¿Por qué es tan esquivo el gobierno perfecto?

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La búsqueda del mejor sistema de gobierno ha desvelado a la humanidad por miles de años. Y aun así, nadie puede asegurar que alguno de los sistemas actuales sea el ideal.


Fuente: ©Luca Bucken/Unsplash

Los filósofos proponen ideas utópicas que prometen una sociedad mejor. Con todo el esfuerzo que se ha invertido en esto, ¿por qué no se ha podido diseñar un gobierno con el que todos esténfelices, y mucho menos uno perfecto? Resulta que las razones por las que nadie puede ponerse de acuerdo, o crear un gobierno perfecto, son muy básicas.

Las ideas humanas sobre el gobierno se oponen al camino de Dios

El libertarismo y el comunismo son dos sistemas de gobierno en extremos opuestos de un espectro. La mayoría de los gobiernos modernos se encuentran en algún punto intermedio.

Los libertarios consideran la libertad individual como su más alta prioridad. Ellos argumentan que el gobierno solo debería servir para hacer cumplir los acuerdos entre las personas y evitar que estas impongan su voluntad a los demás.

Increíblemente, los libertarios aseguran que ningún gobierno es necesario. En su opinión, el sector privado podría mantener la seguridad mejor que cualquier gobierno. Ellos basan sus ideas sobre la “ley natural”, que define el bien y el mal de acuerdo a si una acción viola o no los derechos de otra persona. Si ese no es el caso, todo es válido.

Pero la Biblia promueve leyes que van más allá de la ley natural. Según el pensamiento libertario, cualquier aplicación de las leyes de Dios que se inmiscuya en la vida personal de alguien es inaceptable.

Los libertarios sugieren que cada persona debe ser su propia autoridad final. Sin embargo, Dios requiere sumisión absoluta a suautoridad. (Cabe señalar que algunos libertarios aceptan la autoridad divina en su propia vida personal, pero no creen que lo que la gente piense en este sentido debe imponerse sobre otros, especialmente si quien trata de imponerlo es el Estado, mediante su poder).

En el otro extremo del espectro está el comunismo, que busca imponer la igualdad de riqueza limitando la libertad individual. Esto se hace principalmente tomando el dinero delos que tienenpara darle a quienesno tienen. Como dijo Karl Marx, “De cada uno de acuerdo a su capacidad, y a cada uno de acuerdo a su necesidad”.

Muchas filosofías comunistas son explícitamente ateas. Según sus argumentos, la religión hace que las personas acepten la desigualdad y el sufrimiento que conlleva, y otros ideales comunistas vulneran aún más los valores encontrados en la Palabra de Dios.

En su forma más pura, el comunismo abole la propiedad privada y el dinero. En cambio, todo pasa a ser propiedad del gobierno y se comparte equitativamente entre los ciudadanos. (Aunque, como hemos visto en cien años de ejercicio del comunismo, las elites gobernantes comunistas inevitablemente disfrutan de privilegios especiales y un estándar de vida muy superior al de sus compatriotas).

Las leyes de Dios sí respaldan una “red de seguridad social” para los pobres (Deuteronomio 14:28-29; Levítico 19:9-10). No obstante, aparentemente en tiempos antiguos se trataba de una obligación personal voluntaria, no de un sistema impuesto por la autoridad gubernamental ni de una redistribución forzosa del ingreso. En cambio, al parecer las personas que no cumplían su deber podían enfrentar la censura de la comunidad y tenían que responder ante Dios. También debemos considerar que la Biblia muestra reiteradamente que Dios se complace en bendecir a ciertas personas con abundancia, especialmente aquellas que son generosas con los demás. Este es un problema para los comunistas, ya que Dios no distribuye riqueza o talentos en forma equitativa.

Sin embargo, Pablo enseñó que “[Dios] tiene misericordia de quien quiere, y a quien quiere endurece” (Romanos 9:18). Esta enseñanza se opone diametralmente al mensaje central de igualdad que promueve el comunismo.

Reducidos a su esencia, tanto el comunismo como el libertarismo son fatalmente defectuosos. En ambos casos, el problema reside en no aceptar y valorar los estándares de Dios. Ningún gobierno humano escapa a este problema, porque los seres humanos generalmente confían en su propia opinión y no en la de Dios. Cualquier gobierno perfecto debe ser compatible con la Palabra de Dios, pero las filosofías de este mundo están en desacuerdo con la Biblia de una manera u otra.

El corazón del hombre es corrupto

Aún si un gobierno está bien diseñado, está igualmente sujeto a la naturaleza humana. Jeremías 17:9 dice: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso”. Todo gobierno humano está sujeto al liderazgo de hombres falibles; como resultado, la corrupción ha hecho estragos en todos los gobiernos de la historia.

Para limitar el daño que produce la corrupción, los gobiernos modernos dividen el poder mediante un sistema de equilibrio. ¡Pero a fin de cuentas, incluso esto es como poner una venda en el cáncer! Incluso en los gobiernos democráticos los líderes no son elegidos por su integridad o rectitud, sino por su ideología.

Aunque la sociedad eligiera líderes íntegros y bondadosos, seguirían siendo meros seres humanos, sujetos a la debilidad humana. Sin embargo, Dios tiene un plan para establecer un gobierno perfecto y libre de corrupción ¡que finalmente ayudará a implementar la paz en todo el mundo!

El plan de Dios para un gobierno perfecto

Dios tiene un plan para un gobierno perfecto sobre toda la Tierra. ¿Qué implica ese gobierno? Note estos tres pasajes de las Escrituras:

●Apocalipsis 11:15: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos”.

Otros versículos confirman que Jesús gobernará literalmente sobre los seres humanos en la Tierra (ver Zacarías 14:16-19; Apocalipsis 20:4-6). Él regirá todas las naciones para el beneficio de ellas mismas. El gobierno ya no estará en manos de hombres que ceden ante la corrupción, la codicia y las malas ideas. ¡En cambio, Jesucristo y sus seguidores perfeccionados reinarán sobre la Tierra con carácter santo y justo!

●Isaías 2:3: “Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno”. El sistema de Dios se basará en sus leyes; no habrá más disputas entre los hombres sobre lo que está bien o mal, o lo que es justo o injusto. Desaparecerán las filosofías de corto alcance que solo exaltan los valores favoritos de sus proponentes por encima de todos los demás. La humanidad entera estará sujeta al mejor conjunto posible de reglas para una sociedad saludable.

●Ezequiel 11:19-20: “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios”.

El Espíritu de Dios motiva a las personas a obedecer sus leyes, y Joel 2:28 revela que el Espíritu de Dios les será dado a todos. Jeremías 31:33-34 confirma que todos “conocerán al Señor” cuando Cristo reine como Rey. Y no solamente el gobierno estará libre de corrupción, ¡sino que la gente estará dispuesta a vivir rectamente y a tratarse con justicia y  honestidad, como nunca antes se habrá visto en la historia humana!

Tenga en cuenta que si bien el gobierno de Dios hará cumplir las leyes, en realidad lo que traerá paz a la Tierra será el cambio en el corazón del hombre. El carácter perfecto, justo y santo es lo que producirá una paz duradera. Dado el historial de los gobiernos humanos, ¡esperamos con ansias la hora en que ocurrirá este cambio excepcional!  

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