¿Qué es el Reino de Dios?

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¿Qué es el Reino de Dios?

Es muy asombroso que de los dos mil millones de personas que se identifican como cristianas en el mundo, muy pocas reflexionen sobre el concepto del Reino de Dios, y que aún menos tengan siquiera una remota idea de lo que realmente es. Esto es increíble, porque de acuerdo al fundador de la fe cristiana, Jesucristo, el Reino de Dios debería ser la prioridad número uno para todo cristiano.  Él nos exhortó: “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33).

Jesús habló del Reino en muchas parábolas muy instructivas, explicando que no hay nada que lo supere en valor e importancia (vea Mateo 13:44-45). Este Reino fue el tema medular —las buenas nuevas— de su predicación (Marcos 1:14-15).

En su oración modelo, Jesucristo enseñó que debemos expresarle a Dios este ferviente deseo: “Venga tu reino” (Mateo 6:10, énfasis agregado en todo este artículo).

¿Qué es, entonces, el Reino de Dios, y dónde se encuentra? ¿O será que vendrá en el futuro? Y, por último, ¿por qué es tan importante?

¿Cielo, o esperanza para el tiempo del fin?

Uno de los términos que provoca confusión es “reino de los cielos”, que se encuentra repetidas veces en el evangelio de Mateo. Algunos han interpretado esta frase como una alusión a irse al cielo después de la muerte, un malentendido muy común, pero erróneo (solicite o descargue de nuestra página de Internet nuestro folleto gratuito ¿Qué sucede después de la muerte?).

Algunos mensajes paralelos en Marcos y Lucas usan el término “reino de Dios”. Por lo tanto, ambos términos son sinónimos. Mateo les estaba escribiendo principalmente a los judíos, quienes por lo general evitaban decir directamente el nombre de Dios como muestra de respeto. En vista de ello, Mateo sustituyó la frase “reino de Dios” y escribió “reino de los cielos”, lo que simplemente se refiere al lugar donde Dios mora.

Ya en la antigüedad, los profetas bíblicos se referían a la monarquía de Dios y también a su reinado sobre el cielo y la Tierra, además de su eventual gobierno sobre todas las naciones del mundo. Muchos judíos del primer siglo, como José de Arimatea, quien “esperaba el reino de Dios” (Marcos 15:43), anticipaban su llegada en un tiempo futuro.

Muchos judíos de ese entonces ansiaban un derrocamiento militar de sus gobernadores romanos y el establecimiento de un reino israelita independiente y restaurado por un Mesías enviado de Dios. Según su interpretación de la profecía bíblica, este reino terrenal subyugaría a todos sus enemigos al concluir esta era, y se impondría soberanamente en una gloriosa época que aún estaba por venir. Para algunos, esto era sinónimo del tiempo del juicio divino y la resurrección de los muertos.

¿Aceptación personal y la Iglesia?

Sin embargo, algunos empezaron a enfocarse en el Reino en un sentido más personal, y con el paso del tiempo, la interpretación rabínica cambió su significado. Ahora quería decir “aceptar a Dios como el Rey de uno”. Este hecho, agregado a algunas declaraciones de Jesucristo, que en ciertos casos han sido traducidas como “el reino de Dios está entre vosotros” (Lucas 17:21), ha llevado a muchos a concluir que cuando Jesús usó la frase “Reino de Dios”, se refería fundamentalmente a la aceptación interna y la sumisión personal a Dios como Soberano durante nuestras vidas físicas.

Más aún, esta noción ha llevado a muchos a la conclusión de que la Iglesia —el cuerpo colectivo de verdaderos creyentes cristianos— es el Reino. Desde este punto de vista, el Reino de Dios ya ha venido. Y a medida que más y más personas se van incorporando a la Iglesia, razonan ellos, el Reino de Dios sigue propagándose aquí en la Tierra.

Muchos han ido incluso más lejos para proclamar la responsabilidad de la Iglesia de hacerse cargo del mundo actual y establecer un gobierno bíblico universal, es decir, el Reino de Dios. Algunos han llegado a proponer una conquista militar, mientras otros se imaginan una toma de poder mediante un proceso político. Estas ideas son diametralmente opuestas a las enseñanzas de Jesús respecto al Reino.

No obstante, al hacer un análisis más acucioso nos daremos cuenta de que Jesús efectivamente habló del Reino de Dios como un gobierno de verdad, que se establecería en la Tierra en un tiempo futuro—aunque él también afirmó claramente que este Reino sería mucho más que eso.

Definición de reino, y el Rey de la creación

Cuando tratamos de definir lo que es el Reino de Dios, es lógico empezar con la definición de la palabra reino. El término se refiere ya sea al reino o gobierno de un monarca o a la esfera de su reinado—su campo de influencia.

En ambos casos, hay cuatro elementos: 1) el gobernador mismo; 2) el ámbito sobre el cual gobierna el monarca; 3) los súbditos dentro de ese ámbito; y 4) un sistema de leyes y gobierno por el cual se administra el reino. Así, la terminología “Reino de Dios” debe referirse esencialmente al sistema de gobierno o al gobierno de Dios.

Según esta definición, el Reino existe ahora, ya que el Creador Dios es soberano sobre toda la creación, y todos deben someterse a él por ley. “El Eterno reina”, proclaman los Salmos (93:1; 96:10; 97:1; 99:1). Sin embargo, las Escrituras también anticipan una época futura cuando el gobierno de Dios será aceptado universalmente, lo que no sucede en la actualidad.

El actual gobernador de este mundo

Antes de la creación del hombre, se produjo una gran rebelión en contra de Dios protagonizada por un tercio de las huestes angelicales bajo el liderazgo de un arcángel que ahora se conoce como Satanás, nombre que significa adversario. Satanás fue arrojado a la Tierra junto a sus cómplices, que ahora se conocen como demonios (vea Lucas 10:18; Apocalipsis 12:4). Y actualmente, todos ellos tienen influencia y poder sobre la Tierra.

La Escritura nos dice que Satanás engaña al mundo entero (Apocalipsis 12:9) y “transmite” espiritualmente sus actitudes y conductas equivocadas a una humanidad receptiva (vea Efesios 2:2). Jesús lo llamó “el príncipe de este mundo” (Juan 12:31; 14:30; 16:11) y reconoció que él tiene un “reino” (Mateo 12:26; Lucas 11:18). Posteriormente, Pablo lo llamó “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4).

Así, el mundo presente es en realidad el reino de Satanás. No obstante, Dios lo ha permitido para que la humanidad aprenda las lecciones de escoger el camino equivocado y lo que significa estar apartado de nuestro Creador.

Dios tiene poder absoluto sobre su creación (vea Salmos 29:10; 89:9; Job 38:8, 11). Y a veces, él interviene para dirigir el curso de las naciones de acuerdo a su plan profetizado (vea Daniel 2:20-21; 4:17, 32, 34-37). Pero gran parte de lo que sucede en los asuntos a nivel individual y nacional, y especialmente en el corazón humano, que es “engañoso . . . más que todas las cosas” (Jeremías 17:9), se debe a la poderosa influencia del demonio.

Dios, el Rey de Israel

Desde los tiempos de Moisés hasta el establecimiento de la monarquía bajo el rey Saúl, Dios mismo gobernaba a su pueblo mediante un sistema de jueces y sacerdotes. El juez y profeta Samuel describió ese tiempo a los israelitas como un periodo en que “el Eterno vuestro Dios era vuestro rey” (1 Samuel 12:12). Así que, en cierto sentido, la nación de Israel era el Reino de Dios en la Tierra en aquel entonces. 

Pero los corazones del pueblo todavía estaban profundamente influenciados por el rey de este mundo, Satanás el demonio. Y rechazaron el gobierno directo de Dios en favor de un monarca humano, como muchas de las naciones que los rodeaban (1 Samuel 8:7).

Aun así, el rey humano tenía el deber de representar a Dios y hasta de sentarse “en el trono del Eterno” (1 Crónicas 29:23). Sin embargo, la mayoría de los reyes israelitas fueron líderes perversos y hasta los más justos fueron incapaces de obedecer y representar plenamente a Dios.

Gran parte de la lección del antiguo Israel y su monarquía revela que aunque una nación y sus líderes tengan las leyes y la divina presencia de Dios en medio de ellos, esto no es suficiente para guiar a la gente a la utopía que la humanidad tan desesperadamente ansía. Para ello, se necesita que un cambio milagroso ocurra en el corazón humano. Y el enemigo de Dios y del hombre debe ser eliminado del panorama.

Pero tenga la certeza de que ese día es inminente. El plan de Dios siempre ha sido el de establecer su Reino sobre todas las naciones, pero solo después de que tanto sus líderes como la gente común y corriente experimenten un cambio de corazón para ser un buen ejemplo al resto del mundo.

El Mesías –Cristo– reinará desde el trono de David

Muchas profecías predijeron que un futuro Rey, del linaje del rey David de Israel, conocido como el Mesías o Cristo, gobernaría y dirigiría al mundo. 

Como escribió el profeta Isaías: “Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Se extenderán su soberanía y su paz, y no tendrán fin. Gobernará sobre el trono de David y sobre su reino, para establecerlo y sostenerlo con justicia y rectitud desde ahora y para siempre. Esto lo llevará a cabo el celo del SEÑOR Todopoderoso” (Isaías 9:6-7, Nueva Versión Internacional). 

De igual manera, el arcángel Gabriel le anunció a María, justo antes de que ella concibiera a Jesús: “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;  y reinará sobre la casa de Jacob [Israel] para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:32-33). 

Esto está claramente hablando de un trono verdadero, una dinastía verdadera, un reino de verdad—el reino israelita de Dios, que se convertirá en el Reino soberano de todo el mundo.

Cuando el gobernador Poncio Pilato le preguntó a Jesús durante su juicio si él era rey, Jesús le respondió: “Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad” (Juan 18:37). Jesús no estaba hablando de un liderazgo simbólico y sentimental sobre los seres humanos. Como muchos pasajes afirman, ¡él se estaba refiriendo a un reacondicionamiento completo del orden mundial mediante el establecimiento de su reinado sobre todas las naciones!

Cuando venga el Reino de Dios, los gobiernos humanos serán eliminados

En tiempos antiguos, Israel frecuentemente cayó bajo el dominio de reinos gentiles influenciados por Satanás. Sin embargo, la profecía vaticinó que una serie de grandes imperios gentiles sería reemplazada por otro reino, el Reino de Dios. 

Como se registra en Daniel 2, Dios le dio al emperador babilónico Nabucodonosor un vívido sueño, en el que vio una gran imagen de un hombre, compuesta de una sucesión de metales de la cabeza a los pies. Según leemos, la imagen fue golpeada en su base por una piedra, que la redujo a polvo y luego creció hasta convertirse en una gran montaña, cubriendo toda la Tierra (vv. 31-36).

Las diferentes partes representan una serie de cuatro grandes reinos a través de la historia. El primero de ellos fue identificado como el reino babilónico de Nabucodonosor, y los otros seguirían en el siguiente orden: el Imperio medo-persa, el Imperio greco-macedonio, y por último, el Imperio romano. Este último continuaría de diferentes formas hasta el fin de los tiempos, experimentando entonces un resurgimiento bajo un grupo de 10 reyes. La misma sucesión se presenta en una visión que tuvo Daniel, de cuatro bestias (Daniel 7).

Lo que debe entenderse claramente es que estas profecías están hablando de reinos terrenales literales. Después aparece un quinto reino. En Daniel 2 vemos que la piedra crece hasta cubrir la Tierra por completo. Note la interpretación que Dios da: “Y en los días de estos reyes [los 10 que conformarán la restauración final del Imperio romano] el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo [como había sucedido anteriormente]; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (v. 44).

Este quinto reino, que aumenta de tamaño hasta llenar la Tierra, es el Reino de Dios, y es un reino muy real, que tomará el lugar de los previos reinos terrenales. Esto se confirma en Daniel 7, que muestra cómo los dominios de los reinos anteriores son quitados y entregados a “. . . uno como un hijo de hombre [el Mesías] . . . Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” (vv. 13-14).

Aquí está hablando de Jesús el Mesías, que viene del cielo para apoderarse de la Tierra. Estas son noticias realmente maravillosas—la única esperanza para un mundo que se dirige precipitadamente hacia su propia destrucción.

El mundo transformado que está por venir

El reino del actual rey de la Tierra, Satanás, acabará para siempre en ese momento. Él desaparecerá por mil años (Apocalipsis 20:1-3), un periodo que a menudo es llamado el Milenio (esta es simplemente una palabra que significa una etapa de 1.000 años).

Muchas profecías hablan de la asombrosa transformación que experimentará el mundo cuando Satanás sea removido y Jesucristo por fin sea Rey sobre toda la Tierra.

Jerusalén será la capital del planeta, y será llamada “Trono del Eterno” (Jeremías 3:17).  La ley y la Palabra de Dios se propagarán desde allí hasta el resto de las naciones, y la gente ansiará ser enseñada por Dios (Isaías 2:2-3). Los seres humanos ya no estarán más en guerra, porque todos aprenderán a vivir en paz entre sí (v. 4).

Hasta la naturaleza de los animales será cambiada, para que ya no haya más daño ni destrucción en este reino futuro y bueno (Isaías 11:6-9). Esto también es una representación de la paz y armonía en que vivirán los seres humanos, ya que la Tierra “será llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar” (v. 9).

Los páramos y desiertos estériles serán transformados y convertidos en verdaderos huertos de Edén (Isaías 35:1-2, 7; 51:3). Y la agricultura será inmensamente productiva (Amós 9:13). La gente será sanada, física y espiritualmente. Los ciegos verán, los sordos oirán, el cojo saltará y el mudo hablará (Isaías 35:5-6).

Algunos consideran que todo esto es solo una representación alegórica de un mundo mejor, debido a la diseminación de la fe cristiana. Pero eso es negar el claro sentido de muchos pasajes bíblicos. Puede haber algunas aplicaciones simbólicas o espiritualizadas de algunos de estos pasajes, pero no se puede negar que su significado medular es bastante literal. 

Los seguidores de Cristo reinarán con él

Además, resulta increíble enterarse de que el Mesías compartirá su gobierno sobre la Tierra con sus seguidores de esta época actual, quienes a su regreso serán resucitados o transformados a vida inmortal (1 Corintios 15:50-53; 1 Tesalonicenses 4:16-17).

La profecía de Daniel 7 afirma lo siguiente respecto al quinto reino que seguirá a los cuatro imperios gentiles de la historia: “Y el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo [las personas escogidas], cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán” (v. 27).

El libro de Apocalipsis muestra también que los santos, los seguidores de Cristo de esta era histórica, reinarán con él en ese mundo venidero como reyes y sacerdotes (20:4, 6) y “reinarán sobre la tierra” (5:10, NVI), no en el cielo.

Jesús mismo les habló a sus discípulos sobre esta futura recompensa, declarando: “Les aseguro . . . que en la renovación de todas las cosas, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono glorioso, ustedes que me han seguido se sentarán también en doce tronos para gobernar a las doce tribus de Israel” (Mateo 19:28, NVI).

Y fíjese en esta descripción paralela: “Por eso, yo mismo les concedo un reino, así como mi Padre me lo concedió a mí,  para que coman y beban a mi mesa en mi reino, y se sienten en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel” (Lucas 22:29-30).

Este pasaje es muy instructivo, porque
describe el Reino de Dios como un gobierno literal que será establecido en el futuro. Claramente, la referencia al Reino que se hace aquí no alude a la simple aceptación del Reino de Dios en el corazón de uno en este tiempo presente (vea también Lucas 22:16, 18; 19:11-27; 21:31).

Un mensaje vital y de suma importancia

El Reino de Dios es un tema medular y unificador en toda la Escritura. Lo vemos en el rol de Dios como Rey sobre toda la creación y como el Rey de Israel. Lo vemos en su gobierno de nuestras vidas personales ahora y también más adelante, cuando Cristo venga a gobernar a todas las naciones en una espléndida era que aún está en el futuro. Lo vemos en el nivel de transformación existencial que deberemos experimentar para reinar eternamente con Dios en su familia divina, y en la perpetua multiplicación del gobierno y la paz de Dios a través del tiempo y por toda la eternidad.

Es muy importante que entendamos todos estos elementos. Algunos creyentes cristianos se enfocan solamente en los aspectos futuros del Reino de Dios, por lo que cualquier consideración en cuanto a su realidad presente es ignorada o rechazada. Pero, por lo general, el problema es precisamente lo contrario. La gente se enfoca en el mundo actual y sus gobiernos, asegurando que el Reino está aquí, ahora, y no le da prácticamente ninguna importancia a su futura venida—tal vez porque ni siquiera sabe algo al respecto. No obstante, el aspecto futuro de este Reino es un concepto crucial en la Biblia. 

Cuando Jesús hablaba del Reino de Dios, se refería principalmente al establecimiento del gobierno de Dios sobre todos los pueblos para enseñar a todas las naciones acerca del camino de Dios y la gloria divina.

Los discípulos de Jesús entendieron su mensaje de esta manera, incluso después de sus apariciones y sus instrucciones una vez resucitado. Cuando él se preparaba para ascender a los cielos, la última pregunta que le hicieron fue: “Señor, ¿ha llegado ya el tiempo de que liberes a Israel y restaures nuestro reino?” (Hechos 1:6, Nueva Traducción Viviente).

Así es como ellos entendieron su mensaje del Reino, y él no los contradijo —solamente les dijo que no les tocaba a ellos conocer la hora ni el momento determinados por la autoridad misma del Padre (v. 7).

¿Por qué, entonces, es tan importante tener un concepto futurista del Reino? ¿Por qué debería importarnos? La verdad es que nuestras vidas deben ser guiadas hacia una meta, una visión del futuro. Sin una visión o revelación de parte de Dios que nos oriente, nos alejaremos de él y finalmente pereceremos (Proverbios 29:18).

Como Pablo dijo: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1 Corintios 15:19). Y no tendremos ninguna motivación para esforzarnos a seguirlo (compare versículos 30-40). La verdad es que todo lo que hacemos es por ese futuro que Dios traerá, pues es lo único que vale la pena.

Sin embargo, entender el sentido actual del Reino de Dios es también vital, porque para poder obtener ese futuro profetizado, tenemos que conectarnos con ese Reino ahora y someternos a él.

Aceptación del Reino de Dios ahora

No podemos entrar en el Reino de Dios ahora mismo, pero podemos recibirlo en el sentido de aceptarlo y someternos humildemente a él, de otro modo, no lo alcanzaremos. Notemos lo que Jesús dijo: “De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Marcos 10:15). Tenemos que recibirlo y aceptarlo ahora mismo, para poder entrar a él en el futuro. Y debemos hacerlo con la actitud y humildad de un niño.

Por el momento, podemos tener las leyes del Reino escritas en nuestros corazones y podemos tener al Rey del Reino viviendo en nuestros corazones para que nos ayude a obedecer esas leyes (Hebreos 8:10; Gálatas 2:20).

Tenemos la oportunidad de vivir el futuro ahora mismo, esa época venidera, tal como sucedió cuando Cristo vino a enseñar y hacer milagros hace 2.000 años. La Biblia describe a quienes se han convertido y tienen el Espíritu de Dios como quienes “gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero” (Hebreos 6:5).

Cuando oramos a Dios diariamente y le decimos “venga tu reino” (Mateo 6:10), estamos regocijándonos por su establecimiento sobre todas las naciones. Pero al mismo tiempo, estamos pidiendo que ese gobierno comience con nosotros, aquí y ahora mismo. Porque si verdaderamente deseamos ese futuro que Dios proclama, comenzaremos de inmediato a vivir según sus preceptos.

Continuando con “hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”, reconocemos que el Reino de Dios gobierna actualmente en los cielos, donde los ángeles llevan a cabo la voluntad del Eterno en perfecta obediencia. Y pedimos que asimismo sea aquí abajo en la Tierra, para todos, pero comenzando con nosotros.

Y, finalmente, buscar el Reino de Dios (Mateo 6:33) significa hacer de él, y de todo lo que comprende, nuestra razón de vivir. Y de hecho, ¡esa es la razón por la que existimos! 

BN