Epílogo de los hombres de la Biblia

La Biblia gira en torno a personalidades. Se trata del registro sagrado, como un espejo fiel, sin ningún tipo de adulación en su retrato. Las biografías de hombres fuera de la biblia a veces nos dejan fríos. Los personajes retratados parecen demasiado ideales. No se dice nada sobre sus faltas, debilidades y pecados. Pero a medida que proseguimos nuestro viaje a través de las Escrituras, nos sentimos muy animados, porque aquí están aquellos que tuvieron pasiones similares a las nuestras. La biblia es el libro más fiel del mundo. Dice la verdad acerca de sus hombres y mujeres. A veces tenemos la tendencia a elogiar a nuestros héroes, omitiendo sus faltas. Pero la Biblia nos da un cuadro verdadero; con luz y sombra, con el bien y mal; ahí se describen sin disculpas ni excusas. Es un maravilloso lienzo de la vida humana. Cada fase de la naturaleza humana se exhibe en los retratos de la galería de la biblia.
Debido a las limitaciones de espacio, que tenemos en el presente Calendario Sagrado, no pudimos dar una sinopsis completa de los hombres de la Biblia, tratados biográficamente. Comienza con historias breves de personajes bíblicos. Analiza el carácter de cada personaje, Establece los elementos de poder y éxito. Describe evidencias de debilidad y fracaso. Indica las circunstancias responsables. Explica la victoria sobre las pruebas. Sugiere diversas ayudas para el éxito. Señala los privilegios de lo que se abusó. Describe las oportunidades para el bien que se descuidaron o cómo se podrían haber mejorado, etc. No sabemos nada de sus familias, de sus penas, de sus lágrimas o triunfos, de sus vicios o virtudes. En ningún otro lugar del mundo tenemos un álbum de la vida humana como en la biblia. La galería de retratos de la Biblia es magnífica. Aquí encontramos reyes y truhanes, príncipes y mendigos, fieles y traidores, santos y pecadores, valientes y cobardes.
No debe extrañarnos que la biblia hable de sí misma como un espejo. Muchas veces cuando contemplamos las vidas de los hombres, puros y profanos, nos vemos a nosotros mismos. La biblia es muy rica cuando nos muestra su indiscutible material biográfico. Una de las características distintivas de las Sagradas Escrituras es su fidelidad al registrar la vida y el carácter humanos con detalle. Podemos afirmar que la biblia es una biografía perfecta de la humanidad. Donde podemos aprender mucho de la amistad, y de la vida de los desvalidos. Luego de aquellos hombres que se destacaron como faros, luces, advirtiéndonos de vicios peligrosos, de violencia y mezquindad.
En suma, todos los hombres de la Biblia, de la A a la Z, están perfectamente alineados para nosotros; y podemos zambullirnos en nuestras biblias para conocer con profundidad a cada uno de los siervos y hombres de Dios. Y cuando conozcamos a cada uno de ellos, es posible que nos ayude a emular sus triunfos, su fidelidad, sus virtudes, a fin de evitar que tengamos fracasos. Cuando examinamos los mayores caracteres de los hombres de la biblia, de aquellos que fueron más familiares, ello nos sirve de una guía rápida para analizar lo que consideramos más interesante. Considerando estos aspectos particulares, podemos afirmar que se distinguen con sus nombres, 324 personajes entre siervos de Dios.
Tampoco debemos olvidar que existieron miles y miles de hombres anónimos en la biblia. A muchos de ellos les podemos llamar "los hombres anónimos de Dios". Con demasiada frecuencia fijamos nuestra atención exclusivamente en los personajes más importantes del libro, pero la pluma de la inspiración ha preservado una gran cantidad de personajes discretos y anónimos, quienes también deben ser dignos de nuestra consideración. Es decir, no debemos pasar por alto a los santos desconocidos, para la fama humana. Si bien debemos dar plena consideración a aquellos que Dios llamó hacia el centro de atención, no debemos ignorar a muchos otros que permanecen en la sombra del anonimato.
También debemos pensar que, en muchos hombres, sus hechos están registrados, pero no sus nombres. Aunque se mencionan tres de los hijos de Adán, no se menciona a otros nacidos de él y de Eva (Génesis 5:4). Ellos se encontraban entre los muchos que perecieron en el Diluvio. Tampoco se menciona a ninguno de los carpinteros que ayudaron en la construcción del Arca, ni a varios de los que trabajaron en la preparación del Tabernáculo. Lo mismo se puede decir de los supervisores de las reparaciones del Templo en el reinado de Joás, cuya honestidad era tal que sus superiores no tuvieron necesidad de examinar sus cuentas. Los trescientos hombres de Gedeón, todos ellos héroes valientes, merecen ser considerados, por mucho que aparezcan como siervos desconocidos del Señor. Tampoco se menciona a los tres hombres valientes que arriesgando su vida trajeron agua del pozo de Belén. Sin embargo, estos héroes anónimos dejaron un ejemplo conmovedor de coraje y de amor por su líder. Además, entre los anónimos de la biblia tenemos a siete mil que se negaron inclinarse ante Baal. Por supuesto que Dios los conoce, aunque Elías no estaba al tanto de ellos. Si los miembros de esta hueste hubieran declarado abiertamente que estaban del lado de Dios, cuánto habrían alegrado el corazón solitario de Elías.
El profeta sin nombre, al que se ha hecho referencia como "este gran hombre de Dios que sale de una nube brilla por un momento espléndido ante los ojos de todos los hombres, y luego muere bajo una nube", es otro hombre desconocido. Tampoco se nombre a aquel varón de Dios, sin nombre cuya fascinante historia yace en su mezcla de coraje y debilidad (1 Reyes 13:1-3). Así también el Nuevo Testamento abunda con personajes anónimos, Estos personajes del Nuevo Testamento son más raros que todos los hombres nombrados de la biblia juntos. Pablo, en sus epístolas, envió saludos personales a muchos de sus compañeros de trabajo. También pensemos en aquellos que se nombran como "hermanos" cuyos nombres están inscritos en el libro de la vida. En cuanto a nosotros, es suficiente saber que, ya sea que nuestros nombres estén registrados en el extranjero o sean desconocidos, fáciles o difíciles de pronunciar, cortos o largos, se encuentran inscritos en las palmas de las manos de Dios en el tercer cielo, porque sabemos que cada hijo Suyo tendrá un nombre nuevo (Isaías 49:16; Apocalipsis 2:17).