Compañerismo espiritual

Una vitamina esencial
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La falta de compañerismo puede provocar fatiga espiritual y desánimo, tal como una deficiencia de vitaminas termina por perjudicar al cuerpo.

 

Según la Clínica Cleveland [EE. UU.], alrededor de mil millones de personas en todo el mundo tienen deficiencia de vitamina D. Esta carencia debilita la salud ósea y muscular y, a menudo, provoca bajo estado de ánimo y fatiga. Sin embargo, con simples cambios en la dieta y hábitos cotidianos, se puede prevenir y tratar.

Algo similar ocurre si descuidamos otra “vitamina” esencial, indispensable para fomentar y mantener nuestra salud espiritual: el compañerismo. Cuando escasea, con el tiempo llegamos a experimentar desánimo y fatiga espiritual.

Analicemos por qué el compañerismo es tan esencial, cómo destaca la Biblia sus beneficios, y las formas prácticas de fortalecerlo en nuestra vida cotidiana.

Identifiquemos los obstáculos

No siempre es posible congregarse. Cientos de miembros viven lejos de su congregación, lo que los obliga a conducir o transportarse durante horas cada sábado. Otros se enfrentan a dificultades económicas que les impiden viajar. Los problemas personales como enfermedades, agotamiento, la responsabilidad de cuidar a otros o la carga de las interminables pruebas, pueden desalentarnos e impedir que hagamos un esfuerzo constante por encontrarnos con los hermanos.

Sin embargo, aunque estos obstáculos son reales, hacen que compartir en comunidad sea aún más importante. Así como el cuerpo sigue necesitando alimento cuando hay poco apetito, nuestra vida espiritual sigue necesitando el “nutriente” de la comunión para mantenerse fuerte. Su deficiencia puede dar origen a la debilidad y el desánimo, tal como el insuficiente consumo  de vitaminas con el tiempo perjudica al cuerpo.

Por todo esto, no es recomendable que permanezcamos solos durante largos períodos de tiempo. El aislamiento prolongado puede dañar nuestra salud mental y física y,  aún más importante, nuestra salud espiritual. Dios nos diseñó para vivir en comunidad, y ese diseño es de gran beneficio para nosotros.

El compañerismo es fuente de consuelo, alegría y, en ocasiones, de opiniones honestas y exhortación. En Santiago 5:13-16 leemos: “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él . . . Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”.

Aun si no sentimos deseos de congregarnos debido a inconvenientes o porque nos sentimos espiritualmente desanimados, Dios nos ha hecho parte de una familia espiritual. Compartir en comunidad es uno de los nutrientes esenciales que él nos proporciona para mantener nuestra salud, crecimiento y perseverancia.

Formas de practicar el compañerismo

Así como hay muchas maneras de nutrir el cuerpo, también hay innumerables maneras de cultivar el compañerismo. Cada miembro tiene circunstancias y habilidades únicas, pero a veces necesitamos algunas ideas prácticas que estimulen nuestro entusiasmo. Si hacemos el esfuerzo deliberado de ponernos en contacto unos con otros, podemos fortalecer nuestra salud espiritual y compartir los “nutrientes” del ánimo, el apoyo y la alegría.

Una de las formas más fáciles y satisfactorias de fomentar el compañerismo es a través de actos de servicio. Esto puede incluir ayudar en la cocina o apilar sillas después de los servicios, o visitar a quienes están enfermos y no pueden asistir a la Iglesia. Otra manera de expresar afecto a los hermanos, especialmente a los que no pueden asistir físicamente a un lugar donde se celebre la Fiesta, es enviarles mensajes de ánimo por escrito. Cada acto de servicio beneficia tanto al que lo da como al que lo recibe, y fortalece los lazos que sostienen nuestra salud espiritual.

Además, todos tenemos dones y talentos otorgados por Dios para contribuir con el Cuerpo de Cristo. Quizás usted sea especialmente bueno para escuchar, cocinar, o alguien que disfruta cantar en el coro. Tal vez le encanta recibir invitados y hospedarlos, o simplemente tener la oportunidad de aprender y crecer junto a otros. Cada contribución, grande o pequeña, nutre a nuestra familia de la Iglesia, fortalece las relaciones y nos ayuda a desarrollar “músculo” espiritual mientras caminamos juntos.

¿Por qué necesitamos compañerismo? 

1 Corintios 12:18-20 nos recuerda: “Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo”.

El compañerismo es una vitamina esencial para nuestra vida espiritual: nos sostiene, nos anima y hace que nos fortalezcamos al estar juntos. Fortalece “los huesos” del cuerpo espiritual y revitaliza cada miembro para que podamos funcionar en armonía. Y en tiempos difíciles, proporciona apoyo a cualquier parte que pueda necesitar una dosis adicional de aliento.

Hebreos 10:24–25 nos dice: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.

La Fiesta de los Tabernáculos es un maravilloso ejemplo de lo que significa cosechar en breve tiempo todos los beneficios del compañerismo. Pero es igualmente esencial seguir congregándonos y reuniéndonos en las semanas y meses siguientes, manteniendo ese impulso y unidad durante todo el año. 

Sin importar en cuál temporada nos hallemos, no nos olvidemos de tomar la vitamina esencial del compañerismo. EC

 

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