puso su piedra angular, cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?” (Job 38:4, 6-7). Las “estrellas del alba” y los “hijos de Dios” —seres angélicos— se llenaron de júbilo al ver que milagrosamente de la nada surgió nuestro planeta.

La rebelión de algunos ángeles

Una clave para entender por qué la tierra estaba “desordenada y vacía” tiene que ver con lo que hicieron algunos de los ángeles. Nada de esto se menciona en el Génesis, pero más adelante se nos dice que había un gran ángel, Lucero, quien se rebeló contra su Creador. “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Isaías 14:12-14).

En este pasaje Dios nos hace saber que Lucero tenía un trono, lo que representa un puesto de liderazgo y dominio. Se sublevó con la intención de derrocar a Dios, pero fue cortado “por tierra” (v. 12).

¿Dónde se encontraba el trono de Lucero? Jesucristo, quien como vimos antes era el “Verbo” que estaba con Dios al tiempo de la creación, nos da más detalles: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo” (Lucas 10:18). Lucero se convirtió en Satanás, nombre que significa “adversario”, y fue arrojado del cielo a la tierra.

En la Biblia se nos dice que Satanás conserva aún su autoridad sobre este planeta. Leamos lo que en cierta ocasión éste le dijo a Jesús: “Le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy” (Lucas 4:5-6).

Jesús rechazó la tentación, pero no negó la afirmación que Satanás hizo de su autoridad, la cual aún conserva, como podemos ver en otras partes de la Biblia. Incluso se le llama “el dios de este mundo” (2 Corintios 4:4, Nueva Versión Internacional).

No debe extrañarnos, pues, que Satanás se haya hecho presente poco después de que Dios creó a Adán y a Eva. La tierra era, y sigue siendo, su dominio. Había sido lanzado a la tierra antes de que el hombre fuera creado. Como se puede ver en el relato de la tentación de Jesús, Satanás (originalmente Lucero) había recibido potestad sobre este mundo. Luego se rebeló contra Dios y fue arrojado a la tierra, tal como Jesús lo afirmó.

Este mundo es el dominio de Satanás. En el libro de Job podemos leer lo que en cierta ocasión Dios le preguntó a Satanás: “¿De dónde vienes?”, y la respuesta del diablo fue: “De rodear la tierra y de andar por ella” (Job 1:7).

Desordenada y vacía

El Génesis no nos da pormenores de lo maravillosamente impresionante que fue la primera fase de la creación, la que se efectuó mucho antes de que Adán y Eva fueran creados, y por la cual los ángeles se regocijaron. No se nos dice cómo fue que la tierra llegó a estar “desordenada y vacía”.

No obstante, al leer Isaías 45:18 podemos ver que originalmente la tierra no fue creada en esa condición: “Así dijo el Eterno, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy el Eterno, y no hay otro”.

La expresión en vano en este versículo procede del mismo vocablo que en Génesis 1:2 fue traducido por “desordenada”. Sin embargo, aquí Dios, por medio del profeta Isaías, nos dice que originalmente no la creó así. Otros pasajes, como Isaías 34:11 y Jeremías 4:23, nos hablan de condiciones semejantes empleando los mismos vocablos que en Génesis 1:2 fueron traducidos por “desordenada y vacía”. No hay duda de que estas palabras afirman que la faz de la tierra era un yermo inhóspito.

En el relato del Génesis no se nos dan los pormenores, pero en otras partes de la Biblia podemos encontrar más información al respecto. En algunos pasajes se nos habla de la rebelión de Satanás; se menciona su atentado contra Dios y que, como resultado de una tremenda guerra sobrenatural, fue derribado hasta la tierra nuevamente.

En Apocalipsis 12:7-9 podemos ver lo que parece ser una situación análoga en la cual Satanás intentará destronar a Dios poco tiempo antes del retorno de Jesucristo: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él”.

No obstante, Dios le ha permitido a Satanás conservar la autoridad sobre el mundo actual. Satanás incluso le ofreció a Jesucristo el gobierno del mundo si se sometía a él.

Cuando analizamos cuidadosamente todos los pasajes relacionados con este tema, podemos encontrar mucha información que aclara y explica el relato del libro del Génesis.

La renovación de la tierra

Veamos ahora otra parte de las Escrituras en la que Dios inspiró al rey David para que entendiera más acerca de la creación: “¡Cuán innumerables son tus obras, oh Eterno! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios . . . Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra” (Salmos 104:24, 30).

Cuando llegó el momento en que Dios iba a crear todas las formas de vida que ahora nos rodean, la tierra necesitaba ser renovada. ¿Qué es entonces lo que nos muestra el testimonio de los fósiles? Nos muestra una serie de seres fosilizados en diferentes capas de la corteza terrestre. El hombre como lo conocemos, hecho a la imagen de Dios con grandes facultades mentales y espirituales, tiene una historia escrita de sólo un poco más de 5.000 años.

Este es sólo un breve lapso en comparación con la edad de nuestro planeta y las estrellas, como lo han demostrado la radiactividad y otros hallazgos científicos. En un tiempo relativamente muy corto, el hombre pudo construir pirámides que hasta hoy no han podido ser igualadas. Ha sido capaz de viajar a la luna y enviar naves espaciales para explorar las profundidades de nuestro sistema solar. Tales logros nos muestran la inmensa diferencia en la tierra antes y después de Adán.

¿Cuánto tiempo existieron los ángeles antes de que Adán fuera creado? ¿Cuánto tiempo le llevó a Lucero convencer a la tercera parte de los ángeles para que lo siguieran en su rebelión? (Apocalipsis 12:4). Recordemos que los ángeles son seres espirituales a quienes no les afecta el correr del tiempo (Lucas 20:36). Cualquiera que haya sido la duración de ese período, quizá millones o miles de millones de años, los ángeles fueron creados y vivieron antes de la creación de Adán y Eva y de la renovación de la tierra que se describen en el Génesis.

¿Por qué creó Dios a los ángeles? “¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” (Hebreos 1:14). Dios “no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando” (Hebreos 2:5). Dios creó a los ángeles para que sirvieran a la humanidad. Está llevando a cabo su plan de salvación, y toda la creación espera el glorioso momento en que la humanidad heredará lo que él planeó darle desde el principio.

El apóstol Pablo declaró: “Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Romanos 8:18-21). (Si usted desea más información sobre este tema, puede solicitar a cualquiera de nuestras direcciones dos folletos gratuitos: Nuestro asombroso potencial humano y El evangelio del Reino de Dios.)

La explicación de la Biblia

¿Da la Biblia alguna explicación que comprenda los fósiles, la antigüedad de nuestro planeta y la creación del hombre? Desde luego. No sabemos todos los pormenores de lo que sucedió antes de que el hombre fuera creado, pero Jesucristo nos asegura que “no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz” cuando él regrese (Marcos 4:22).

Es en la Palabra de Dios donde debemos buscar respuestas confiables, no en el laberinto de ideas confusas que es la teoría de la evolución. Ahí es donde podemos encontrar —directamente de aquel que nos creó— la verdad acerca del origen del hombre.

El siguiente resumen lo expresa muy bien: “El libro del Génesis ha resistido el escrutinio de la geología y la arqueología modernas. Por otra parte, la física del siglo xx describe el principio del universo virtualmente en los mismos términos cosmológicos como lo hace el Génesis. El espacio, el tiempo y la materia brotaron de la nada en un solo estallido de luz, completamente favorables a la vida cuya base es el carbono. Un número creciente de químicos y biólogos están de acuerdo en que la vida tuvo su origen en plantillas de arcilla (ver Génesis 2:7) . . . Todo esto es un curioso vuelco para los darvinistas” (Reader’s Digest, mayo de 1991, p. 31).

Pero tales cosas no son un “curioso vuelco” para quienes creen fielmente, como Jesús creyó, en “toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Ellos saben que tales verdades han estado consignadas en la Biblia desde hace miles de años para toda la humanidad.

La Biblia nos revela las verdaderas normas de moralidad. Es en ella donde podemos descubrir nuestra única y verdadera fuente de salvación. Y, quizá más que todo, es en la Biblia donde debemos fundamentar la razón de nuestra creencia en el invisible Dios creador. Entonces no tendremos por qué dudar del verdadero origen de las especies mencionado en la historia de la creación, ese libro que es la base sólida del conocimiento de los orígenes, el Génesis. 

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