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Carta del Presidente: 14 mayo 2020

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Carta del Presidente

14 mayo 2020

Vivir diariamente con valentía

El tema de la Conferencia General de Ancianos recientemente concluida se centró en «Convicción, Compromiso y Valor». En mi sermón hablé sobre el valor y destaqué la historia de la predicación de Pedro y Juan durante los primeros años de la Iglesia de Dios del Nuevo Testamento, como se relata en Hechos 2-5.

Estos hombres valientemente enfrentaron una inmediata persecución. Predicaron audazmente el evangelio de Jesucristo y el Reino de Dios. Hablaron abiertamente sobre el arrepentimiento, los tiempos de renovación y los tiempos de restauración de todas las cosas que Dios ha hablado por boca de todos sus santos profetas desde el principio del mundo (Hechos 3:20-21)

¿Cómo resultó aquello? En sus primeros días de evangelización terminaron en la cárcel dos veces. Sin inmutarse, insistieron en obedecer a Dios en vez de al hombre, incluso cuando las autoridades religiosas de la época les prohibían enseñar sobre Jesucristo (Hechos 5:29). La osada entrega del evangelio de Jesús en un ambiente de adversidad demuestra poderosamente el calibre del valor.

Pero ahora me gustaría relatar un ejemplo de valentía completamente diferente. Los actos de valor también aparecen en otros escenarios que pueden inspirarnos. Esta historia me conmovió profundamente y quiero compartirla con ustedes. Esta narración se puede encontrar en el último libro del [ahora fallecido] juez del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, Antonin Scalia, Acerca de la fe. Según el relato, el juez visitó su escuela secundaria, Xavier High School, en la ciudad de Nueva York, para dirigirse formalmente a los estudiantes. Sus comentarios se centraron en el tema del valor.

Relató una historia sobre otro graduado de la escuela Xavier High School, el coronel de la Marina de los Estados Unidos, Donald Cook. El Coronel Cook recibió la Medalla de Honor, que es la más alta condecoración militar de los Estados Unidos. La Medalla de Honor es otorgada por el Congreso a un miembro de las fuerzas armadas por su gallardía y valentía en el combate, arriesgando su vida mucho más allá del llamado al deber.

¿Qué hizo Donald Cook para merecer este alto reconocimiento?

En la guerra de Vietnam, el entonces Capitán Cook fue hecho prisionero por el Vietcong el 31 de diciembre de 1964 y permaneció prisionero hasta su muerte, en 1967. Murió de malaria, en prisión, a la edad de 33 años. Por su conducta ejemplar como prisionero de guerra, Cook fue ascendido póstumamente a coronel y se le concedió la Medalla de Honor. El tributo a su valentía dice en parte:

«A pesar de que al hacerlo se acarrearía un trato mucho peor, [Cook] se estableció como el prisionero líder, aunque en realidad no tenía un gran rango.  Asumiendo una y otra vez  mucho más de lo que le correspondía  de [responsabilidad por] la salud de ellos,  el Coronel Cook antepuso de buena gana y desinteresadamente los intereses de sus camaradas a su propio bienestar y, eventualmente, a su vida. Al dar a los hombres más necesitados su cuota personal de medicamentos mientras los cuidaba constantemente, se arriesgó a infectarse de enfermedades contagiosas al tiempo que su estado de salud se deterioraba rápidamente. Esta conducta desinteresada y ejemplar, junto a su negativa a apartarse en lo más mínimo del Código de Conducta, le ganó el más profundo respeto no solo de sus compañeros de prisión, sino también de sus captores.

«En lugar de negociar su propia liberación o un mejor trato, frustró firmemente los intentos del Vietcong de quebrantar su espíritu indomable y transmitió esa misma determinación a los hombres a cuyo bienestar se asoció tan estrechamente. Sabiendo que su negativa impediría su liberación antes del fin de la guerra, y sabiendo también que sus posibilidades de supervivencia prolongada serían escasas en caso de que continuara su negativa, optó sin embargo por adherirse a un Código de Conducta muy superior a lo que cabía esperar. Su valor personal y su excepcional espíritu de lealtad frente a una muerte casi segura le ganaron el más alto reconocimiento al Coronel Cook, al Cuerpo de Marinos y al Servicio Naval de los Estados Unidos».

A menudo, es en tiempos de crisis y conflictos cuando se despierta el valor moral en nosotros. En un mundo peligroso, los temas morales son cruciales. ¿Cómo actuará usted en un momento de crisis? El valor no es simplemente una entre muchas virtudes: es la parte de cada virtud que se manifiesta en el punto de prueba, en el punto más alto de la realidad. Demostrar valor arriesgando la vida, tal vez sacando a alguien de una casa en llamas o de un río turbulento, es algo loable, pero no común. Rara vez nos veremos enfrentados a salvar física y  valientemente  la vida de alguien.

Sin embargo, todos demostramos un gran valor de otras maneras. Estamos librando una larga batalla, la de enfrentar la vida día a día, yendo valientemente en contra de los caminos de este mundo y optando diariamente, con la ayuda de Dios y de Jesús, nuestro Hermano Mayor, por hacer las cosas correctas, las cosas difíciles, en el mundo en que vivimos. Es una batalla que comienza con enfrentarnos sin miedo a nosotros mismos, y esta batalla continúa en todo lo que se cruza en nuestra vida.

El valor no se aprende con el estudio sino que se forja con la práctica, con las decisiones correctas. El valor complementa y apoya todas las demás virtudes: integridad, honestidad, fe, misericordia, amor y muchas más.

Fíjese en las observaciones finales del juez Scalia sobre el valor moral que demostró el capitán Cook:

«Exigir obediencia al deber, al honor y la disciplina varoniles; reconocer franca y directamente el error; respetar los rangos superiores y preocuparse por los inferiores; aceptar la responsabilidad, incluyendo la responsabilidad del mando; estar dispuesto a sacrificarse por el bien del grupo. Al exigir estas cosas difíciles [uno] desarrolla el valor moral, que en la Última Cuenta que debemos dar es lo que importa».

Tenemos una gran ventaja: contamos con un modelo de valor ideal. El valor del día a día fue vivido y ejemplificado por Aquel que nos ha sacado de una casa espiritual en llamas. Su ejemplo de altruismo es el que debemos esforzarnos por imitar cada día. Él puso a cada uno de nosotros por delante de sí mismo, incluso hasta la muerte. Por supuesto, me refiero a Jesucristo. El Apóstol Pablo resume la valentía de Jesús y cuál debe ser nuestra respuesta:

“Haya pues, entre vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte» (Filipenses 2:5-8), énfasis agregado).

Jesucristo, nuestro Hermano Mayor y Rey venidero, llevó una vida que ejemplificó el valor. Desde luchar contra Satanás en el desierto, enfrentar crítica tras crítica, volcar las mesas de los cambistas en el templo, y soportar horribles torturas hasta una muerte dolorosa, la vida de Jesús fue un extraordinario y continuo acto de valor.

¿Cuál fue la medalla de honor de Jesús, su reconocimiento por su valor meritorio?

«Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (Filipenses 2:9-11).

¿Cómo respondemos a esto, particularmente en un mundo lleno de temor a las pandemias? Mientras confesamos públicamente nuestra profunda relación con Jesucristo mediante nuestras acciones, estas son nuestras instrucciones: «Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe; sean valientes y fuertes» (1 Corintios 16:13, Nueva Versión Internacional).

En servicio a Cristo,

Víctor Kubik