Resistir la tentación no es suficiente: debemos vencerla

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Resistir la tentación no es suficiente: debemos vencerla

Todos conocemos la desalentadora sensación de ceder una y otra vez al mismo y viejo pecado. Pero hay buenas noticias: la Biblia nos muestra el proceso completo para no limitarnos únicamente a resistir la tentación, sino también para lograr vencerla.

Mentalidad diaria fiel y diligente

Nuestra mentalidad diaria debe enfocarse en “[llevar] cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5). Sin embargo, a menudo nos inclinamos a decir: “No nos dejes caer en la tentación. ¡Yo puedo encontrar el camino por mi cuenta!”

Pero en realidad es imposible resistir y vencer la tentación con nuestras propias fuerzas. Necesitamos ser renovados diariamente por Dios Padre y por Jesucristo, quien vive en nosotros a través de su Espíritu de dominio propio (Gálatas 5:23). Si hacemos esto, estaremos tan ocupados en seguir los caminos de Dios que no tendremos tiempo de caer en la tentación de desobedecerlos.

Considere las consecuencias

El pecado acarrea dolor, disminuye nuestra fe, multiplica los problemas, divide a los hermanos y nos separa de Dios. Para lograr vencer la tentación es preciso que tomemos en cuenta las consecuencias negativas del pecado. Sin embargo, es mucho más efectivo considerar los maravillosos resultados de hacer lo correcto.

No debemos provocar, contristar, tentar ni irritar al Santo de Israel (Salmo 78:40-41). Pero si avanzamos con paso firme hacia la línea de la meta, no tendremos que preocuparnos tanto por defendernos e interceptar “los deleites temporales del pecado” (Hebreos 11:25). ¡La alegría que produce una fe como la de un niño que desea agradar a nuestro Padre es magnífica!

Cuando me estaba preparando para comenzar la universidad, a mi madre le preocupaba que bebiera, aunque sabía que si lo hacía, sería con moderación. Le prometí que esperaría hasta los 21 años. Hacer eso para complacer a mi madre fue un incentivo tan fuerte, que me motivó a mantener mi promesa mucho más allá de la fecha acordada.

En una de las clases universitarias, el profesor pidió razones para evitar las relaciones prematrimoniales. Los alumnos contribuyeron adecuadamente mencionando las consecuencias habituales de cometer un error de ese tipo. Yo apenas podía mantenerme despierto, así que el profesor me sacudió para que prestara atención: le estaba dando un giro completamente positivo al viejo problema de la tentación.

Dijo que la razón para evitar las relaciones prematrimoniales es que uno puede tener una boda maravillosa de día y de noche, y nunca sabría lo que se negó a sí mismo si no llegara a ese día glorioso.

Nuestra mente debe enfocarse no solo en evitar las malas consecuencias, sino también en procurar buenos resultados que hagan felices a Dios, a la pareja, a la familia y a los demás.

“Aléjate del mal, no te acerques a él”

Proverbios nos insta a no acercarnos al pecado, fuere cual fuere (Proverbios 4:14-15, Palabra de Dios Para Todos).

La autora humorística Erma Bombeck confesó: “Si pudiera volver a empezar, ¡comería más helado!” Pero si no podemos resistir la tentación de comer helado en exceso, no mantengamos en nuestro refrigerador algo tan delicioso. A pesar de todos los intentos por mantenerlo tapado, de repente la tentación puede saltar a la vista, ¡y será imposible evitar probarlo!

El paso más importante que tendemos a pasar por alto

Dios no nos tienta (Santiago 1:13-15). Nos tientan Satanás, el yo y la sociedad. Necesitamos absolutamente la ayuda de Dios para vencer a estas tres fuentes.

En Mateo 26:41, Jesús nos aconseja que vigilemos y oremos para no caer en la tentación, y nos dio el ejemplo. En el huerto de Getsemaní, Jesús nunca dejó de orar: su voluntad estaba en completa sumisión a la de su Padre.

Hasta hace algunos años se transmitía en Estados Unidos  el programa de televisión “Quién quiere ser millonario?” (que también cuenta con versiones internacionales). En el momento de mayor tensión, el presentador Regis Philbin le preguntaba al concursante: “¿Es esa su respuesta final?” Cuando nos enfrentamos a la tentación, nuestra respuesta debe ser la misma que Jesús dio ante su prueba final: “¡Hágase tu voluntad, no la mía!”

En el programa, un concursante podía pedir un salvavidas. Jesús es nuestro salvavidas, y debemos invocarlo en los momentos de tentación.

¿Qué nos hace pensar que podemos resistir únicamente con nuestra propias fuerzas? Cuando mentalmente estamos  decididos a ser diligentes y fieles, nos sentimos capaces de  derribar todos los ídolos. Pero también es cierto que tenemos momentos de debilidad.

Es triste admitirlo, pero a veces decimos: “¡Sí, debería clamar a Dios por su ayuda! Pero no, mejor espero, todavía no. Voy a meter los dedos de los pies en el agua y me detendré cuando vea la línea en la arena movediza”.

Al primer indicio de ser tentado, ¡clame inmediatamente a Dios!

Lo que hizo Cristo para resistir la tentación

En Mateo 4 se nos dice que cuando Jesús fue tentado por Satanás, ¡en ningún momento vaciló, razonó con él o lo escuchó! Por el contrario, Jesús respondió con decisión a las insidias de Satanás con un “Escrito está . . .” ¡Jesús conocía su Biblia! ¡Él inspiró cada palabra de ella (2 Timoteo 3:16), la vivió y la aplicó! (Hebreos 4:12).

El Salmo 119:11 instruye: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”.

La Biblia habla sobre las tres tentaciones más grandes que Satanás presentó a Cristo. Lucas 4:2 dice que Jesús fue tentado durante cuarenta días.

La victoria de Jesús sobre las tentaciones de Satanás debiera motivar nuestra determinación. “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:15-16).

Pablo nos asegura: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

¡Huyan!

Pablo añadió en el versículo 14: “Por tanto, amados míos, huid de la idolatría”. Aquello que nos tienta una y otra vez,  en realidad es un ídolo para nosotros. Cualquier cosa que se interponga entre nosotros y Dios, cualquier cosa que antepongamos a Dios en tiempo, dinero, prioridad o deseo, es un ídolo.

La historia clásica sobre lo que es huir de la tentación se encuentra en Génesis 39:9. José hizo todo lo que pudo para alejarse de la esposa de Potifar y le dijo que lo que ella tenía en mente sería pecado. Cuando ella lo agarró por la túnica, José se zafó como el mago Houdini, ¡y huyó!

Si seguimos estas claras instrucciones bíblicas, ¡podemos resistir y vencer cualquier tentación! Sí, podemos . . . pero cuando fracasamos (1 Juan 1:8), Dios está dispuesto a perdonarnos (Salmos 86:5). Veamos otro paso que la Biblia nos muestra en el proceso de resistir y vencer la tentación.

Arrepentirse y aceptar el perdón de Dios

La tentación pone al descubierto nuestro verdadero yo. El escritor británico C. S. Lewis observó: “Ningún hombre sabe lo malo que es hasta que se ha esforzado por ser bueno”.

Al dirigirse a las siete iglesias de Apocalipsis, Jesucristo prometió una gran recompensa “al que venciere” (Apocalipsis 2:7, 11, 17, 26; 3:12, 21). Podemos animarnos siguiendo el ejemplo de “Aquel que es poderoso para guardarlos sin caída y presentarlos sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas 24, Nueva Versión Internacional). EC