¿Cómo se nos perdona el pecado?

El apóstol Juan habló del gran amor de Dios por nosotros y el sacrificio de Jesucristo para pagar esta pena por nuestros pecados, haciendo posible el perdón.

 

El pecado es la transgresión de la sagrada ley de Dios (1 Juan 3:4). El castigo que todos merecemos por haber pecado es la muerte (Romanos 6:23). Esta relación de causa y efecto es absoluta y es automática. La pena de muerte debe ser liquidada.

No podemos saltar de un edificio de 10 pisos tratando de violar la ley de gravedad sin pagar una penalidad por esta acción. De igual manera, cuando rompemos la ley espiritual de Dios, la pena de muerte por haberlo hecho debe ser pagada. Perdonar no significa eliminar la pena por nuestros pecados. Más bien, significa una transferencia de la penalidad de nosotros a alguien que pueda aceptar y pagar esa penalidad en lugar nuestro. La pregunta es, ¿quién paga esa penalidad?

Puesto que todos hemos pecado y la pena de muerte se cierne sobre cada uno, Dios sabía que era necesario un Salvador para que muriera por los pecados del mundo. Note las palabras del apóstol Pedro: “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 Pedro 1:18-20).

El apóstol Juan habló del gran amor de Dios por nosotros y el sacrificio de Jesucristo para pagar esta pena por nuestros pecados, haciendo posible el perdón. “Y Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2).

Juan también escribió: “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por Él.  En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:9-10).

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