¿Cómo debemos tratar a los padres que son difíciles de honrar?

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¿Cómo debemos tratar a los padres que son difíciles de honrar?

Es triste decirlo, pero hay padres o abuelos que no son honorables, y no es fácil respetar a personas cuya conducta no es honorable. Por ejemplo, a quienes han sido víctimas de un constante abuso verbal o físico, o que fueron abusados sexualmente, les puede resultar casi imposible honrar al padre o madre culpable. En el quinto mandamiento Dios no exige que los hijos o nietos de tales personas continúen sometiéndose a semejantes abusos.

No obstante, debemos honrar a nuestros progenitores. ¿Cómo podemos honrar a padres o abuelos cuyo comportamiento no es digno de admiración?

En primer lugar es necesario considerar nuestra actitud. Jesús nos dice que debemos amar y orar incluso por nuestros enemigos (Mateo 5:44-45 Mateo 5:44-45 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.
La Santa Biblia Reina-Valera (1960)×
). Esto se aplica también a los padres que han sido abusivos o cuyo ejemplo no podemos respetar. No debemos guardar resentimiento ni sentir rencor hacia ellos; sin embargo, debemos rechazar firmemente su forma errónea de vivir. Debemos despreciar su conducta pecaminosa, mas no a ellos como personas. Hasta ahí es donde Dios espera que cumplamos en ese aspecto, y nos bendice por ello.

Además, cuando tengamos oportunidad de conversar con nuestros padres o abuelos, o cuando hablemos acerca de ellos, no debemos hacer comentarios despectivos sino tratarlos con cortesía y respeto (Mateo 7:12 Mateo 7:12 Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.
La Santa Biblia Reina-Valera (1960)×
). Debemos orar para que Dios les ayude a entender lo equivocado de sus caminos de manera que puedan reconciliarse con él y, por medio de él, con nosotros.

Por último, debemos vivir nuestras vidas en la forma que los honre por medio del ejemplo que demos como hijos e hijas suyos. Nuestro comportamiento digno y honorable puede traerles el honor que ellos mismos nunca se han ganado.