¿Andamos con el tanque casi vacío?

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¿Mantenemos nuestros tanques espirituales casi vacíos? ¿Tenemos el combustible justo para no quedarnos parados, pero no el suficiente para recorrer largas distancias? Debemos preocuparnos por mantener nuestros tanques espirituales llenos de combustible y así poder llegar a nuestro lugar de destino.

En 1981 me compré un Ford LTD 390 V8 del año 1969, con bastante kilometraje. Este modelo poseía un motor de gran cilindraje, que rendía solo 3.5 kilómetros por litro. En ese tiempo estudiaba en una universidad en Pasadena, California, y le había comprado el auto por 50 dólares a otro estudiante de tan escasos recursos como yo. Este auto era bastante particular: el motor estaba muy desgastado, la transmisión tenía problemas y los neumáticos estaban casi lisos, pero para un estudiante pobre como yo su valor era incalculable.

Un dólar de gasolina

En mi calidad de estudiante, trabajaba y ganaba 1,75 dólares por hora. La visa de estudiante extranjero solo me permitía trabajar 20 horas semanales, por lo cual el dinero siempre escaseaba. Así, cada vez que cargaba el tanque con gasolina, por lo general le ponía un dólar. El combustible costaba aproximadamente 15 centavos el litro, así que me alcanzaba como para 6 litros. Después de la carga, el indicador del estanque aún marcaba vacío, pero yo sabía que con ese dólar de gasolina podía recorrer entre 19 y 21 kilómetros.

¿Cómo creen que resultó? Yo podía llevar a Terri, mi novia, a comer un hamburguesa, o incluso un trozo de pastel, a uno de nuestros restaurantes favoritos. Pero después de dos viajes de ida y vuelta, yo sabía que me quedaría sin combustible. En ocasiones el motor se estremecía entre estertores porque no le llegaba suficiente gasolina, pero al girar el volante o bombear el freno lograba que el poco combustible que quedaba en el fondo del estanque pasara al motor. Repetía esta maniobra hasta llegar a la estación de servicio más cercana, a veces impulsado solo por la fuerza de gravedad.

Terri y yo salimos de esta forma, con ese viejo Ford LTD, por dos años. Pero ¿adivinen qué? Sucedió lo inevitable: dos veces en esos dos años me equivoqué al calcular los kilómetros y me quedé sin combustible. (Para ser honesto, me siento bastante orgulloso del registro logrado. De hecho, ¡me quedé sin gasolina solo dos veces en tres años!)

¡Literalmente, hacía andar el auto solo con los vapores de la gasolina! El carburador debe haber estado a punto de secarse muchas veces. Pero así era mi vida de estudiante universitario, a miles de kilómetros de mi hogar y con un presupuesto bastante escuálido.

¿Cuál es el objetivo de este breve artículo? ¿Qué podemos descubrir acerca de nosotros mismos con esta historia? Existe una analogía bíblica y espiritual que encaja en estetema y se relaciona con la frase “andar solo con los vapores de la gasolina”.

“Andar solo con los vapores de la gasolina”. Una cosa es mantener el auto de este modo, pero ¿qué pasa con nuestra vida espiritual? ¿Podemos darnos el lujo de cargar un dólar de combustible cada vez? ¿Podemos realmente andar solo con las emanaciones de la gasolina?

¿Qué tanto nos importa desarrollar verdaderamente nuestra relación con Dios? ¿Estamos colocando unos pocos centavos cada vez, o llenamos nuestro tanque por completo?

Su lámpara de aceite

¿Qué parábola se le viene a la mente cuando lee el encabezado de este artículo? ¿Existe algún tanque de gasolina que funcione solo con los vapores que emanan de ésta? Creo que ya sabe a qué me refiero. En la parábola de las 10 vírgenes, Jesucristo enseñó cuán imperativo es asegurarnos de que nuestros tanques espirituales estén llenos, es decir, que estemos avivando el Espíritu Santo a cada momento y todos los días (Mateo 25:1-13).

La lección y advertencia para nosotros en la actualidad es no dejar que nuestra lámpara se quede sin aceite. No corra el riesgo de andar solo con los humos del combustible, ya que su lámpara se agotará por completo.

Mantenga el estanque lleno

¿Está vacío su tanque? Sé que si me descuido, algunas veces el mío anda con lo justo. Debemos llenarlo de manera regular y esto se consigue alimentando nuestra relación con Dios, la cual renovamos a través de la oración, la meditación y el estudio de la Biblia. Si no nos preocupamos de fortalecer esta relación, el “novio” podría llegar y tal vez la puerta de la boda se cierre antes de que tengamos tiempo de ir a buscar más combustible (aceite) y llenarnos por completo con el Espíritu Santo de Dios.

No podemos quedarnos sin combustible; nuestras lámparas deben estar llenas de aceite; nuestra oración a Dios y el estudio de su Palabra deben ser profundos y llenar nuestras vidas. Este es un buen recordatorio para nosotros mientras enfrentamos los desafíos de la vida y nos preparamos para entrar como hijos e hijas en el Reino de nuestro Padre.

No ande con poca carga espiritual. ¡Mantenga su estanque lleno!

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