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Las 12 tribus de Israel en la profecía: Tercera parte

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Las 12 tribus de Israel en la profecía

Tercera parte

Dios amplía sus promesas

El relato más detallado de las promesas que Dios le hizo a Abraham se encuentra en Génesis 17: “Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció el Eterno y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto. Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera … He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes.

“Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes. Y te multiplicaré en gran manera , y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos” (vv. 1-8).

Tal como en declaraciones anteriores de esta promesa, la bendición de Dios aún era condicional y dependía de la obediencia y el compromiso de Abraham de madurar espiritualmente. Aquí, Dios le recuerda esto diciendo: “Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto” (v. 1; compare con Mateo 5:48 Mateo 5:48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
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).

Una “gran nación” se expande a “muchas naciones”

Recuerde que una parte importante de la promesa de Dios consistía en multiplicar grandemente la descendencia de Abraham. Aquí Dios enfatizó esta realidad que aún estaba por cumplirse dándole un nuevo nombre al patriarca. Hasta aquel momento, él era conocido como Abram . Dios le dijo: “Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes” (Génesis 17:5 Génesis 17:5Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.
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). Como se mencionó anteriormente, el nombre Abram significa “padre eminente”, pero Abraham significa “padre de una multitud”.

Dios explicó en detalle este aspecto de su promesa: “Y te multiplicaré en gran manera , y haré naciones de ti, y reyes  saldrán de ti” (v. 6; vea también los versículos 15-16).

Dios continuó: “Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua ; y seré el Dios de ellos … En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones” (vv. 8-9). El relato en Génesis 17 establece el compromiso de Dios con Abraham como “pacto perpetuo” (versículos 7, 13, 19), un contrato obligatorio que obliga a Dios a darle a la descendencia del patriarca la tierra de Canaán a perpetuidad (versículo 8). El compromiso de Dios con Abraham fue enormemente importante y trascendental.

El sexto relato de la promesa que Dios le hizo a Abraham aparece en Génesis 18, inmediatamente antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, dos ciudades infestadas de pecado. Los visitantes angelicales de Abraham (mensajeros con noticias del castigo divino que caería sobre esas dos ciudades) reconfirmaron el nacimiento del hijo que Abraham –quien ya tenía 99 años– tendría con Sara, diez años menor que él (versículos 10-14).

Conforme a la promesa que Dios hizo de que no “encubriría” sus intenciones a Abraham (Génesis 18:17 Génesis 18:17Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer,
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; Amós 3:7 Amós 3:7Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.
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), los ángeles que visitaron al anciano patriarca ratificaron las promesas de que serían “benditas en él todas las naciones de la tierra” (Génesis 18:18 Génesis 18:18habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?
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).

La promesa se cumplió dramáticamente aproximadamente un año después de este encuentro, cuando Sarah dio a luz a Isaac (Génesis 21:1-3 Génesis 21:1-3 1 Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. 2 Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. 3 Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac.
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). Primero, Abraham había probado que era fiel a Dios. Ahora, milagrosamente, Dios probaba su lealtad al compromiso que había hecho con él.

La prueba suprema de Abraham

La culminación de estos siete relatos de las promesas de Dios aparece en Génesis 22, donde encontramos uno de los eventos más significativos de la Biblia. Esta es la parte final de la promesa que Dios le hizo a Abraham.

En este relato, la disposición de Abraham para sacrificar a Isaac simboliza el evento fundamental del plan de Dios de ofrecerle la salvación a todos: la disposición de Dios de ofrecer a su Hijo único, Jesucristo, como sacrificio (Juan 3:16-17 Juan 3:16-17 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
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).

Anteriormente señalamos que las promesas de Dios dependían de la obediencia continua de Abraham (Génesis 12:1 Génesis 12:1Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.
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; 17:9). Pero después de los eventos de Génesis 22, Dios transformó este pacto con Abraham y lo elevó a un nuevo nivel — y con buena razón.

Dios le dijo a Abraham que tomara a Isaac, el hijo prometido (Romanos 9:9 Romanos 9:9Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo.
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), y lo sacrificara como ofrenda encendida en el monte Moriah (Génesis 22:2 Génesis 22:2Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
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). La prueba suprema de la fe de Abraham había llegado.

A estas alturas de su vida, Abraham había aprendido a confiar absolutamente en el Eterno. Había experimentado desde hacía mucho la sabiduría, la verdad y la fidelidad de Dios, así que se preparó para hacer lo que se le había ordenado, solo para ser milagrosamente detenido en el preciso momento en que iba a sacrificar a su hijo (versículos 9-11).

Podemos aprender varias y profundas lecciones de este incidente. Primero, Dios jamás ha autorizado que se le adore con sacrificios humanos, ni en los tiempos antiguos ni en los modernos.

Segundo, Dios le prohibió a Israel imitar la práctica pagana de ofrecer a los hijos primogénitos como sacrificios a los ídolos. El sacrificio humano era arte y parte de la sociedad mesopotámica de la cual Abraham había sido llamado, como también de las naciones que lo rodeaban. Pero Dios se aseguró que su fiel siervo no  matase a su hijo, a pesar de que Abraham no sabía con anticipación lo que Dios tenía en mente.

En el versículo siguiente, las palabras de Dios revelan lo que él realmente quería saber acerca de Abraham: “… porque ya conozco que temes a Dios , por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único” (v. 12). Mediante su disposición para obedecer al Dios viviente, Abraham había probado ser capaz de renunciar a lo más preciado para él, su único heredero (versículo 16; compare con Juan 3:16 Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
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). Dios no quería al hijo de Abraham como sacrificio, pero sí quería saber si Abraham confiaba en él lo suficiente como para tomar la decisión más difícil que Dios podía presentarle. Y Abraham pasó la prueba.

Tercero, el comportamiento de Abraham demostró que era un hombre apto para el rol de “padre de todos los creyentes” (Romanos 4:11-22 Romanos 4:11-22 11 Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; 12 y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado. 13 Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. 14 Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. 15 Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. 16 Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros. 17 (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. 18 El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. 19 Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. 20 Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, 21 plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; 22 por lo cual también su fe le fue contada por justicia.
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; Gálatas 3:9 Gálatas 3:9De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.
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; Hebreos 11:17-19 Hebreos 11:17-19 17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, 18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; 19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.
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), el fundador ideal de la familia de innumerables descendientes que podrían llegar a ser el pueblo de Dios (Génesis 18:19 Génesis 18:19Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.
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).

Sin embargo, Dios no podía completar el plan que había iniciado a través de Abraham sin tomar en cuenta el problema del pecado humano, que más adelante requeriría el sacrificio del redentor de la humanidad: Jesús el Mesías, el Cordero de Dios (Juan 1:29 Juan 1:29El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
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).

El compromiso de Dios se vuelve incondicional

En este momento, las promesas de Dios a Abraham –tanto físicas como espirituales– se volvieron incondicionales. Cuando Dios dijo “Por mí mismo he jurado” (Génesis 22:16 Génesis 22:16y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo;
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), dejó en claro que el cumplimiento de la promesa ya no dependía de Abraham. El cumplimiento de la promesa dependía ahora exclusivamente de Dios mismo. Él se comprometió incondicionalmente a cumplir la promesa que había hecho a Abraham y sus descendientes.

Dios pone en juego su propia veracidad e integridad a través de estos compromisos. Él se obliga personal e incondicionalmente  a llevar a cabo todas estas promesas, en todos sus detalles.

Gracias a que comprendemos la naturaleza incondicional de las promesas de Dios, es más fácil determinar lo que se debe tomar en cuenta al estudiar la historia relacionada con los descendientes del antiguo Israel. Como Dios no puede anular su promesa a Abraham porque él no quebranta su palabra (Números 23:19 Números 23:19 Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?
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), cada detalle de sus promesas se convierte en una guía a la hora de buscar la identidad de las diez tribus perdidas de Israel después de su exilio.

Génesis 22 concluye con una reafirmación de Dios en cuanto a los elementos de su promesa a Abraham: “De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos” (v. 17). Estas bendiciones físicas, materiales y nacionales continúan siendo indicios de la identidad de los descendientes modernos de Abraham.

Dios continuó: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (v. 18). El apóstol Pablo, hablando acerca de este versículo muchos siglos más tarde en Gálatas 3:16 Gálatas 3:16Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.
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, explica que esta bendición prometida se refiere a Jesucristo: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo”. A través de Cristo (como la simiente de Abraham), Dios haría la salvación disponible para toda la humanidad (compare con Juan 3:16 Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
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).

Promesas renovadas a Isaac, el hijo de Abraham

Dios renovó sus promesas a Abraham en generaciones subsiguientes. Él reconfirmó este pacto a Isaac, el hijo del patriarca (Génesis 26:1-5 Génesis 26:1-5 1 Después hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que hubo en los días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar. 2 Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. 3 Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre. 4 Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente, 5 por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.
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), y a su nieto Jacob (Génesis 27:26-29 Génesis 27:26-29 26 Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. 27 Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido; 28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto. 29 Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren.
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; 28:1-4, 10-14; 35:9-12).

Por medio de Jacob, Dios traspasó los aspectos nacionales y materiales de sus promesas a los descendientes de los tataranietos de Abraham (Efraín y Manasés, hijos de José, Génesis 48:1-22 Génesis 48:1-22 1 Sucedió después de estas cosas que dijeron a José: He aquí tu padre está enfermo. Y él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín. 2 Y se le hizo saber a Jacob, diciendo: He aquí tu hijo José viene a ti. Entonces se esforzó Israel, y se sentó sobre la cama, 3 y dijo a José: El Dios Omnipotente me apareció en Luz en la tierra de Canaán, y me bendijo, 4 y me dijo: He aquí yo te haré crecer, y te multiplicaré, y te pondré por estirpe de naciones; y daré esta tierra a tu descendencia después de ti por heredad perpetua. 5 Y ahora tus dos hijos Efraín y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto, antes que viniese a ti a la tierra de Egipto, míos son; como Rubén y Simeón, serán míos. 6 Y los que después de ellos has engendrado, serán tuyos; por el nombre de sus hermanos serán llamados en sus heredades. 7 Porque cuando yo venía de Padan-aram, se me murió Raquel en la tierra de Canaán, en el camino, como media legua de tierra viniendo a Efrata; y la sepulté allí en el camino de Efrata, que es Belén. 8 Y vio Israel los hijos de José, y dijo: ¿Quiénes son éstos? 9 Y respondió José a su padre: Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí. Y él dijo: Acércalos ahora a mí, y los bendeciré. 10 Y los ojos de Israel estaban tan agravados por la vejez, que no podía ver. Les hizo, pues, acercarse a él, y él les besó y les abrazó. 11 Y dijo Israel a José: No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también a tu descendencia. 12 Entonces José los sacó de entre sus rodillas, y se inclinó a tierra. 13 Y los tomó José a ambos, Efraín a su derecha, a la izquierda de Israel, y Manasés a su izquierda, a la derecha de Israel; y los acercó a él. 14 Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito. 15 Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, 16 el Angel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra. 17 Pero viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto; y asió la mano de su padre, para cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés. 18 Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu mano derecha sobre su cabeza. 19 Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé; también él vendrá a ser un pueblo, y será también engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia formará multitud de naciones. 20 Y los bendijo aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés. Y puso a Efraín antes de Manasés. 21 Y dijo Israel a José: He aquí yo muero; pero Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres. 22 Y yo te he dado a ti una parte más que a tus hermanos, la cual tomé yo de mano del amorreo con mi espada y con mi arco.
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).

El hecho de que la Biblia registre en detalle cómo estas promesas de bendiciones son traspasadas de generación en generación es otra evidencia de que el pacto de Dios con Abraham incluyó aspectos físicos, materiales y nacionales además de las trascendentales profecías mesiánicas.

La promesa que Dios le hizo a Isaac de darle a él y a su descendencia “todas estas tierras” (Génesis 26:3-4 Génesis 26:3-4 3 Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre. 4 Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente,
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) comprende grandes bendiciones materiales. Dios también le prometió, al igual que a Abraham, una descendencia casi sin límites, diciéndole que sus descendientes serían multiplicados “como las estrellas del cielo” (v. 4).

Hasta cierto punto, esta promesa se cumplió cuando varios millones de israelitas llegaron al monte Sinaí bajo el liderazgo de Moisés y luego, más tarde, en el tiempo de Salomón (Deuteronomio 1:10 Deuteronomio 1:10Jehová vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí hoy vosotros sois como las estrellas del cielo en multitud.
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; 1ra Reyes 4:20-21 1ra Reyes 4:20-21 20 Judá e Israel eran muchos, como la arena que está junto al mar en multitud, comiendo, bebiendo y alegrándose. 21 Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos desde el Eufrates hasta la tierra de los filisteos y el límite con Egipto; y traían presentes, y sirvieron a Salomón todos los días que vivió.
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). Pero Moisés mismo estaba al tanto de que las grandes multitudes”, según la promesa de Dios, serían multiplicadas muchas veces más en el futuro (Deuteronomio 1:11 Deuteronomio 1:11¡Jehová Dios de vuestros padres os haga mil veces más de lo que ahora sois, y os bendiga, como os ha prometido!
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).

Jacob recibe la primogenitura y la bendición

Las bendiciones físicas que se traspasaron a Isaac normalmente hubiesen ido a su hijo primogénito, Esaú (Génesis 25:21-26 Génesis 25:21-26 21 Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer. 22 Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; 23 y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor. 24 Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre. 25 Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú. 26 Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.
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). Sin embargo Jacob, su hermano gemelo y el menor entre los dos, persuadió a Esaú de venderle su primogenitura por un plato de lentejas (vv. 29-34).

¿Qué era la primogenitura y por qué era importante? The International Standard Bible Encyclopedia  (Enciclopedia bíblica estándar internacional) explica que la primogenitura era “el derecho que naturalmente le pertenecía al hijo primogénito … Tal persona se convertía finalmente en la cabeza de la familia, y la línea familiar continuaba a través de él. Como primogénito, él heredaba una porción doble de los bienes paternales … el primogénito era responsable de … ejercer absoluta autoridad sobre el hogar” (1979, vol. 1, “Birthright” [Primogenitura], pp. 515-516).

Para obtener las bendiciones de la primogenitura por parte de su padre Isaac, que ya estaba anciano y ciego, Jacob recurrió al engaño a fin de que creyese que él era Esaú (Génesis 27:18-27 Génesis 27:18-27 18 Entonces éste fue a su padre y dijo: Padre mío. E Isaac respondió: Heme aquí; ¿quién eres, hijo mío? 19 Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas. 20 Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de mí. 21 E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no. 22 Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. 23 Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo. 24 Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy. 25 Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió. 26 Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. 27 Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido;
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). Jacob no tenía idea de que este engaño era innecesario: Dios ya había revelado, incluso antes del nacimiento de los hermanos gemelos, que Jacob sería el más fuerte de los dos y que Esaú finalmente se convertiría en su subordinado (Génesis 25:23 Génesis 25:23y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor.
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).

Pero Dios permitió que Jacob recibiera la promesa mediante el derecho de primogenitura y que recibiera la mejor parte de la herencia familiar de su padre, sin intervenir para cambiar las circunstancias. Más tarde, Dios le enseñaría a Jacob a dejar de confiar en sus propias estrategias engañosas.

Note ahora la bendición que Dios le prometió a Jacob: “Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra , y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti; sé señor de tus hermanos, y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren” (Génesis 27:28-29 Génesis 27:28-29 28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto. 29 Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren.
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). Estas palabras no fueron insignificantes: Isaac le estaba traspasando oficialmente a Jacob las maravillosas promesas que Dios le había hecho a Abraham.

Luego, valiéndose de un sueño, Dios le confirmó a Jacob que recibiría la promesa del derecho de primogenitura y le reveló que sus descendientes, que serían tantos “como el polvo de la tierra”, se extenderían “al occidente, al oriente, al norte y al sur” — en todas las direcciones del Medio Oriente (Génesis 28:12-14 Génesis 28:12-14 12 Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. 13 Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. 14 Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.
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). En capítulos posteriores veremos cómo esta profecía ha sido cumplida de una manera increíble.

Las dos identidades nacionales de José

En Génesis 35 encontramos otro aspecto de la promesa de primogenitura. Aquí Dios le promete a Jacob que “una nación  y conjunto de naciones” procederían de él (v. 11). El conocimiento de este aspecto de la herencia de Israel es esencial si queremos comprender las profecías claves. La promesa de primogenitura sería cumplida en dos diferentes entidades nacionales.

En Génesis 48 vemos que Jacob traspasó esta parte de la promesa que Dios le hizo a Abraham e Isaac a los hijos de José (Efraín y Manasés). Al mismo tiempo, Jacob puso su propio nombre en estos dos prominentes nietos (v. 16). Como resultado, muchas referencias posteriores a “Jacob” o “Israel” en los libros proféticos de la Biblia se refieren principalmente a estas dos ramas de los descendientes de Jacob.

La bendición de Jacob incluía tierras –territorios nacionales– que los descendientes de sus dos nietos recibirían “por heredad perpetua”. Ellos también se multiplicarían “en gran manera” (v. 16). Aquí vemos por segunda vez la extraordinaria promesa de que los descendientes de Jacob –específicamente aquellos que provendrían de Efraín y Manasés– crecerían y llegarían a formar “ muchas naciones” y “ una nación muy importante”, respectivamente (v. 19, Dios Habla Hoy).

Sin embargo, no todos los aspectos de las promesas irían a José y sus descendientes. Judá recibiría una promesa con una importante dimensión espiritual. A través de Jacob, Dios profetizó que “no será quitado el cetro [la vara gobernadora] de Judá” (Génesis 49:10 Génesis 49:10 No será quitado el cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Siloh; Y a él se congregarán los pueblos.
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). Esa profecía se refería tanto a la dinastía del futuro rey de Israel, David, como al rol de Jesús –también de la tribu de Judá y descendiente de David– como el Mesías (Lucas 1:32 Lucas 1:32Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;
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; Hebreos 7:14 Hebreos 7:14Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio.
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; Apocalipsis 5:5 Apocalipsis 5:5Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.
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). Cristo está destinado a gobernar la Tierra como Rey de Reyes (Apocalipsis 11:15 Apocalipsis 11:15El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.
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; 17:14; 19:16).

En contraste, la promesa de primogenitura de la grandeza  física , material y nacional  no fue entregada a Judá sino que a José, saltándose al hijo primogénito, Rubén. Note las circunstancias que hicieron que esta gran promesa cayera en manos de José:

“Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito; bien que Judá llegó a ser el mayor sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos; mas el derecho de primogenitura fue de José)” (1 Crónicas 5:1-2). Gracias a la promesa de primogenitura,los descendientes de José –Efraín y Manasés– recibirían las bendiciones de riqueza, poder y prominencia nacionales.

Bendiciones para los descendientes
de José

Quizás el pasaje bíblico más revelador acerca de la promesa de primogenitura se encuentre en Génesis 49. Aquí encontramos a Jacob profetizando acerca de los descendientes de sus hijos “en los días venideros” y bendiciéndolos (v. 1). Note que las bendiciones que Jacob pronuncia para los descendientes de José en un tiempo futuro  son monumentales.

“José es un retoño fértil , fértil retoño junto al agua, cuyas ramas trepan por el muro. Los arqueros lo atacaron sin piedad; le tiraron flechas, lo hostigaron. Pero su arco se mantuvo firme, porque sus brazos son fuertes. ¡Gracias al Dios fuerte de Jacob, al Pastor y Roca de Israel! ¡Gracias al Dios de tu padre, que te ayuda! ¡Gracias al Todopoderoso, que te bendice! ¡Con bendiciones de lo alto! ¡Con bendiciones del abismo! ¡Con bendiciones de los pechos y del seno materno! Son mejores las bendiciones de tu padre que las de los montes de antaño, que la abundancia de las colinas eternas. ¡Que descansen estas bendiciones sobre la cabeza de José . . .” (Génesis 49:22-26 Génesis 49:22-26 22 Rama fructífera es José, Rama fructífera junto a una fuente, Cuyos vástagos se extienden sobre el muro. 23 Le causaron amargura, Le asaetearon, Y le aborrecieron los arqueros; 24 Mas su arco se mantuvo poderoso, Y los brazos de sus manos se fortalecieron Por las manos del Fuerte de Jacob (Por el nombre del Pastor, la Roca de Israel), 25 Por el Dios de tu padre, el cual te ayudará, Por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá Con bendiciones de los cielos de arriba, Con bendiciones del abismo que está abajo, Con bendiciones de los pechos y del vientre. 26 Las bendiciones de tu padre Fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores; Hasta el término de los collados eternos Serán sobre la cabeza de José, Y sobre la frente del que fue apartado de entre sus hermanos.
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, Nueva Versión Internacional).

Este pasaje profético nos dice que “en los días venideros” los descendientes de José vivirían en una tierra productiva, bien irrigada y fértil. Serían un pueblo que expandiría su territorio e influencia en gran manera –política, militar, económica y culturalmente–, un pueblo “cuyas ramas trepan por el muro”, o se extienden más allá de sus fronteras naturales. Ocasionalmente sería atacado por otras naciones, pero generalmente saldría victorioso. Sus triunfos a veces serían considerados como “milagrosos” o “providenciales”, porque el Dios Todopoderoso los ayudaría y sería su fuente de bendiciones.

Este pueblo viviría en un clima excepcionalmente favorable que fácilmente satisfaría las necesidades de  su población en constante crecimiento. Sus habitantes disfrutarían la bendición de abundantes cosechas, numerosas manadas de ganado y magníficos recursos naturales, tales como grandes reservas de madera y valiosos minerales.

En otras palabras, los depositarios de tales promesas poseerían las mejores bendiciones y recursos de la Tierra. Todas estas bendiciones serían de ellos “en los días venideros” (Génesis 49:1 Génesis 49:1Y llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días venideros.
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).

¿Dónde podemos encontrar a los descendientes de José, las tribus perdidas de Efraín y Manasés? Esta lista de bendiciones elimina a la mayoría de las naciones del mundo como candidatas. Para encontrarlas, debemos preguntarnos: ¿Qué naciones poseen estas bendiciones en nuestro mundo? Dios les prometió todas estas bendiciones a los descendientes de José “en los días venideros”. Y como Dios no miente, podemos confiar en el cumplimiento de estas promesas.

¿Qué nos dice la evidencia? Como veremos, esta se inclina abrumadoramente hacia el lado de Dios. Si creemos en estas promesas y en que Dios las llevará a cabo, nuestra perspectiva del mundo será muy distinta a la de quienes carecen de este conocimiento.

En los casi 3700 años desde que Dios entregó estas promesas, pocas naciones pueden jactarse de bendiciones que siquiera se parezcan a estas. Menos aún pueden afirmar que tienen la estatura económica y la prominencia nacional –incluso de superpotencia– que se les prometió a los hijos de José (Efraín y Manasés) “en los días venideros”.

Sin embargo, hay dos candidatos que encajan perfectamente en el criterio de estas profecías: Estados Unidos y la Mancomunidad Británica de Naciones. ¿Qué tan bien calza esta aparente conexión con la evidencia que existe? Para responder a esa pregunta, nos embarcaremos en un estudio de la evidencia histórica de las tribus de Israel desde su comienzo como nación hasta la actualidad.