El premio es para...

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La estatuilla que representa un premio al mérito entregado por la Academia, tiene el nombre Óscar por razones que no son 100% comprobables, pero que sin duda alguna, tuvieron referencia a alguien que tenía este nombre.

Y las historias que envuelven esta premiación anual son variadas y cada año son interesantes. Por ejemplo, ¿quién podría imaginarse que han existido personas que han rechazado dicho premio? Marlon Brando con su excelente trabajo en “El Padrino” se dio el lujo de decir “no” al Óscar. Rechazó la estatuilla, pero no por capricho, sino que en su lugar, envió una actriz de origen indio que transmitió un mensaje desde el pódium rechazando el mal trato que recibían por el pueblo norteamericano y especialmente por las producciones de Hollywood. Pueden buscar en Internet dicho discurso que data del año 1973.

Hay otras historias que no se cuentan muy abiertamente sobre estas premiaciones y es la que brevemente les relataré a continuación.

Algunos años atrás asistí a una charla de un talentoso diseñador de personajes de películas animadas quien, al haber trabajado junto a importantes directores del mundo del entretenimiento, asistió en un par de ocasiones a la premiación.

En los inicios de los premios Óscar, no se acostumbraba mencionar al ganador en la ceremonia, sino por periódicos y otros medios. En pocos años esto cambió y finalmente el ganador es mencionado en el preciso momento en que todos también se enteran.

La expectación no es menor, sobre todo si hay un favorito (claro ejemplo este año de Leonardo DiCaprio, quien finalmente logró una estatuilla). Y cuando se llama al ganador, éste debe entregar un agradecimiento. Aquí hay de todo, desde improvisaciones, lecturas, actuaciones y emociones sacadas directamente del corazón.

Junto a muchos jóvenes de aquella charla, escuchaba con atención muchos detalles de la experiencia de haber asistido a estas premiaciones y lo que me quedó grabado fue cuando nos describió lo que sucedía en el estacionamiento de autos después de que todo terminaba. Claramente los lujosos transportes se retiran junto a muchos de los nominados, algunos molestos, otros pocos alegres y pasado un tiempo todo queda vacío, pero también, quedan en el suelo todos los papeles sucios y olvidados de las palabras de agradecimiento que tanto se pensaron pero que nunca se entregarán por quienes las escribieron. Aquellas palabras se desechan, se olvidan, y todos pasan por encima de ellas.

Pero usted y yo no estamos en ese rubro. No nos reunimos con grandes directores ni en mansiones lujosas, tampoco estamos rodeados de managers ni de personas encargadas de nuestra imagen por medio de las relaciones públicas. Mucho menos es un negocio que nos interesa, puesto que es un mundo de flashes temporales que solo durará algunos años. Nosotros estamos para la eternidad, ese es el negocio que nos importa, ese es el negocio de nuestro Padre que debemos estar involucrados hoy.

Ciertamente podemos ser muy bendecidos guardando los mandamientos de Dios. Pero todavía hay mucho más. Hay un inmenso galardón que tenemos por delante. Todos estamos nominados, y todos podemos alcanzar ese premio que no consta de una estatuilla ni bienes físicos, sino de poder adquirir la vida eterna siendo parte de la familia de Dios, y de poder ser parte de la administración milenial junto a Cristo en el mundo del mañana.

El solo hecho de poder formar parte de los nominados implica que cada día podemos elevar nuestras palabras de agradecimientos a Dios por haber abierto nuestra mente, por haber llevado a cabo el milagro más grande de todos.

Seamos agradecidos cada día, que las palabras no se queden guardadas en nuestras mentes al dormir y esforcémonos por llegar hasta el fin estando siempre involucrados en los negocios de nuestro Padre, el mejor negocio que podemos ser parte.