Pablo no reconoció la Trinidad

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Si Dios fuera una Trinidad, ciertamente el apóstol Pablo, quien registró gran parte de los fundamentos teológicos de la Iglesia primitiva, habría comprendido y enseñado este concepto. Sin embargo, no encontramos tal noción en sus escritos.

El saludo estándar de Pablo en sus cartas a las Iglesias, así como a las personas a quienes escribió, es: "Gracia y paz a vosotros, de Dios el Padre y del Señor Jesucristo". No hay mención del Espíritu Santo. 

Este mismo saludo, con solo variaciones menores, aparece en cada epístola atribuida a Pablo: Romanos 1:7; 1 Corintios 1:3; 2 Corintios 1:2; Gálatas 1:3; Efesios 1:2; Filipenses 1:2; Colosenses 1:2; 1 Tesalonicenses 1:1; 2 Tesalonicenses 1:2; 1 Timoteo 1:2; 2 Timoteo 1:2; Tito 1:4; y Filemón 1:3. 

El Espíritu Santo siempre queda fuera de estos saludos, una omisión increíble si el Espíritu Santo fuera de verdad un ente igual a Dios y Jesucristo. 

Esto es aún más sorprendente cuando consideramos que las Iglesias a las que Pablo escribió tenían muchos miembros gentiles de trasfondo politeísta, que anteriormente habían adorado a numerosos dioses. Las epístolas de Pablo no registran ningún intento por su parte de explicar la Trinidad o al Espíritu Santo como una persona divina igual a Dios el Padre y a Jesucristo. 

En los escritos de Pablo, solo en 2 Corintios 13:14 se menciona al Espíritu Santo junto con Dios el Padre y Jesucristo, y allí solo se habla de nuestra "comunión del Espíritu Santo" (Nueva Versión Internacional) con Dios y Cristo (ver 1 Juan 1:3). 

El apóstol Pablo afirma claramente que "para nosotros, sin embargo, solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas... y un solo Señor, Jesucristo..." (1 Corintios 8:6). Él no hace mención del Espíritu Santo como una persona divina.

Un artículo de:
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