El amor es la base de la relación con Dios

El apóstol Juan nos dice: “El que no ama, no ha conocido a D

Como hemos visto en esta lección, Dios demuestra su amor por medio de las numerosas promesas que nos ha hecho de que vamos a recibir salvación y vida eterna. Dios el Padre personalmente desea estar presente en nuestra vida diaria. Como Pablo lo dijo: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13). También explicó que Jesucristo, nuestro hermano mayor, vive en nosotros si es que en verdad estamos convertidos (Gálatas 2:20).

¿Qué seguridad tenemos de que el Padre y Jesucristo van a ayudarnos cuando necesitemos ayuda espiritual?

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:15-16).

“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:14-15; comparar con Mateo 7:7-8; Filipenses 4:6).

Las relaciones están basadas en una buena comunicación. Las Escrituras nos revelan que Dios nos escucha y responde a nuestras peticiones de acuerdo con su voluntad y lo que sea mejor para nosotros. Quiere que respondamos a su amor. Le hablamos a Dios con nuestros pensamientos y nuestras oraciones, y él nos habla por medio de las Escrituras, su Espíritu y sus siervos.

¿Cómo debemos expresar nuestro amor a Dios?

“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:3-6; comparar con 1 Juan 3:22).

“En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:2-3).

Tal como Juan lo explica, Dios espera que le demostremos nuestro amor a él y a otros obedeciendo sus mandamientos. La vida de Jesucristo es un modelo de la vida que debemos vivir. Jesús guardó los mandamientos de Dios (Juan 15:10). Siempre complació a Dios porque le obedeció y deseaba hacer su voluntad. (Si desea más información al respecto, no vacile en solicitarnos el folleto gratuito Los Diez Mandamientos. O si prefiere, puede descargarlo directamente de nuestro portal en Internet.)

Al recibir nosotros el amor de Dios, él espera que lo compartamos con otros. Según dijo Jesús, ese amor sería la característica fundamental de sus discípulos a lo largo de los siglos. “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34-35; comparar con 1 Juan 4:11).

¿Qué otras características espirituales deben ser evidentes en las vidas de aquellos que luchan por vivir de acuerdo con la voluntad de Dios?

“Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma” (Hebreos 10:36-38).

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:23-24).

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último” (Apocalipsis 22:12-13).

La vida del cristiano no es fácil (Mateo 7:13-14; 2 Timoteo 3:12). Se espera que resistamos, buscando a Dios con todo nuestro corazón, mientras aguardamos con paciencia el cumplimiento de sus promesas.

A medida que seguimos a Dios fielmente y respondemos a su voluntad, disfrutamos las bendiciones espirituales que ha prometido. Pero la mayoría de las promesas y bendiciones sólo se harán realidad cuando Jesucristo regrese. Jesús nos dijo: “. . . En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Entre las grandes bendiciones que recibimos están la fortaleza, la paciencia y la capacidad de soportar las dificultades que encontramos en “el presente siglo malo” (Mateo 10:31-38; Gálatas 1:4).

Para recibir las promesas de Dios, ¿es importante vivir de acuerdo con su voluntad?

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21; comparar con Lucas 6:46).

Para Jesucristo es muy importante que vivamos de acuerdo con la voluntad de su Padre. A aquellos que hacen la voluntad de Dios, él los considera sus familiares cercanos. “Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” (Mateo 12:50).

Aquellos que sólo aparentan servir a Dios —pero en realidad viven sin ley, quebrantando deliberadamente la ley espiritual de Dios— no estarán en el Reino de Dios (Mateo 7:22-23); no serán parte de su familia espiritual eterna.

En esta época, ¿quiénes son los miembros de la casa o familia de Dios?

“Para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15).

La iglesia es la casa o familia de Dios. Está formada por aquellos que responden a su llamamiento y siguen su divina voluntad. Pablo les escribió a los cristianos de esa época: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:19-22).

Pero ¿qué es la Iglesia de Dios? En cualquier discusión acerca de la iglesia debemos primero definir su significado. En la Biblia, la palabra iglesia proviene de la voz griega ekklesía, que en esencia significa “los llamados”. Este término se utiliza para referirse a los creyentes a quienes Dios ha llamado a salir del mundo para seguirlo a él.

La palabra iglesia nunca implica, como algunos lo suponen incorrectamente, un edificio. “Siempre representa o un grupo de cristianos consagrados en cualquier lugar que se reúnen para practicar su religión, o la totalidad de estos grupos dispersos en todas partes del mundo” (Translator’s New Testament [“Nuevo Testamento del traductor”], glosario, pp. 557-558).

Pablo define la iglesia como “el cuerpo de Cristo” (1 Corintios 12:12, 27). Entre sus miembros hay ancianos que guían y enseñan a la congregación.

“Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos” (Hechos 15:4). Aquí la “iglesia” es identificada con los apóstoles, ancianos y otros miembros que estaban en Jerusalén. En otros pasajes se hace referencia a la “iglesia” que estaba en otros lugares (Hechos 13:1; Romanos 16:1; 1 Corintios 1:2).

¿Quién fundó la Iglesia de Dios?

“. . . sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18).

Jesucristo es el fundador de la Iglesia de Dios y prometió que ésta siempre existiría después de su fundación en el primer siglo. La iglesia continúa hasta el día de hoy.

¿Qué distingue claramente a las personas que son parte de la Iglesia de Dios?

“Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9).

Aquellos en quienes mora el Espíritu de Dios son sus verdaderos discípulos y forman la verdadera Iglesia de Dios. El Cuerpo de Cristo está compuesto por aquellos que tienen el Espíritu Santo (1 Corintios 12:13).

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14). El Espíritu de Dios distingue a las personas que son sus hijos e hijas, de aquellos que todavía no han sido llamados.

¿Quién dirige la Iglesia de Dios?

“Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:23-24; comparar con Colosenses 1:18).

Jesucristo, la Cabeza, es quien guía la Iglesia de Dios. Cristo ama a la iglesia y la cuida constantemente, y trabaja para prepararla como su novia (Efesios 5:25-27).

¿Qué papel desempeñan los ministros de la iglesia?

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:11-13).

Jesucristo escoge a algunos para que sirvan en la iglesia y ayuden a los miembros a crecer espiritualmente. La palabra ministro significa “siervo”. Los pastores y otros ministros son llamados por Dios para atender a las necesidades espirituales de aquellos que han sido llamados. La enseñanza de la sana doctrina es una de sus responsabilidades más importantes (vv. 12-15).

Los ministros deben instruir en la doctrina y ayudar a los cristianos a crecer en la gracia y el conocimiento de Jesucristo (2 Pedro 3:18). Pablo dijo lo siguiente a los ancianos que personalmente había enseñado: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28).

En otra ocasión explicó la actitud que él y otros apóstoles tenían para servir a la iglesia. “No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes” (2 Corintios 1:24).

La responsabilidad de los ministros en la iglesia también incluye cuidar del rebaño de Dios con amabilidad, de la misma forma en que un buen pastor lo hace con su rebaño (1 Pedro 5:1-3).

¿Cuál es la misión de la iglesia?

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado . . .” (Mateo 28:19-20).

Dios llama a las personas por diversos propósitos, uno de los cuales es ayudar a cumplir la comisión que le ha encomendado a la iglesia de propagar el evangelio e instruir a otros que también han sido llamados para que puedan entender y seguir su camino de vida. Es por los esfuerzos combinados de los llamados de Dios que esta comisión se cumple.

En Efesios 4:3 leemos que los miembros de la iglesia siempre deben estar “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. Pablo animaba a los miembros de la iglesia a trabajar por la unidad y a fortalecerla a medida que propagaban el evangelio y hacían discípulos.

Pablo describió la actitud humilde que conduce a la unidad espiritual de la iglesia: “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:1-5).

A los miembros de la iglesia se les exhorta que deben amarse y cuidarse mutuamente, tal como Jesús amó a sus discípulos y los cuidó. Esto implica un esfuerzo tanto individual como colectivo.

¿Se espera que los miembros de la iglesia se reúnan con regularidad?

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24-25; comparar con Levítico 23:3).

Los miembros de la iglesia deben trabajar juntos para cumplir la comisión que Cristo le ha encomendado, reuniéndose para animarse y ayudarse mutuamente, para ser instruidos en la verdad de Dios y para demostrar el amor y el respaldo que sienten entre ellos.

¿Qué más debe hacer la iglesia?

“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:23-24).

La iglesia se reúne, además, para adorar a Dios. Tengamos en cuenta que Jesús dijo que sus seguidores deben adorar al Padre “en espíritu y en verdad”.

¿Cuál es la “verdad” que Jesús mencionó?

“No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:16-17).

Jesús indicó que sus discípulos serían aquellos santificados —apartados— por la verdad de Dios. Por siglos la humanidad ha debatido lo que es la verdad. Adlai Stevenson, estadista norteamericano del siglo xx, dijo que “con frecuencia, la verdad es impopular y la batalla entre la fantasía agradable y la realidad desagradable es desigual”.

Muchos han aceptado tradiciones y costumbres fantasiosas como parte de su religión, y así la verdad de Dios se ha ocultado. La verdad de Dios se encuentra en la totalidad de la Santa Biblia, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo (Mateo 4:4; Lucas 4:4; 2 Timoteo 3:15-17).

La palabra de Dios debe permanecer como la base de nuestras creencias, en lugar de las tradiciones y costumbres humanas (Marcos 7:9-13). Jesús dijo: “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres . . .” (vv. 7-8).

¿Dijo Jesús que su iglesia sería una entidad poderosa e influyente?

“No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Lucas 12:32; comparar con Deuteronomio 7:7).

Jesús señaló que el cuerpo de los verdaderos creyentes sería un grupo relativamente pequeño.

¿Dónde está la iglesia en la actualidad? La iglesia no es un edificio; es la gente llamada por Dios para disfrutar una relación especial con él. Los llamados son los que han respondido a la invitación de recibir el Espíritu de Dios. La iglesia es relativamente pequeña en cuanto al número de creyentes que han seguido la verdad de Dios y la enseñanza y el ejemplo de Jesucristo. También siguen el ejemplo de los apóstoles de la iglesia del primer siglo.

La iglesia es un organismo espiritual que incluye ministros que ayudan al crecimiento y a la edificación espiritual de los otros miembros. Los miembros de la iglesia trabajan conjuntamente por lograr la meta de la madurez espiritual. Al trabajar por una meta en común, los miembros de la iglesia están dedicados a cumplir la misión que Jesucristo les encomendó hace cerca de 2000 años. (Si desea profundizar en el tema de la iglesia, no vacile en solicitarnos el folleto gratuito La iglesia que edificó Jesucristo. O si prefiere, puede descargarlo directamente de nuestro portal en Internet.)

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