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Insectos

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Insectos

Mi esposa Michelle y yo acabamos de regresar de un viaje de 31 días por África, donde visitamos cuatro países. Al comienzo estábamos muy preocupados de protegernos de los diversos insectos y de las enfermedades que éstos transmiten, como malaria, dengue, esquistosomiasis (producida por gusanos que penetran la piel), etc. Éramos muy precavidos y usábamos mosquiteros para las camas, jabones de limoncillo y repelentes en aerosol. Incluso rociábamos los marcos de puertas y ventanas, pues a pesar de estar cerradas, había rendijas por donde podían colarse los insectos.

En el techo de una de las cabañas descubrí un enorme ecosistema de insectos, pero no le di a Michelle mayores detalles de lo que vi por temor a que no pudiera dormir durante nuestra estancia allí. ¡Esperaba que los insectos se comieran unos a otros, sin causarnos dificultades!

Pero a medida que transcurría nuestro viaje, me di cuenta de que nuestro esmero por mantener a raya a los insectos había disminuido. Seguíamos usando los mosquiteros y haciendo lo básico, pero ya no rociábamos los marcos de puertas y ventanas: nos habíamos vuelto más tolerantes hacia estas criaturas.

¿Qué tan a menudo sucede lo mismo en nuestras vidas respecto a la maldad de este mundo que nos rodea? Todos coincidimos en que va de mal en peor; de hecho, el incremento y alcance del pecado son exponenciales. La televisión y el Internet nos bombardean con su mala influencia sin importar el lugar del mundo en que vivamos o que visitemos.

En Sudáfrica vimos un gran letrero que ondeaba sobre una autopista y publicitaba la Sexpo (Exposición de
sexualidad) que se inauguraría la siguiente semana; los carteles que la difundían invitaban a visitar los diversos salones de la exposición que mejor se adaptaran a la retorcida y particular preferencia moral de cada persona. En todos los países que visitamos, tanto ricos como pobres, encontramos suficiente propaganda como para justificar el lema “El sexo vende”.

No puedo menos que pensar en 2da Pedro 2:5-9 2da Pedro 2:5-9 5 y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos; 6 y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, 7 y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados 8 (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), 9 sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio;
La Santa Biblia Reina-Valera (1960)×
. En este pasaje Dios condena la inmoralidad, especialmente la de Sodoma y Gomorra. Pedro dice que Lot vivía abrumado por lo que veía y oía a su alrededor.

Nosotros vivimos hoy igualmente abrumados; pero ¿estamos cediendo ante los embates de inmoralidad volviéndonos más tolerantes? ¿Hemos comenzado a ver todo esto como algo normal y a aceptar la tan promovida “tolerancia social”? Si es así, nuestra salvación corre peligro.

De habernos quedado otro mes o un poco más en África, quizás nos hubiéramos descuidado al punto de contagiarnos con alguna de las enfermedades transmitidas por insectos, pero gracias a Dios hicimos lo mejor que pudimos, confiando en su protección. Lo mismo debemos hacer cuando se trata de la aceptación social de la mala conducta, cualesquiera sean sus manifestaciones.

Dios el Padre y su Hijo esperan más de nosotros una vez que recibimos su Espíritu; ellos esperan que la brecha entre el camino del mundo y la senda de justicia sea cada vez más grande. Pero si continúa siendo básicamente igual, estaremos perdidos … pues el mundo avanza hacia el pecado y la muerte.

Hace solo unos cuantos meses celebramos la Fiesta de los Tabernáculos y el Último Gran Día ordenados por Dios, que representan el Milenio y el día del juicio final, cuando todo pecado será eliminado. Ahora hemos vuelto al mundo de Satanás y debemos estar atentos, mientras nos preparamos una vez más para la nueva temporada de fiestas anuales. Éstas son un recordatorio del plan de Dios para que salgamos de este mundo y nos preparemos para entrar en uno nuevo. Alejémonos de la tolerancia. Mantengamos los mosquiteros espirituales bien colocados y dispuestos, para evitar que los “insectos” de este mundo contaminen nuestra esperanza espiritual de vida eterna.  EC