¿Cómo puede uno sentir gozo en las pruebas? Parece contradictorio. Sin embargo, el gozo que Dios nos pide, no es como el del mundo.
La vida es un cambio constante.
De pronto la vida parece algo resuelto, y en un abrir y cerrar de ojos, eso puede cambiar sin aviso alguno.
El cambio es algo aterrador. Sobre todo, cuando es inesperado. Pero el cambio que uno busca, en el que uno se esmera, y que poco a poco da frutos, es algo maravilloso.
Llevo años siguiendo un canal de YouTube de un ingeniero argentino de mi edad. No me cae muy bien como persona, pero lo sigo desde hace mucho porque siempre comparte algo interesante, y tiene mucha experiencia con la tecnología.
Hace poco, y después de muchos años rentando un diminuto departamento en la ciudad, en el que habitaba y trabajaba, se compró un terreno en el campo y comenzó a levantar su casa.
Está diseñada a su completo gusto, tiene un cine, un estudio de grabación, y unas terminaciones muy bonitas.
Esta semana comenzó a colocar unas canaletas para cable que van sobre el techo.
Mientras explicaba con mucho entusiasmo sobre cómo se colocan, y sus características y usos, me di cuenta de algo.
Esa emoción por hacer las cosas por sí mismo, tenía años sin verla en sus videos. Sin darme cuenta, y seguramente, sin que él mismo se diera cuenta, su contenido se había vuelto plano, falto de emoción, desanimado.
Me resultó un poco conmovedor verlo tomar sus herramientas y emocionarse por darles su primer uso, e instalar eso que compró con tanta ilusión para su propia casa, en dónde él quiere. Porque el cambio, en este caso, estaba siendo algo emocionante.
Y creo que es algo que pasa con todos con el paso del tiempo. A veces comenzamos algo con mucha emoción. Y conforme pasa el tiempo nos volvemos buenos en ello, pero perdemos la emoción de hacerlo gradualmente. Hasta que se vuelve algo rutinario y sin un buen gusto. Y no nos damos cuenta de que hemos perdido la alegría de hacerlo.
Desde luego, hablo de todo en la vida, incluida nuestra permanencia en la Iglesia.
A veces iniciamos nuestro camino con alegría, con mucho ánimo… y tras algunos años, eso se ha desvanecido y solamente queda una obediencia seca a Dios.
Y eso no es necesariamente malo. Pero si es algo arriesgado.
Acompáñenme a Apocalipsis 2, a leer el mensaje a la Iglesia de Éfeso.
Creo que este mensaje ilustra de forma muy clara lo que estamos diciendo.
Apocalipsis 2:2-5
“ Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; 3 y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. 4 Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. 5 Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”.
Cuando iniciamos nuestro camino en la fe, tenemos esto que aquí llama el primer amor, ese fervor y esa pasión que nos impulsan a tener un vivo celo por las cosas de Dios.
Y con el paso del tiempo y de las pruebas, podemos llegar a sufrir cierto daño. Que ya no actuemos con el mismo celo, y que descuidemos nuestra condición espiritual.
En este mensaje a Éfeso, vemos algo bien particular.
Porque es una iglesia que se mantiene obediente a Dios pese a las adversidades, a los engaños, a las divisiones y herejías, y vigilante de la verdad. También es una iglesia que ama a Dios sinceramente. Que se ocupa de buscarlo, de obedecerlo y de tener una relación con él. Pero su corazón se encuentra frío.
Y esa frialdad del corazón es de lo que hablaba hace unos minutos. Éfeso es una Iglesia que se ha vuelto muy capaz de seguir en la fe, pero el elemento del gozo se está desvaneciendo. No la alegría, sino el gozo.
¿Pero qué es el gozo? ¿Por qué es tan importante?
Hoy quisiera hablar de esto. Del gozo. Porque es un elemento de nuestra fe que es muy poderoso cuando lo conocemos realmente. Puede nutrir nuestra fe, puede protegerla de los ataques, puede echarla a andar como un combustible explosivo. Y también, su falta, puede alejarnos notablemente de Dios.
El título de este mensaje es: El gozo, la fe y nosotros.
Para comenzar a comprender este asunto del gozo, debemos hacer una clara distinción entre lo que es el gozo en la Biblia y lo que es la alegría.
Dios inspiró el uso de la palabra gozo, porque se refiere a algo distinto de la alegría y la felicidad convencionales.
Si buscamos en el diccionario el significado de alegría, nos dice que es un sentimiento agradable que se expresa de forma visible, con risas, gestos y palabras.
La alegría depende de que nos ocurran cosas buenas.
Podemos estar de buen humor, y alegres, pero ese estado depende de que no haya algo que destruya ese buen ánimo.
Pero el gozo aparece en un contexto completamente diferente en las escrituras.
Quizá el ejemplo más famoso de esto se encuentra en Santiago 1:2-3 leemos:
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, 3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.
El gozo aparece relacionado con las pruebas. No con algo alegre.
Y para comprender a qué se refiere la Biblia con el gozo, debemos remontarnos a sus usos más antiguos.
El gozo no tiene necesariamente que ver con las pruebas. No es una especie de sentimiento masoquista, en el que uno siente alegría por estar sufriendo.
Lo que vemos en Santiago es que el gozo debe aparecer incluso en las pruebas. Pero va más allá de ellas.
El primer uso de la palabra gozo en la Biblia, lo encontramos en Deuteronomio 28:47-48
Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas, 48 servirás, por tanto, a tus enemigos que enviare Jehová contra ti, con hambre y con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte.
Este fragmento se encuentra en un contexto muy revelador. Dios le está expresando al pueblo, a través de Moisés, las consecuencias de la desobediencia a la ley que les está siendo entregada.
Si leemos con atención, vemos aquí una distinción entre la alegría y el gozo. Podría ser suficiente con poner alegría o gozo, pero el hecho de que aparezcan ambas palabras, nos habla de la diferencia que existe entre ambas y cómo la traducción tuvo que elegir dos distintas para expresar algo complejo.
La TLA dice:
47 porque Dios los trató bien, pero ustedes no lo obedecieron ni lo adoraron con alegría y sinceridad.
Y DHH
47 por no haber adorado al Señor tu Dios con alegría y sinceridad cuando tantos bienes te había dado.
Aquí tenemos ya un primer indicio de esa diferencia entre palabras.
El vocablo original para gozo, es TUB, que se traduce como bueno en el sentido más amplio, o bondad, o lo mejor.
Con esto podemos hacernos ya una idea más concreta de lo que se trata el gozo.
Cuando obedecemos a Dios, podemos hacerlo alegremente, pero sin sinceridad. O no de la mejor forma que podemos.
El gozo, tiene que ver con la comprensión de lo que Dios espera de nosotros. No solamente obediencia, y no solamente alegría, sino también de la sinceridad de nuestro corazón, y de nuestro deseo de hacerlo lo mejor posible.
Cuando buscamos a Dios de forma consciente y lo anhelamos y deseamos obedecerlo, no solamente hay alegría, sino también gozo.
Veamos otra escritura donde se usa esa palabra Gozo.
Nehemías 8:8-12
Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.
9 Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. 10 Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza. 11 Los levitas, pues, hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callad, porque es día santo, y no os entristezcáis. 12 Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado.
Aquí la palabra para gozo es diferente en ambas ocasiones, significando en todos los casos una gran alegría o regocijo.
Pero como podemos ver, este sentimiento proviene de algo muy particular: Comprender la ley de Dios.
La tristeza de saber que como nación habían fallado al Pacto con Dios, y cómo esos pecados de sus antepasados y suyos habían culminado en un cautiverio que prácticamente había terminado con ellos como pueblo, debió ser algo abrumador.
Pero Nehemías y Esdras sabían que esa tristeza y ese dolor no eran algo que Dios buscara con su ley.
La ley estaba hecha para bendecirlos, para mostrarles el camino a seguir para colmarse de bendiciones. Y aunque habían desobedecido, y habían enfrentado las consecuencias de esa desobediencia, el propósito de la ley nunca fue maldecir al pueblo.
Algo muy importante a tener en cuenta es esto de El Gozo de El Eterno es nuestra fuerza.
No es el gozo de las bendiciones. Ni el gozo de la ley. Ni el gozo de la reconstrucción de las murallas.
Es el gozo de El Eterno.
Saber que Dios estaba con ellos. Que había hecho un pacto con ellos. Que tenía promesas por cumplir, siempre y cuando el pueblo estuviera dispuesto a aceptarlas y luchar por ellas. Nehemías y Esdras le estaban recordando al pueblo que era un gran motivo de alegría que recordaran que Dios les había dado el camino a seguir.
Hay otro ejemplo aún más claro.
Salmos 16:7-11
7 Bendeciré a Jehová que me aconseja; Aun en las noches me enseña mi conciencia. 8 A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. 9 Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente; 10 Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción. 11 Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre.
El gozo tiene que ver directamente con la cercanía a Dios.
No tanto con las circunstancias externas de nuestra vida, sino con nuestro espíritu reconfortado por el Eterno.
Podemos sentir gozo en cualquier momento de la vida.
Puede presentarse en la tranquilidad de nuestra cama, antes de irnos a dormir. Cuando sentimos el cobijo de Dios en nuestra vida. Y vemos todas las maravillas que ha obrado a lo largo de nuestro día.
Y el salmista también nos dice que podemos sentir gozo cuando estamos enfrentando la muerte. Porque nuestros ojos no están puestos en esta vida material, sino en la vida incorruptible que nos ofrece.
En tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre.
Creo que no hay mejor explicación del gozo que esta de David. El gozo proviene de la presencia de Dios en nuestra vida, no de las cosas que nos rodean.
Volvamos al inicio de este mensaje.
A veces, conforme pasa el tiempo, nuestra obediencia pierde ese elemento del gozo.
Obedecemos por costumbre o por inercia. Pero perdemos esa cercanía con Dios, ese deseo sincero de pertenecerle. Y dejamos de sentir gozo, de sentir ese primer amor, ese fervor y ese celo por él.
Es una situación que puede darse en cualquiera. Nadie estamos exentos. Y por eso es la advertencia de la Iglesia de Éfeso. Porque no es algo extraño.
¿Cómo desarrollar ese gozo?
Es una pregunta difícil. Porque como decíamos al inicio, la costumbre y la repetición, son adversarios naturales del gozo.
Sin embargo, la Biblia nos muestra algo muy poderoso como remedio a esa condición natural de nuestro ánimo que decae con facilidad.
Y es la fidelidad.
La fidelidad puede entenderse de dos formas. Como la lealtad que se le tiene a algo, pero también la exactitud con la que algo se ejecuta.
Voy a explicar un poco ambas acepciones, porque ambas nos sirven.
La fidelidad como lealtad, se refiere a que una vez que uno se compromete a hacer algo, lo hace de corazón.
Mientras que la fidelidad como exactitud, se refiere a que uno hace las cosas con la mayor precisión posible. Por ejemplo:
En audio, una de las virtudes más apreciadas de un aparato cualquiera, es que tenga la mayor fidelidad posible, es decir, que distorsione lo menos posible el archivo original, sea cual sea su origen. Sea un cassette, un disco de vinilo, o un archivo digital, el aparato con el que lo reproducimos puede ser más exacto, o menos exacto para reproducir la obra.
No sé si en alguna ocasión tuvo una casetera de pilas, y notó como al irse terminando la batería, la voz y la música se iban distorsionando.
O que haya puesto música en una bocina quemada, donde se escucha todo muy mal, incompleto, o que lastima los oídos.
En la fe, en las cosas de la fe, la fidelidad opera en ambos sentidos también.
Uno puede ser infiel a Dios cuando no es leal al compromiso que hacemos con él. Cuando fallamos en nuestro pacto con él, y permitimos que otros dioses se interpongan entre nosotros y él.
Llámele adicciones, avaricia, egolatría, etc.
Pero uno también puede ser infiel a Dios cuando uno no reproduce con exactitud las enseñanzas que nos da.
Es decir, cuando obedecemos a medias.
Con el paso del tiempo, la fe puede sufrir cambios. Deteriorarse.
La mayoría de las veces, cuando comenzamos nuestro camino de la fe, estamos 100% seguros de las promesas de Dios. Y queremos guardar los mandamientos perfectamente. Y nos esforzamos de día y de noche para doblegar nuestra carne y ser buenos siervos de Dios.
Pero con el paso del tiempo, podemos llegar a sufrir de contaminaciones por doctrinas que suenan más interesantes, o por debilidades de nuestro carácter que nos hacen aflojar la obediencia, y guardar algunas cosas bien y otras sin ganas.
También puede llegar a ocurrir que las pruebas que cruzamos nos hagan daño, y que nos hagan dudar del amor y la bondad de Dios, y de su favor en nuestra vida.
Puede que lleguemos a renegar de nuestro llamamiento.
O peor, que dudemos del llamamiento de nuestros hermanos en la fe. Y que comencemos a poner los ojos en los demás, en vez de concentrarnos en nuestra relación personal con Dios.
Y entonces ambas fidelidades se rompen:
Comenzamos a fallar en nuestro compromiso con Dios. Y dejamos de reproducir fielmente las enseñanzas de Cristo.
Al respecto, en 2 Juan, en esta breve carta, el apóstol nos advierte sobre la importancia de mantenerse fieles hasta el final en ambos sentidos de la palabra:
2 Juan 4-11
4 Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre. 5 Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros. 6 Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio. 7 Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. 8 Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. 9 Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ese sí tiene al Padre y al Hijo. 10 Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! 11 Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras.
Juan explica aquí estos dos tipos de fidelidad de forma implícita.
Llama a la mujer y sus hijos de evitar las contaminaciones de quienes niegan a Cristo. Pero también los exhorta a imitar correctamente ese amor de Dios el Padre y de Cristo por nosotros, mediante nuestra obediencia, que no es otra cosa sino el cuidar de nuestra relación con Dios y con el prójimo.
La fidelidad es una parte importante de nuestra fe.
Mantener esa fe con fidelidad, es no perder el compromiso con esa fe, y tampoco permitir que se altere.
Esta semana escuché una entrevista muy bonita al escritor Roberto Bolaño. En ella, él dice que hay poesía que envejece dentro nosotros y le sienta mal. Pero también hay poesía que nunca envejece, y se mantiene viva, bailable y gozosa.
Se me hizo un pensamiento hermoso el que haya cosas que envejecen dentro de nosotros en sentido metafórico.
En ese sentido, quizá la fe puede envejecer, pero eso no es algo que debiera pasar.
Más bien, debemos tener esa aspiración a que la fe no enjevezca, y que se mantenga con la mayor fidelidad posible. Tan viva como el primer día.
Porque de esa fe, emana el gozo de el Eterno.
Hay cientos de cosas que no podemos cambiar en nuestra vida.
Algunas son insignificantes, o absurdas. Por ejemplo, no puedo cambiar mi estatura. Me gustaría ser más alto, porque mi esposa es un par de centímetros más alta que yo.
Y otras cosas son mucho más importantes. Por ejemplo, no podemos cambiar al mundo y solucionar el tristísimo problema de las personas de la tercera edad pidiendo ayuda en la calle.
Ambos tipos de cosas pueden minar nuestra fe. Podemos renegar de la bondad de Dios porque no ayuda a esas personas que lo necesitan. Y también podemos ponernos en el papel de víctimas por las cosas que no nos gustan de nosotros mismos o de los demás.
Hay cosas que no debemos permitir que cambien. Y aunque no es fácil, es un esfuerzo que Dios espera que hagamos. Que las pruebas no deterioren lo que somos, sino que nos ayuden a fortalecer lo mejor de cada uno.
Por favor acompáñenme a
2 Pedro 1:3-4
3 Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, 4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;
El gozo está en Dios. No en las cosas que ocurren a nuestro alrededor, sino en la esperanza en esas promesas que Dios nos da.
Los problemas de aquí y ahora pueden ser realmente terribles. Y pueden producirnos miedo y dolor, y sufrimiento. Pero cuando desde lo profundo de nosotros, buscamos a Dios, él nos vuelve capaces de sentir gozo en las tribulaciones, porque convierte ese dolor en una esperanza para el futuro.
La alegría y la felicidad pueden depender de las circunstancias que nos rodean. Pero el gozo que Dios genera en nosotros, se desprende directamente de él. Y su poder va más allá de lo que podemos imaginar y de lo que muchas veces queremos aceptar.
Como hemos visto en otros mensajes, los frutos del espíritu Santo que encontramos en Gálatas 5, expresan gran parte del carácter de Dios mismo. Y son cualidades que Dios se encuentra desarrollando en nosotros y haciendo parte de nuestra identidad.
Nuestra identidad es algo muy valioso, no solo desde el punto de vista humano, sino también desde el espiritual. Pero nuestra identidad no está definida por una sola cosa.
La conforman nuestros gustos, nuestras aspiraciones, nuestros valores y nuestra forma de ser. Nuestro estilo personal, nuestra forma de hablar y nuestra historia personal.
Nosotros sabemos que Cristo vive en nosotros. Y eso, ser imitadores de Cristo es el núcleo de nuestra identidad. Pero es algo que solo tiene sentido con el resto de nuestra personalidad.
Dios se goza en la diversidad. No hizo robots ni clones. Está buscando engendrar hijos e hijas. Entre hermanos no somos iguales. Esa variedad es poderosa porque fortalece a la familia.
Vayamos a Romanos 12:4-5
. 4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, 5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.
La Iglesia no está hecha de personas iguales, ni perfectas. Todos tenemos nuestros errores y nuestras debilidades. Pero también nuestros dones.
Y el hecho de que cada uno sea diferente enriquece y fortalece a la Iglesia.
Pero como vimos en 2 Juan, es importante siempre estar vigilantes de que exista fidelidad dentro de la Iglesia. Siempre comenzando con uno mismo.
¿Somos leales a Dios? ¿Reproducimos fielmente las enseñanzas de Cristo?
En esa lucha constante por mantenernos en la verdadera fe, es en donde debemos encontrar continuo gozo.
Es un circulo virtuoso:
Queremos obedecer a Dios, seguir a Cristo. Entonces, somos leales. Esa lealtad fortalece nuestra fe. Esa fe nos produce gozo. Y ese gozo nos motiva a seguir obedeciendo.
Y todo empieza por algo milagroso: El llamamiento personal de Dios.
No se puede iniciar ese proceso sin el llamamiento personal de Dios. Y no se puede continuar en él sin su Espíritu Santo en nosotros.
Conclusión:
La relación entre el gozo y la fe es clara en las escrituras.
El gozo es una alegría perdurable que proviene de la confianza, la fe en Dios y en sus promesas. No existe gozo sin fe.
La fidelidad es algo crucial en esa relación. En el sentido de la lealtad a Dios, pero también en la excelencia con la que se observa la obediencia a él. Sin fidelidad, la fe se corrompe. Y el gozo no existe,
En esta carrera de la fe que estamos viviendo, que estamos luchando, es necesario que desarrollemos gozo. Pero también que nos mantengamos realmente fieles a Dios en todo lo que hacemos. Sin medias tintas.
Y no es algo que acabemos de hacer nunca. Siempre tenemos espacio para mejorar.
De hecho, es algo que se espera de nosotros. Buscar constantemente la mejora.
Pero siempre, siempre hermanos, buscando que sea Dios el que dirija este barco.
Última escritura:
2 Corintios 4: 6-12
6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.
Fuimos llamados a este camino por misericordia de Dios. en este gran milagro de suavizar nuestra mente y nuestro corazón para ser moldeados por él.
7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,
8 que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; 9 perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;
No podemos atribuirnos ningún mérito por los logros espirituales que tenemos. La gloria y la honra son de Dios, y debemos estar dispuestos a pasar pruebas y dificultades, y desafíos y derrotas parciales… porque la última victoria no está en esta vida.
10 llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. 11 Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 12 De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida.
Quizá hermanos estamos pasando por un momento difícil en nuestra vida. Quizá estamos enfrentando pruebas que no pensamos enfrentar jamás. Tal vez sentimos que estamos sobrepasados por las circunstancias. Y no vemos ninguna salida próxima.
Quizá estamos desanimados porque nos sentimos solos en nuestras batallas y no tenemos con quien compartirlas y sentir el apoyo humano que quisiéramos.
Quizá el enemigo está atacándonos con tanta perseverancia que comienza a debilitarnos.
Pero como leímos, esta lucha no es solo nuestra.
Cuando aceptamos el sacrificio de Cristo, entonces Cristo comienza a vivir en nosotros. Esa es una parte central del bautismo. Y ahora mismo, pese a cualquier prueba, a cualquier dificultad, a cualquier ataque de Satanás… no estamos solos.
No estamos solos. Nunca más lo estaremos. Y si seguimos fielmente nuestro pacto con Dios, nos espera esa hermosa promesa de la vida Eterna.
¿Es motivo de alegría? Por supuesto.
Pero más bien, es motivo de gozo.
Feliz sábado.
Es graduado en psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México y asiste en la producción, revisión y administración de Medios Digitales para iduai.org, así como también la administración para Unida México desde 2016. Fue nombrado ministro para México en diciembre de 2024. Actualmente, vive en Ciudad de México con su esposa Sara y su hijo Juan Antonio.