Existen dos puntos de vista con respecto al año 2000. La mayoría de los pronósticos están divididos entre los pesimistas, que anuncian el día del juicio final, y los optimistas, que prevén un maravilloso porvenir. Naturalmente, estas perspectivas divergentes provocan sendas preguntas críticas: Al acercarnos al año 2000, ¿se encuentra el mundo al borde de una crisis profunda? ¿O servirá ese crítico año como un trampolín que nos impulse hacia un glorioso futuro?