La generosidad es parte importante de nuestro llamamiento; y lo contrario -retener- es abiertamente un pecado que contrista al Espíritu Santo. ¿Cómo es eso posible? Las escrituras nos lo revelan con claridad.
El rey Saúl hacía las cosas a su manera, desobedeciendo abiertamente las órdenes de Dios, y pese a las amonestaciones de Samuel, se justificaba continuamente. ¡Aprendamos a escuchar la reprensión del Eterno a tiempo!
Debemos deshacernos de todo aquello que nos perjudica y que impide que nuestra relación con Dios sea limpia, directa y Santa; ¡necesitamos comprender la voluntad del Eterno!
La vida cristiana supone realizar cambios de fondo en nuestras vidas; necesitamos vencer el pecado ¡huir de él!. La Biblia nos presenta una fórmula práctica para iniciar nuestro crecimiento espiritual.