Lección 17: Las parábolas de Jesucristo

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Jesús muestra cómo poner en práctica sus enseñanzas; Juan el Bautista tiene dudas acerca de la misión de Jesús.

Al llegar a Mateo 13, sin duda vemos un nuevo escenario con respecto al ministerio de Cristo.

William Barclay señala: “Mateo 13 es un capítulo muy importante en el esquema del evangelio . . . Al principio de su ministerio le encontramos enseñando en las sinagogas, pero ahora le encontramos enseñando a la orilla del mar . . . No es que se le hubieran cerrado definitivamente las puertas de la sinagoga, pero se le estaban cerrando. Todavía le recibía con gusto en la sinagoga la gente corriente, pero los responsables oficiales de la ortodoxia judía se le oponían abiertamente. Cuando entraba en una sinagoga ahora, no sería para encontrar solo una multitud  deseosa de escuchar; también sería para encontrar una compañía de espías y escribas fariseos y ancianos que sobrepesaban y filtraban cada una de sus palabras y observaban cada acción suya para tener algo de que acusarlo.

“Una de las tragedias supremas es que a Jesús se le expulsó de la iglesia de su tiempo; pero eso no le podía detener de hacer su invitación a las personas; porque cuando le cerraron las puertas de la sinagoga, se dirigió al templo del aire libre y enseñó a la gente por las calles de las aldeas y por las carreteras, a la orilla del lago y en sus propios hogares. La persona que tiene un mensaje auténtico que transmitir, y un auténtico deseo de transmitirlo, siempre encontrará o creará las oportunidades” (Comentario al Nuevo Testamento, comentarios sobre Mateo 13:1, énfasis en el original).

Jesús comienza además a usar las parábolas con más frecuencia, principalmente para ocultar ciertas verdades espirituales. La palabra “parábola”, del vocablo griego parabole, significa literalmente “colocar al lado”. Como señala un comentario: “Una parábola es una forma de enseñanza en la que una cosa es colocada al lado de otra. De ahí que su significado sea comparación” (Vincent’s Word Studies [Estudio de palabras de Vincent]. Básicamente tiene el mismo significado que la palabra masal, utilizada en el Antiguo Testamento.

Sin embargo, una parábola puede tener diferentes propósitos y no se usa solamente para ocultar un significado. De hecho, las parábolas son una figura de expresión utilizada a lo largo de la historia literaria y que incluso fueron empleadas en las fábulas de Esopo y en el Antiguo Testamento.

Barnes Commentary (Comentario de Barnes) explica: “La palabra ‘parábola’ se deriva de un término griego que significa ‘comparar dos cosas juntas’, y denota una similitud tomada de un elemento de la naturaleza para ilustrar un asunto espiritual o moral. Es la narración de algún hecho ficticio o real para ilustrar con mayor claridad cualquier verdad que el orador quiera enseñar. Ha sido muy utilizada desde tiempos antiguos; escritores paganos, como Esopo, la usaban con frecuencia. En el tiempo de Cristo era de uso común. Los profetas la habían usado, y Cristo la usaba a menudo al enseñar a sus discípulos . . . El ‘propósito’ de hablar en parábolas es el siguiente:

“1. Hacer que la enseñanza de una verdad sea más atractiva para la mente, agregando a la verdad transmitida la belleza de una imagen o narración.

“2. Enseñar la verdad espiritual captando la atención de la gente, apelando a sus ‘sentidos’ para lograrlo.

“3. Presentar una verdad que puede ofender, o algún reproche específico, de tal manera que la conciencia ‘se despierte’. Esta fue la clase de parábola que usó Natán para reprender a David en 2 Samuel 12:1-7, y también muchas de las parábolas que nuestro Salvador dirigió a los judíos.

“4. ‘Ocultar’ a una parte de la audiencia las verdades que uno quiere que otros entiendan. Así, frecuentemente Cristo entregaba verdades a sus discípulos en presencia de los judíos, porque sabía muy bien que estos no las entenderían: verdades que concernían a sus discípulos en particular, y que no tenía ninguna obligación de explicar a los judíos” (notas sobre Mateo 13:1).

Es importante enfocar la atención en el cuarto punto, que en general la corriente principal del cristianismo no enfatiza lo suficiente porque prefiere centrarse en otros aspectos de las parábolas, es decir, prefiere presentarlas como algo comprensible para todos y así apoyar la idea de que la vida actual es “el único día de salvación” para los seres humanos.

Sin embargo, Jesús aquí deja muy claro que en general tenía en mente la cuarta categoría: “Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron” (Mateo 13:10-17).

Por lo tanto, Cristo recalcó que Dios no está abriendo los ojos del mundo en general, sino solamente los de aquellos que está llamando ahora. Como más tarde agregó, “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:44). En cierto sentido, toda la Biblia es un tipo de parábola desconcertante para el mundo pues oculta mucha verdad espiritual, como señala Pablo más adelante en 1 Corintios 2:10-12.

La parábola del sembrador

Veamos la primera parábola de Jesús: “Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo 13:3-9).

Lucas identifica lo que simboliza la semilla: “La semilla es la palabra de Dios” (Lucas 8:11). Dios hace el llamamiento, y se vale principalmente de sus ministros para difundir las buenas nuevas por todo el mundo, aunque los miembros también pueden ser instrumentos para llamar a otros mediante su ejemplo y las respuestas que dan a quienes pregunten.

Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas añaden algunos elementos a la explicación de Cristo acerca de esta primera parábola:“Cuando alguno oye la palabra del reino [la Palabra de Dios] y no la entiende, viene el malo [Satanás], y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza [cae]. El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas [los placeres de la vida] ahogan la palabra, y se hace infructuosa [ningún fruto madura]. Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno” (Mateo 13, Marcos 4, Lucas 8).

Esta primera categoría de los llamados está representada por la semilla sembrada junto al camino. El Comentario de Adam Clarke describe camino como “sendero endurecido, donde ningún arado había horadado el suelo”. Al no estar cubierta, la semilla quedaba visible y las aves u otros animales podían comerla fácilmente.

Esto describe a quien escucha el mensaje del Reino de Dios y cómo puede ser parte de él, pero de repente algo impide que ponga manos a la obra. Satanás sabe que este es el mejor momento de influenciar a tal persona, así que muchas veces, antes de que las creencias puedan arraigarse, se las arregla para que tropiece ante alguna tentación, dificultad o prueba que la desalienta, distrae o asusta hasta el punto de desanimarla y hacerla claudicar. También puede ocurrir que por descuido o por un comentario calumnioso de alguien que supuestamente “sabe” cosas negativas sobre la Iglesia o de algún miembro, desacredita o ridiculiza a cualquiera que esté interesado en ser parte de ella. El punto es que, por alguna razón, la persona rechaza el llamado de Dios antes de que este pueda arraigarse con firmeza.

En la segunda categoría de personas, la semilla cae en tierra rocosa; esto representa a la persona que dura más que la primera en el camino de Dios, y que por un tiempo vive con entusiasmo según sus verdades. Al principio estas personas reaccionan con alegría, pero eventualmente una prueba grande las aleja del camino de Dios, pues sus raíces espirituales no tuvieron tiempo de profundizarse. Del mismo modo que una planta sembrada en un suelo rocoso y superficial brota, pero luego se marchita por el calor del verano, una prueba puede terminar siendo demasiado difícil de superar para estas personas y acaban dándose por vencidas.

La tercera categoría es la semilla sembrada entre espinos. Este es el caso de la persona receptiva y sensible a la Palabra, quien produce y persevera en el fruto espiritual, pero luego se descuida y permite que las distracciones, riquezas o placeres del mundo tengan prioridad con respecto a la Palabra. Como dice Robertson’s Word Pictures (Palabras en imágenes de Robertson): “El afán por el dinero y las ocupaciones van de la mano, y entre ambos pueden arruinar el más ferviente arraigo religioso. Las espinas florecen y la persona se enferma y muere, ahogada por la falta de comida, aire y sol espirituales” (comentario sobre Mateo 13:22).

La cuarta categoría, la semilla sembrada en buena tierra, representa a la persona que continuamente profundiza en sus convicciones alimentándose de las verdades de Dios, aplicándolas fielmente, permaneciendo cerca de él, superando las pruebas y tentaciones hasta el final, y produciendo abundantes frutos espirituales.

Barnes Commentary observa: “Cuando se siembra, la mayor parte de las semillas cae en tierra buena, pero el propósito de Cristo no fue enseñar que las proporciones serían exactamente las mismas entre aquellos que escucharan el evangelio. Las parábolas están diseñadas para enseñar alguna verdad general, así que al explicarlas no se deben forzar demasiado los elementos”.

La parábola del trigo y la cizaña

Luego viene la segunda parábola: “Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero” (Mateo 13:24-30).

Este mensaje fue explicado específicamente solo a sus discípulos: “Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo. Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad [ver 1 Juan 3:4], y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo 13:36-43).

Robertson’s Word Pictures explica: “El enemigo sembró deliberadamente ‘la cizaña’ (zizania [en griego] no se refiere a la ‘maleza’ sino a un tipo de trigo silvestre e inútil). Esta cizaña barbuda, Loliumtemulentum, es común en Palestina y se parece al trigo, excepto que sus granos son negros. En sus primeras etapas no se diferencia de los tallos de trigo, de modo que tienen que dejarse crecer hasta poco antes de la cosecha” (notas sobre Mateo 13:38).

Dado que el ‘campo’ mencionado aquí significa el ‘mundo’, esta parábola se refiere a Satanás, que ha sembrado religiones falsas por todo el planeta. Dios ha permitido que esto siga así hasta el fin de los tiempos, cuando Cristo regrese y restrinja a Satanás, el gran inventor de religiones y engañador, y acabe con todas las religiones falsas (Isaías 25: 6-7; Zacarías 14:9, 16; Apocalipsis 20:3). Esto también se aplica a las falsas doctrinas del cristianismo, que se han extendido como cizaña por todo el mundo. Jesús y los apóstoles advirtieron repetidamente acerca de esto, desde el comienzo.

Judas cita esta escritura cuando advierte: “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 3-4). Esto muestra que la cizaña también puede referirse a falsos hermanos dentro de la Iglesia, o lo que la Biblia llama “sinagoga de Satanás”(Apocalipsis 2:9; 3:9).

Pedro añade: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 Pedro 2:1-3).

Por lo tanto, Cristo nos advirtió que seamos cautelosos y nos aseguremos de examinar cuidadosamente los frutos espirituales, la conducta y la verdad, sin dejar que la apariencia de las cosas nos engañe (Mateo 7:20). Hemos visto a muchos quedarse en el camino por ser descuidados. En este sentido, es importante aplicar siempre 1 Tesalonicenses 5:21: “Examinadlo todo; retened lo bueno”, y analizar con cuidado los dos lados de un asunto antes de determinar lo que es correcto a la luz de la Palabra de Dios.  EC

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