Las leyes de Dios acerca de los alimentos

Creemos que no se han de comer las carnes señaladas por Dios como "inmundas" en Levítico 11 y Deuteronomio 14.

Las Escrituras nos revelan que Dios creó una inmensa variedad de vida animal para que poblara nuestro planeta y también afirman que algunos de estos animales fueron creados con el propósito específico de que sirvieran de alimento a los seres humanos (1 Timoteo 4:3). Aunque ningún cristiano está obligado a comer carne, el vegetarianismo en sus diferentes formas, si se practica como un requisito religioso, se considera como una debilidad espiritual (Romanos 14:2).

No existe ningún pasaje bíblico que nos explique claramente cuándo estableció Dios la diferencia entre los animales “limpios” y los animales que no lo son. La ausencia de un mandamiento claro no debe tomarse como prueba de que no se dieron instrucciones al respecto. En las primeras páginas de la Biblia encontramos pocas órdenes claras y precisas, pero los ejemplos nos demuestran que las normas acerca de lo bueno y lo malo se entendían muy claramente. Por ejemplo, no existe una orden clara en contra del asesinato antes de que Caín matara a su hermano Abel; pero no por ello podemos concluir que en aquella época el asesinato era aceptado como algo correcto. El libro del Génesis puede considerarse como un libro de orígenes. Este libro fue escrito por Moisés con el propósito de proveer un registro histórico de lo que ocurrió, no como un libro de leyes. Los lectores no deben suponer que la ley no existía desde el principio.

En la Escritura, la distinción entre “limpio” e “inmundo” aparece por primera vez en Génesis 7:2, donde Noé recibe la orden de tomar siete (o siete parejas de) animales limpios y sólo una pareja de animales no limpios. Cuando Dios instruyó a Noé para que construyera una enorme arca, le dio toda clase de instrucciones específicas y detalladas acerca del tamaño, la forma y la construcción de ésta. Sin embargo, Dios no consideró necesario decirle a Noé cuáles animales eran limpios y cuáles eran inmundos. La instrucción de Dios y la respuesta de Noé muestran claramente que Noé entendía cuáles animales eran limpios y cuáles no.

Después del diluvio Dios le dijo a Noé: “Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo” (Génesis 9:3). En el versículo anterior vemos que el punto que se estaba tratando era que aunque habían sobrevivido pocos hombres y se habían preservado varias especies de animales grandes y peligrosos, Noé y su familia no tenían por qué temer a esos animales.

El versículo 3 nos dice que los animales fueron creados para el beneficio del hombre. Estaban bajo el dominio del hombre, lo mismo que las hierbas y las plantas. Algunas de estas plantas sirven como alimento, otras como materiales de construcción, otras para embellecer y alegrarnos la vida, y otras son venenosas y capaces de causarnos enfermedad y hasta muerte si las ingerimos. Lo mismo ocurre con los animales: unos sirven como alimento, otros nos proveen de vestido, otros nos ayudan en diferentes labores y otros nos protegen de peligros.

Cuando los animales son mencionados en las Escrituras como alimento o como sacrificio antes de los sucesos en el monte Sinaí, invariablemente se trata de animales limpios (Génesis 15:9: becerra, cabra, carnero, tórtola y palomino; Génesis 22:13: carnero; Éxodo 12:5: ovejas o cabras). Sin importar el papel que hayan desempeñado las carnes en el antiguo pacto, la ley de las carnes limpias e inmundas claramente precedió a la promulgación de éste.

Cuando se estableció el sistema levítico, fue necesario codificar ciertas leyes y reglas que habían estado vigentes por algún tiempo. Dos pasajes de las Escrituras: Levítico 11:1-47 y Deuteronomio 14:3-21 nos indican claramente cuáles son las carnes que son aptas para el consumo humano y cuáles no; pero estos pasajes simplemente codifican prácticas muy anteriores al establecimiento del sistema levítico. El término usado para describir aquellos animales cuya carne es apta como alimento es limpio y el término para los animales que no son para comer es inmundo.

La Escritura no nos revela exactamente por qué Dios especificó que la carne de algunos animales es “limpia” y la de otros es “inmunda”. Cualesquiera que sean las razones, Dios creó cada animal y él declara que ciertas sustancias son buenas para alimento y que otras no lo son.

Algunos pasajes del Nuevo Testamento nos demuestran que Jesucristo y sus seguidores aún estaban observando las leyes acerca de las carnes limpias e inmundas. Los dirigentes religiosos de aquel tiempo ansiaban poder acusar a Jesús de violar la ley según ellos la interpretaban, y no existe ningún registro de que lo hayan confrontado alguna vez por violar estas leyes alimentarias o por enseñar en contra de ellas. Si él hubiese abogado por el consumo de carnes inmundas, les habría proporcionado a aquellos dirigentes el motivo ideal para dañar su reputación ante la multitud, que no hubiera tolerado tal enseñanza. Si las palabras de Jesús en el pasaje de Marcos 7 hubieran sido interpretadas por los dirigentes religiosos de ese entonces de la manera en que muchos eruditos las interpretan hoy, aquéllos se hubieran enfurecido. Decir que Marcos 7 autoriza el consumo de carnes inmundas se basa en un uso gramatical diferente, que se encuentra en muy pocos manuscritos griegos.

Aunque el principal propósito de la visión de Pedro en Hechos 10 no está relacionado con las carnes limpias e inmundas, esta visión nos revela claramente el entendimiento que la iglesia del Nuevo Testamento tenía acerca de este asunto. Por medio de esta visión Dios le dijo a Pedro que debía llevar el mensaje del evangelio a todos los pueblos y naciones, aun a aquellos que no formaban parte de la comunidad judía. Durante esta visión, en tres ocasiones Pedro rehusó comer carnes inmundas y estaba extrañado porque no entendía el significado de lo que veía, hasta que Dios le reveló que lo que estaba tratando de enseñarle tenía que ver con las personas y no con los animales limpios e inmundos. A Pedro le fue revelado que a ningún hombre debe llamársele “común o inmundo” (vv. 28-29).

Este capítulo termina cuando la familia de Cornelio recibe el Espíritu Santo como una clara demostración de que el evangelio iba a ser predicado a todas las naciones (vv. 44-48). Aunque muchos han usado estos versículos como licencia para comer animales inmundos, en realidad lo que se afirma en ellos es lo contrario. Este suceso tuvo lugar varios años después del comienzo de la iglesia del Nuevo Testamento, y sin embargo Pedro rechazó enfáticamente la posibilidad de comer carne inmunda, llegando incluso a objetar: “porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás” (v. 14).

Pablo mencionó los animales que “Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad . . . porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado” (1 Timoteo 4:3, 5). La palabra utilizada para describir a estas criaturas, santificado, tiene el significado dual de haber sido apartado “de” algo, y haber sido apartado “para” algo. Los animales limpios son aquellos que han sido apartados por la Palabra de Dios de los otros animales con el propósito de servir de alimento a los seres humanos. Es la carne de estos animales, propia para alimento, la que debe ser recibida con acción de gracias por los creyentes y los que conocen la verdad.

Por lo tanto, la Iglesia de Dios Unida enseña que debemos abstenernos de consumir las carnes inmundas, teniendo como base los ejemplos y las instrucciones que acabamos de exponer.

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