La epidemia del SIDA, comparada cada vez más frecuentemente con la pavorosa peste negra del siglo 14, ha cobrado millones de vidas y todo parece indicar que cobrará muchos millones más. Sin embargo, tanto la peste como el SIDA ¡pudieron haber sido prevenidos fácilmente! En las Sagradas Escrituras se nos revela la única solución real para la mortal epidemia del SIDA, pero nosotros hacemos caso omiso de ella.