El Nuevo Pacto se diferencia sustancialmente del Antiguo porque nos exige cambiar nuestras vidas en muchos niveles. Pero gracias al mismo, tenemos la herramienta del Espíritu Santo que nos facilita esa tarea.
Decirse a uno mismo cristiano, sugiere que nuestras vidas reflejan la forma de ser de Jesucristo.
Nuestro Padre nos guiará a nuestra tierra prometida, siempre que nos esforcemos por mostrarle nuestro deseo de pertenecer a su familia.¡Vivámos con ese empuje, con la esperanza de llegar al Reino de Dios!
La desobediencia de Adán y Eva nos apartó de nuestro Padre Celestial y las consecuencias de ello, las seguimos enfrentando día con día. No obstante ¡El Eterno entregó a su Iglesia la promesa de una vida distinta!