Lección 11: El sermón del monte (3ra parte)

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Tercera parte del análisis profundo del sermón del monte

En el sermón del monte, Cristo hizo un contraste entre las enseñanzas de los fariseos y la forma correcta de entender la ley de Dios, para lo cual se requiere una dimensión espiritual que los fariseos no tenían. En esta lección continuaremos con el tercer  “significado verdadero” que Cristo reveló.

El verdadero significado de la ley del divorcio

En la siguiente sección del sermón del monte Cristo explica la verdadera intención de la ley del divorcio que se encuentra en Deuteronomio 24:1, y cómo había sido distorsionada por las enseñanzas farisaicas.

Él dijo: “También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio” (Mateo 5:31-32).

En Mateo 19:6-9, Jesús añadió: “Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? Él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera”.

Esta explicación debe haber sido bastante polémica en aquel entonces, ya que la comunidad judía estaba dividida sobre el tema.

Como dice The Bible Knowledge Commentary(Comentario del conocimiento bíblico): “Entre los líderes judíos había dos escuelas de pensamiento sobre el asunto del divorcio. Los que seguían a Hillel decían que a un hombre se le permitía divorciarse de su esposa por cualquier razón; pero el otro grupo (los que seguían a Samai) afirmaba que el divorcio solo era  permisible debido a una falta grave. La reacción del Señor fue enfática al recordarles que para Dios el matrimonio es una unión indisoluble y que no debe terminar en divorcio. La ‘cláusula de excepción’, es decir, en caso de infidelidad conyugal (porneias), es interpretada de varias maneras por los eruditos de la Biblia. Cuatro de ellas son: (a) En caso de adulterio, (b) Infidelidad durante el período de compromiso (Mateo 1:19), (c) Matrimonio entre parientes cercanos (Levítico 18:6-18), o (d) Promiscuidad permanente” (notas sobre Mateo 5:31-32).

Nuestra declaración doctrinal Divorcio y segundas nupcias explica: “Esa ‘dureza de vuestro corazón’ se aplica a toda la humanidad que había rechazado el camino de vida dado por Dios desde los tiempos de Adán y Eva. Aunque claramente la intención de Dios desde el principio fue que todos los matrimonios duraran de por vida, es un hecho innegable que no todos los matrimonios serán tan duraderos. Aunque no negamos que Dios puede estar involucrado en el noviazgo y el matrimonio antes de que sean llamadas las personas, creemos que los que han sido llamados por Dios deben buscar diligentemente que Dios esté involucrado en sus vidas.

“Los seres humanos pueden tomar decisiones equivocadas que muchas veces pueden producir un impacto considerable y grave en sus vidas. Dios, en su misericordia, ha establecido una provisión para resolver en forma aceptable y satisfactoria el perdón de los pecados por medio del sacrificio de Jesucristo.

“Aunque se permitía el divorcio en el Antiguo Testamento, Cristo explicó que se debía a la ‘dureza de vuestros corazones’. Después añadió que desde el principio la intención fue no llegar al divorcio. Lo que Dios deseaba era que los matrimonios permanecieran juntos toda la vida. No obstante, el Nuevo Testamento sí describe dos casos donde el divorcio y las subsecuentes segundas nupcias son aceptables sin que sean declarados pecado (Mateo 19:9; 1 Corintios 7:15). Se pueden resumir como: (1) La inmoralidad sexual. (2) El hecho de que el incrédulo no desea vivir con el creyente . . .”

The Preacher’s Bible Commentary (Comentario bíblico del predicador) destaca otro punto importante: “En este pasaje, por conclusión, Jesús eleva la condición de la mujer. En las oraciones rabínicas, cada varón agradecía a Dios diariamente por no haber nacido como gentil, esclavo, o mujer. En tiempos de Jesús los derechos de las mujeres eran tan limitados, que un hombre podía divorciarse de su esposa simplemente con afirmarlo reiteradamente en presencia de testigos y con una declaración escrita. Aquí Jesús censura esa práctica, y exalta por igual la dignidad y el valor de mujeres y hombres, exhortando a ambos a cumplir con el gran pacto matrimonial” (notas sobre Mateo 5:31-32).

Cristo estaba restaurando la ley del divorcio a su legítima intención: que solo debía recurrirse a él como último recurso. Explicó que una mujer no debe ser tratada como propiedad del hombre sino como su colaboradora y compañera, a la cual se debe amar y cuidar. Como dijo Pedro, son “coherederas de la gracia de la vida” (1 Pedro 3:7).

 

El verdadero significado de la ley de los juramentos

A continuación Cristo explica la verdadera intención de la ley relacionada con los juramentos, que también había sido distorsionada por las enseñanzas farisaicas de ese tiempo.

Dijo: “Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” (Mateo 5:33-37).

En tiempos de Cristo, los fariseos se habían arrogado el derecho de convertir los juramentos en complicadas argucias legales, mediante las cuales se le adjudicaba diferentes grados de valor a un juramento.

“Los fariseos eran tristemente famosos por sus juramentos, que proferían a la menor provocación”, señala The Bible Knowledge Commentary. “Sin embargo,  se permitían ciertos resquicios para no cumplir sus votos. Si querían librarse de juramentos que habían hecho por el cielo . . . por la Tierra . . . por Jerusalén, o por sí mismos, podían argumentar que, como no habían mencionado a Dios, tales juramentos no eran obligatorios. Pero Jesús dijo que los juramentos ni siquiera eran necesarios: ‘No juréis en ninguna manera’. El simple hecho de que se usaran juramentos dejaba entrever la maldad del corazón del hombre (ver Santiago 5:12)” (notas sobre Mateo 5:33-37).

Es importante leer Santiago 5:12 en este sentido: “Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación”. Aquí, Santiago claramente repite la doctrina de Cristo sobre este tema.

The Preacher’s Bible Commentary añade: “El discípulo debe ser honesto y digno de confianza, lo que hace innecesario que jure. El sí siempre debe ser sí y el no siempre debe ser no. Si se requiere agregar más es porque algo anda mal, pues donde hay honestidad y confianza no se necesitan más palabras. Los judíos ya creían gran parte de lo que enseñó Jesús. Al hablar del asesinato y el adulterio él solo estaba interpretando la ley, pero en cuanto al divorcio y los juramentos, tuvo que corregir la tradición judía. Ellos decían que ‘el mundo se fundamentaba en tres cosas: la justicia, la verdad y la paz’. Sin embargo, como su ley les permitía jurar, la comunidad judía había desarrollado una jerarquía de valores para los juramentos, una pauta que hacía algunos juramentos más obligatorios que otros. La declaración de Jesús en este cuarto asunto fue ‘No juréis en ninguna manera’, que era un llamado a respetar al Eterno y a evitar que se tomara su nombre en vano . . .

“En nuestra sociedad, la costumbre de jurar es una manera de invocar al Señor para darle obligatoriedad a cualquier asunto. Pero, junto con el juramento, se  condena el jurar en falso. Jesús hace un llamado a ser honestos sin necesidad de jurar. Esto explica el proceder de los menonitas, cuáqueros y otros que se rehúsan a jurar en los negocios o en las cortes y que en lugar de ello prefieren ‘afirmar’ (ver Santiago 5:12). Jesús enseñó que jurar es innecesario, irreverente e ineficaz, pues en realidad no cambia nada. Lo verdaderamente importante es la palabra sincera. Jesús quiere que todos sus discípulos practiquen la verdad en su relación con la sociedad y especialmente entre ellos. La sinceridad es la expresión de seguridad interna e integridad de la persona” (notas sobre Mateo 5:33-37).

Albert Barnes’ New Testament Commentary  (Comentario del Nuevo Testamento de Albert Barnes) señala dos cosas que podemos aprender: “(1) Que el juramento profano siempre es indicio de un corazón depravado. El acto de jugar con el nombre de Dios o con cualquiera de sus obras es, en sí mismo, una prueba categórica de depravación. (2) Que al hablar de temas comunes, nadie tiene mayor credibilidad solo por hacer un juramento. Cuando alguien jura, deja en evidencia que sabe muy bien que lo que afirma es falso, y debemos estar en guardia. Quien quebranta el tercer mandamiento no dudará en quebrantar igualmente el noveno. Y esto explica el hecho de que rara vez sea creíble alguien que jura en vano. La persona confiable es aquella cuyo carácter está por sobre toda duda; alguien que obedece todas las leyes de Dios y cuya palabra, por lo tanto, es suficiente. Un cristiano verdadero, que vive como cristiano, no necesita jurar ni ser profano para gozar de credibilidad . . .” (Notas de Barnes sobre Mateo 5:37).

 

El verdadero propósito de la ley del "ojo por ojo"

Luego Cristo se enfoca en una ley relacionada con la administración de la justicia: “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” (Mateo 5:38-41).

Muchos han pensado que el principio del “ojo por ojo” era una forma despiadada de aplicar justicia; sin embargo, su intención era poner freno a la venganza y la crueldad excesivas.

Como explica The Bible Knowledge Commentary: “Las palabras ‘ojo por ojo y diente por diente’ provienen de varios pasajes del Antiguo Testamento’ (Éxodo 21:24; Levítico 24:20; Deuteronomio 19:21); se les conoce como la ley del talión (lex talionis), o ley de la represalia. Fue promulgada para proteger a los inocentes y para asegurarse de que las represalias fueran proporcionales a la ofensa. Jesús señaló, sin embargo, que si bien los derechos de los inocentes estaban protegidos por la ley, los justos no estaban obligados a exigir sus derechos. El justo se caracterizaría por su humildad y altruismo, y si así lo deseaba, en lugar de ello podría caminar la ‘milla extra’ para mantener la paz. Cuando lo golpearan en una mejilla, o lo demandaran ante el tribunal por una túnica, o lo forzaran a ir con alguien por una milla [un soldado romano tenía ese derecho], no debía devolver el golpe, exigir restitución, o negarse a ir. En lugar de desquitarse, debía hacer todo lo contrario y, además, encomendar su causa al Señor, quien un día pondría todas las cosas en orden (Romanos 12:17-21). Esto fue llevado a su máxima expresión en la vida misma del Señor Jesús, como explicó Pedro (1 Pedro 2:23)”.

The Preacher’s Bible Commentary añade: “El elemento más importante en este pasaje es la estrategia que va de lo negativo a un curso de acción positivo. El discípulo debe estar dispuesto a servir a Dios y a su prójimo que lo necesita. El principio se encuentra en las primeras líneas de esta sección: ‘No resistáis al que es malo’. Poner la otra mejilla no es doblegarse, sino una noble estrategia. Actuar así es tomar la iniciativa de conducirse conforme a la libertad y el amor de Cristo . . .

“En los tiempos antiguos la venganza era parte de la vida, y si un hombre hería a alguien de otra tribu, el resultado era la venganza de la tribu de la víctima contra los miembros de la tribu del agresor. La intención de Dios con la ley del ‘ojo por ojo’ era limitar las venganzas. Al comienzo de su revelación, Dios quiso enseñar sus altas normas de ética limitando el desquite. Pero ahora Jesús muestra la más alta expresión de la voluntad de Dios rechazando la venganza y exhortándonos a actuar con amor. Si bien hay atisbos de esta misericordia en el Antiguo Testamento (como en Levítico 19:18: ‘No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo’), el nuevo énfasis en lo que enseñó  Jesús es que debemos amar a nuestros enemigos” (notas sobre Mateo 5:38-41).

The Jaimeson-Fausset-Brown Commentary (Comentario Jaimeson-Fausset-Brown) hace un interesante análisis de cómo algunos distorsionaron y utilizaron indebidamente esta instrucción del Antiguo Testamento: “Mateo 5:38 . . . ‘Ojo por ojo, y diente por diente’: esto justificaba cualquier castigo. Esta ley de retribución, creada para evitar que las personas se vengaran por sí mismas y en cambio dejaran el asunto en manos de los jueces, fue interpretada en un sentido completamente opuesto a los mandamientos del Decálogo y utilizada para cometer abusos. Aunque fue reducida al nivel de un mandato civil, esta regulación judicial se usó como licencia para tomar represalias por cuenta propia, contrariando el mandato mismo del Antiguo Testamento(Proverbios 20:22: ‘No digas: Yo me vengaré; espera en el Eterno, y él te salvará’. Proverbios 24:29: ‘No digas: Como me hizo, así le haré; daré el pago al hombre según su obra’)”.

 

La verdadera intención en cuanto al trato con los enemigos

Cristo concluye esta sección contrastando otra enseñanza de los fariseos:  “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:43-45).

The Bible Knowledge Commentarydice: “Los fariseos enseñaban que uno debe amar a su prójimo (Levítico 19:18) y odiar a los enemigos de Israel. Por lo tanto, para los fariseos, su odio era el medio por el cual Dios juzgaba a sus enemigos. Pero Jesús dijo que Israel debía demostrar el amor de Dios, incluso a sus enemigos .  .  . Dios los ama; él hace que salga el sol sobre ellos y les envía lluvia para que sus cultivos produzcan. Como el amor de Dios abarca todo el mundo, Israel también debe transmitir su amor a todos los seres humanos para demostrar así que son hijos de Dios (Mateo 5:16). Amar solamente a quienes nos aman y saludar únicamente a los hermanos, no es otra cosa que lo que hacen los publicanos y los paganos. ¡Qué reproche hacia los fariseos!

 “Jesús concluye diciendo: ‘Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto’. Su mensaje demostró el justo estándar de Dios, pues Dios mismo es sin duda la ‘norma’ de la justicia. Si estos individuos querían ser justos, debían ser como Dios: ‘perfectos’, es decir, [espiritualmente] maduros (teleioi) o santos. El asesinato, la lujuria, el odio, el engaño y la venganza, obviamente no caracterizan a Dios; él no rebajó la calidad de sus estándares para acomodarse a los seres humanos; en cambio, estableció su santidad absoluta como la norma a seguir. Y aunque el hombre por sí mismo nunca puede alcanzar la perfección de esta norma, sí puede, confiando en Dios por medio de la fe, experimentar el gozo de que su justicia se reproduzca en su vida” (notas sobre Mateo 5:43-45).

La enseñanza de los fariseos en cuanto a cómo tratar a los enemigos se opone diametralmente a la voluntad de Dios, incluso en el Antiguo Testamento: “Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, y si tuviere sed, dale de beber agua” (Proverbios 25:21). El libro de Éxodo también habla de tratar favorablemente a los enemigos. “Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo. Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás sin ayuda? Antes bien le ayudarás a levantarlo” (Éxodo 23:4-5).

The Preacher’s Bible Commentaryañade un punto importante: “Este no es el comportamiento natural del hombre. Solo el discípulo que ha nacido del Espíritu, que  conoce el poder de la gracia de Cristo, es capaz de vivir por esta norma. Este es el gran amor de Cristo, no solo un afecto natural como erōs o phileō, sino agapē, un amor que es un acto de la voluntad más que del corazón. Tal amor no es necesariamente algo del sentimiento, sino algo de la voluntad: significa vivir según el espíritu de Cristo, incluso cuando se trata de los enemigos. Tal amor comprende todos los aspectos de la vida: disposición, palabra, acción e intercesión.

“En Mateo 5:45, Jesús basa su llamado al amor en la propia naturaleza y conducta del Padre, quien con perfecto amor, sin acepción de personas, trata a amigos y enemigos por igual, en su providencia llena de gracia . . . El mandamiento de ser perfecto tal como nuestro Padre es perfecto debe entenderse en este contexto de amor. Su amor es perfecto y sin discriminación; nuestro amor debe abarcar a todas las personas, tanto a amigos como enemigos. La palabra “perfecto” no debe entenderse desde la perspectiva de perfección filosófica o moral . . . La palabra griega es teleios, cuyo significado comprende culminación, madurez y logro de objetivos. Hemos sido creados a imagen de Dios, y al haberla pervertido por el pecado, somos renovados por la gracia y predestinados ‘para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo’ (Romanos 8:29). La meta del discípulo es vivir en esta perfección, en este teleios, que es la extensión del gran amor de Cristo. Es una palabra activa,  y en su contexto significa que nuestro amor debe incluir a todos, tal como el amor de Dios incluye a todos.

“La enseñanza de esta sección se refiere en primer lugar a las relaciones personales. Una persona no altera estos principios de amor cuando se relaciona con otros en un grupo social más amplio o en relaciones internacionales. Para muchos de nosotros, este pasaje es un claro fundamento de las enseñanzas de Jesús para la paz cristiana. En consecuencia, los que asumen esta posición se oponen voluntariamente a participar en la guerra, cualquiera sea su índole, y eligen sin resistirla vocación del amor redentor. Aun cuando el discípulo está consciente de que las naciones tienen ejércitos para proteger sus intereses, puede optar por mantenerse al margen de las acciones bélicas de su país a fin de que la comunidad del Rey pueda colaborar en aspectos alternativos de servicio amoroso, que ayudarán a ‘vencer el mal con el bien’. Se trata de ser la sal de la Tierra mostrando una mejor forma de mediación. Para tener tal actitud, el discípulo debe poner en práctica el sentido más profundo del amor, como lo demostró Jesús en la cruz. No tenemos que vivir; podemos morir. Hay que reconocer el punto fundamental de Jesús: solo la persona que pone su plena confianza en Dios puede aprender a no confiar en sí misma y a relacionarse sin temor con su prójimo” (notas sobre Mateo 5:43-45).

Jesucristo se centró en estas seis enseñanzas farisaicas, que aunque eran la norma religiosa en Israel en ese momento, no eran más que interpretaciones erróneas. Luego mostró la correcta interpretación de las leyes y principios de Dios, que serían las enseñanzas fundamentales del cristianismo verdadero.  ec

(Continuará).

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