El ABC de una verdadera educación en artes liberales

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Una educación en artes liberales (o humanidades) libera al hombre del miedo, los dogmas, etc. Pero una educación completa en humanidades debe incluir la verdad de Dios.

Hace ya varios años, pasé el día con el Dr. Kentaro Hayashi, presidente de la Universidad de Tokio. Mientras paseábamos por el campus universitario del Colegio Ambassador, hablamos sobre las similitudes y diferencias entre los cimientos filosóficos de los sistemas educativos de Estados Unidos y Japón. Yo pensaba que habría grandes diferencias, ya que la religión oficial de Japón es el sintoísmo, pero para mi sorpresa, el Dr. Hayashi me explicó que la educación superior en Japón utiliza el modelo alemán, con énfasis en las filosofías griega y alemana. Esto explica en gran medida por qué los japoneses han podido desenvolverse tan bien en la cultura occidental: ellos saben bien cómo piensa Occidente.

La ciudad de Atenas, en Grecia, con frecuencia es llamada “la cuna de la democracia y la educación occidental”. Los griegos realzaron la importancia de la educación integral del hombre, resumida en el lema “mente sana en cuerpo sano”. El concepto de una educación en humanidades (también llamada artes liberales, por su capacidad de librar al hombre de la ignorancia) puede rastrearse hasta la antigua Grecia, pero la educación formal en la Grecia de aquel entonces era un privilegio exclusivo del hombre libre.

Poco después de iniciar mis estudios en la Universidad Estatal Delta, vi una cita grabada en piedra sobre la puerta del edificio de administración, y nunca he podido olvidarla. Dice así: “El estado ha decretado que solo los hombres libres pueden ser educados; pero Dios ha decretado que solo los hombres educados pueden ser libres”. La última parte de esta cita armoniza perfectamente con las palabras de Cristo en Juan 8:32: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

El término “artes liberales” se deriva del concepto griego de la educación, que tiene que ver con el hombre libre. Significa liberar — dejar ir en libertad. Algunas personas creen que una educación en artes liberales tiene como meta una amplia exposición a diferentes cursos y grandes libros y, en parte, ella incluye tales alternativas. Otros creen que una educación en artes liberales se asocia con ideas políticas y morales de corte liberal y progresista, pero esto no es cierto. Ninguna de estas ideas explica plenamente el propósito de una verdadera educación en artes liberales, porque ésta lo libera a uno del miedo, la ignorancia, la superstición y los dogmas del hombre.

Para que usted y yo podamos ser verdaderamente libres, debemos conocer las respuestas a los grandes interrogantes de la vida. Éstos son: ¿quién es Dios?, ¿qué es Dios?, ¿cuál es su propósito? Las preguntas que se derivan lógicamente de éstas son: ¿quién es el hombre?, ¿qué es el hombre?, ¿cuál es su propósito? Y, más importante aún, ¿qué puedo hacer yo para heredar la vida eterna? Otras preguntas que surgen son: ¿qué es bueno, y qué es malo?, ¿de dónde provienen nuestras ideas?, ¿qué es más importante, el estado o el individuo?, ¿cuál es el propósito de la educación?, ¿cuál es la verdad?, ¿cuál es el origen y propósito del universo?

Ha habido cuatro sistemas que han intentado responder a las grandes incógnitas de la historia de la humanidad: la religión verdadera, la religión falsa, la filosofía y la ciencia. Estas dos últimas pueden arrojar cierta luz sobre los interrogantes antes mencionados, pero, como dijo el apóstol Pablo en 2 Timoteo 3:7, los habitantes de este mundo están atrapados, “siempre están aprendiendo, pero nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad”. Solo existe unsistema capaz de responder a la dimensión espiritual de estas preguntas, y ese sistema es la verdadera religión — la verdad de Dios. Jesús afirma que la Palabra de Dios es verdad y que las palabras que él habla son espíritu y vida (Juan 17:17; 6:63).

Analicemos por qué una genuina educación humanista es imposible de obtener si se pasa por alto la verdad: “porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:14). Satanás es el Dios de este mundo, y él controla los sistemas educativos en todo el orbe. No obstante, si uno les pregunta a los líderes mundiales cómo piensan resolver los problemas de la humanidad, ellos dicen que mediante la educación. Pero el Dios de este mundo odia a los seres humanos y está empeñado en destruirlos, y también el plan que Dios tiene para ellos. ¿Cómo, entonces, podemos liberarnos del temor, la ignorancia, la superstición y los dogmas del hombre mediante un sistema controlado por el gran engañador?

La Palabra de Dios (según se enseña en la Iglesia de Dios y a través de programas educativos como los que imparte el Centro Bíblico Ambassador) es la única fuente de la cual uno puede obtener una verdadera educación en humanidades. Tal vez usted no entienda la filosofía griega ni la alemana, pero si conoce el significado, el propósito y la aplicación del plan de Dios para la humanidad y es fiel a su Palabra, es imposible que pueda ser engañado. Dios, de su propia voluntad, nos ha engendrado con la verdad – la verdad que realmente nos hace libres (Santiago 1:18).

El Centro Bíblico Ambassador es único, diferente, y entrega a sus estudiantes algo que no pueden obtener en otras instituciones. Aunque parezca difícil de creer, el Centro Bíblico Ambassador ofrece una verdadera educación en artes liberales. Y aunque hay muchas otras materias que no ofrece y que sí son parte de un currículo de humanidades, las verdades esenciales que producen una libertad genuina son enseñadas en nuestro Centro Bíblico. La Iglesia de Dios y el Centro Bíblico Ambassador imparten la verdad que puede otorgarnos la libertad, pero me refiero a la libertad absoluta, en el sentido espiritual.

Muchas personas, entre ellas un gran número de científicos, creen que puede haber vida en otros planetas. Los científicos titubean en sus desesperados intentos por explicar la creación y las numerosas leyes físicas, mentales, psicológicas y espirituales que la sostienen y regulan. Para ello formulan toda clase de teorías y especulaciones, pero nunca pueden responder a la pregunta de dónde se originó todo lo que existe.

No existe ningún poder, fuerza ni organismo que Dios no conozca. No tenemos que preocuparnos de una invasión extraterrestre, pero sabemos que sí habrá un invasor: Jesucristo de Nazaret. Satanás engaña al hombre, y éste pelea contra su Hacedor (Isaías 45:9-13).

No hace mucho, leí que hoy en día la mayor preocupación de los jóvenes en edad universitaria tiene que ver con las respuestas a los grandes interrogantes de la vida: ¿qué es el hombre, quién es el hombre, y cuál es su propósito? En otras palabras: ¿por qué nací?, ¿fue solo para vivir unos cuantos años llenos de infelicidad y dolor en este terrón de arcilla?  Los estudiantes universitarios están suicidándose en cifras mucho mayores que cualquier otro segmento de la sociedad, con excepción de los psiquiatras. Los adolescentes y jóvenes en edad universitaria buscan desesperadamente en la oscuridad las respuestas a las grandes incógnitas de la vida, y cuando no las encuentran, recurren a los muchos mecanismos de escape de Satanás el demonio. Algunos de nuestros jóvenes en la Iglesia no entienden esto, y creo que es una trágica e irónica paradoja que precisamente aquello que no valoran y los desanima es lo que los jóvenes del mundo buscan.

¿Quién soy yo? ¿Por qué nací? ¿Existe acaso algún propósito para la existencia humana más allá de esta vida transitoria y vana? Los jóvenes del mundo se sienten desanimados porque no conocen la verdad, están esclavizados por Satanás y carecen del precioso conocimiento que rompe las ataduras del hombre y lo convierte en un ser verdaderamente libre. Irónicamente, muchos de nuestros jóvenes en la Iglesia se desalientan precisamente porque tienen este conocimiento, pero creen que pueden disfrutar los placeres de esta sociedad durante una temporada y luego saltar el cerco para volver a la Iglesia cuando el momento sea propicio. El problema con este enfoque es que quienes no están actuando ni viviendo por la Palabra de Dios no pueden saber cuál es el momento propicio.

Muy pocas personas parecen entender que Satanás odia al hombre porque éste tiene el potencial de ser feliz, y él quisiera vernos tan fracasados como él lo está. Satanás sabe lo que le espera, y astutamente hace que aquello que más nos lastima parezca verdaderamente atractivo. Después de habernos tentado y atraído a su trampa, él cierra la puerta. El Centro Bíblico Ambassador tiene las respuestas a las preguntas “¿Por qué nací?” y “¿Por qué nació usted?”

El Centro Bíblico Ambassador proporciona los instructores y el ambiente donde estos principios pueden ser enseñados y puestos en práctica.

Después de aprender la verdad, uno debe aplicarla para poder ser una luz al mundo; podemos jactarnos todo el día de entender la verdad, pero si no la aplicamos, estamos en peores condiciones que si nunca la hubiéramos conocido. Si somos diligentes en las cosas más importantes de la ley y ejercemos discernimiento, misericordia y fe, cumpliremos con los dos grandes mandamientos y caminaremos siempre según la perfecta ley de la libertad: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-40).

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