La posibilidad de ser eternos

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Las resoluciones de Año Nuevo, a pesar de ser bien intencionadas, pueden desviar nuestra atención de algo mucho más importante — ¡el maravilloso futuro que Dios tiene planificado para nosotros!


Fuente: ©Greg Rakozy/Unsplash

Pasa cada año alrededor de esta época: sufrimos el bombardeo de reportajes noticiosos de interés humano, blogs y publicidad en Internet, comerciales y anuncios de radio, todos enfocados en una sola cosa: establecer resoluciones de Año Nuevo. Al hacerlo, algunos buscan cambiar el enfoque de sus vidas y formar mejores hábitos.

Demostrar un compromiso a la superación personal es una meta positiva. Sin embargo, las resoluciones en este aspecto son limitadas.

Considere las principales resoluciones de Año Nuevo de 2016, obtenidas a través de una encuesta en Estados Unidos por Nielsen:

Ponerse en forma y mantenerse saludable

Perder peso

Disfrutar la vida al máximo

Gastar menos y ahorrar más

Pasar más tiempo con la familia y los amigos

La mayoría de estos buenos propósitos son producto del bajón que se experimenta después de las indulgencias y excesos de la temporada de festividades. Tales metas en sí son admirables, pero todas tienen un enfoque muy finito y limitado. Solo se refieren al periodo relativamente corto que usted y yo caminamos sobre esta Tierra. Sin embargo, hemos sido creados para algo mucho más grandioso.

Las resoluciones reflejan aquello en lo que nos gusta gastar nuestros recursos — tiempo, energía, dinero y ocupaciones mentales. Pero hacer ejercicio, perder peso, los placeres y el dinero solo nos llevarán hasta cierto punto. Ninguna de estas cosas tiene la capacidad de producir verdadera satisfacción en nuestra vida.

Estudios recientes han demostrado que la Generación del Milenio, también llamada Generación Y (aquellos jóvenes que alcanzaron la adultez junto con el cambio de siglo, en el 2000) valora las experiencias y las relaciones más que las posesiones físicas. Pasar más tiempo desarrollando relaciones con otros tiene un mayor valor a largo plazo, pero esto solo abarca la mitad del tema de las relaciones. Debemos darnos cuenta de que nuestro enfoque principal debe ser el de desarrollar una relación con nuestro Creador.

Las lecciones de un hombre muy sabio

Salomón es conocido por haber sido un hombre muy sabio. Poseía inteligencia, riqueza y poder (1 Reyes 3:10-13). La gente acudía a verlo para que le ayudara a resolver problemas difíciles o para aprender de su sabiduría. Su reino rebosaba de riquezas. Lo tenía todo, incluyendo la fortuna, notoriedad y poder que tantos han soñado con alcanzar a través de la historia.

Pero a pesar de tenerlo todo, su desencanto con esta vida física era evidente, según leemos en el libro de Eclesiastés. Una y otra vez él muestra que la vida física puede y debe ser disfrutada cuando se vive bien. El trabajo duro es satisfactorio. La comida y la bebida proveen placer. Las relaciones mejoran la calidad de vida.

Pero lea este revelador versículo: “Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo eso su deseo no se sacia” (Eclesiastés 6:7). Salomón reconoció el mismo sentido general de vacío que se produce cuando solo se buscan las cosas físicas. La emoción eventualmente se disipa, y todo lo que vemos, tocamos, sentimos, degustamos y oímos es temporal.

Salomón formula la siguiente pregunta: ¿En torno a qué debemos construir nuestras vidas si todo lo que vemos dejará de existir en algún momento? Él mismo entrega la respuesta al final de su mensaje: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés 12:13). Si Salomón hizo algo parecido a una resolución de Año Nuevo, ¡a estas alturas sabemos cuál debe haber sido!

Nuestro propósito fundamental es aprender a obedecer a Dios. Después de todo, él es quien nos creó, estableciendo el patrón de nuestra existencia y cualquier futuro que tengamos más allá de esta vida física. Y él desea que tengamos experiencias en esta vida que nos ayuden a desarrollar nuestra relación con él.

Las bendiciones físicas que vienen como resultado

Dios se relaciona con nosotros como un Padre y se preocupa de nuestras vidas físicas además de nuestro potencial espiritual. ¿Significa esto que nuestras vidas siempre serán fáciles? No. Cada uno de nosotros experimentará desafíos, que son el resultado de las etapas y circunstancias naturales de la vida, incluyendo nuestras propias decisiones. Eliminar todas las consecuencias solo nos impediría aprender las lecciones que debemos asimilar. ¡Dios desea fervientemente que estemos con él por toda la eternidad y por eso no amortigua cada golpe que recibimos!

Sin embargo, él sí promete bendecirnos por las buenas decisiones que tomamos — es decir, seguir sus leyes y principios. La amonestación que Dios les hizo a los israelitas miles de años atrás aún se mantiene vigente en la actualidad: “Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; porque yo te mando hoy que ames al Eterno tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y el Eterno tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella” (Deuteronomio 30:15-16).

Guardar los mandamientos de Dios es un elemento clave para tener relaciones satisfactorias y una vida física abundante. Muchas de las dificultades de la vida podrían ser prevenidas si simplemente tratásemos de obedecer los Diez Mandamientos. ¡La obediencia rinde resultados positivos, tanto ahora como en el futuro!

Piense en un patrón mental eterno

Años atrás, durante una clase que tomé sobre fundamentos de teología, nuestro sabio instructor nos aconsejó a todos los estudiantes que aprendiésemos “a pensar con un patrón mental eterno”. En todos mis años de estudio, esa frase ha sido la que más me ha servido. Me recuerda dónde debe estar mi principal enfoque, especialmente cuando me hallo en medio de un periodo difícil o me veo enfrentada a lo que parece ser una decisión abrumadora.

La Palabra de Dios está llena de promesas increíbles que nos ha hecho a quienes lo seguimos. Tenemos la oportunidad de convertirnos en hijos de Dios (Romanos 8:16-19; Hebreos 2:10-11). Y además, como si eso no fuera suficiente, se nos honrará y dará responsabilidades dentro de su reino (2 Timoteo 4:8; Santiago 1:12). Si lo obedecemos ahora, tendremos la oportunidad de servir y ayudar a otros mediante estos futuros roles de liderazgo.

A pesar de que tenemos este inmenso potencial a futuro, no significa que el camino será fácil. ¿Se ha fijado en las cosas que ocupan la mente de la mayoría de la gente en esta época? Deportes, entretenimiento, finanzas, vacaciones. Al lado del dispensador de agua usted oirá más conversaciones sobre cómo perder peso y ahorrar dinero, que sobre cómo llegar a alcanzar nuestro potencial espiritual.

Con razón que miles de años atrás Jesucristo dijo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14). Pareciera que tratar de cumplir las resoluciones de Año Nuevo, tales como ponerse en forma o ahorrar más, nunca podrían llevarnos a la “perdición” de la que habló Cristo. Pero si esas son nuestras metas más codiciadas y de largo plazo, ¡ahí es donde terminaremos!

Decídase a vivir eternamente

Dios nos llama a dejar de lado los deseos y tentaciones físicas que experimentamos. Es una tarea difícil, pero él nos dice por medio de Pablo: “Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo. No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2, Nueva Traducción Viviente).

En vez de enfocarnos en las metas físicas, debemos buscar algo más. Jesús sabía que esto sería extremadamente difícil, por lo que oró para que tuviésemos mentes y corazones con una visión más amplia del futuro (Juan 17:9-17). ¡El Hijo de Dios incluso oró por nosotros! Esta es una verdad increíble y conmovedora, y debiera motivarnos a buscar con ahínco un llamamiento más importante.

Debemos evaluar con seriedad nuestras prioridades a nivel personal y familiar para ver si estamos optando por enfocar nuestras vidas en cosas temporales o en desarrollar el carácter y las relaciones que perdurarán hasta el reino de Dios —para siempre. ¡Ojalá que todos escojamos invertir nuestra energía en pensar y vivir con un patrón mental eterno!   BN

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